La gente vota

Ceviche con palta y carmenere

Se vienen dos elecciones de peso en la región: ballotage presidencial en Perú y legislativas con estatales en México. Alguna cosita más que nos dejan las elecciones de Chile. Dos pintorescas nivel Los Simpson.

Hola, ¿cómo estás?

Hoy vamos a arrancar con otra novedad: nos vamos a anticipar a la celebración de una elección y el escenario previo con datos. Sí, datos. Como el temita de los gráficos está gustando y a mí me divierte bastante (me divierto con poco, verás) me voy a centrar en cómo llegó Perú al ballotage presidencial del próximo 6 de junio. También un poco del primer test electoral que tendrá Andrés Manuel López Obrador (AMLO) desde que asumió con las legislativas de mitad de mandato y las regionales para gobernadores. Por último, un poco más de jugo se le puede sacar a las elecciones en Chile de hace 12 días, aprovechando también para discutir un poco con toda la comunidad ampliada que recibe este fanatismo electoral quincenalmente. Así que nos vamos a la tierra del ceviche primero, luego un poco de palta (porque LGV no banca el bullying de redes que se comió Jimena Valdez) y cerramos con carmenere (que quiere ser nuestro Malbec pero no puede). Para el final, dos pintorescas nivel Los Simpson y el notielectoral sobre Argentina.

A ver de qué va todo esto, che.

En Perú viene picada la cosa

En Perú está todo roto, eso no es una novedad. La primera vuelta presidencial y la legislativa del 11 de abril pasado no arrojaron un claro ganador sino que consolidaron un doble fenómeno que se viene dando hace tiempo: el de la fragmentación y el de la ingobernabilidad. Para ver el primero podemos tomar en cuenta un indicador que a los “cuentapartidos” (los que en el análisis político dejamos la vida para contar partidos políticos) nos fascina: el Número Efectivo de Partidos (NEP). Es más preciso que contar candidatos y candidatas porque pondera, a partir del peso electoral (% de votos) y del legislativo (% de bancas), cuántos son verdaderamente importantes o relevantes. De esta manera, un escenario con mucha fragmentación presidencial (NEPPres en el gráfico) es un correlato de muchos actores que concentran pocos votos para el máximo cargo institucional. En el Congreso, un número alto (NEPLeg en el otro gráfico) implica que nadie tiene la mayoría y se dificulta la gobernabilidad. 

¿Cómo llega Perú al 6 de abril próximo? Así.

Desde el retorno a la democracia la tierra del ceviche se ha caracterizado por elecciones de 8/10 candidatos. Las de mayor cantidad han sido pocas (1980, 1995 y 2006) y la del 11 de abril pasado se sitúa en el segundo lugar (18 candidaturas). En cuanto a la fragmentación efectiva, los momentos de salto coinciden con crisis económicas e institucionales graves (1990 y 2001). En la primera vuelta ningún candidato superó el 20% y eso se trasladó a un valor altísimo de dispersión: 9,30 NEPPres. Es un grave problema de representatividad que no se ve en otras democracias en el mundo, salvo las que están por ingresar en terapia intensiva. Pensá la gravedad de la situación considerando que hablamos de una elección presidencial donde se dirime la punta del sistema político y solo se reparte un cargo electivo para el/la vencedor/a. Creepy.

Esta fragmentación, claro, se trasladó al Congreso de la República del Perú, órgano legislativo que ha atraído el termómetro, el timing y los tiempos de la política nacional. Así de repartido viene el peso político entre viejos y nuevos partidos políticos.

Hubo un salto notable en el período 2016-2020, año en el cual se celebró una elección legislativa extraordinaria luego de que Martín Vizcarra disolviera, siguiendo sus facultades constitucionales, el congreso unicameral. Esa situación arrojó no solo una minoría para el Presidente en ejercicio sino que marcó una tendencia de fragmentación alta que se mantuvo en las elecciones de este año: 11 partidos/coaliciones obtuvieron bancas y se traducen en un NEPLeg de 6,20. Ingobernabilidad, ya te siento.

