Tu gato sabe tu nombre

Edición de preguntas y (casi)respuestas: ¿El envejecimiento es una enfermedad?¿Los delfines tienen rutina de skin care? ¿Tu gato sabe cómo se llama tu otro gato? ¿Cómo queda mejor la pizza recalentada?

Holis, ¿cómo va? Yo acá, hundida en lo importante. ¿Para vos también está difícil la cosa? No hablo de analizar la situación coyuntural eh, de sacar conclusiones, de entender qué pasa con la economía argentina. Te lo pregunto porque siento que resulta muy complicado transitar el día a día cuando las cosas que nos gustan se vuelven insignificantes, amargas, por momentos hasta motivo de culpa y en algunos ratos llegan a ser pulsión de muerte, reflejo de la desesperanza total, completamente despegadas de la idea de sostener la vida y absolutamente dominadas por lo involuntario, ahogadas en la inevitabilidad de haber sido arrojados a la existencia.

Pero también la realidad mostró otro reflejo en ella

Soy muy de creer que uno en realidad piensa una vez y después le da vueltas al asunto. Yo te hablé muchas veces del tema de la inmediatez en este oficio, pero en estos días me resulta particularmente grosero creer que la necesidad de quiénes se informan con nosotros es saber quién está acumulando poder y quién lo está perdiendo. Además de probablemente incorrecta por apresurada, cualquier forma de tirapostismo hoy me causa más incomodidad que el desagrado estético habitual. Yo, al menos, lo que necesito saber es cómo hacer para sobrellevar mis sensaciones, estar al tanto de cómo se sienten los demás, tener ideas para estar juntos, para resistir desde la creatividad y no desde la estrategia.

Hay algo que observé estos días y que tal vez nos pueda ser útil. ¿Notaste que la idea de agudeza mental está muy ligada a pensar los problemas de la forma más abarcativa posible? Me pasa mucho esto de señalar, por ejemplo, una forma específica de desigualdad de género y que me respondan que el problema es el sexismo. No es que crea que no hay que dar luchas por cambios estructurales, de hecho desarmar la impotencia que experimentamos cuando nos chocamos con lo sistémico es algo que me desvela. Pero es algo del orden de la proclamación de la verdad lo que me fastidia. Que cuando quiero hablar de algo puntual, contenido, recortado, me contesten que el verdadero problema es otro que lo contiene. ¿Cuándo empezás, entonces, a hacer algo? ¿Cuando encontrás el mal original, la maldad en estado puro carente de cualquier otra cualidad? ¿Dónde está eso? ¿Se lo puede citar en Segurola y Habana para una contienda?

En este momento, no sé si para solucionar un problema hay que desarmar la estructura que lo contiene, creo que la estructura debe desarmarse para eliminar sus causas. Y sé que yo hoy no tengo nada que ofrecer en ese sentido. Pero tal vez sí lo tenga en otro. En esta edición te invito a distraernos un rato, a pasar tiempo juntos en un momento difícil. No es una propuesta de resignación. En mi caso es hacer lo que tengo ganas, verdaderamente quiero poder sentir otra cosa que no sea ahogo. Acá vamos entonces, a hacer algo mientras no podemos hacer nada.

Me preguntó de qué se ocupaban allá

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Probablemente, si tuviera una terapeuta bastante berreta, me diría que esta tensión que estoy sintiendo entre el carácter sistémico y el carácter particular de los problemas está muy relacionado a mi condición de persona en situación de tesis. Al fin y al cabo, es un trabajo que se trata de eso, ¿no? Hacer un recorte muy chiquito y específico de algo y encontrar cómo situarlo en un sistema que puede aplicarse casi a cualquier cosa.

*El meme dice: ah, veo que también sos un hombre de cultura

En esa búsqueda del camino del medio, que una terapeuta buena me instaría bastante a buscar porque no es precisamente mi mayor talento, me encontré con el concepto de disease mongering (promoción de enfermedades). ¿Lo conocés? La definición oficial es: “La venta de las enfermedades, que amplía los límites de la enfermedad para hacer crecer los mercados de quienes venden y suministran los tratamientos. Es un proceso que convierte a las personas sanas en pacientes, provoca daños iatrogénicos y desperdicia recursos preciosos”. La definición no oficial (o sea, la que pongo yo cuando estoy jugada de caracteres es: la transformación de características biológicas en patologías. Si tengo un poco más de espacio, aclaro: (el concepto) señala una tendencia contemporánea a la medicalización de cuestiones que antes no se consideraban problemas médicos, como la calvicie o el síndrome de piernas inquietas.

