Prepárense para perder

Ritmo de cuartetazo

¿Cómo Talleres arribó al punto competitivo más alto de la historia del fútbol cordobés?

Hola, ¿cómo estamos?

El cuerpo de Talleres aguanta una espina. Que se transformó en horizonte. Cuenta la leyenda que Julián Álvarez y su mamá se relojearon el viejo predio Amadeo Nuccetelli y asumieron que el camino no era por ahí. Había escombros. Alambres tirados. Entrenamientos que se suspendían cuando silbaba el viento porque la tierra volaba. Ocurrió en 2014. Hay una sensación de que el objetivo está cumplido aunque nadie podrá saberlo hasta que suceda: si llega otro crack, no va a salir corriendo. Va a querer quedarse porque el césped huele a Camp Nou y porque el equipo está en cuartos de final de la Libertadores.

En un pibe, quedarse puede ser morar en la pensión. A veces, las palabras cambian el significado y, a veces, los significados cambian las palabras. Tras las denuncias de abuso sexual en las Inferiores de Independiente en 2018, hubo una necesidad de alterar la estructura. Eso se materializó en los Centros de Formación de Talleres (CTF). Un plan de cosecha de talentos. Con deudas evidentes en el vínculo entre la producción de juveniles y la Primera: en el equipo titular no hay ningún futbolista parido en la institución. Apenas sumó minutos el punta de 19 años José Romero. Hasta sobrevuela la nostalgia de que Javier Pastore, Cristian Pavón y Pablo Solari no la pudieron romper en el Kempes para su gente. Incluso esta semana, el Brest de Francia anunció la contratación de Joaquín Blázquez, un arquero de la T que conformó todas las selecciones juveniles de AFA. Tapado por la presencia de Guido Herrera -referente, surgido de Belgrano- y de Alan Aguerre -de la cantera de Vélez-. El intercambio de mercancías -o el olfato- resulta una piedra fundacional del proyecto.

Talleres es liderado por Andrés Fassi. Un preparador físico cordobés que arrancó en Racing de Córdoba. Giró por Belgrano. Y de tan trotamundos halló su suerte en el Pachuca. De su profesión heredó el apodo “Profesor”. Que ostentó cuando asumió de vicepresidente en el equipo mexicano. O cuando aterrizó en Talleres para conformar una estructura política que agita las sociedades anónimas. Pero, mientras la AFA prohíba que se anote una empresa en sus torneos, deberá hacer malabares con su institucionalidad. Nunca hay que perder de vista que la privatización invoca poner en manos de pocos lo que puede estar en manos de muchos.

El lujo de Fassi es su conocimiento del juego. En su amplitud. Desde su plataforma de información hasta la rentabilidad de cada futbolista. Su instrumento es el teléfono. Su secreto, los contactos. Porque para contratar a un jugador utiliza la Secretaría Técnica del club, a directores de deportes de federaciones, viejos amigos que laburan en Europa, representantes de la Bundesliga. Todo. Sumada a la data que pesca de los otros ríos en los que manda: Pachuca y Atenas de Uruguay. Sin epistemología no se ejecutan inversiones. Sin información privilegiada no hay superioridad en el mercado. Ese es el secreto de sus ojos. El dardo puede caer perfecto en Diego Valoyes, en Piero Hincapié, en Andrés Cubas o en Tomás Pochettino. O irse para afuera como le ocurrió con la contratación de Guillermo Hoyos como reemplazante del Cacique Medina. Puede errar, pero para todo habrá una razón.

El lujo de Fassi comprende vulgaridad. Narra: “Quieren mezclar la responsabilidad social de los clubes con lo que hacen las S.A. No se vende la pasión ni el sentimiento, hay que gestionar como una empresa”. Aunque anuncie que cada vez posee más socios, esta gestión de Talleres llama así a los abonados. El nuevo modelo de que el alquiler de una platea es igual a una pertenencia. El club profundiza su carencia de anclaje social. Hay algo que no existe en el horizonte: la idea de que una institución deportiva oficia como escenario para que las personas se mezclen, se ayuden, se potencien, estén cerca, atentas, cuidándose, construyendo la vida, haciendo democracia, concibiéndose más que a su propio tupper, potenciando sus virtudes, acompañando sus errores. Para el agite de las sociedades anónimas, el fútbol no es más que un negocio y la pregunta que estalla es qué queda cuando culmina ese comercio. Talleres no tiene pileta, carece de escuela, no impulsa actividades federadas, ni planifica contenciones barriales, no se posa como un agente dentro del quilombo de la vida: el modelo es el entretenimiento. Y si la pregunta es para qué sirven los clubes, la pregunta no tiene sentido porque los clubes sirven para ser. Y ser no es un servicio ni un negocio.

Las vueltas de la vida ponen al uruguayo Alexander Medina delante de Talleres. El rezo de la resurrección pone a Frank Kudelka -ahora en Lanús- como el primer entrenador ídolo que lo subió a Primera. En el segundo escalón al Cacique uruguayo, que los consolidó y logró temporadas, como la pasada, en la que cultivó 46 puntos para culminar tercero y así meterse en la Libertadores.

Ante la equivocación no frenó con la apuesta por recursos extraños. Contrató a Pedro Caixinha. Un portugués de 51 años que la descosió en México, al mando de Santos Laguna y de Cruz Azul. Las últimas tres ediciones de la Libertadores descansaron en manos de técnicos lusos: Jorge Jesús, en Flamengo, y Abel Ferreira, en Palmeiras, por dos. No es casualidad. En los últimos veinte años, no sólo Cristiano Ronaldo ha alzado al fútbol de su país. Una camada de conductores y de formadores paridos allí han disputado la escena global del fútbol.

