Tres preguntas sobre la nueva fase en AMBA

Ante la flexibilización de la cuarentena, hay varias incógnitas que van a marcar los siguientes pasos a tomar.

Reunión del comité de crisis bonaerense para discutir nuevas medidas de flexibilización o aislamiento contra el coronavirus. Una de las infectólogas del grupo de expertos propone una apertura bastante generosa hacia la nueva normalidad y apela a la responsabilidad individual como argumento. El gobernador Axel Kicillof no está de acuerdo. Cree que es mágica la idea de que cada persona va a hacer que las cosas funcionen de manera equilibrada; que, en la práctica, nunca funciona así. “Es como plantear que la economía opere en base al libre mercado”, le dice a la especialista. Ahí reside hoy la mayor diferencia entre los criterios de las autoridades de Ciudad y Provincia de Buenos Aires: en la primera, apelan de a poco a la conciencia de cada uno; en la segunda, creen que es el Estado quien debe articular esa responsabilidad.

Pero, ya se sabe, ambos territorios deben negociar posiciones porque coinciden en el tan nombrado Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde confluyen la capital del país y 40 municipios del conurbano bonaerense. Con casi 15 millones de habitantes, sigue siendo la zona más caliente de la Argentina en materia de contagios y fallecimientos en la pandemia y, por eso, hay varias preguntas para hacerse en esta nueva etapa de aislamiento social. De qué manera se puede ajustar la prevención, calibrar las cifras, o pensar en el futuro, son algunos de los desafíos a los que se están enfrentando los gobiernos locales para sortear una crisis inesperada y sin precedentes.

¿Cómo se buscan nuevas formas de prevención? 

Es difícil pensar por qué se cuidarían quienes no lo han hecho hasta ahora o cómo se puede hacer para llegar a universos que vienen resultando inaccesibles. Desde la oposición y algunos sectores del periodismo, empieza a aparecer la demanda de mayor información y comunicación en ciertos cuidados cotidianos, más allá del ya instalado lavado de manos, el distanciamiento social o un tapabocas. En las tandas radiales y televisivas, pueden verse spots con las medidas habituales de prevención pero no se consigue todavía un consenso en si hay que desinfectar o no, por ejemplo, la comida que ingresa al domicilio o la ropa de quien llega de la calle.

La Ciudad de Buenos Aires desplegó un grupo de “concientizadores voluntarios” para recordar, sobre todo en parques y plazas, las medidas a cumplir. “Sancionar es la última de las instancias”, dijo en el programa Ahora Dicen, de Futurock, el jefe de gabinete porteño, Felipe Miguel. En la Provincia, la muestra más concreta de la falta de confianza en una responsabilidad masiva está en que aún no se permiten las salidas a correr o el paseo con niños, para evitar las fotos que se vieron de las multitudes en las zonas verdes de la Ciudad. Entienden que es menor el riesgo de contagio al aire libre, pero también saben que ese riesgo aumenta si hay aglomeraciones. “Si no, hagamos un recital o vayamos a ver un partido de fútbol, que también son al aire libre”, justifica un funcionario.

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Otra medida que se suma ahora para prevenir una rápida propagación del virus y evitar que se sature el sistema de salud es la ampliación del Operativo Detectar, creado por el Ministerio de Salud de la Nación para apoyar la búsqueda, casa por casa, de contactos estrechos de casos confirmados. Además, se siguen agregando camas de terapia y recursos humanos. “La prevención es la principal herramienta que tenemos. Por eso, continuamos fortaleciendo nuestro sistema sanitario con insumos de protección y cuidado”, tuiteó el gobernador Kicillof.

Difundir algunos datos podría contribuir a la concientización. Quizás genere reflexión saber que todo el universo menor de 40 años es el más contagiado y, por esa razón, también el que más reproduce los contagios. Se trata del grupo que circula por la calle, el que más permisos tiene para trabajar como personal esencial y para ayudar a las personas mayores, y también al que se le demanda una cuota extra de responsabilidad. El total de contagios confirmados en la franja 20-39 años supera los 60 mil en la última semana de julio. Le dice a Cenital la infectóloga Florencia Cahn, una de las asesoras presidenciales en la materia: “Las veces que se registraron muertes de gente muy joven traté de averiguar, por inquietud médica y por inquietud personal. En más del 90 por ciento de los casos, había patologías previas. Es un patrón que se respeta bastante en el mundo”.