¿Vamos bien hasta acá? Una palabra (son dos, señora) que designa un fenómeno puntual (medicalizar cosas que antes no se medicalizaban) dentro de uno más grande (la medicalización excesiva de los procesos biológicos). Y, en las siguientes líneas, una reflexión sobre la discusión acerca de si el envejecimiento es o no una expresión específica del problema.

Este trabajo, que aún no se publicó, se llama “¿Envejecer es una enfermedad? La definición teórica del envejecimiento desde la perspectiva de la filosofía de la medicina”, y a continuación te lo resumo (creo que si sigo haciendo esto el querido Jorge me va a clavar un juicio por plagio, así que por las dudas lo cito):

  • La noción de envejecimiento está atravesando un cambio conceptual que causa que en la contemporaneidad no pueda diferenciarse fácilmente de cualquier otra condición que usualmente es considerada una enfermedad
  • Hay dos posiciones principales al respecto: autores que, sin negar la importancia médica de abordar los procesos de envejecimiento, afirman que no entra en la definición de enfermedad. Otros autores argumentan que el envejecimiento es una condición biológica que comparte tantas características con enfermedades que generalmente reciben tratamientos médicos que no hay razón para no considerarla una más. Además, estos últimos argumentan que, si el envejecimiento es entendido como una enfermedad, esto podría facilitar que el alivio de condiciones relacionadas con él forme parte de las políticas públicas.
  • Quienes dicen que el envejecimiento no puede ser considerado una enfermedad lo sostienen basados en que no es una falla en el funcionamiento de los organismos, sino una propiedad constitutiva de su diseño orgánico, tanto desde el punto de vista de la selección natural como en tanto fenómeno progresivo, irreversible y universal.
  • Quienes dicen que sí, sostienen que hay cosas inevitables que son consideradas enfermedades (como las infecciones) y que la definición de enfermedad debe estar centrada en que algo sea disfuncional para el organismo, cosa que el envejecimiento es.
  • Se propone un tercer enfoque: uno pragmático. Tratar médicamente al envejecimiento como si fuera una enfermedad y evitar categorizarla como tal. Acá no importa si es una enfermedad o no, sino qué ganás y qué perdés cuando la pensás de una u otra manera. En muchos aspectos, las consecuencias de envejecer son similares a los síntomas de estar enfermo. Considerarlo una enfermedad, entonces, insta a buscar sus causas, controlar sus procesos y reducir o revertir el daño que hoy es inevitable e irremediable. Los autores que sostienen esta posición afirman que el envejecimiento podría tener un tratamiento médico análogo al de cualquier otra enfermedad, pero no creen que pueda ser definido como tal.
  • Una objeción obvia al pragmatismo, no todo tratamiento médico tiene por objeto una enfermedad. El ejemplo más evidente: cirugía cosmética.
  • De esta forma, categorizar o no al envejecimiento como una enfermedad es importante por una cuestión de estrategia política. Aunque los tratamientos médicos no solo se ocupen de enfermedades, las patologías reciben más atención, fondos para investigación y atención pública. De esta forma, los efectos del deterioro cognitivo y físico correlativos a envejecer podrían ser destinatarios de más recursos y tratarse de formas más efectivas y más rápidamente.
  • Recordatorio de mitad de tiempo: lo que estamos resumiendo es un paper de filosofía, así que el siguiente paso se cae de maduro. Para determinar si algo es o no una enfermedad hay que consensuar una definición de enfermedad.
  • La escuela naturalista sostiene que los organismos presentan ciertas condiciones que pueden ser catalogadas como saludables o insalubres independientemente de nuestras consideraciones culturales o personales. La herramienta principal para articular su propuesta es la estadística.
