Que la ciencia te acompañe

Brote de gripe aviar: ¿y se va la segunda?

Analizamos la continuidad. De Hume a Darwin, de abuelas a nietas y de gripe a gripe.

Holis, ¿cómo andás? Yo acá, como extrañada. Te iba a escribir sobre rupturas en la continuidad. Entre nuestra carta anterior y esta pasó el 24 de marzo. Seguimos pidiendo memoria, verdad y justicia. Pedimos justicia por nuestros muertos en lucha, pero ya no que se concreten sus luchas. 

Quienes empezamos a militar en las cercanías del 2001 sentimos que lo hacíamos con pasado pero sin mentores, como emergiendo. Así, los militantes dejamos de ser quienes abogan por la socialización de los medios de producción y la redistribución de la riqueza y nos transformamos en negociadores de la socialización de las mercancías y aumento del poder adquisitivo. El problema de que el pasado haya sucedido pero no tenerlo con nosotros.

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

* “La chica del palo” es una foto icónica tomada por Carlos Saldi el 21 de mayo de 1969 durante el Rosariazo, en la que se ve a una mujer llevando un poste de madera para armar una barricada. Aún no se sabe quién es. En otra foto de ese día se la ve junto a otra chica que también lleva un poste, que años después fue reconocida por su hermano. Era Martha Antonia Martínez, desaparecida en 1977.

Estos días sucedieron algunas cosas que no cambiaron lo que te estoy contando, pero me dieron otra sensación respecto a la continuidad. Y como no te puedo escribir desde otro lugar que no sea este día fresco en el Abasto, la edición de hoy será sobre las continuidades que no se tienen que inferir porque, en efecto, continúan.

Que se lleva en el alma hasta la muerte

¿Dónde empieza la continuidad? No sé. Pero ante la duda, Darwin. Este tweet de Santiago Ginnobili, filósofo de la biología y especialista en Carlos, dice: “Que las dos cosas filosóficamente más impactantes y que más me gustaron de la filosofía pre siglo XX, que leí en la carrera, Hume y Darwin, se encuentren conectadas no deja de sorprenderme cada vez que lo leo, aunque lo sé hace tiempo”.

Abajo, pone la foto de un libro. Paso a transcribir el pasaje:

“En agosto de 1838, Darwin comenzó a leer ‘Investigación sobre el entendimiento humano’ de David Hume. La representación de Hume de las ideas como copias menos vívidas de las sensaciones concordaba perfectamente con las intuiciones de Darwin sobre la continuidad de la mentalidad animal y humana: si las ideas no fueran más que copias de las impresiones sensoriales, los animales serían perfectamente capaces de pensar. Darwin desarrolló esta epistemología sensacionalista en su Cuaderno N, donde planteó que el razonamiento simple consistía en la comparación de imágenes sensoriales y que el recuerdo de varias de esas imágenes produciendo un estado placentero era la naturaleza misma del pensamiento complejo. Y así como Hume entendía que la razón era una especie de ‘instinto maravilloso e ininteligible en nuestras almas’, Darwin pensaba que la actividad intelectual era una ‘modificación del instinto, un despliegue y generalización de los medios por los que un instinto es transmitido’. La inteligencia humana no se oponía, pues, al instinto animal, sino que crecía a partir de él en el transcurso de los años.” 

Darwin continuó a Hume y desde Darwin todos los seres de este mundo continuamos unos en otros. 

Ni el olvido, ni el delirio

La razón como continuidad sensorial intuida por Darwin es una continuidad experimental contemporánea. Este artículo recorre el trabajo de Stanislas Dehaene, neurocientífico cognitivo que se dedica, desde hace décadas, al análisis de posibles raíces evolutivas para nuestro instinto matemático. Dehaene, además, es una continuidad personal. Pasé muchas horas tomando whisky y escuchando cómo hablaba sobre su trabajo la persona más deslumbrantemente inteligente que conocí.

Dehaene tiene una carrera larga y, si tenés tiempo y te gustan los perfiles, te recomiendo leer la nota entera. No te digo que es como los perfiles que hace Zequi en nuestro newsletter de deportes, pero es muy lindo y cuenta un montón de cosas.

