Usos y costumbres de las baterías de litio

El lugar privilegiado de Argentina en el mercado mundial. Los recursos con los que cuenta y una nueva planta de baterías.

Hola, ¿cómo estás? Una vez me dijeron que no importa tanto el por qué uno llega a donde está, sino qué se hace con la situación en la que te encontrás. Eso no quita la desazón electoral, pero al menos me sirve para pensar en lo que viene y no buscar demonios atrás.

Hoy vamos a hablar de las baterías de litio. Sí, capaz parezca un poco fuera de agenda, pero en una de esas te convenzo de lo contrario. Pero antes de avanzar, te recomiendo que te suscribas a los Mejores amigos de Cenital y aportes a este proyecto que puede ser un refugio y una forma de comprender los años venideros.

Si te vendí, si te robé, te traicioné

¿El litio es caro o barato? No es fácil de responder. A diferencia de otras materias primas como la soja, el petróleo, el trigo o el oro, el litio no es un commodity, es decir que no tiene un precio único internacional que se fija en los mercados financieros globales -al menos por ahora-. ¿Cómo se determina el precio? La mayor parte de las transacciones de litio se dan a través de contratos de largo plazo: acuerdos entre los oferentes y demandantes donde se garantiza la provisión de litio a un precio estable y que no necesariamente coincide con el de otros contratos. Entonces, se trata de un mercado sumamente opaco, en el que se desconocen las cláusulas de los acuerdos, algo que impacta directamente en los países productores, ya que no es sencillo gravar impositivamente a la actividad.

Lejos de tratarse de una cuestión anecdótica, esto muestra parte de las complejidades que tiene el mercado del litio a nivel global. Estos dos últimos años el precio del mineral estuvo bastante en agenda, se llegó a hablar de 80 mil dólares la tonelada -un montón- y de una abrupta caída más adelante. Sin embargo, esto únicamente refleja el movimiento de aproximadamente el 20% del mercado, mientras que el 80% restante se realiza con contratos con menor fluctuación de precios y valores más bajos. De todas maneras, su opacidad redunda en que estos precios son construidos en muchos casos por consultoras especializadas.

Pero, ¿por qué te comento esto? Para hacer baterías de litio, algo que no es para nada sencillo, los fabricantes requieren tener asegurado el suministro de materias primas, por lo que una parte considerable de los contratos y de la demanda de litio se explica por estas empresas. Quizás ya lo sepas, pero es importante comentar que la mayor parte de la demanda actual de litio se debe al crecimiento del mercado de vehículos eléctricos, que en vez de usar combustibles almacenan energía en las baterías, y para guardar la energía generada por fuentes renovables. Esto último se debe a que tanto la energía solar como la eólica tienen intermitencias, pero la demanda eléctrica no, por lo tanto es necesario almacenar el excedente generado para poder utilizarlo en el momento preciso.

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Así llegamos a la constitución de una de las cadenas de valor más importantes de la actualidad. Se necesita extraer el litio, procesarlo, armar los elementos claves de la batería -el ánodo y el cátodo-, ensamblar esas partes e incorporarlas al producto final, por ejemplo una batería estacionaria para guardar energía o los vehículos eléctricos (EVs). Dado que cada una de estas etapas tiene sus complejidades es usual que las empresas se especialicen en segmentos particulares del proceso productivo.

A eso se suman los acuerdos establecidos entre estas empresas para proveer a otros actores. De esta forma, las terminales automotrices se aseguran la provisión de los insumos necesarios para sus autos. Te dejo este esquema donde muestra algunos de estos contratos entre mineras, fabricantes de baterías y de automóviles. En algunos casos directamente hay acuerdos entre las firmas que extraen el mineral y las automotrices, en otros se pasa previamente por productores especializados de baterías.


¿Por qué te hablo de esto post-elecciones? Por un lado, para evitar la tristeza de hablar de lo que podemos perder -aunque más adelante va a llegar-. Por otro lado, porque con la nueva gestión quizás cambia un poco el mercado local de litio. En principio, fuentes del sector sostienen que una mayor apertura en el acceso a las divisas y a los insumos puede facilitar inversiones en el plano local por parte de empresas mineras extranjeras dedicadas a la extracción de litio.

Además, ya metiéndome en el pantano de la conspiranoia, uno de los actores fundamentales del mundo de las baterías y los vehículos eléctricos es el flamante dueño de Twitter o X, Elon Musk. El magnate sudafricano es el CEO de Tesla, el segundo fabricante mundial de EVs, antecedido por la china BYD. Eso lo coloca en un lugar preponderante en la cadena global del litio, por lo que requiere asegurarse de una provisión constante de materias primas para evitar los cuellos de botella en la producción de baterías y vehículos, siendo el abastecimiento de litio uno de los principales problemas. Las consultoras especializadas en la temática indican que en los años venideros la demanda del mineral va a superar ampliamente a la oferta, ya que el aumento de su producción requiere más tiempo que el de los autos.


