Prepárense para perder

¿Quién es el dueño del fútbol?

Atlas de los propietarios de equipos de la Premier League. Rusos, chinos, yanquis y más.

Hola, ¿cómo estás?

Quizás, este envío te parezca demasiado. El lunes me cebé y me puse a investigar quién era propietario de cada uno de los equipos de las cinco ligas más grandes de Europa. Tranquilidad: esta entrega va a abarcar sólo a la Premier League. 

Si te pinta y sale bien, te mando las otras. Y si te sirve para algún laburo o simplemente te interesa, escribime y te puedo pasar el Excel que armé con toda la data.

No voy a negártelo: estoy ideológicamente a favor de las asociaciones civiles y en contra de las sociedades anónimas en el fútbol argentino. No soy un científico, soy periodista y mi herramienta para disputar ideas son los datos, las historias y las experiencias hasta de un magnate chino que se quiere tomar el palo porque su equipo va a descender. 

En Argentina, está prohibido que una S.A. participe de los torneos de AFA. Está en el apartado de Miembros, en el artículo 9 del estatuto de la casa con sede en Viamonte.

¿Por qué? Porque un club no es sólo un equipo de fútbol profesional. Es un lugar formado por la comunidad dedicado a cuidar a la comunidad. Desde lo deportivo, desde lo social, desde lo cultural. Es un refugio donde hacerse con otros y otras. Es más importante la movida de las instituciones que hoy buscan restituir la condición de socios y socias a desaparecidos y desaparecidas que el berretín de un ruso que lava plata. 

Siempre es más importante tener un lugar adonde ir que una empresa que se reserva el derecho de admisión.

¿Quién es dueño del fútbol?

La Tragedia de Heysel fue el triste detonante. Sucedió en 1985, en la final de la Copa de Europa, una hora antes de que el francés Michel Platini limpiara rivales y le sacara el título de campeón a los herederos de Los Beatles. Liverpool y Juventus cruzaban hasta paradigmas de juego. En Bruselas, en el estadio sede de la Selección de Bélgica, un grupo de hooligans comenzó a tirar botellazos hacia los fanáticos rivales. Se cebaron, una estampida dentro de la tribuna, avalanchas fuertísimas y lo espantoso: 39 hinchas asesinados. Dos semanas antes, el 11 de mayo de 1985, en Valley Parade, jugaban Bradford y Lincoln. Cuando terminaba el primer tiempo, prendieron fuego la tribuna que estaba cerrada para que no ingresara más gente sin pagar. Fallecieron 56 personas. Inglaterra y el reino de Margaret Thatcher tenían en su relación con la pelota un desastre. La UEFA suspendió a todos los equipos británicos para sus competiciones. Gary Lineker dejó al Everton por el Barcelona, Mark Hughes partió del Manchester United al gigante catalán y Glenn Hoddle migró del Tottenham al Mónaco. El 15 de abril de 1989, se desencadenaría la Tragedia de Hillsborough, en Sheffield: 96 personas murieron aplastadas por el exceso de espectadores. No daba para más. Creada sobre los escombros de un fútbol en estado de desastre, nació el 12 de febrero de 1992 la Premier League: la posibilidad de poner domicilio fiscal en otra parte del planeta, entrenadores extranjeros, estadios patrocinados y los mayores contratos televisivos. Nació la liga más millonaria del mundo: en la última temporada se bajaron 2.456 millones de libras, sólo por la TV.     

No hay ninguna potencia mundial que no haya puesto los pies en la Premier League. Tan globalizada está la torta que Inglaterra no es el país con más clubes bajo su propiedad, pese a que sea su liga. Apenas cuatro equipos son de pura cepa. El West Ham es de David Sullivan, un excapo de la industria pornográfica. En la década del 70, arrancó con Private Magazine, hasta manejar el 80% de la narrativa sexual de las islas. “Creo en el derecho de los adultos a tomar sus propias decisiones”, se defendía, cuando lo acusaban de faltar a las buenas costumbres. En 1993, había adquirido el Birmingham y quiso hacer una doble apuesta: ganarle la pulseada a Newell’s por contratar a Diego Maradona. Como futbolista y como actor porno. En 2009, en alianza con el Partido Conservador, se quedó con un equipo histórico.