Si no tenés tiempo y no te gustan los perfiles, arranco con lo que nos convoca el día de hoy. El año pasado Dehaene y su becario doctoral Mathias Sablé-Meyer, que dicho sea de paso es una versión de laboratorio de Timothée Chalamet, publicaron un estudio en el que se comparaba la habilidad de humanos y babuinos para percibir formas geométricas. La pregunta inicial era: ¿cuál es la tarea más simple en el espectro de la geometría que podría revelar una diferencia sustancial entre primates humanos y no humanos, independientemente del lenguaje natural, la cultura y la educación?

No es nueva la pregunta. Platón creía que el ser humano tenía una aptitud única para la geometría. Así como el lingüista Noam Chomsky afirmó que el lenguaje es una capacidad humana de origen biológico, Dehaene desea encontrar ese sustrato para la geometría.

En el experimento con babuinos, se mostraron seis cuadriláteros a cada sujeto y se les pidió que señalaran cuál era distinto a los demás. Para todos los participantes humanos, que incluyeron personas de todas las edades, niveles educativos y nacionalidades con culturas muy diferentes, la tarea fue significativamente más fácil cuando las formas y las líneas eran regulares, con propiedades como lados paralelos y ángulos rectos.

Una hipótesis que los investigadores admiten débil es que este tipo de características podría indicar una marca de singularidad humana (o sea que las formas no podrían haber sido hechas por otra especie).

Para los 26 babuinos, la regularidad no hizo diferencia. Estos participantes viven en un centro de investigación en el sur de Francia y los investigadores dicen que les gustan las cabinas de pruebas y sus dispositivos de pantalla táctil de 19 pulgadas. Durante el experimento, los babuinos eran libres de entrar en la cabina de pruebas que eligieran -había 14- y "se les mantuvo en su grupo social". La prueba de extrañeza les salió joya cuando se les entrenó con imágenes no geométricas: elegir una manzana, por ejemplo, entre cinco rodajas de sandía. En cambio, cuando se les presentaban polígonos regulares no reconocían el distinto.

Después, los investigadores quisieron ver si el rendimiento de los humanos y los babuinos se replicaba con inteligencia artificial utilizando modelos de redes neuronales que se inspiran en ideas matemáticas básicas sobre lo que hace una neurona y cómo se conectan las neuronas entre sí. Estos modelos son sistemas estadísticos que multiplican capas y capas de números hasta lograr unidades interconectadas de procesamiento que parecen versiones abstractas de las neuronas. En lenguaje burdo e inexacto, son cerebros artificiales. Algo así como modelos matemáticos predictivos que, a través de simulaciones de neuronas, buscan imitar el procesamiento de información cerebral (disclaimer: esto es lo que entendí que son en una charla mediada por varios whiskys).

En este caso, los modelos igualaron con éxito el rendimiento de los babuinos, pero no el de los humanos, o sea que no lograron reproducir el efecto de regularidad. Sin embargo, cuando los investigadores crearon un modelo mejorado con elementos simbólicos -se le dio al modelo una lista de propiedades de regularidad geométrica, como ángulos rectos y líneas paralelas-, casi que se reprodujo el rendimiento humano.

Estos resultados, a su vez, suponen un reto para la inteligencia artificial. "Me encantan los avances de la Inteligencia Artificial", dijo Dehaene. "Es muy impresionante. Pero creo que falta un aspecto profundo, que es el procesamiento de símbolos", es decir, la capacidad de manipular símbolos y conceptos abstractos, como hace el cerebro humano. 

¿Qué significan estos resultados? “Los resultados son sorprendentes, y parece que hay una diferencia entre la percepción de las formas por parte de los humanos y los babuinos", dijo Frans de Waal, primatólogo de la Universidad de Emory. "Para saber si esta diferencia en la percepción equivale a la 'singularidad' humana habría que esperar a la investigación de nuestros parientes primates más cercanos: los simios. También es posible, como argumentan (y rechazan) los autores, que los humanos vivan en un entorno donde los ángulos rectos importan, mientras que los babuinos no".

