Prepárense para perder

Una charla con Valdano

El campeón del mundo analiza el fútbol moderno y el rol de las corporaciones. También, habla de Messi y de Maradona.

Hola, ¿cómo estamos?

Esta es la edición número 100 de este viaje. Te adeudo facturas y mates y cafés por la paciencia que me tuviste. Hemos tenido pandemias, burofax, la Copa América, una guerra, Superclásicos, un golpe de Estado a la UEFA, la venta más alta de la historia del fútbol argentino, la despedida de Alejandro Sabella y el amor, para siempre y por siempre, a Diego Armando Maradona. 

Te debo un regalo. El precio de la harina está en un momento complicado así que una inversión en panadería me hubiera fundido. Si esto es un puente de palabras, me pregunté a quién me gusta oír. O qué personalidad del deporte podía encarnar este espacio que, ante todo, se propone el pensamiento crítico frente a un medio encaprichado en la unicausalidad y las verdades como si existieran. 

Jorge Valdano es el mejor deconstructor de este lenguaje llamado pelota. Desarma y arma para pensar. Acá van sus pensamientos.

“Hay que tener cuidado porque la previsibilidad mata al juego”

–¿Te sigue gustando el fútbol?
–Sí, me gusta. Y sigue siendo parte importante de mi vida. He pasado por tantos lugares que me interesa todo. Me interesa como juego, como cultura popular, como industria del espectáculo, como emoción compartida. Cabe un mundo dentro del fútbol.

–¿Qué es lo que te gusta?
–La pregunta apunta al juego. Lo veo todo, pero con distinto grado de interés. A estas alturas afiné mucho el paladar y solo veo con pasión a los entrenadores que buscan la grandeza y a los jugadores diferentes.

–¿Antes se jugaba mejor? ¿Los viejos de tu pueblo te decían que antes se jugaba mejor?
–El fútbol siempre se movió entre dos percepciones: la de los viejos que pensamos (ya me incluyo [tiene 66 años]) que antes se jugaba mejor y la de los jóvenes que piensan que antes era mucho más fácil. Ni todo tiempo pasado fue mejor ni el gran fútbol es patrimonio de las nuevas generaciones.

–¿Creés que se jugará peor?
–Es un juego evolutivo y, por lo tanto, el tiempo lo irá sofisticando y mejorando. El gusto es otro cantar. Cada cual lo disfruta como le da la gana. Es posible que ya sepamos demasiado sobre el juego y que, por eso, el método se esté apoderando de él. Tiene que ver con la enseñanza académica, con el Big Data, con el poder creciente de los entrenadores. Los partidos son cada vez más estructurados y con jugadores cada vez más obedientes. Hay que tener cuidado porque la previsibilidad mata al juego. Hay ocasiones en las que basta ver quince minutos para saberte el partido entero. Pero no hay que dramatizar: existe Guardiola y su sana influencia, existe Mbappé como heredero de Messi. El fútbol se las arregla para seguir siendo atractivo.

–Tu primer libro se llamaba Sueños de fútbol, ¿soñás todavía con goles tuyos?
–Sí, sueño. Últimamente sueño que estoy al final de mi carrera y quiero disimular mi decadencia, pero el juego me descubre. Es una variante de tengo examen y no estudié. Está asociado al miedo al final de la carrera, que es traumático.

–¿Tenés nostalgia de fútbol?
–Huyo de la nostalgia. La vida está ahí adelante. Es mi nueva frase de cabecera.

–¿Cómo recordás tu retiro del fútbol? ¿Te sentiste triste?
–El mío fue un retiro no premeditado. No tuve que tomar la decisión. Me retiró una hepatitis que se hizo crónica. Cuando me quise dar cuenta de que se había terminado, ya estaba del otro lado. Dejar de jugar no es fácil. Es como dejar de ser niño porque vivir del fútbol es como prolongar la infancia. Siendo jugador jamás sentí tristeza. Presión sí. Y a veces grande.

–¿Cómo procesás el final de la carrera de Messi? ¿Cómo se acepta que un crack se va retirando?
–Con pena. Messi eleva al fútbol, como todo genio. Pero incluso los que baten todos los récords y resultan fascinantes no pueden con el tiempo. Se retira Messi, se muere Maradona… ¿Quién puede luchar contra eso?

–¿Qué recordás del retiro de Maradona? ¿Pensabas que no habría otro igual o alguien que le compitiera como Messi?
–El de Diego fue un retiro en cuotas. Se resistía a dejarlo. Incluso en la Selección. Hizo bien. No soy de dar consejos, pero cada vez que veo a un futbolista dudando entre dejarlo o seguir, mi recomendación es que se beba hasta la última gota de fútbol. Eso no arruina la nota general. Di Stéfano terminó en el Español, Pelé en el Cosmos, Cruyff en el Levante de la Segunda División española… ¿Y qué?

