Ciencia y tecnología

Lo que sucede en las redes sociales no se queda en las redes sociales

La detención de más de 70 personas por irrumpir en el Capitolio dejó en evidencia que las plataformas pusieron en manos de los usuarios un instrumento de consecuencias que todavía no dimensionamos, pero que de vez en cuando explotan en nuestra cara.

El 6 de enero, mientras manifestantes pro-Trump tomaban el Capitolio, Twitter primero y Facebook luego suspendieron y posteriormente eliminaron las cuentas del ya casi ex presidente en sus plataformas. En el caso de Twitter es para siempre, en el de Facebook no se sabe si hasta que deje de ser jefe de Estado o permanentemente. Les siguieron varias plataformas - Trump ya no puede usar Snapchat o Twitch, tampoco disfrutar de Spotify ni Pinterest. Con Trump fuera de las redes sociales principales, sus seguidores movieron la conversación a otros sitios -fundamentalmente Parler, red social de derecha muy liviana en moderación. Sin embargo, en los días posteriores Amazon retiró sus servicios de almacenamiento en la nube a Parler, y Google y Apple quitaron la posibilidad de bajar la aplicación desde sus tiendas. En los hechos, borraron a Parler de la Internet. 

El 13 de enero Jack Dorsey, CEO de Twitter, explicó en un hilo la decisión tomada. En lo que sigue, hago foco en cuatro cosas importantes que menciona. 

  1. El mundo virtual es real.  

En su hilo se lee que “el daño offline como resultado de lo dicho online es demostrablemente real, y es lo que guía por sobre todas las cosas nuestra política y nuestra implementación”. Lo que sucedió el 6 de enero está siendo rastreado ahora por las fuerzas de seguridad de Estados Unidos sin mucho misterio (nunca fue tan fácil espiar): las personas que tomaron el Capitolio habían dicho que iban a tomar el Capitolio. En Twitter, Facebook, Parler y otros sitios la gente conversaba sobre sus planes de protesta, el objetivo de ocupar el Capitolio y la necesidad de castigar a ciertos políticos (la líder demócrata Nancy Pelosi, pero también el vicepresidente republicano Mike Pence). A medida que esos planes se iban cumpliendo, es natural que los CEOs de las plataformas entraran en pánico (excepto el CEO de Parler que juega otro juego).  

En otras palabras, lo que estaba pasando en las redes ya no era sólo virtual, sino que además había pasado al mundo real. Los fundadores de estas plataformas pusieron en manos de los usuarios un instrumento de consecuencias que todavía no dimensionamos, pero que de vez en cuando explotan en nuestra cara. Pensemos en el caso de los que se hicieron videos y selfies en el Capitolio y los postearon en redes, proveyéndole ahí mismo material al FBI para su posterior detención. Podríamos pensar que ellos son tontos y que a nosotros no nos pasaría. ¿Pero acaso no compartimos más desde que las redes sociales nos instan a postear qué estamos haciendo, dónde estuvimos y con quién? Lo que sucede en redes, lo que consumimos, la gente con la que interactuamos, las notas que leemos, los links que seguimos, todo eso es real y tiene consecuencias reales. 

  1. Las plataformas moldean nuestro comportamiento.

En agosto de 2020 Jack Dorsey dio una entrevista al Daily, el podcast diario del New York Times. Allí dijo que Twitter y otras plataformas eran ni más ni menos que un reflejo del mundo real. Si ese fuera el caso, la recomendación de política es operar sobre el mundo por fuera de las plataformas: arreglá el mundo real, y las redes serán un lugar mejor. En este hilo, en cambio, dice otra cosa: “Siento que prohibir a Trump demuestra finalmente que fallamos en promover una conversación sana” y luego agrega que “debemos mirar cómo nuestro servicio incentiva la distracción y el daño”. Dorsey también linkea a otro hilo donde menciona que “los incentivos existentes en las redes sociales frecuentemente llevan a que la atención se focalice en contenido y conversación que genera controversia e indignación, en vez de conversación que informa y promueve la salud”. Aquí, entonces, Dorsey reconoce que las redes moldean nuestro comportamiento. 

En efecto, si bien puede parecer que las redes sociales solo intervienen cuando lo hacen de forma ostensible - ejemplo, Twitter aclarando tuits de Trump, o Instagram censurando el cuerpo femenino- esto no es así. Las plataformas están todo el tiempo moldeando cómo actuamos. Instagram es una red más amable que Twitter, pero ¿por qué sería eso si somos todos seres humanos los que las usamos y muchos tenemos cuentas en ambas? Porque somos, en parte, el producto de la red que usamos. 

Si este es el caso, la recomendación de política debe ser otra: arreglá las redes, y las redes serán un lugar mejor. 

