Los desafíos que envuelven al acto de Cristina

El armado electoral y el programa de gobierno, incógnitas para la vicepresidenta y sus socios. Enojos internos en Juntos por el Cambio y el sinuoso viaje de Javier Milei.

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Los preparativos del acto del 25 de mayo en Plaza de Mayo que tendrá a Cristina Fernández de Kirchner como única oradora encuentran detalles a la vista para el que quiera verlos. En un recorrido pedestre es fácil advertir dos elementos: su tamaño y ubicación. Levantado delante del monumento al General Manuel Belgrano, el discurso tendrá -como ocurre habitualmente- un pasaje histórico -en el que será destacada la figura del prócer argentino- y, hasta el momento, un mensaje implícito: lejos de la Casa Rosada y de todo lo que allí ocurre. Respecto a las dimensiones, el escenario permite inferir que la Vicepresidenta estará rodeada por una gran cantidad de hombres y mujeres al revés de lo que ocurrió en su último discurso en esa Plaza el 9 de diciembre de 2015.

CFK está visiblemente activa con el armado electoral en general y el del acto en particular. Ayer habló por teléfono con Gildo Insfrán -quien le anticipó que, en principio, no podrá estar en el acto por un tema local- y quedaron en verse hoy por la tarde. Indigerible para la oposición y el progresismo urbano, el gobernador de Formosa tiene dentro del peronismo algunas ventajas que lo transforman en un actor de relevancia. Además de ser el mandatario provincial más longevo del país, es titular del Congreso del PJ y no tiene -como sí ocurre con varios de sus pares- el deseo de ser presidente. Hasta hace un mes, Insfrán sostenía que no tenía que haber PASO. Ahora piensa lo contrario.

Esto difiere del análisis que hacen tanto Sergio Massa como Máximo Kirchner. Massa fue explícito: un resultado adverso para el Frente de Todos -o que refleje una performance por candidato que ubique al oficialismo lejos de los primeros puestos- pondría a la economía en una situación de mucha inestabilidad. Es el último problema en el que quiere pensar un Massa que es optimista frente al adelanto de 10 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional. “No hay orden económico sin orden político y no hay orden político sin orden social”, escribió #OffTheRecord el 7 de febrero. Massa insiste con los primeros dos. Al gobierno que venga le va a tocar lidiar con los tres.

Es en este marco que hay que leer el comunicado de última hora de ayer del Frente Renovador. El ministro de Economía está furioso con Alberto Fernández. Si bien los escarceos -como sugirió CFK y confirman en el entorno del tigrense- comenzaron luego de las PASO de 2019 cuando el entonces candidato más votado decidió desandar esa mesa semanal/quincenal de la que participaban los principales socios de la coalición, los últimos días fueron determinantes para la relación entre ambos. Desde el viaje a Brasil -en el que Massa todavía no puede digerir cómo se gestó una comitiva de Estado para obtener un compromiso de responsabilidad afectiva por parte de Lula Da Silva- hasta las declaraciones del Presidente luego del triunfo en La Pampa sobre el anuncio de las medidas económicas -“voy a opinar cuando las vea, no a través de lo que dicen los diarios”-, el fastidio del titular del palacio de Hacienda no hizo otra cosa que crecer.

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“No fui candidato para poder combatir la inflación”, fue el último testimonio presidencial que irritó a Massa. La sugerencia nada inocente del jefe de Estado, de incompatibilidad entre ambos objetivos, escaló hasta que en el Frente Renovador hablan de “el daño por el daño mismo”. Lo mismo sienten alrededor de CFK. Alberto convocó al acto en recuerdo de Néstor Kirchner y situó a la vice como “su compañera de vida”. Un rol secundario no sólo para la coyuntura -hablará como jefa del espacio más gravitante dentro del peronismo- sino ante el altar al que le rinde pleitesía Cristina: la Historia. Podría haber sido peor.