–¿Por qué queremos y queríamos tanto a Maradona?
–Supongo que porque, como héroe, era de hierro y como ser humano, frágil. Al genio inalcanzable lo admirábamos y con el ser humano nos identificábamos. Pero Diego no cabe en esta ni en ninguna definición. Demasiado grande sociológicamente.

–¿Anotás tus recuerdos? ¿Un gol como el que hiciste en la final del Mundial del 86 se olvida? ¿Qué recordás como si todavía fuera hoy?
–Lo recuerdo todo. La emoción tiene muy buena memoria. Incluso recuerdo cosas insignificantes, como una mirada matadora de Ruggeri cuando por tirar un caño en una zona prohibida regalé un córner en la final. A estas alturas los recuerdos de la final duran más de noventa minutos.

–Recuerdo una publicidad cuando Racing salió campeón en el 2001 que decía: “Chango, ahora podés tomarte vacaciones”. ¿No deseás que algún día vuelva a ganar un Mundial para dejar de ser un mito? ¿O en algún punto disfrutas de ser un mito?
–Mitos son los que convierten lo excepcional en costumbre, como Diego. No somos mitos los tipos ordinarios que un día vivimos algo extraordinario. Ojalá Argentina gane pronto otro Mundial. Eso no moverá ni mis recuerdos ni mi orgullo.

–¿Te imaginás habiendo sido futbolista con las redes sociales detrás? ¿Las redes sociales le hacen daño al deporte? ¿Lo mejoran?
–Lo mejoran cuando quienes la usan son inteligentes y la empeoran si son burros con la pretensión de subirse al escenario. El fútbol es un territorio emocional y eso lo hace muy inflamable porque el fanatismo reduce el recinto mental. Para decirlo fácil: el fanatismo vence a la inteligencia.

–Cuando eras futbolista, ¿había críticas que te desalentaban?
–Las separaba en dos: las que me ayudaban y las que no me ayudaban.

–A partir del 2000 tuviste distintos roles en el Real Madrid. La etapa en que el fútbol más se globalizó en el club más global. ¿Imaginabas que los clubes serían tan globales?
–Sí. El fútbol lo refleja todo. Hubo un tiempo en que el fútbol se parecía al lugar en el que se jugaba. Ahora se parece a su tiempo y este es tiempo de globalización. Y la globalización abarca y uniformiza. Me tocó llegar al Real Madrid en la época de los Galácticos, lo que fue un antes y un después. Yo era el antes. En esa parte, el director de marketing me dijo un día que su departamento solo podía progresar desde el conflicto. Tenía razón. Desde entonces hubo un gran cambio, pero los puentes entre el antes y el después aún no están tendidos. La selva es el juego mismo y la civilización es la industria que lo rodea.

–¿Esperabas que de tanto capitalismo iban a aparecer Clubes-Estado como el PSG o el City?
–Y el Chelsea de Roman Abramovich con todas sus sospechas encima. Y el Newcastle del fondo Saudí. El fútbol es muy tentador como fenómeno emocional que blanquea comportamientos y potencia imágenes. Lo más increíble es que las aficiones de los equipos aplauden la llegada de estos capitales. Lo que demuestra que, en el fútbol, nadie es neoliberal hasta que cae del lado de su club.

–¿Qué estás leyendo?
–Llevo viajando toda la semana y me traje Obra maestra, de Juan Tallón.

–¿Con quién tomarías un café?
–Con mis hijos, que hace diez días que no veo. Con Putin lo voy a dejar para más adelante.

Pizza post cancha

  • Alejandro Fabbri está haciendo en Radio Nacional un ilustrado podcast sobre la historia de los colores de los clubes. Didáctico y con información muy piola. Lo hallan por acá.
  • No entiendo mucho de autos ni de automovilismo. Este viernes arranca la Fórmula 1. La serie Drive to Survive es de lo mejor que se produjo en documentales deportivos. Van cuatro temporadas y son una mejor que la otra. La ven en Netflix.
  • En Indians Wells, insultaron a la tenista japonesa Naomí Osaka y se largó a llorar. Rafael Nadal tuvo una respuesta categórica.
  • Cristian Grosso es un entrevistador infalible. Esta semana hizo una nota con el brasileño Careca -compañero de Diego en Nápoli- que tiene partes muy buenas.
  • Una pelota bajo el brazo. Como escudo. Como bandera. Higui fue absuelta de una pesadilla. La acusaban de homicidio por defenderse de una violación grupal. En 2018, fue atacada mientras le decían: “Te vamos a hacer mujer”. La calle, la marea, la acompañó y construyó jurisprudencia desde el reclamo popular. No recuerdo una imagen más emblemática del deporte y la Justicia que ella hablando y saltando en la puerta de los tribunales con el esférico a su lado. Mientras veía las imágenes, sentía en mi oído las estrofas de "Maradó" de Los Piojos. Pero no. Merece otra canción. Flopa se la compuso en el disco Mala reputación que produjo LATFEM.

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Abrazo grande,

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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