En esa franja, no es alta la letalidad (porcentaje de muertos en relación a contagios confirmados), pero nada asegura que se trate de una enfermedad sin costo para un paciente joven y sano. Al 22 de julio, habían muerto por coronavirus 84 personas menores a 39 años: 24 mujeres, 52 hombres y 8 niñas o adolescentes. En la Ciudad detallan que, entre 40 y 50 años, la letalidad es de 0,6%. El 84% de los contagiados porteños tiene menos de 60 años y el 84% de los fallecidos tiene más de 60. Los menores de 60 que murieron ya cargaban con otra enfermedad o afección, sobre todo hipertensión arterial, diabetes o insuficiencia cardíaca.

Están los que creen que, si no integran ningún grupo de riesgo -ser mayor de 65 años, tener afección previa o estar cursando un embarazo-, no van a padecer el coronavirus aunque se contagien. Todos los sanitaristas desmienten esa versión. Porque, si bien es cierto que a casi todos los sub-40 que murieron con covid les detectaron comorbilidades, muchos de los contagiados sufrieron el paso de la enfermedad con neumonía, dolores fuertes en el cuerpo y malestar permanente. Peor la pasan quienes quedan internados en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), que además deben alejarse de sus seres queridos. No siempre funciona como “una gripe cualquiera” y los sanitaristas aseguran que, al menos por ahora, les resulta azaroso a quién le toca cursar el coronavirus con intensidad entre los que no tienen afecciones previas. “Es una lotería”, dice un asesor bonaerense, que también aclara que tampoco es seguro que la pase mal quien sí tiene enfermedades preexistentes, a pesar de la propensión.

¿Cuándo termina el pico en el AMBA?

Estamos lejos del fin de la pandemia: en eso coinciden todos. No está claro cuán lejos, pero algunos funcionarios usan como referencia la experiencia de otros países. Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, le detalla a Cenital su mirada: “En las grandes ciudades del mundo, luego de pasada la curva, se han hecho estudios de seroprevalencia para saber cuántos se infectaron efectivamente, más allá de los testeados. Son estudios que buscan anticuerpos de la enfermedad en un muestreo representativo. En casi todas las ciudades había entre 10 y 20 por ciento de la población con anticuerpos positivos. En Nueva York, el 21%; Madrid, 11; París, 8. Esto no indica causalidad. No es que terminaron la curva porque estaban en ese número, pero es una asociación temporal, es algo que justo pasó en ese momento”.

En Ginebra y Nueva York compararon los números de los que tenían anticuerpos con el de los que habían dado positivo en los testeos (PCR) para saber cuántos más contagios hubo respecto de los que se habían confirmado. En Ginebra, la relación fue 11 a 1, y en Nueva York, 10 a 1. Esta semana, la Ciudad de Buenos Aires también empezó un estudio de seroprevalencia. Los primeros resultados se conocerán a fines de julio. Lo que se sabe hasta ahora es que, en el Barrio Padre Mugica (ex Villa 31), 53% de la población tiene anticuerpos y que, por cada testeado positivo, hay 9 inmunizados, parecido a las cifras de las ciudades mencionadas. Por eso la cuenta estimada es que, cada un caso detectado, hay diez que no fueron encontrados porque no consultaron al sistema de salud, tal vez por falta de síntomas o por síntomas leves.

Para que el promedio de personas con anticuerpos en la Ciudad resulte en 20% al final de la curva, como en las ciudades que menciona Quirós, si en barrios populares supera el 50, habría otras zonas con cifras muy menores. El ministerio porteño considera cerca de 20% en los equipos de salud, 30 en los geriátricos, y un 5 para el resto. La estimación del gobierno de la Ciudad es que ya se contagió cerca de un 14% de su población, pero lo quiere corroborar con el estudio.

Si el 20% de contagios en la población es un dato pero no una causa para que termine la curva, ¿cuáles son las razones? El ministro cree que son tres a la vez: “Una es que, cuando aumentan mucho los casos, la gente se cuida más y toma conciencia. Hay un cambio de comportamiento social que hace bajar la curva. La segunda es que los gobernantes toman decisiones más duras y cuarentenas más estrictas, que es lo que estuvimos haciendo nosotros este tiempo. Y la tercera es que hay cierto nivel de dificultad del virus para seguir la cadena de contagios a la velocidad que viene porque encuentra gente que ya está curada y tiene anticuerpos”.

Quirós hace especial hincapié en que no es posible, en este caso, apelar a lo que se conoce como “inmunidad de rebaño”, que propone como única alternativa liberar la circulación, que suban los contagios y que así se forme una barrera inmunológica que bloquee la circulación del virus, como se pretende con las vacunaciones masivas. “Ningún país ha podido sobrevivir a intentar tamaña cosa con este virus -dice el ministro-, porque se contagia tanto y contagia tan agudamente, que no podés sostenerlo. Se muere mucha más gente y se llenan los hospitales, no podés manejarte. Le pasó en buena parte a Inglaterra, a Nueva York. La inmunidad de rebaño no es una estrategia validada”.