  1. Hay plataformas que son parte de Internet, otras que controlan el acceso a Internet y otras que son la Internet

Dorsey dice a continuación que el poder de Twitter está limitado por el hecho de que “Twitter es tan solo una pequeña parte de la conversación pública más grande que está sucediendo en Internet. Si a la gente no le gustan nuestras reglas y nuestro enforcement, simplemente se pueden ir a otro servicio de Internet”. Ahora bien, Dorsey reconoce que eso no es lo que pasó cuando “un número de proveedoras de herramientas de Internet fundamentales decidieron no alojar aquello que encontraban peligroso”. Él agrega que no cree que haya sido coordinado, pero fue en los hechos lo que sucedió. 

La primera frase de Dorsey se refiere a que cuando sacaron a Trump - y a continuación eliminaron varias cuentas xenófobas y relacionadas con la extrema derecha- todos ellos podían, en teoría, irse a otro sitio más o menos similar. Así, el CEO de Twitter toca un tema tabú: ¿Qué lugar ocupa cada plataforma en la Internet? ¿Son simplemente una plataforma más en el amplio mercado de plataformas? ¿O son la única opción? En 2018 en una audiencia de las plataformas tecnológicas con congresistas de Estados Unidos, el senador republicano Lindsey Graham instó a Zuckerberg a nombrar una plataforma parecida a Facebook. Mark evadió la respuesta, dudó y finalmente dijo que él no “sentía” tener un monopolio, Desde entonces hasta ahora corrió mucha agua bajo el puente, y Facebook enfrenta una demanda de la Comisión Federal de Comercio por conducta antimonopólica por haber comprado Instagram y WhatsApp y en general por imponer condiciones anticompetitivas a los desarrolladores de software. En otras palabras, la existencia de competencia en el mercado de las redes sociales está puesta en cuestión. 

La segunda frase de Dorsey se refiere a otro tema tabú: las empresas que son la Internet. Cuando los manifestantes pro-Trump quisieron migrar a Parler esto no fue posible, porque otras plataformas, con otro tipo de poder, la eliminaron de Internet. Google y Apple la sacaron de sus tiendas, y Amazon de sus servidores. Esto muestra el rol crucial de estas plataformas. Google y Apple tienen sus propias tiendas desde las cuales una se descarga las aplicaciones que desea utilizar. Es decir que estas empresas son la puerta de entrada. Esta posición obviamente genera muchísimos incentivos para la conducta anticompetitiva (desde copiar aplicaciones desarrolladas por otros y ofrecerlas ellos mismos, hasta cobrar grandes porcentajes por estar en esa tienda) por las cuales ya han tenido problemas en la Unión Europea y posiblemente los tengan dentro de no mucho en Estados Unidos. Amazon, por su parte, “sostiene” a la mayor parte de las plataformas, al proveerles la infraestructura y varios servicios en la nube. Muchísimas empresas lo usan -incluido, por ejemplo, Netflix- pero también el sector público. En este sentido, Amazon no es una empresa más en el mercado de Internet, si es la que te puede poner o sacar de allí. Es cierto que tiene a Microsoft y Google como competidores, pero gana por lejos. De este modo, su posición es de muchísimo poder. 

(Por cierto, ¿qué le queda a los manifestantes pro-Trump? Bueno, ellos siempre tendrán 4chan) 

  1. Una internet libre y abierta

En el hilo Dorsey habla también del “propósito noble y los ideales de la internet abierta” y linkea a otro hilo en el que cuenta el equipo de trabajo que armaron para desarrollar un estándar abierto y descentralizado para las redes sociales. Allí cuenta cómo Twitter era originalmente una plataforma más abierta, que podría haber evolucionado hacia un modelo descentralizado. Sin embargo, tomaron otro camino y la centralizaron -un modelo que, según él, ya no está funcionando bien. Esto es una característica clave de las plataformas: mientras que todos somos parte de ellas y contribuimos a hacerlas lo que son, el diseño y el control están absolutamente centralizados. Dorsey dice que esto puede no ser así en el futuro y linkea a dos documentos (aquí y aquí) con ideas al respecto.

En esos documentos se propone un funcionamiento distinto, donde cualquiera puede diseñar sus propias interfaces y filtros, y hay competencia entre estos servicios y los usuarios deciden qué usar y qué tolerancia tienen para lo que sucede en las plataformas. De este modo, en vez de una plataforma decidiendo qué vemos y qué no vemos, seríamos los usuarios los que decidiremos. En otras palabras, podríamos “curar” nuestra experiencia en la Internet. ¿Será ese el futuro de la internet? Si bien la idea de descentralizar el control es atractiva, también creo que esto acentuaría algo que ya pasa: los usuarios teniendo experiencias muy distintas al navegar por el mismo sitio (está estudiado que las redes son particularmente nocivas para mujeres y minorías en general). Por supuesto, esto es más o menos lo que nos pasa todo el tiempo como seres humanos: vivimos lo mismo de modo distinto. 

Soy economista (UBA) y Doctora en Ciencia Política (Cornell University). Me interesan las diferentes formas de organización de las economías, la articulación entre lo público y lo privado y la relación entre el capital y el trabajo, entre otros temas. Nací en Perú, crecí en Buenos Aires, estudié en Estados Unidos, y vivo en Londres. La pandemia me llevó a descubrir el amor por las plantas y ahora estoy rodeada de ellas.
@jvaldeztappata
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