¿Y cómo llegan Pedro Castillo -Partido Perú Libre- y Keiko Fujimori -Fuerza Popular- al ballotage? En minoría, claro. De acuerdo a la asignación de bancas que cada fuerza política alcanzó el 11 de abril, quien quiera que gane asumirá sin mayoría: ninguno de los dos superará el 30% del Congreso, siendo Fujimori la que menos legisladores propios tendrá. El número clave y mágico acá es 44, que es igual a la cantidad de bancas necesarias para bloquear cualquier proceso de destitución presidencial, como me contó mi barbado amigo Carlos. Ambos tendrán que construirlo: 37 tiene Castillo, 24 Fujimori.

¿Cuál es el vaticinio de LGV? Acá no hacemos apuestas electorales, peeeeeeeeeeero yo no cantaría victoria con que Castillo la tiene servida. Las encuestas le sonríen con apenas +/- 5% de ventaja, en elecciones anteriores han pifiado un poco y hasta las últimas semanas Keiko venía creciendo de manera sostenida. A eso se suma una campaña en contra espesa, con perlas como esta y esta. Además de eso, Perú ya tuvo 3 reversiones de resultado (me refiero a elecciones donde quien sale 2° en la primera vuelta gana después en el ballotage, acá te dejo un paper sobre el tema): Fujimori padre en 1990, Alan García en el 2006 y PPK en el 2016. Sobre nueve elecciones presidenciales es el 33%: some chances para Keiko.  De cualquier manera, ambos necesitan urgente arreglar lo que está roto. Todo.

(Nota: como también gustó lo de dejar picando los temas para fans electorales, si querés ver algunas cosas sobre nuevos partidos/coaliciones en Perú y sobre evolución de la participación electoral, escribime que peloteamos e-mails con más datos. Mientras, mi barbado amigo hizo este análisis que muestra en detalle porqué los partidos están rotos: podés leerlo con este audio, donde también profundiza sobre el párrafo anterior).

AMLO sale a la cancha

En México, los presidentes tienen dos particularidades que los alejan de sus pares regionales: sus mandatos duran 6 años y la reelección está prohibida (no pueden volver a ejercer cargos públicos). A eso se suma que las 500 bancas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión se renuevan en su totalidad cada 3 años (no así los senadores, que duran 6). Esta combinación de reglas institucionales genera situaciones de potencial minoría para los presidentes que están pasándola mal en su primera mitad de mandato.

Y de acuerdo a los primeros cálculos, parece que AMLO se sumará al club de los presidentes minoritarios. Acá te dejo una nota que ahonda sobre varias de las causas que pueden provocarlo. Yo me quiero centrar en uno de los elementos característicos de la política mexicana que ayuda a comprender este escenario y la dinámica local: las alianzas electorales. En la tierra de la palta (te banco, Jime) es práctica común, sostenida y regular la conformación de acuerdos entre partidos políticos para ganar elecciones, sin importar mucho la (falta de) afinidad ideológica. Esto se volvió moda en la década del ’90, cuando el PRI, espacio dominante de la política mexicana desde la revolución de 1910, empezó a abrir el juego político a otros actores partidarios: principalmente el PAN y, con menor peso, al PRD. El principal rival del PRI, el PAN, comenzó a ver que tejiendo acuerdos con otros partidos opositores podían orientar el voto ciudadano hacia sus candidaturas, quitando rivales que se enfrentarán al feroz oficialismo y así, quien dice, llegar algún día a la presidencia. 

Bueno, eso pasó finalmente en el año 2000, año que marca el fin del mandato ininterrumpido del PRI en el Palacio Nacional durante más de 70 años. Pasito a pasito, suave, suavecito, el PAN alcanzó gobernaciones estaduales y bancas legislativas nacionales que cimentaron su flamante acceso al Poder Ejecutivo de la Unión. Construir alianzas se volvió la estrategia dominante de la oposición en México, que, aprendiendo a competir, alcanzó el poder y contribuyó a que el sistema partidario evolucionara de una hegemonía poco democrática a un multipartidismo competitivo.