Hay otro planteo a nivel mundial, vinculado al universo de las posibles vacunas contra el coronavirus: la inmunidad humoral, la de los anticuerpos, no sería la única para protegerse de la enfermedad. La inmunidad celular, de los linfocitos, parece jugar un rol. “No está siendo evaluada, pero podría ocurrir que, donde creemos que hay un 20% contagiado e inmunizado en una ciudad, en realidad el porcentaje sea mayor”, plantea Quirós. La vacuna que está avanzando en Oxford, por citar un caso, aportaría anticuerpos e inmunidad celular.

En Provincia, consideran que este virus puede actuar de manera estacional, como el de la gripe o la mayoría de los virus respiratorios, y así bajar su curva de contagios cuando termine la temporada invernal. Comparten con funcionarios porteños la idea de que será la Ciudad la que primero vea la curva en descenso, porque allí empezó todo, pero advierten sobre posibles rebrotes porque las experiencias internacionales dicen que, dentro de los países, los brotes se van mudando a diferentes zonas. Los lugares que parecen seguros pueden convertirse pronto en nuevos focos.

¿Qué números hay que mirar para saber a dónde estamos parados?

Cuando, el 17 de julio, el gobierno nacional y los del AMBA informaron que se volvería a fase 3 después de un shock de dos semanas en fase 1 (o “1,25”, porque habilitaba un poco más que la fase 1 inicial), surgió la duda, dentro y fuera de la mesa chica, de si era o no el momento de mostrarse más flexibles en plena subida de la curva. Los números que se miraron en ese momento son los que hoy siguen en la mira: tiempo de duplicación de casos; disminución de la tasa de letalidad (relación entre casos confirmados y personas fallecidas), que se estacionó en 1,80 mientras la ponderada Corea del Sur tuvo 2,13; la mortalidad en el país (54,9 muertos cada millón de habitantes), que sigue siendo de las más bajas de la región; y que se hizo más lento el aumento de camas ocupadas en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI), aunque las internaciones por Covid llevan el doble de tiempo que las de gripe.

El vicejefe de gobierno porteño Diego Santilli advirtió que el sistema no colapsa si hay más de 30 días de margen para que se ocupen todas las camas de terapia. “Si vemos que, al mismo ritmo, quedan 30 días para la saturación, tenemos que volver de fase”, advirtió el funcionario. Se sumó el titular de la cartera sanitaria bonaerense, Daniel Gollán: «No vamos a esperar a tener un 90 por ciento de ocupación de camas. Con una cifra bastante menor vamos a volver a las restricciones (…). El leitmotiv de un virus es reproducirse. Mientras no haya vacuna, se va a reproducir».

En los primeros cuatro meses de Covid en la Argentina, se pudo comprobar que se trata de una enfermedad que no corre de forma pareja en toda la sociedad, sino que contagia más rápido en aquellos lugares en los que se dificulta mantener el distanciamiento, como barrios vulnerables, pensiones u hogares de larga estadía para personas mayores, porque compartir el baño o la cocina contribuye a la propagación. Dice Quirós: “La enorme mayoría de los que viven en esas condiciones ya está contagiada, y la enorme mayoría de los que viven en condiciones de distanciamiento aún no se contagió”.

Para la Ciudad, faltan pocas semanas para que la curva empiece a bajar. Una de las razones es el análisis por barrios. El gobierno de Horacio Rodríguez Larreta divide al distrito en tres: los cinco barrios populares grandes ya completaron su curva (subieron a 200 casos diarios y ahora está en no más de 10); en el segundo tercio de barrios la curva está bajando (centro, Balvanera, Barracas, La Boca); y siguen arriba los más pudientes (Flores, Caballito, Barrio Norte, Recoleta, Belgrano). Que suba en unas zonas y baje en otras es la explicación que la Ciudad encuentra para el amesetamiento de cerca de mil casos diarios en casi un mes, interrumpido por cifras arriba de 1.300 tras el regreso a fase 3.

A la par de cierta apertura para comercios, industrias, algunas actividades y hasta recreación, lo que los gobiernos provinciales y el nacional están intensificando, en entrevistas y conferencias, es que la pandemia no sólo no terminó, sino que está en su momento más crítico. Mientras tanto, habrá que adoptar un nuevo concepto, traído a la mesa por el gobernador Kicillof: “cuarentena intermitente”.

Me siento periodista desde antes de terminar la escuela, cuando colaboraba en programas de Rock & Pop y Supernova. Trabajo en Información General; salud y educación son mis temas preferidos. Hice tele de chica y madrugué siete años para el aire de Metro. Hoy soy conductora de Ahora Dicen en Futurock. Trato de no ser tan porteñocéntrica.