El Tottenham es de Joe Lewis, dueño de caterings, inversiones inmobiliarias y boliches en todo mundo. Con 12 millones de dólares, en 1996, compró tierras en Lago Escondido. Viola la ley 15.385 de zona de seguridad de fronteras: por ser estratégicas, sólo las pueden comprar nativos argentinos. Siendo presidente, Mauricio Macri se acercó a la mansión de La Patagonia a pasar vacaciones. En esta causa, llegó a ser denunciado penalmente Rogelio Frigerio y fue acusada Patricia Bullrich por hacer la vista gorda. Esta investigación de Perfil explica el caso.

Uno de los otros dos clubes ingleses es el Brighton del extravagante apostador profesional Tony Bloom. Un talento del póker que aumentó sus fortunas en emprendimientos inmobiliarios. Su otro berretín deportivo es el Royal Union de Bélgica.

Mike Ashley es el propietario del Newcastle. Hace dos años que quiere dejar de serlo. El empresario de casas de ropa deportiva había acordado una venta con el Fondo Soberano de Arabia Saudita por 344 millones de euros. Dos protestas lo obligaron a frenar. Amnistía Internacional acusa al príncipe Mohammed Bin Salmán de ser parte del homicidio del periodista Jamal Khashoggi de The Washington Post y le pidió al gobierno que frenara el ingreso del grupo inversor. La corporación mediática beIN Sports, dueña de los derechos de la Premier, de origen qatarí, que acusa a Bin Salmán de ser cómplice y de agitar el canal pirata beoutQ, que trafica imágenes en Arabia Saudita y pasa partidos gratis en su país.

El otro equipo en manos europeas es el Leeds de Marcelo Bielsa. El italiano Andrea Radrizzani recuperó a un histórico de Inglaterra, disfrutando desde el ascenso hasta la mitad de tabla de la liga.

American Dream

El 17 de diciembre de 1993, se fundó la MLS. Hasta el Mundial de 1994, el fútbol en Estados Unidos era un deporte sin especial importancia. La FIFA, en su documental oficial del evento, dedicó los diez primeros minutos a hacer entrevistas en la calle con personas que desconocen que se juega once contra once. Alexi Lalas era el emblema y su carrera tenía picos en el Padova y en Emelec. En 2026, tendrá su segunda Copa del Mundo, compartida con Canadá y con México. En el medio, como todo imperialismo, salió de conquista. Son siete los equipos que son propiedad de capitales yanquis.

Malcolm Glazer supo jugar en la oscura línea: desde Nueva York, parió una fortuna a base de invertir en bonos basura de alto riesgo. En 1995, con 67 años, tocó el cielo: compró los Tampa Bay Buccaners, donde juega Tom Brady, el futbolista americano más ganador de la historia, con siete anillos. Mudó su vida a Florida, donde falleció en 2014. Nadie lo lloró en el Manchester United, institución que compró en 2005, pero que no pudo conducir porque en 2006 empezó a sufrir parálisis musculares. Lo heredaron sus hijos, muy criticados por no saber gestionar el proyecto tras la salida de Alex Ferguson en 2013 -entrenador desde 1986-.

En 2010, el Liverpool estaba en bancarrota. El Tribunal Superior de Justicia ordenó su venta. John Henry, mandamás del diario Boston Globe -el de la peli Spotlight-, había creado el Fenway Sports Group. Tenían los Red Sox, el mítico equipo de béisbol -no se pierdan el documental Four days in october, una obra de arte, disponible en Disney Plus-. Invirtió 477 millones de dólares para quedarse con el conjunto al que menos de diez años después harían ganar la Champions League de la mano de una delantera más plural que la ONU: un egipcio, un brasileño y un senegalés.

El Aston Villa es una fusión entre Egipto y Estados Unidos. Nassef Sawiris está considerado el segundo africano más rico del mundo. En 2018, se unió a Wes Edens para comprar el club. El empresario nacido en Montana armó una corporación de energía sustentable y desde 2014 es el líder en el negocio. Su experiencia deportiva comenzó ese mismo año, cuando adquirió el mayor paquete de acciones de los Milwaukee Bucks de la NBA.