  • Los constructivistas o normativistas dicen que las nociones de saludable y enfermo están tan cargadas de valores culturales que es imposible disociar las categorías médicas de su contexto social. En este sentido, salud sería la condición que deseamos y enfermedad la que queremos evitar, distinciones que dependen de nosotros y no de nuestro funcionamiento orgánico.
  • De nuevo, una tercera propuesta: el abordaje clínico y la toma de decisiones en medicina no necesitan la noción de enfermedad. Los médicos pueden ser capaces de tratar a los pacientes sin la necesidad de redefinir el concepto de enfermedad.
  • Esta tercera propuesta dejaría a varios filósofos sin trabajo, pero además no es suficiente para desestimar la tarea de encontrar una definición. Los médicos pueden tener cierta intuición acerca de qué es una enfermedad y qué no, pero que estas sean correctas depende bastante de que seamos capaces de juzgar si sus suposiciones teóricas son precisas o no. El trabajo principal de la filosofía de la ciencia es contribuir a la práctica científica repensando conceptos que de otra manera serían el producto acrítico de la intuición o la herencia cultural.
  • Una definición que junta todo: “La enfermedad es una condición que constituye algo malo de tener de forma en la que consideramos que quien la tiene es desafortunado y que puede, potencialmente, ser médicamente tratada”. La primera condición (es algo malo de tener), toma el enfoque constructivista, según el cual una enfermedad es un estado percibido como algo no deseable. La segunda (la enfermedad es un infortunio), está ligada a la bioestadística naturalista. La tercera introduce el giro pragmatista al decir que es una condición potencialmente tratable, ya que la medicina “inventa” enfermedades en el sentido en que las determina a través de las herramientas para abordarla, el conocimiento y los conceptos para identificarlas y clasificarlas y los protocolos para enfrentarlas. En este último caso, “enfermedad” es un término técnico que solo adquiere sentido dentro del marco de la medicina. O sea que ciertos estados se vuelven enfermedades cuando la medicina los trata como tales. No todo lo que la medicina trata es una enfermedad, pero todo lo que la medicina conceptualiza como una enfermedad es una enfermedad.
  • El meollo de la cuestión es que el concepto de enfermedad que use la comunidad médica debe servir para alcanzar ciertos objetivos. Entonces, entendemos a las enfermedades como herramientas conceptuales que van a ser más o menos útiles para abordar problemas prácticos. De esta forma, un cambio conceptual en la noción de enfermedad se justificaría en los casos en los que esto nos permitiera pensar que dicha modificación nos facilitaría alcanzar las metas prácticas de la medicina.
  • La producción de conocimiento sobre el proceso de envejecimiento cambió su consideración. Ya no es visto simplemente como el paso del tiempo sino como un conjunto de procesos biológicos que se desencadenan a nivel celular. De hecho, muchos expertos consideran que “envejecimiento” es un término paraguas para referirse a varios fenómenos: comunicación celular alterada, senescencia celular, desregulación de la detección de nutrientes, alteraciones epigenéticas (de la expresión de los genes), la inestabilidad genómica, la pérdida de proteostasis (regulación de las proteínas), disfunción mitocondrial (de la parte de la célula que suministra la energía), agotamiento de las células madre y desgaste de los telómeros (los extremos de los cromosomas). O sea que la biología contemporánea define envejecimiento como la aparición de mecanismos celulares concretos.
  • El paper concluye que hoy el objetivo del concepto de envejecimiento es conocer cómo intervenir en este proceso celular y que definirlo como una enfermedad es útil para ese objetivo. Por otro lado, señala que, dado que el envejecimiento es en efecto tratado como una enfermedad, ya es o se ha vuelto una enfermedad.