Mientras tanto, en el encuentro con intendentes -que culminó con la centralidad deliberada de Eduardo “Wado” de Pedro en la foto de difusión-, Kirchner sostuvo, ante las preguntas de los alcaldes, que “si hay PASO es de cuerpo entero”. Es decir, cada candidato a presidente con su gobernador, sus senadores, sus diputados. Esto tiene como objetivo desalentar las voluntades de Daniel Scioli y Agustín Rossi que en el tándem Massa-Kirchner las ven como un instrumento de Fernández para deteriorar al dispositivo electoral. Esto implica, por la ausencia en el análisis, algo que en el oficialismo es casi una certeza: no habrá PASO entre Massa y Wado de Pedro. Fue en esa reunión con los jefes territoriales de la Provincia de Buenos Aires que Kirchner sorprendió con el anuncio de que habrá elecciones en el PJ bonaerense luego del proceso a nivel nacional. Si bien cerca de Kirchner hablan de “diciembre o marzo”, probablemente sea menos preciso, pero más riguroso situarlo en la primera mitad de 2024.

El paso del ministro del Interior por el mitin en Quilmes no fue casual. Individualizado como “hijo de la generación diezmada”, de Pedro se encuentra entre quienes mejor entienden, en el dispositivo de la vicepresidenta, la necesidad de conciliar deseos, objetivos y posibilidades. Su lealtad a la conducción de CFK y su alineamiento político están fuera de dudas. Sin embargo, Wado no le escapó en estos años a un pragmatismo que le permitió acercarse a sindicalistas relacionados en nada con el kirchnerismo y generar vínculos funcionales con casi todos los gobernadores -incluso de la oposición. Con los jefes provinciales, además, se embarcó en una agenda internacional que incluyó a actores que le permitieron mostrar una mirada desideologizada de las relaciones internacionales: los Estados Unidos -con una gira junto a los gobernadores del Norte Grande- e Israel -donde llegó a reunirse con el presidente Isaac Herzog y encabeza el esfuerzo por avanzar en acuerdos para garantizar la tecnificación de los sistemas de riego en las provincias a partir de la incorporación de tecnología israelí.

Sin embargo, la carta de CFK -además de cierta evidencia contradictoria respecto de la aseveración sobre la comprensión de texto- reactivó en muchos la discusión sobre el programa de gobierno posible y deseable con la situación distributiva como el frente prioritario a ser atendido. En este sentido, resulta de relevancia la publicación de un trabajo propositivo por los economistas de FLACSO y CIFRA-CTA, Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli. Basualdo es maestro de muchos, uno de los economistas más respetados de la izquierda nacional y un observador inevitable de los procesos y mecanismos de acumulación empresarial en Argentina. Tras un diagnóstico duro respecto de los cambios en la distribución funcional del ingreso, el trabajo se centra en propuestas para la nueva etapa que buscan una recomposición del poder adquisitivo.

Para ello, Basualdo y Manzanelli ensayan una batería de medidas que, criteriosamente, incluye en primer lugar el reclamado incremento de una suma fija para los trabajadores del sector privado. Una medida que, de aplicarse adecuadamente, tendría un efecto igualador ya que un aumento de esa naturaleza sería proporcionalmente más relevante para aquellos trabajadores con salarios más retrasados. En contextos de alta inflación, como el actual, difícilmente las paritarias conserven los efectos virtuosos sin complementos de esta índole a los que, inexplicablemente, el Presidente se sigue negando.

En la entrevista con elDiarioAr, Fernández desarrolló un extraño argumento según el cual los aumentos generales otorgados en negociaciones paritarias se cumplen y arrastran a los sueldos en negro, mientras que si los mismos aumentos en vez de sumas porcentuales fueran de sumas fijas serían desconocidos incluso a los trabajadores en blanco. Sería un comportamiento curioso que elige cumplir o incumplir la ley en función ni siquiera de la cuantía de las sumas debidas sino de la base de cálculo para otorgarlas.