Como verás, todo es muy incierto. El artículo cierra con esta frase de Dehaene: "Estamos proponiendo que hay lenguajes -múltiples lenguajes- y que, de hecho, el lenguaje puede no haber comenzado como un dispositivo de comunicación, sino realmente como un dispositivo de representación, la capacidad de representar hechos sobre el mundo exterior". ¿La continuidad entre Darwin y Dehaene será que la representación de la que habla Dehaene es finalmente la forma de dar cuenta de las sensaciones que nos producen los objetos que sugiere Darwin? ¿Será el lenguaje, entonces, más que un medio para contar qué sentimos, una herramienta para revertir lo efímero de las sensaciones reteniéndolas en el mundo?

Sin principio ni final

Darwin entendió la continuidad mediante la pregunta por la herencia. ¿Cómo se transmiten los rasgos de generación en generación?

Ayer (que fue el martes, acordate que yo escribo esto un día antes de que te llegue) fui a ver Christiane, un bio-musical escrito, dirigido e interpretado por Belén Pasqualini y dedicado a la vida y obra de Christiane Dosne, investigadora de la leucemia y la primera mujer en tener un asiento en la Academia Nacional de Medicina.

Belén es la nieta de Christiane. Al final de la obra, dijo: “Hice este musical en un acto absolutamente egoísta, para que cuando ella no esté más (tiene 102 años) yo pueda seguir estando con ella”. Contó que actualmente hay 43 personas vivas que tienen la sangre de Christiane. En la primera escena habla del papá de su abuela; en una de la mitad, de sus 6 partos y sus 5 hijos; en la final, de su vínculo. Continuidad.

Una obra que representa una vida de 102 años representa también las épocas de esa vida. Y, si Christiane hubiera atravesado este tiempo en juventud, tal vez hubiera tenido una continuidad menos prolífica. O al menos así lo dice un estudio dirigido por Fernanda Parborell en el Instituto de Biología y Medicina Experimental que mostró que la infección por SARS-CoV-2 desregula la función ovárica. Es decir que podría disminuir la fertilidad.

Vamos por partes. Primero, el experimento. Se analizaron muestras de fluidos foliculares, que son el líquido que rodea al ovocito (la célula que después se transforma en óvulo) de 46 pacientes recuperadas de COVID-19 asintomáticas o con síntomas leves y 34 que nunca se contagiaron. Las que tuvieron coronavirus lo habían tenido entre 2 a 9 meses antes del estudio y en ese momento no estaban vacunadas. Esta última, según Parborell, es una variable importante a tener en cuenta en futuras investigaciones.

Segundo, los resultados. En el 91% de las muestras había un tipo de anticuerpo específico (IgG) contra el SARS-CoV-2. Quienes tenían más de estos anticuerpos presentaban más ovocitos maduros. Esta relación, al ser tan inusual por su extensión en la muestra, todavía está en exploración. Por otro lado, en las que padecieron COVID-19 se observó daño genético en células ováricas y células del tejido interior de los vasos sanguíneos. Además, las células de estas mujeres producían menos de tres marcadores muy relevantes durante el embarazo: StAR, una proteína clave en la función ovárica; Erβ, un receptor de la hormona o estrógeno β esencial para el desarrollo de óvulo; y VEGF, un factor de crecimiento vascular que promueve la irrigación de las células del ovario.

Tercero, las conclusiones: se describió por primera vez el efecto desregulador de la función ovárica a través de la alteración del ambiente folicular. Otra, que probablemente esta desregulación sea transitoria: “Creemos que esos ovarios se van a restaurar a partir de los 9 meses post-infección, pero para verificarlo con evidencia científica necesitamos todos los ensayos que estamos realizando ahora, para observar si esos parámetros vuelven a sus niveles normales”. Y finaliza: “En este momento estamos reclutando líquidos foliculares de pacientes que tienen entre 9 a 18 meses de post- infección de COVID-19”, afirmó Parborell.

Entre las formas de continuidad de Christiane está la de la presencia de las mujeres en los laboratorios. En el caso de esta investigación hecha por mujeres, también se agrega el hecho de que sea para mujeres. Además de un legado en la investigación de la leucemia, Christiane dejó un libro autobiográfico, Hice lo que quise. Belén, al final de la obra, dice: “Más importante que hacer lo que se quiere, es querer lo que se hace”. Otra continuidad. Su abuela queriendo ser investigadora y queriéndola a ella, ella queriendo cantar la historia de una mujer que hizo ciencia porque quiere seguir siendo nieta aunque no tenga abuela. 