Si leés en inglés, el trabajo es realmente muy lindo, claro y detallado. A mí me re sirvió para tenerlo a mano como fuente. Y los argumentos me convencen, pero no me cierran. Lo que pienso es esto: las definiciones de la medicina no se quedan en la práctica médica.

El problema está bien definido y se ofrece una propuesta para darle cauce sin alterar las condiciones estructurales que le dan lugar. Los límites están trazados claramente, se reconoce que es una propuesta restringida a la práctica médica y todo lo que la honestidad intelectual requiere. Pero la inclusión del envejecimiento en el listado de enfermedades no solo afecta el tratamiento de esos cambios celulares. También habilita la idea de que hay que evitarla. Y evitar no es lo mismo que intervenir médicamente.

Volviendo a la definición de disease mongering, la “invención” de la enfermedad del envejecimiento tal vez no sirva para hacer crecer los mercados de quienes suministran y venden los tratamientos, aunque lo haga. Este paper define los tratamientos para el envejecimiento como intervenciones a nivel celular respecto a nueve condiciones. Sin embargo, basta con observar los carteles en una góndola de cremas para ver que los tratamientos que efectivamente se ofrecen, si bien muchas veces se basan en principios de acción celular, tienen como objetivo evitar lucir envejecido. Y ahí se evidencia que el propósito de la medicalización que rige la decisión de considerar o no que el envejecimiento es una enfermedad no es homogéneo.

Sobreviene la tentación, ¿no? Decir que vivimos en una sociedad obsesionada con la juventud y que eso se debe a tal cosa y tal otra hasta terminar en el miedo a la muerte. De ahí a la impotencia y la parálisis hay un paso. Pero también hay un paso de distancia a una propuesta de acción informativa acerca de cuál es el significado de envejecer o a la regulación del uso del término en publicidades. No son pasos en direcciones opuestas, pero para caminar hay que decidir qué pie adelantar primero.

Para olvidarme de mi rutina

Hasta acá usamos la técnica de distraernos de un problema acuciante hablando de uno menos urgente. Me gustan los problemas, me gusta su complejidad. Pero ese viejo truco se parece a un mago sacándose pañuelos anudados de la garganta. La distracción de la infinitud y el alivio confirmatorio del cliché. Ahora le toca a mi treta favorita: el ilusionismo. Hacer desaparecer la Estatua de la Libertad. El querido fingir demencia.

*El meme dice: yo consumiendo 5 tipos de medios a la vez para eliminar la chance de que aparezca un pensamiento.

Entonces, así como quien sí quiere la cosa, hablemos de lo que a todos nos gusta para recuperar el deseo de acompañarnos frente a la necesidad de compañía: animalitos yyeeeyyy.

  1. ¿Sabías que los delfines tienen rutina de skin care (cuidado de la piel)? En el Mar Rojo, los delfines nariz de botella se frotan contra los corales. Parece un juego, pero tal vez sea una forma de autocuidado. El comportamiento se observa desde hace 15 años. Los delfines hacen fila frente al coral y cada uno se frota un rato cuando llega su turno. Algunos, incluso, vuelven al final de la fila para hacerlo de nuevo. Pero no lo hacen en cualquier coral. De las cientos de especies del arrecife, seleccionan unas pocas. A veces, después de frotarse, la piel les queda con manchitas verdes o amarillas.
    Que los corales tienen un montón de componentes químicos es un hecho bastante conocido, así que a los investigadores se les ocurrió que la explicación para este comportamiento podría estar en la composición de las especies de coral elegidas. Cuando las analizaron, vieron que tenían 17 componentes bioactivos, incluyendo antimicrobianos, antifúngicos y hormonas.
    Algunas de las moléculas sirven para activar el sistema inmune, otras como protector solar. Por ahora, esto no prueba que lo hagan por sus propiedades medicinales, tal vez simplemente se divierten haciéndolo, pero, si así fuera, sería la primera vez en la que se observa a un animal no humano automedicándose.
*El meme dice: ¿Los delfines fuman porro así?¿O así?

¿Cómo se podría probar? Una forma es ver qué efectos causa el coral en las lastimaduras de animales cautivos, que frecuentemente se pelean entre sí y se lastiman (meme de esto es lo único que me hace llorar). Otra es analizar las huellas que miles de delfines dejaron en los corales entre 2009 y 2021. Por ejemplo, si se ve que algunos de ellos lo hacen repetidamente esto podría robustecer la hipótesis de la automedicación. También sería interesante monitorear el hábito para saber si lo aprenden unos de los otros, lo que también podría indicar que tiene un beneficio particular.

2. Este te lo digo gritando: LOS GATITOS APRENDEN LOS NOMBRES DE SUS AMIGOS GATITOS.

Hubo dos experimentos. En uno, un gatito veía caras de otros gatitos junto con audios con sus respectivos nombres. A veces el audio coincidía con la foto y otras veces no. En el otro experimento hacían lo mismo con caras de humanos.

¿Cómo hicieron para saber que se daban cuenta cuándo el audio encajaba con la imagen y cuándo no? Cuando las caras y los nombres no coincidían, los gatitos se mostraban sorprendidos (es el mismo parámetro que se usa para trabajar, por ejemplo, con bebés, a quienes no se les puede preguntar).

Los gatitos domésticos que más tiempo habían convivido con otros (gatos y humanos) presentaban un efecto mayor. Los gatos que vivían en cafés gatunos japoneses no estaban tan pillos.