En ese sentido, una de las propuestas de Musk en los últimos años -aunque está lejos de concretarse- es incorporarse directamente dentro de la etapa minera de la cadena del litio, asegurando la provisión para Tesla. Acá, tristemente, entramos nosotros. Tenemos el mineral en el NOA y, próximamente, un gobierno que no solo está abierto a una mayor vinculación comercial con Estados Unidos y al libre comercio, sino que se mueve en un paradigma ideológico cercano al de Musk. Sí, el tecnólogo millonario se ha posicionado en varias ocasiones del lado de Donald Trump, en contra de los movimientos de igualdad racial y de género y se mostró contento por la victoria de Milei. De hecho, la posible canciller Diana Mondino planteó en sus redes sociales en más de una oportunidad que habría diálogo entre el dueño de Tesla y el equipo de Milei -o que al menos lo buscarían-.

¿Esto quiere decir que va a pasar algo entre Argentina y Elon Musk? No, para nada, pero al menos nos dio la excusa para hablar de este tema.

Pilas albicelestes

La cosa no se termina ahí. En Argentina no solamente se extrae litio desde los salares del NOA, cada vez estamos más cerca de tener una planta industrial productora de baterías. Los encargados del proyecto son Y-TEC (la unidad de investigación tecnológica de YPF), el CONICET y la Universidad Nacional de la Plata, que crearon en conjunto UniLiB, la planta en cuestión.

Cada vez que se habla de litio se despiertan quienes cuestionan que hace falta agregar valor y no vender nuestros recursos naturales hacia afuera y quienes responden que es innecesaria la industrialización litífera local. ¿Por qué ocurre esta discusión? Bueno, evidentemente el proceso por el cual se llega a tener una batería es bastante costoso, no solo monetariamente, sino también en los conocimientos que hacen falta para hacerlo.

Parafraseando a un ministro francés que impulsó la energía nuclear, en Argentina no tenemos capital, pero tenemos ideas. El tema es que llegar a tener plantas industriales del volumen necesario para competir internacionalmente requiere una inversión gigantesca y aún así puede no ser fructífera, ya que es necesario poder vender esas baterías al mercado. Como te decía anteriormente, los mayores consumidores son los fabricantes de vehículos, pero más allá de tener terminales automotrices en nuestro país, las lógicas que imperan en las cadenas globales de valor suelen dificultar la inserción de un producto tan clave, ya que hay contratos internacionales para la provisión de baterías, con ciertos estándares de calidad y parámetros de confidencialidad difíciles de alcanzar. Sobre los desafíos y algunas de las oportunidades que hay en la producción local, te recomiendo que leas esta nota de Matías Gutman y Jimena Rubio del dossier que sacamos el año pasado sobre el litio.

Pero, más allá de la producción para vehículos eléctricos, ¿qué nos queda? La producción inicial de UniLiB ronda aproximadamente las mil unidades anuales -trabajando un solo turno-, por lo que la escala productiva es dentro de todo pequeña. Existen varios nichos en los que puede insertarse la producción. En primer lugar, se calcula que alrededor de un millón y medio de argentinos viven en zonas alejadas de las redes eléctricas, por lo que dependen de la generación de electricidad por medio de gasoil, mucho más costosa y contaminante. La fabricación de baterías permitiría incorporar fuentes de almacenamiento a equipos de energías renovables, que pueden utilizarse en algunas de estas zonas, disminuyendo los costos de vida de estas poblaciones y su impacto en el ambiente.

En segundo lugar, tanto Fabricaciones Militares como INVAP producen bienes complejos que requieren baterías que pueden reemplazarse por unas de litio de fabricación local. Particularmente, los drones, los radares y la producción satelital podrían proveerse de baterías nacionales.

Ahora bien, más allá de querer garantizar la rentabilidad de esta planta, una parte clave del desarrollo se basa en la posibilidad de desarrollar nuevas capacidades y conocimientos en torno a estas nuevas tecnologías. Por un lado, nos permite correr con menos desventaja que otros países que no se embarcan en estas aventuras, siendo la inversión en tecnología uno de los diferenciadores más importantes en las últimas décadas entre los países desarrollados y los en desarrollo. Por otro lado, nos facilita comprender en qué segmentos de la cadena global de insumos para baterías podrían insertarse los actores privados del país, ya que se cuenta con un mayor conocimiento sobre los requisitos técnicos para la fabricación. Finalmente, pese a que no todos los esfuerzos estatales por desarrollar nuevas tecnologías son fructíferos, en muchos casos habilitan la producción en un futuro de bienes y servicios que no se encontraban originalmente dentro de los planes. Algo de esto te comenté en la entrega de la industria satelital y la generación de capacidades para fabricar radares nacionales.