Seguiremos siempre igual

Dar continuidad no es lo mismo que seguir. Respecto a la pandemia se nos propone “seguir adelante” con ella. Pero el “adelante”, si es que es un lugar, solo puede existir cuando existe la ilusión de que el tiempo puede desvanecerse. Bien sabemos desde hace muchos años que el espacio es curvo. Todo el tiempo existe a la vez.

Entonces, en vez de hablar de cómo sigue, hablemos de cómo continúa la pandemia. La continuidad que conoció Darwin y que nosotros reconocemos en todas las observaciones que hacemos del mundo es dada por sentado en todos nuestros sistemas de producción de conocimiento y dada por irrelevante en todos nuestros sistemas de producción de bienes y servicios. 

Sabemos que no hay un lugar para los humanos y otro para los otros animales, pero decidimos interpretar la supervivencia del más apto como una batalla y no como una adaptación. Ponemos el foco en lo del más apto y lo de la supervivencia queda para después. Acá estamos entonces, en continuidad animal, en discontinuidad vital.

Al momento de la redacción de este news, si se googlea “brote gripe aviar” se ve: que hace una semana en Madrid había 96 aves muertas en un zoológico, que hace 16 horas se reportaron “2 brotes más” de gripe aviar en Iowa y que hace 17 el Estado anunció la matanza de 1.5 millones de aves por esta causa, que hace un día la gripe aviar llegó a Aragón, que hace 3 semanas Francia decidió asesinar a millones de aves para detener el brote y un artículo que hace 3 días se preguntaba si la diseminación del virus puede generar un aumento en los precios del pollo.

A esta altura ya sabés o te imaginás lo que opino sobre matar animales a diestra y siniestra porque, ante una enfermedad que los afecta a ellos, lo único que se quiere prevenir y curar es que se transmita a humanos. También asumo que si me estás leyendo tenés la edad suficiente como para recordar que ya hubo antecedentes de brotes de gripe aviar en poblaciones humanas y que cada tanto se confirma algún caso de alguna de las cepas que van surgiendo. Y, si querés recordar lo que opino en relación a las políticas sanitarias frente a estas situaciones, podés verlo tanto respecto al caso confirmado que te enlacé recién como acá cuando te hablé de la matanza de visones al detectárseles una (en ese entonces nueva) cepa de SARS- CoV-2 que rápidamente contagió a humanos.

Pero hoy estamos hablando de la continuidad. Y la continuidad no es una línea cronológica de anuncios de muerte, casos confirmados, aparición de cepas y brotes. La continuidad es cíclica. Y en todo ciclo cualquier punto de partida nos lleva al mismo lugar.

En enero guardé esta noticia que se titula “La gripe aviar está de vuelta en Estados Unidos. Nadie sabe qué va a pasar”. Lo primero que me llamó la atención es algo de lo que no tenía idea. El virus se detectó porque antes de llevarte el pato que cazaste a tu casa le toman una muestra y la analizan. ¿Vos sabías que se hace esto?

En fin, como era temporada de caza de patos, se empezaron a confirmar más casos. En 2015, la misma cepa del virus hizo que se mataran 50 millones de aves. Desde 2003, se confirmaron 863 casos, de los que más de la mitad terminaron en muerte. El artículo se centra en la continuidad de la duda que anuncia el título.

Cuando fue escrito, se decía que era muy pronto para determinar el nivel de gravedad y peligro de la circulación del virus. Hoy, con las matanzas anunciadas, sabemos que al menos va a tener impacto económico, pero aún no tenemos claro qué va a pasar con la sanidad humana.

En la nota, la continuidad es abordada de la siguiente manera: hay ciertas cosas que atañen a la cuestión viral siempre y que te pueden servir de guía para hacer lectura crítica de las noticias que circulan al respecto. Acá te las resumo:

1- El árbol genealógico de los virus de la gripe es amplio y extenso; contiene tipos -A, B, C, D- y subtipos, designados con Hs y Ns, que son las siglas de las proteínas que permiten al virus infectar las células. Sólo dentro del tipo A, hay casi 200 subtipos; unos pocos afectan a los humanos, pero casi todos pueden infectar a las aves.

