El asesinato de referentes políticos ecuatorianos puso en evidencia el fracaso de un modelo que no puede frenar la espiral de crimen, drogas y desigualdad.
El país está por convertirse en uno de los más violentos del mundo. Sufre, entre otras cosas, una infiltración de bandas criminales en el aparato estatal y cambios en el mercado del narcotráfico. Pero la trama, que es protagonista de las elecciones del próximo mes, tiene ribetes regionales.