¿Por qué te cuento esta historia? Porque tiene mucho que ver con el presente. Ahí te dejo dos links con un paper y un libro de un amigo que es Diego Reynoso (lástima que sea de Independiente), quien desarrolló una idea que me voló la cabeza. Las alianzas en México no son contra natura o anti-hegemonía, como la mayoría de la literatura las define, sino que son tácticas: las elites partidarias opositoras hacen un cálculo estratégico a partir del cual deciden centralizar los esfuerzos en una misma candidatura para ganar o ganar; de la misma manera, quien se siente amenazado por perder el poder (en el pasado, el PRI) arma las propias para sobrevivir. Así se llega a ese punto focal en el cual convergen todos los actores políticos en pocas candidaturas. Se arma una dinámica oficialismo vs. oposición para ganar a como dé lugar.

Y esto le puede estar pasando a AMLO en estos días. Básicamente porque enfrente tiene a toda la oposición política tratando de arrebatarle la mayoría de las bancas en la Cámara de Diputados y de mantener el poder de fuego subnacional que tienen algunos de sus rivales (el PRI, sobre todo). Por eso, uno puede ver que la Alianza Va Por México junta al PRI (partido nacional-popular) con el PAN (democratacristiano) y el PRD (centro-izquierda, viejo partido de AMLO) sin ningún asco; y que enfrente tendrán a Morena (nuevo oficialismo y nuevo partido de AMLO) con el PT (izquierda nostálgica) y el PVEM (unos verdes conservadores), ambos antiguos aliados del PRI en los ’90 y 2000. Toda una gran y disfuncional familia.

Para pensar por qué hay un punto focal acá te dejo este gráfico que muestra la evolución del voto presidencial en México desde la década del ’40 hasta la fecha. Esa cruz sola que ves en la última elección presidencial es AMLO (Morena) en niveles de hegemonía priista. Masticalo y lo retomamos en 15 días. Mientras, también podés ir viendo esta hermosa charla de 1 hora 52 minutos 45 segundos que organizaron otros amigos en el Colegio de México sobre, justamente, este tema; y este resumen sobre qué pone en juego cada partido.

Más jugo al carmenere

La semana pasada salió un especial exclusivo para miembros de la comunidad Cenital sobre las elecciones constituyentes celebradas en Chile el 15 y 16 de mayo. Ahí me centré en tres ejes:

  1. Baja participación ciudadana, algo estructural que viene de hace tiempo.
  2. Crisis de las coaliciones de la transición.
  3. Un montón de interrogantes sobre cómo va a funcionar la convención constituyente, dadas las características, tradiciones y trayectorias de quienes fueron electos.

Pero, como se puede sacar más jugo a toda la elección, hoy voy a meter una corta sobre las elecciones de alcaldes.

Los alcaldes en Chile son los responsables de gestionar cada una de las 346 comunas en las cuales se descentralizan ciertas funciones públicas, como puede ser la limpieza, ciertos programas de desarrollo social para los habitantes, gestión de servicios de salud, de educación primaria y secundaria. Duran 4 años en sus cargos, al igual que el Concejo Deliberante que los acompaña en estas tareas, y representan el nivel del sistema político más próximo al ciudadano. Se asemeja a las municipalidades y los intendentes en otros países.

De modo que no tallan en la política nacional macro pero sí tienen cercanía, pálpito social y son el primer mostrador al que llega la demanda ciudadana por bienes y servicios. Dado que, además de los 155 convencionales constituyentes también se renovó la totalidad de las comunas, al igual que (por primera vez en la historia) los gobernadores regionales, el análisis de la elección de alcaldes permite ver, a nivel micro, ganadores, perdedores y un posible viraje a nivel local de la política chilena.