2- Durante mucho tiempo, los científicos pensaron que los humanos corrían poco peligro. Pero en 1997 una gripe aviar, la H5N1, saltó de especie en Hong Kong e infectó a 18 personas, matando a 6 de ellas. Para eliminarla, el gobierno local mató a todos los pollos del territorio. Eso funcionó durante unos años, pero en 2003 el H5N1 empezó a circular de nuevo y desde ahí no paró más.

3- La gripe aviar no solamente atañe a los animales que consideramos feos y torturamos para comer. Las aves acuáticas, sobre todo los patos, la transmiten a los pollos sin padecer la enfermedad. También aquí hay subcategorías: la gripe aviar puede ser poco patógena, lo que significa que enferma levemente a las aves y frena la producción de huevos o puede ser altamente patógena, o de alta trayectoria: una infección de rápida evolución tan virulenta que puede matar a todo un grupo de aves en dos días. 

Pasando en limpio: la gripe que está circulando es de un subtipo que, en general, afecta a las aves pero que ha enfermado gente. A las aves las hace mierda. Está circulando a lo loco. Genera enormes pérdidas para la actividad. Por ahora no se detectó en aves migratorias que circulen por todo el planeta, fijate que las noticias que te cité son del hemisferio norte. Una vez que llega a una granja o bandada es muy difícil de parar y prácticamente todas las aves se infectan en muy poco tiempo. En este brote, hay algo que llama la atención: si bien las aves salvajes suelen ser transmisoras, rara vez se enferman. Pero en Israel se murieron miles de grullas y la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos identificó muertes por el virus en al menos 80 especies de aves salvajes. 

El artículo cierra con este párrafo: “Es difícil para los científicos argumentar a favor de la vigilancia durante todo el año y un mejor apoyo financiero cuando no pueden decir si esta ola de gripe es una breve anomalía o el primer momento de una emergencia sostenida. Pero el mundo no se enfrentaría a esa incertidumbre si se hubiera creado la capacidad de vigilancia y análisis tras el brote masivo de 2015 o cualquiera de los anteriores”.

Y yo agrego una repetición. Si pensamos que el problema de las zoonosis se soluciona detectándolas en vez de dejando de generarlas, vamos a introducir un nuevo punto arbitrario para empezar un ciclo. Pero comenzar en otro lado no va a impedir que lleguemos al mismo lugar.

Mi suerte necesita de tu suerte

Como bien sabés, nuestras cartas tienen aspectos transversales que las recorren -ambiente, feminismo, zurdajes varios-, una estructura basada en un sentimiento o concepto que recorre todo el texto y dos recursos narrativos -las canciones y los memes-. Como no sabés porque es un papelón, en mi fuero interno considero que lo que hago son “obras informativas” y me hago preguntas consistentes con este delirio, como por ejemplo si escribo continuamente o con continuidad.

Cuando fui a ver Christiane, encontré esa continuidad que me gustaría alcanzar y de la que siempre dudo de una forma inesperada. Belén me invitó a ver su creación con un cariño enorme y muchísimo respeto y valoración por mi trabajo. Y, sin saberlo, me alivió de esa pregunta tan juiciosa y diseccionadora de lo que hago, porque la continuidad está ahí y va desde la silla en la que escribo hasta la del teatro. Ya no es una duda. ¿Hay algo que haga existir más a Buenos Aires que caminar por Corrientes, persistente y continuo vínculo entre el Abasto y los escenarios? ¿Hay algo que pueda hacer más persistentes y continuas a mis cartas que la evidencia de que son leídas y la posibilidad de escribir que me devuelve lo que obtengo de esa lectura?

Este newsletter, continuará...

Te mando un beso enorme, 

Agostina

p/d1: las refes de este news son de esta canción, que te dejo en versión drama lesbiano. 

p/d2: la última función de Christiane el bio-musical es el martes que viene y encontrás la data copiando el título así tal cual como te lo pongo en tu buscador de preferencia. Está buenísima.

Escuchá nuestros podcasts
Este es el newsletter Que la ciencia te acompañe de Cenital.
Podés suscribirte para recibirlo completo en tu correo. Es gratis.
Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

Apoya nuestro periodismo

Si te gusta lo que hacemos, ayudanos a seguir haciéndolo.