Si, ya sé, me concentré mucho en que reconocen el nombre de sus gatitos amigos y no el de los humanos, pero pensar que, como vivo sola, Calabria y Romeo nunca me escuchan nombrar y entonces no saben cómo me llamo me rompió el corazón.

Morder de la pura verdad

Con ustedes, la maniobra distractiva favorita de las señoras: no seré feliz pero al menos no tengo marido. La versión de hoy: en Argentina estará todo mal pero al menos no es un problema comer pizza fría. ¿Por qué lo digo? Porque no es tan fácil recalentarla y que quede bien.

Aunque no tengamos el problema, igual te traigo la solución, digo, por si estás saliendo con alguien que desprecia el cuarteto pero baila cumbia haciendo storys, que se sabe es el tipo de persona que más probablemente diga: “Ayyyññññ no me gusta la pizza fría”. Y, de paso, también te lo cuento porque es una linda forma de ver que no siempre es un problema no ser científico cuando se necesita hacer un experimento.

Las pruebas se hicieron en Nueva York, o sea, con pizza finita de porción grande que había pasado entre 12 y 48 horas en la heladera (Nota de la escritora(?): no puedo comprender por qué están proliferando las pizzerías New York Style en la ciudad de la indiscutiblemente superior pizza porteña).

Opción 1: sartén. Esta es la manera favorita de los usuarios de Reddit.

Instrucciones: colocar la porción en una sartén precalentada con un poquito de aceite durante dos minutos a fuego medio-bajo o hasta que la base esté crujiente. Después, tirar dos gotas de agua lo más lejos posible de la pizza y tapar. Cocinar a fuego bajo durante un minuto más.

Resultados: una sartén antiadherente funciona mejor que una de hierro. La masa estaba crujiente, el queso, gracias al vapor debajo de la tapa, se derritió por completo y la porción estaba a la temperatura perfecta para comer inmediatamente.

Contras de la sartén de hierro: puede tardar mucho en calentarse. Si no está bien curada, la base se puede quemar antes de que se derrita el queso, inclusive si la aceitás un poquito.

Opción 2: asadera caliente en horno caliente.

Instrucciones: poner la pizzera en el horno hasta que llegue a 260°. Sacarla y poner las porciones. Volver a poner la asadera en el horno y dejarla por 5 minutos. Si cuando la sacás está demasiado crocante para tu gusto, hacé lo mismo a 230°.

Resultados: hubo que dejar enfriar la pizza por uno o dos minutos, pero cuando la comieron estaba muy bien de crocancia y derretimiento del queso. Uno de los experimentadores dijo que era su método de recalentada favorito. Se puede ir jugando con las temperaturas para encontrar la que más te gusta. Cuando lo hicieron a 190° por 10 minutos, el primer bocado estaba bien pero hacia el borde estaba más como una galletita que como una pizza.

Las opciones de microondas me las salteo porque asumo que no sos un psicópata (además de porque hoy te quiero mostrar que hay problemas que tienen solución).

Opción 3 y peor opción: sartén muy caliente.

Instrucciones: calentar la sartén por un par de minutos en fuego alto hasta que esté muy muy caliente. Poner la pizza y bajar la temperatura a fuego medio. Cocinar por dos o tres minutos.

Los resultados: en sartén antiadherente, hubo que sacar la pizza al minuto y medio porque la base estaba quemada y el queso burbujeaba. Lavar fue una pesadilla. La de hierro fue aún peor. Sin aceitar, empezó a largar humo en el momento de contacto y la parte del queso seguía fría. Con aceite, la base estaba mejor pero el queso ni se enteró.

Distracción asegurada. Una solución para un problema que no tenés. La ciencia misma.

Pobreza y dolor solo trajo el progreso

No sé si a vos te funcionó, pero yo me distraje. Me alivió no hablar de lo que hay que hablar, no ser solemne con las cosas que hay que tomarse en serio. Me acordé de que hacer ciencia es un poco eso, concentrarse en algo tan infinitesimal que solo puede ser un problema porque se lo define como tal, pero que se constituye en problema cuando se entreteje con otras formas ínfimas de la realidad.

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: me enojé tanto con lo yankis que eran los del experimento de la pizza que elegí refes de esta canción recontra Argentina cantándole amargo y retruco a la salud mental.

Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.