Todo comenzó en Carlos Queiroz. El entrenador de 69 años nació en Mozambique, cuando todavía era África Oriental, colonia portuguesa. Su papá era futbolista. Ese viento lo trasladó a Europa. Los privilegios del Viejo Continente lo acercaron a las universidades. Estudió. Cultivó un método de periodización táctica y de sus brazos brotaron otros nombres. Uno de sus ayudantes de campo en el Real Madrid resultó José Peseiro, cuyos últimos dos cargos fueron la Selección de Portugal y la de Venezuela. En la actualidad, reina en Nigeria. Caixinha lo acompañó como entrenador alterno en Sporting Lisboa, Al-Hilal y Panathinaikos, entre tantos. Hasta emanciparse. Una bola de conocimiento sumada al boom marketinero de un líder exitosísimo. El único campeón de todas las competiciones disponibles en Europa. José Mourinho.

La identificación desde el plantel es una búsqueda anunciada. Julio Buffarini flamea. Regresó a los colores en los que aterrizó tras brillar en el Sub 15 de Córdoba. Es el primero en llegar a entrenarse y el último en irse. Su pedigree no es cualquiera: transpiró el peor Talleres. Conformó el plantel que descendió al Federal A. Lo que lo transforma en experto en eso del acordate de dónde saliste que ahí siempre se puede volver. Fassi apareció para desterrar al gigante cordobés de esas tristes plegarias. El primer año le costó ascender. Pero desde 2015 hasta acá pasó del micro a los vuelos internacionales.

El fútbol profesional cuenta con una inversión en infraestructura y en recursos humanos. Entre idas y venidas, Talleres apuesta por 400 empleados ligados a la pelota. Una estructura de comunicación que supera la decena de laburantes. Unas tropa dedicada a operativizar eventos deportivos. Porque otra de las leyes es que debe retornar el público visitante. Para los cuartos de final, le dará a Vélez una tribuna. Aunque en Liniers no lo recibirán.

El fútbol argentino nunca tuvo campeones que excedieran a la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y Santa Fe. Hasta 2020, el límite era Rosario. Colón aplastó a Racing y conquistó un título. Córdoba rozó sus vitrinas en 1980, cuando el Racing de Córdoba de Roberto Gasparini y la Araña Amuchástegui cayó en la final contra Central. Tuvo otra enorme chance cuando Boca y Talleres se enfrentaron en el punto final de la última Copa Argentina. O cuando, en el Nacional del 77, a la T se le escapó el mítico partido en que Ricardo Bochini y sus compañeros dieron una lección de coraje para darle un festejo legendario a Independiente. Vale el asterisco para este sistema de medición de consagraciones: los conjuntos de la Docta ingresaron a la AFA recién hace cuarenta años. Incluso, todavía funcionan como instituciones invitadas. Su principal dependencia es la Asociación de Fútbol de Córdoba. Algo que Fassi elevó jurídicamente hasta el TAS. Porque por cada ticket vendido, le retienen doble aporte: el de la casa madre de Viamonte y el de su localidad.

En el plano internacional, no son debutantes. En 1999, obtuvieron la vieja Copa Conmebol, tras un cabezazo agónico de Julián Maidana. Bajo el mando del gurú Ricardo Gareca, vencieron al Sportivo Alagoano. Tan querido que frente a la Boutique -el estadio de Barrio Jardín que ya no se usa, pero que conserva una fachada declarada Monumento histórico nacional- posee un graffiti hermoso con su rostro. La posibilidad de arribar a la semifinal sería valorada como un acontecimiento sin igual. El Matador -apodo que florea por haber arribado a los 66 encuentros sin derrotas en la liga local- es el único equipo de la provincia que disputó la Libertadores. Belgrano cuenta con ocho encuentros en la Sudamericana, en las ediciones de 2013, de 2015 y de 2016.

Aunque los acusen de agrandados y de soberbios, por lo bajo, las hinchadas de los otros equipos cordobeses caminan detrás de la participación de Talleres en la Libertadores. La posibilidad de estar entre los cuatro mejores del continente sacude a la ciudad. Gusten o no sus colores, se olfatee mal o bien su ideología privatista, la T tiene en vilo a toda la población. El miércoles, frente a Vélez, será el primer capítulo de esta historia. La otra semana, la vuelta. En el estadio Mario Alberto Kempes -surgido de Instituto, nacido en Bell Ville, capital mundial de la pelota-, el pueblo sueña con su fiesta. Pritty, fernet y la Mona. Ritmo de cuartetazo.

(PD. Seguro si sos hincha de Belgrano, de Instituto o de Racing estarás pensando por qué no escribí de tu club: dame un tiempo, te prometo que lo estoy armando)

Pizza post cancha:

  • “Los médicos dijeron que era un milagro que no me hubiera infartado”. La historia del corazón de Luciano Aued me emocionó muchísimo. Es una entrevista de Nicolás Zuberman en La Nación.
  • En Star+, subieron el 30 for 30 de los Bad Boys. Un documental impresionante sobre los Detroit Pistons que compitieron contra los Chicago Bulls y que enloquecían a todos. Búsquenlo y no se lo pierdan.
  • Hay un librazo en Córdoba que se llama Que la cuenten como quieran. Lo escribió el sociólogo Nicolás Cabrera. Que viajó con la barra de Belgrano para entender y contar el fenómeno desde adentro. Lo edita Prometeo y es una joya.
  • La vida como hombres parece que es un documental que la va a romper. Se presenta el próximo jueves, a las 18, en el campus de la Universidad San Martín. La rompen en el armado José Garriga Zucal y Juan Branz.

Esto fue todo.

Lo digo como lector: Cenital la está rompiendo. Danos una mano.

Abrazo grande,

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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