Las restantes propuestas, sin embargo, suponen medidas de recomposición de ingresos financiadas por aumentos de impuestos en el país que ya tiene la carga tributaria más alta de la región -cuyo peso aumenta en mayor medida si sólo se mide al sector formal, es decir, a los que sí pagan- y que encararía un aumento de los costos laborales no salariales -la propuesta supone una duplicación de los aportes patronales- en un momento en que la informalidad se mantiene en niveles históricamente altos e incluso una porción creciente de asalariados relativamente acomodados prefiere cobrar parte de su sueldo en negro, ya sea para no pagar impuestos o para cobrar en divisas. En cualquiera de los casos, el desincentivo a formalizar sería relevante.

Del mismo modo, la propuesta de imposición de requisitos de contenido nacional a las inversiones en Vaca Muerta y la restricción al pago de deudas con el exterior podría ralentizar el desarrollo de un sector necesario para aumentar las exportaciones del país y avanzar sobre la crisis como explicitó Ha-Joon Chang, el economista e historiador citado por Cristina. Nuevamente, los incentivos podrían prevalecer sobre las intenciones en el acuerdo con el FMI, donde se propone una renegociación que supone revisar plazos de devolución, tasas de interés y metas de reservas. A pesar de haber otorgado a Argentina el mayor préstamo de su historia, el Fondo tiene una capacidad prestable que supera el billón de dólares. Un eventual default de la Argentina no modificaría sustancialmente su solidez financiera sin perjuicio del problema político que, hacia adentro del propio Fondo, significa el monto otorgado luego de perforar las condiciones estatutarias.

A pesar de todas estas señales, el escenario está abierto y es improbable que haya definiciones de la vice en el acto del jueves donde se espera-a menos que se confirme un viaje a Paraguay- la presencia del ministro de Economía. En lo que respecta a Cristina, el discurso orbitará, según pudo saber #OffTheRecord, alrededor de su mirada sobre las estructuras de poder de la Argentina y una individualización, con nombre y apellido, de varios de sus principales actores.

La oposición, por su parte, absorbe los impactos de las decisiones de sus presidenciables. El último mojón -que en este caso tiene como protagonista a Patricia Bullrich- es el enojo de Cristian Ritondo. Sobrevendido como número puesto para candidato a gobernador bonaerense, Ritondo vive por estas horas la máxima de José María “Tati” Vernet: “Perder no es grave, el problema es la cara de boludo que te queda”. El error del ministro de Seguridad de María Eugenia Vidal -tiene como consuelo saber que hubo una sociedad a la que le pasó lo mismo- fue creerle a un Mauricio Macri que para rivalizar con Horacio Rodríguez Larreta lo hizo correr y acumular -no sólo políticamente- y en la última curva terció junto con Bullrich por Néstor Grindetti. Amigo personal del candidato fallido, Grindetti oficia, además, de dique de contención ante una eventual fuga del hoy diputado nacional. Por eso sorprendió el café que compartieron el domingo a la mañana Ritondo con Diego Santilli en un restaurante cerca de la cancha de River. ¿Lo llevará el enojo a Ritondo a acompañar la opción de Rodríguez Larreta? Es una incógnita.

Last but not least, Javier Milei confirmó que tiene candidato para competir por la Provincia de Buenos Aires. Si bien lo único anunciado es que es un hombre, #OffTheRecord pudo saber que no será una superfigura que sacuda la oferta electoral. Mientras tanto, Milei estuvo la última semana en México en un sinuoso viaje que tuvo como excusa la contratación del economista para una charla, pero como objetivo real un road show con empresarios.

El anuncio de La Libertad Avanza no es sopita para Axel Kicillof. Mientras se vuelve creyente y se encomienda a lo celestial para no tener que competir en lo nacional, el gobernador espera la definición de las candidaturas para definir la fecha de las elecciones bonaerenses. Kicillof piensa que Bullrich se va imponer sobre Larreta en la PBA y que eso redundará en un triunfo de Grindetti si es que efectivamente termina habiendo competencia en las Primarias de Juntos por el Cambio. Si eso ocurre, un escenario contra Grindetti y el candidato de Milei mejoraría las chances de un Kicillof que hoy, en un mata-mata, gana en cualquier escenario.

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Iván.

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.