Un último punto que vale la pena mencionar es que parte de los analistas que encuentran innecesaria la producción de baterías locales fundamentan su posición en que el litio es solo una parte muy chica de las baterías y que otros minerales necesarios para su producción no se encuentran en el país y son difíciles de conseguir. En eso hay una parte de razón. Por un lado, utilizan cobre y grafeno, que por el momento deberían importarse. Por otro lado, en lo que refiere a una de las partes constitutivas -el cátodo- entre las que destacan aquellas que tienen níquel y cobalto (NMC) y las de hierro, fosfato y litio (LFP). Efectivamente las del primer tipo son más complicadas de fabricar por los otros minerales que utiliza además del litio, pero las del segundo tipo -que son las que fabricará la planta argentina- usan commodities como el hierro y el fosfato con una oferta abundante en el mercado internacional y que produce nuestro vecino Brasil. Así que, esta traba planteada capaz no sea tal.

Otro aspecto a seguir es que se está avanzando internacionalmente en un quiebre tecnológico: las baterías de estado sólido. Si bien hay varias diferencias una de las más importantes es que las nuevas utilizan una mayor cantidad de litio y tienen prestaciones mejores en lo que refiere a los tiempos de carga, durabilidad y eficiencia energética -lo que puede recorrer un auto con una sola carga-. Sin embargo, estas innovaciones aún tienen problemas para llevarse a escala industrial, ya que al aumentar la escala productiva su calidad baja considerablemente. Es decir, se trata de una industria que sigue innovando continuamente, donde hemos adquirido capacidades que no debemos dejar de lado porque volver al ritmo más adelante probablemente cueste más.

Eso ya se ha visto

Te mencioné a Y-TEC como un actor clave para la planta de baterías local. Pero, si hablamos de Y-TEC tenemos que hablar de YPF en realidad. Parte de los beneficios no tan mencionados en los medios es la apropiación de parte de la renta generada por la explotación de hidrocarburos para el desarrollo nacional. ¿A qué me refiero? Si antes los beneficios de la petrolera eran girados al exterior por parte de Repsol para invertir en otros países (te lo conté acá), ahora parte de esa ganancia extraordinaria puede ser reinvertida en el país, no solo en más hidrocarburos, también en otras unidades de negocio.

En este sentido, YPF muestra un comportamiento similar a otras petroleras internacionales que en el marco de la transición energética comenzaron a invertir cada vez más en fuentes renovables y en industrias relacionadas para plantearse como empresas de energía.

¿Por qué hablo de esto? Si bien Milei aclaró en las últimas semanas que su intención no es una inmediata privatización de la petrolera estatal, sí lo es su puesta en valor para la venta. En los noventa eso significó la desarticulación de sus unidades de negocio y el racionamiento de su estructura (incluyendo despido de empleados). Nada indica que la utilización de la renta en inversiones de riesgo que tienen cierta utilidad nacional, como lo es la fábrica de baterías, esté dentro de una agenda de recomposición de su valor. No quisiera caer nuevamente en el pantano de la conspiración y la futurología, pero a priori es algo a tener entre ceja y ceja si se quiere pensar en continuar ciertas políticas industriales en otros gobiernos.

Bonus track

Eso fue todo por hoy, recordá que podés compartirle la entrega a quien quieras y recomendarle que se suscriba, así le llega directamente a su casilla. Te dejo algunas cosas que me gustaron de estos días.

  • Esta charla entre Leandro Mora Alfonsín y Juan José Carbajales en el programa País Productivo de Radio del Plata sobre YPF. Además, Tomás Allan analiza en este tweet cómo podría darse la privatización de la petrolera;
  • Esta nota de Carlos del Castillo en elDiarioAr sobre un conflicto entre nuestro invitado de hoy Elon Musk y los sindicatos suecos sobre las negociaciones colectivas de trabajo (sí, ¡son algo que no existe solo acá!)
  • Finalmente, estas dos publicaciones sobre la complejidad económica a nivel provincial de Argentina. La primera es un tablero interactivo que desarrolló el Centro de Estudios para la Producción XXI y la segunda un racconto de lo que Fundar hizo sobre este tema en los últimos años.

La pegó bastante en los cines la película de terror argentina Cuando acecha la maldad de Demián Rugna, todavía no la ví, pero sí te recomiendo su película anterior: Aterrados.

Abrazo grande,

Nico

Escribo sobre temas de sectores y desarrollo productivo y trato, todo lo posible, de cruzarlo con datos. Me importa que estos sectores impulsen el bienestar social. Estudié economía en la UBA, estoy terminando una especialización en políticas sociales en UNTREF y arranqué una maestría en desarrollo económico en UNSAM.