La idea de tener distintos equipos de diversos deportes se volvió moda entre magnates estadounidenses. David Blitzer es la cabeza del grupo propietario de Philadelphia 76ers de la NBA y de los New Jersey Devils, de hockey sobre hielo. Su apuesta futbolística se da en categorías variadas: el Alcorcón de Madrid y el Waasland-Beveren de Bélgica. El Crystal Palace constituye su casa en la Premier League.

ALK Capital nació como una diagonal de Lehman Brothers, el gigante de la banca estadounidense que explotó en la crisis de 2008. El conflicto de las hipotecas lo llevó a la quiebra, tras la fuga de clientes. Pusieron a Alan Pace, exdirector del Real Salt Lake de la MLS, al frente del Burnley, cuando lo compraron a 200 millones de libras, el año pasado.

Shahid Khan nació en una familia de clase media de Pakistán. Su padre se dedicaba a la construcción y su madre a ser profesora de matemática. En 1968, lo enviaron a los 16 años a la Universidad de Illinois para que estudiara. Para 1980, ya era el dueño de una fábrica de autopartes. Había estudiado ingeniería, pero su debilidad era el negocio deportivo. Primero, fue por los Jaguars de Jacksonville de la NFL. Luego, en 2013, invirtió 300 millones de dólares en el Fulham de la Premier League. Y terminó con la All Elite Wrestling, un equipo de lucha libre. Está cerca de descender, aunque el trabajo sigue. Su próximo berretín es quedarse con el estadio Wembley.

Stan Kroenke, dueño de Los Colorados Rapids de la MLS, de los Denvers Nuggets de la NBA -equipo del argentino Facundo Campazzo- y de los Los Ángeles Rams de la NFL, compró el 100% de las acciones del Arsenal. El valor estimado de la institución se situó en 1.800 millones de euros. Nacido en Kansas City, Kroenke llegó en 2013 a la lista de los 400 yanquis más ricos del mundo. Su fuerte había sido el negocio inmobiliario. Pero, a nivel familiar, eso resulta un simple detalle: su esposa es Ann Walton, heredera de Budd Walton, uno de los fundadores y propietarios de la cadena de supermercados Walmart.

Asia

El Wolverhampton es un misterio. Guo Guangchang suscribe como el propietario. Es el director de Fosun International y, a la vez, un miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Su vida tiene tantos claroscuros que durante una semana estuvo desaparecido, hizo que la bolsa china cayera y, como si nada, reapareció en la reunión de un hotel que posee en Shanghái. Su justificación es que había estado colaborando con la Policía. Eso no es lo más extraño de este equipo: tiene nueve jugadores y un entrenador portugués. La razón es un vox populi: el gestor es Jorge Mendes, el agente de Cristiano y de Mourinho, el representante más poderoso del mundo.

Markus Liebherr fue un alemán nacionalizado suizo que aparecía en la revista Forbes todos los años. Su firma de maquinaria para la construcción se expandió en el mundo. En 2009, abrió la billetera por el Southampton. Arrastraba ya problemas de salud y el fútbol terminó de sacudirlo: en 2010 murió de un infarto. Su hija odiaba el deporte y aguantó siete años a cargo del club. En 2017, se lo vendió a Gao Jisheng, director del Lander Holding de China.

West Bromwich es de Lai Gouchuan. El problema es que el billonario chino que apiló su fortuna en la edificación de eco ciudades ya no quiere estar más ahí. Su equipo probablemente descenderá y deslizó el mensaje vía los medios de comunicación de que se quiere tomar el palo antes de perder la categoría.

El caso de Leicester es el más raro. Vihai Srivaddhanaprobha, un empresario tailandés, realizó una apuesta inexplicable: 40 millones de libras en un equipo de la segunda división. En definitiva, había sido la historia de su vida: se inició con una agencia de viajes y terminó como el dueño de la mayor parte de los Duty Free del mundo. Nadie esperaba que su gestión llevara al equipo a ganar la Premier League en 2016. Un excéntrico delirante que trasladó cien caballos desde Tailandia hasta Gibraltar para un partido de polo. Tan fuerte fue su unión con Leicester que murió tras un accidente en helicóptero dejando el estadio. Su hijo heredó todo.  

