Política

Los contagios quebraron el consenso del AMBA. Ahora le toca mover a Larreta

Los intendentes del sur del conurbano reclaman públicamente que la Ciudad cierre lo que abrió. El Presidente sigue cerca del jefe de Gobierno, que atraviesa su peor momento.

Arranca una semana clave para el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y su gestión de la pandemia en la Ciudad más rica de la Argentina. El alcalde cumple este domingo siete días seguidos de críticas públicas en su contra expresadas por el gobierno de la provincia de Buenos Aires y los intendentes peronistas del sur del conurbano. Con énfasis, lo han acusado de tener responsabilidad por la suba de casos en el distrito que gobierna (que ya superó por escándalo a la provincia, el territorio más poblado del país) y le reclamaron revertir la decisión de permitir la reapertura de comercios considerados no esenciales en medio de la emergencia sanitaria.

La multiplicación de contagios en los barrios populares porteños comenzó a quebrar el consenso tripartito entre Nación, Ciudad y Provincia que tan buenos resultados (poíticos y sanitarios) venía mostrando desde que el 3 de marzo fue detectada la primera persona con Coronavirus en el país. La muerte de Ramona Medina, una mujer de 40 años que vivía y trabajaba en el Barrio 31 y que era referente territorial de la organización La Garganta Poderosa, pone de relieve algo que los otros muertos y contagiados de las villas porteñas expresaron desde el 24 de abril, cuando apareció el primer caso en el Barrio Mugica, en Retiro: la Ciudad llegó tarde y mal a contener una situación que muchas organizaciones sociales, entre ellas La Garganta, venían advirtiendo.

Cuando los muertos tienen un cuerpo reconocible, una voz identificable, un rol concreto, su muerte salta a la vista. Antes que Ramona murieron otros 8 ciudadanos porteños que viven en villas. Porque aislarse de los contagiados compartiendo una pieza de 3x3 y el baño y cumplir la cuarentena sin agua y sin comida es lisa y llanamente imposible.

La alianza estratégica que sellaron en marzo Larreta y el presidente Alberto Fernández empezó a crujir hacia adentro de Juntos por el Cambio por la economía y hacia adentro del peronismo por la disparada de los contagios en los barrios pobres. En cada zoom de la alianza opositora, los dirigentes macristas más antiperonistas le reclaman al jefe de Gobierno por las críticas del Presidente a la gestión de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Larreta esquiva los cuestionamientos sin defender a nadie. “Son comentarios genéricos”, respondió esta semana, cuando le señalaron las nada genéricas críticas de Fernández a Vidal. El Presidente, por su parte, no critica en ningún momento a Larreta ni lo responsabiliza públicamente por la situación en las villas. Tampoco lo hacen sus ministros más públicos en este momento.

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Fue un equilibrio que intentó en el comienzo de los reclamos del Barrio 31 la titular de AYSA, Malena Galmarini. ¿De quién era la responsabilidad de que los ciudadanos de esa villa no tuvieran agua para lavarse las manos ni para cocinar? Durante algunos días, AYSA y el gobierno porteño intentaron no cruzar señalamientos. Cuando la situación escaló, Galmarini no dudó: las conexiones faltantes son una deuda de la Ciudad. Dentro del gobierno porteño, señalan al secretario de Integración Social y Urbana, Diego Fernandez, a cargo de la urbanización del barrio. Fernández se comprometió públicamente hace dos semanas a terminar las conexiones pendientes para mejorar la presión de agua en la 31. Ramona Medina se murió a los 42 años sin haber visto ninguno de esos avances, por los que reclamó a los gritos mientras pudo.

La gravedad de la situación sanitaria también quebró el buen clima entre Larreta y el gobernador Axel Kicillof. El gobernador y los intendentes peronistas del sur del conurbano que le reclamaron durante toda la semana a Larreta son muy cercanos a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que a su vez ya había cuestionado al jefe porteño días atrás por mantener como fiscal general a Juan Bautista Mahiques, sospechado de presionar jueces durante el gobierno de Mauricio Macri.

Pero el quiebre no surgió de esas diferencias políticas. O al menos, no se explica sólo por ellas. Dos son las razones que alarman al peronismo bonaerense. Por un lado, la imposibilidad de rastrear contactos estrechos de los contagiados si el virus comienza a circular a partir de la mayor presencia de trabajadores y clientes en locales comerciales. Por otro, la imparable circulación de trabajadores del conurbano hacia la Ciudad, con la reapertura de esos comercios. Uno de cada dos puestos de trabajo en la Ciudad está a cargo de un trabajador que reside en la provincia. El incremento de pasajeros en los trenes que unen ambos distritos también podría generar un foco de contagios difícil de controlar. Antes de que comenzara el aislamiento social obligatorio, en los trenes que conectan el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) circulaban unos 800.000 pasajeros diarios. Según información del Ministerio de Transporte, en la última semana, el promedio fue de 150.000. Cerca del 20%.