El balance de la elección constituyente fue claro: perdieron la derecha y la izquierda tradicional, ganaron la izquierda nueva y los independientes. Esto puede ser comprensible dado que los niveles de apatía y bronca hacia la elite política tradicional vienen creciendo en los últimos años. Pero, ¿y a nivel local? ¿What pass Carlos Paz? Eso es otro juego: ahí hablamos de gestión, de fierros, de política local, no sólo de fijar reglas constitucionales en una asamblea electiva (que tampoco es moco de pavo pero puede ser motivo de queja ciudadana).

Bueno, resulta que a nivel local la ciudadanía chilena también confió más en los independientes. Gestión independiente, puede ser el lema.

Acá crucé dos dimensiones/variables. En el eje vertical (y) la cantidad alcaldes electos y en el eje horizontal (x) la cantidad de votos totales obtenidos agregados a nivel nacional (porque el voto es a nivel de comuna pero se puede agrupar por etiqueta partidaria, gracias Servel). Como se ve, los independientes también arrasaron: no solo los eligieron para una Carta Magna, también para la cercanía. Dos matices igual: 1. En esa categoría, Servel agrupa a todas las candidaturas que se presentaron fuera de coaliciones (pactos) y partidos, no conozco las diferencias internas ni si son todos lo mismo en términos ideológicos. 2. Es posible que algunas candidaturas sean ex dirigentes partidarios cansados que rompieron con sus organizaciones, no todas son neófitas.

Ahora, dada la magnitud de la victoria de los independientes en este nivel no podemos ver el detalle de todos los demás apelotonados en la izquierda inferior. Por eso los sacamos en el próximo gráfico.

Va punteo de conclusiones tentativas:

  • A la Democracia Cristiana (PDC) le fue mejor en cantidad de alcaldes electos y en total de votos que en la elección de convencionales: 46 vs. 2 y 576.000 vs. 208.000. A nivel local parece sobrevivir, es el segundo pelotón detrás de Independientes.
  • La derecha tradicional gobernante (Chile Vamos, CV) tuvo desempeño aceptable y parejo: tanto Renovación Nacional (RN) como Unión Demócrata Independiente (UDI) y los independientes dentro del pacto ganaron poder local y votos. Vienen detrás de la DC, aparecen en el 3er pelotón.
  • A la izquierda tradicional ex-Concertación le fue igual que en la elección de convencionales: mal. Solo el Partido Socialista (PS) tuvo un desempeño aceptable, pero Partido por la Democracia (PPD) y Partido Radical (PR) quedaron bastante atrás en ambas dimensiones del gráfico.
  • En la nueva izquierda despuntaron el Partido Comunista (PCCh) y el Partido Revolución Democrática (PRD). Ambos con buena cantidad de votos, pero no tantas comunas ganadas. Para este nivel electoral fueron separados, en las constituyentes fueron juntos dentro de un pacto. Un desafío de acá a futuro para consolidarse.
  • Sobre esto, un punto no menor pero central en este análisis. PS sacó casi tantos votos a nivel nacional como PCCh y PPD respecto de PRD. Sin embargo, los tradicionales (PS y PPD) metieron más alcaldes respectivamente. Tal vez eligieron mejor las batallas y los distritos.
  • Lo último para decir es que en el gráfico destacan las candidaturas independientes dentro de los pactos (coaliciones) y fuera de ellos. Señal de los tiempos que corren para discutir 1) la habilitación de esta figura legal y 2) el desafío social que tienen los partidos a futuro.

Dicho esto, un mea culpa: para hoy quería tener listo un análisis sobre la relación entre las victorias de cada partido/pacto/candidatura independiente a nivel local de acuerdo al peso de cada comuna por población con la colaboración de @ElectoPanorama. Pero dada la hora en la que estoy escribiendo el news y que todavía la KGB no lo revisó queda para compartir en 15 días. O bien a pedido.

Elecciones pintorescas

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Facu

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Politólogo, consultor e investigador independiente. Hoy me encuentran dando clases en UBA, UTDT y UADE. Me encantan las elecciones y me sacan menos canas verdes que Racing. Un hobby que tengo es aprenderme la historia de los partidos políticos. Creo que la política marida muy bien con un tinto.
@facucruz
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