Medio Oriente siempre estuvo cerca

Sheikh Mansour es miembro de la familia que gobierna Abu Dhabi y exviceprimer ministro de Emiratos Árabes. Compró, en 2008, el Manchester City y lo dio vuelta: ya se cumplieron ocho años del golazo del Kun Agüero, en el minuto 93:20 de un partido que le dio un título después de 44 años de sequía. Este documental relata simpáticamente la hazaña. Luego, ganó tres Premiers más. El modelo no tuvo demasiadas vueltas: llamó a Ferrán Soriano y a Txiqui Bergistaín para que armaran lo que habían construido en Barcelona. Tras darle forma a la estructura trajeron a Pep Guardiola. Sólo les falta Lionel Messi.

Pero Mansour fue por más: creó el City Football Group, una corporación que compra equipos de fútbol, les pone el nombre de la ciudad donde queda más la palabra City y cambia el modelo deportivo. La lista es New York City, Melbourne City, Yokohama City, Montevideo Torque City, Girona City, el Sichuan Jiniu de China, el Mumbai City y Lommel City de Bélgica. 

La familia de Arabia Saudita también puso las narices en la Premier League. El príncipe Musa'id bin Abdulaziz apostó más abajo: Sheffield United, el último de la tabla. Su mirada deportiva también era imperialista: posee el Al Hilal, el Kerala United y el Chateroux. Uno de sus hijos heredó el equipo.

Everton está en manos de capitales iraníes. En 2017, el empresario Farhad Moshiri, exaccionista del Arsenal y de la auditora Deloitte, tomó el control del Everton. Su primera movida mediática fue contratar a Wayne Rooney, ya sin lugar en Manchester United. En su misma ciudad, mientras, el Liverpool de Jürgen Klopp se apoderó de todo: Champions y Premier. En 2020, la pretensión fue dar el salto. Trajeron al prestigioso Carlo Ancelotti, al que rápidamente le aportaron cuatro nombres importantes: Allan -de gran temporada en Napoli-, Abdoulaye Decouré -del Watford-, Niels Nkounkou -del Marsella- y James Rodríguez. 

El primero será el último

El primer dios financiero que apareció en la Premier fue el ruso Roman Abramovich, quien compró el Chelsea en 2003, acusado de estar lavando millones provenientes de las empresas de petróleo que, alguna vez, habían sido de la Unión Soviética. Hasta su llegada, el club de Londres había conquistado un solo campeonato. Hoy, lleva cinco Premiers League acumuladas y una Champions. 

Su vida es tan pública que se sabe cuántos yates tiene y cuántas habitaciones le pone a cada uno. Su pasado es mucho más cuestionable: estudió ingeniería, especializándose en petróleo. En la transición entre la URSS y Rusia, entre Gorbachov y Yeltsin, fundó nuevas empresas que incorporaron los servicios que antes brindaba el Estado. Compraron la televisión rusa, la aerolínea Aeroflot y una fábrica de aluminio. Desembarcó en Inglaterra, donde las condiciones impositivas le favorecían. 

Su arribo modificó la legislación. La FIFA lanzó el Fair Play financiero con tres puntos para limitar el lavado de dinero: 

  • Los clubes que se clasifiquen a competiciones europeas deben acreditar que no tienen deudas con jugadores, con clubes o con autoridades tributarias.
  • Se puede gastar solamente cinco millones más de los que se ingresa.
  • Los ingresos se tienen que poder justificar.

¿Otro detalle? Apostó a Marina Granovskaia. No sólo una de las pocas gerentas de fútbol del mundo sino, quizás, la más poderosa.

Pizza post cancha

La relación de la dictadura y el deporte es un capítulo que costó contarse. Llevó el esfuerzo de muchos y de muchas periodistas que pelearon por sacar del silencio a los clubes y a las instituciones. Por estos días, se ven cosas hermosas. Van recomendaciones de libros indispensables.

Esto fue todo.

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Abrazo grande y a cuidarse, 

Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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