Fue a partir de esta preocupación que el ministro de Transporte, Mario Meoni, comenzó a analizar junto a Larreta y Kicillof un plan de limitación de los servicios interjurisdiccionales basado en los ya existentes controles en los pasos más transitados, pero con un punto novedoso: limitar la utilización de la tarjeta SUBE en los trenes sólo a trabajadores esenciales. La propuesta parece no haber sido analizada en profundidad. En principio, la tarjeta SUBE no está ni cerca de ser un servicio totalmente nominalizado. El Estado no tiene la capacidad de garantizar que todos los trabajadores esenciales puedan efectivamente usar la tarjeta que tienen para viajar. Pero además, es una idea sin perspectiva ni de clase ni de género, que no tiene en cuenta a las personas que tienen que trasladarse para cuidar a otras personas (ese trabajo no pago feminizado) o que si no van a trabajar pierden su trabajo. La solución no es impedirles viajar a los pobres, sino eliminar los factores que los obligarían a hacerlo.

El gobierno nacional incluye a un grupo que se llama Mujeres Gobernando y que está integrando por figuras insoslayables a la hora de decidir medidas frente a la pandemia, como la viceministra Carla Vizzotti; las ministras Sabina Fréderic y Elizabeth Gómez Alcorta; la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra; la secretaria de Gestión y Empleo Público, Ana Castellani; y la directora de Economía y Género, Mercedes D'Alessandro, entre otras 200 mujeres. Haría bien el ministro Meoni en incorporar a alguna de ellas al análisis sobre cómo intentar contener los focos de contagio en el transporte público.

Las funcionarias tuvieron un encuentro virtual el viernes en el que analizaron cómo el teletrabajo continúa sobrecargando a las mujeres, que suelen ser las responsables de las tareas de cuidado en el hogar o en su comunidad. Al calor de la pandemia, aparecieron en el Gobierno y en el Congreso preocupaciones por cómo regular el trabajo a distancia. Será importante en ese intento la consulta a las ministras, secretarias y directoras.

En la provincia deberán esperar varias instancias de evaluación antes de saber si Larreta decide o no retrotraer algunas de sus medidas de flexibilización de la cuarentena. El gobierno porteño evaluará este martes cuatro puntos críticos: cómo continúa la curva de contagios, que desde hace diez días crece de forma preocupante; qué está pasando con el transporte en el distrito; cómo se dio la reapertura y el flujo de personas en los comercios de cercanía no esenciales que reabrieron en los útlimos días; y qué pasó con las salidas recreativas de los niños y las niñas que comenzaron este fin de semana. Con ese panorama, el jefe de Gobierno irá luego a proponer cómo seguir a la Quinta de Olivos.

Antes de recibirlo, el Presidente y su gabinete se reunirán con el equipo de especialistas para escuchar sus recomendaciones sobre cómo debe continuar la política sanitaria para contener la pandemia no sólo en el AMBA sino también en el resto del país. Esa cita está marcada en la agenda presidencial para el jueves, por lo que es esperable que el viernes sea el día en que el jefe de Estado coordinará cómo seguir con los gobernadores y con Larreta.

El jefe de Gobierno está tironeado por los halcones de su partido, que reclaman mayor reapertura de sectores económicos, y el gobernador bonaerense, los intendentes del conurbano y las organizaciones sociales que trabajan en la Ciudad, que en distintos grados le reclaman no sólo retrotraer la flexibilización de la cuarentena sino también medidas específicas para los barrios populares. A ese escenario se sumaron esta última semana los fallos y las presentaciones judiciales. La jueza Alejandra Petrella concedió una medida cautelar a pedido del CELS para que la Ciudad garantice elementos de protección y de limpieza además de un protocolo específico para los trabajadores y los pacientes de los hospitales psicoasistenciales Borda, Moyano, Alvear y Tobar García. En paralelo, la Junta Comunal 4, presidida por Ignacio Álvarez, del Frente de Todos, también presentó una acción de amparo para que el gobierno porteño haga públicos los protocolospara asentamientos vulnerables. La comuna de Álvarez aloja una de las villas más grandes del país, la 21-24 Zavaleta de Barracas, que tiene más de 70 mil habitantes. El miedo es que se replique allí la situación desbordada que está mostrando el Barrio 31.

Este lunes el programa DetectAR, con el que el Ministerio de Salud de la Nación salió a auxiliar a los gobiernos del AMBA, comenzará a rastrear casos sospechosos y a analizarlos en la 21-24, que es el tercer barrio en cantidad de casos de la Ciudad. Ese penoso ranking lo sigue dominando la 31 en Retiro, con 851 contagiados. Luego, la 1-11-14 en el bajo Flores, con 287 casos; la 21-24 con 32; y Ciudad Oculta con 10. En el resto, los casos no llegan a los dos dígitos. En total, son 1201 los contagiados en los barrios populares porteños.

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Soy columnista política en un país en el que la política no da respiro. Jugué mucho tiempo de local en el Congreso. Gracias a ese lugar hermoso, los conozco a casi todos. Trabajo también en Radio Con Vos y en IP. Gracias al feminismo descubrí hace poco que me gusta jugar al fútbol.
@nbg__
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