Que la ciencia te acompañe

Lo distrae la corriente

Las cosas son mucho menos espectaculares y estrambóticas que la lógica noticiosa de la primicia y novedades de la pandemia van construyendo un nuevo panorama con avances, retrocesos e ideas en vez de con anuncios efectistas.

Holis, ¿cómo estás? Yo, ansiosa. Como que volví a ese estado vertiginoso de la incertidumbre pandémica en el que cualquier ruidito me sobresalta y siento que de un momento a otro puede pasar algo que lo cambie todo. Durante mucho tiempo pensé que ese algo iba a ser la vacuna, pero la(s) vacuna(s) ya está(n) y los casos no bajan, hay países que están volviendo a cuarentenas estrictas y no se están cumpliendo los plazos de entrega.

Será mi ansiedad un producto de que las cosas son mucho menos espectaculares y estrambóticas que la lógica noticiosa de la primicia y que acá estoy, escribiendo otro newsletter sobre coronavirus con novedades que van construyendo un nuevo panorama con avances, retrocesos e ideas en vez de con anuncios efectistas.

Puede ser, pero mejor lo hablo en terapia, ¿no? Y acá voy arrancando con las noticias de esta semana, que no son pocas ni irrelevantes.

Galoperos, por dinero

Bueno, tal vez sí haya habido una noticia un poco ÚLTIMO MOMENTO. Y seguro llego tarde a contártela, pero esta carta no puede dejar de mencionar que se publicaron los resultados parciales de la fase III del ensayo clínico de la vacuna Sputnik V (que dicho sea de paso es Sputnik “ve”, no Sputnik cinco). Los datos son casi idénticos a los que fueron difundidos al momento de su aprobación de emergencia por parte de ANMAT: 91.6% de eficacia en la prevención de las formas sintomáticas de la COVID-19 y cerca del 95% en formas moderadas y graves a los 21 días de la aplicación de la primera dosis (que es el día que te dan la segunda). Un subanálisis de 2000 personas mayores de 60 años dentro del ensayo corroboró los resultados para este grupo etario. The Lancet, la revista en la que se publicaron los hallazgos, indica que se necesita más investigación para confirmar que la eficacia se replique para otros grupos de riesgo y personas no blancas.

Si bien una cosa no quita la otra y esta publicación no deja de ser una buena noticia, dado que es otra instancia de validación de la seguridad de la Sputnik, como bien señaló el jefe en su último #OffTheRecord, la promesa de las 5 millones de dosis en enero no se cumplió. El Instituto Gamaleya y el Fondo Ruso de Emisión Directa sacaron este comunicado diciendo que actualmente se encuentran mejorando las instalaciones fuera de Rusia, lo que incrementará la producción en el segundo trimestre de 2021 y producirá retrasos de hasta 2 o 3 semanas en las entregas.

Esto reflota un debate que estuvo dando vueltas desde el principio. Dado que gran parte de los fondos que permitieron el desarrollo de las vacunas fue del sector público, ¿las patentes no deberían ser públicas también? Para muchos (entre quienes está esta humilde servidora), liberar las fórmulas e incentivar la transferencia tecnológica sería lo más razonable en un contexto de emergencia sanitaria. Creo que todos estamos de acuerdo en que en este contexto las vacunas son un bien humanitario, por lo tanto deberíamos hacer que efectivamente lo sean. 

Por otro lado, la Organización Panamericana de la Salud notificó, a través de una carta dirigida a las autoridades de salud de 36 países, que a partir de la segunda mitad de febrero comenzarán a recibir vacunas de AstraZeneca por medio del programa COVAX, una coalición liderada por la OMS que busca asegurar el acceso equitativo a las vacunas contra la COVID-19. De acuerdo al comunicado, en esta primera etapa, que se extenderá durante el segundo trimestre de 2021, 35.3 millones de dosis serán distribuidas entre distintos países de América Latina, Central y el Caribe (la lista completa está en la nota).

Como contraparte, los países deben garantizar estar listos para usar las vacunas una vez que lleguen. En este sentido, Argentina ya aprobó el uso de emergencia de este fármaco. Además, los Estados fueron invitados a participar en la iniciativa “Primera Ola”, que permitirá recibir anticipadamente algunas dosis de la vacuna de Pfizer dentro del total de su cuota asignada. Entre los 72 países que se presentaron, 4 de los elegidos son de nuestra región: Bolivia, Colombia, El Salvador y Perú, que recibirán entre todos casi 378.000 dosis.

Por último, como el que tiene plata hace lo que quiere, Alemania ya está comprando vacunas para usar en 2022. El país, que ya administró al menos una dosis a 2.3 millones de sus 83 millones de habitantes, sostiene que esta medida es preventiva en caso que se necesite reforzar la vacunación para mantener la inmunidad.

Diferente igual del suburbio

Que algunas noticias sean deslumbrantes no quiere decir que no valga la pena mencionar otras. Para empezar, que haya vacunas aprobadas no quiere decir que se hayan terminado los desarrollos. Recientemente, Johnson y Johnson informó resultados de su ensayo de fase 3 con 44.000 participantes y una única dosis: 66% de eficacia que se reduce al 57% cuando se trata de la variante sudafricana del virus. Esto indicaría que si bien es cierto lo que se viene diciendo sobre que las mutaciones no inutilizan las vacunas actuales, tampoco funcionan igual, por lo que tiene mucho sentido seguir insistiendo en bajar drásticamente la circulación viral, dado que si sigue circulando sigue mutando y eso es jugar a la ruleta rusa hasta que finalmente surja una variante resistente a la vacunación.

Por otro lado, una vacuna argentina está por finalizar su etapa preclínica (la de experimentación en animales). El desarrollo local se basa en proteínas recombinantes, particularmente fragmentos de la Spike de la que tanto hablamos pero que te vuelvo a decir qué es: la parte del virus que funciona como “llave” para entrar a las células. Estas proteínas se reproducen en el laboratorio y terminan formando parte de bacterias o levaduras. Para hacer la vacuna, se agregan adyuvantes que potencian la respuesta inmune.

El ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, contó en qué estado se encuentra la investigación: “La vacuna de la UNSAM está en fase preclínica, etapa previa a experimentar en humanos. Lo que se necesita para poder continuar es un laboratorio que pueda producir bajo buenas prácticas de manufactura. (...) Falta poco, estamos cerquita de un socio que pueda producir esta proteína, que será la base de la tecnología”.

La data sobre vacunas es mucha y es normal quedar recalculando. Así que por las dudas te acerco este artículo del New York Times con preguntas frecuentes sobre vacunación y este de VICE un poco más en modo amargo y retruco y escrito por tu argenguaya favorita.

Por otro lado, me parece que esta nota, también del New York Times (a esta altura te habrás dado cuenta que tengo un consumo problemático) ofrece una reflexión interesante: mientras que la investigación sobre vacunas fue muy exitosa, la de tratamientos para infecciones en curso no. Y aún queda mucho tiempo hasta que la vacunación sea masiva.

Si bien algunas drogas, como remdesivir, anticuerpos monoclonales o dexametasona mejoraron levemente la atención de pacientes con COVID-19, no son una cura ni sirven para todo el mundo.

El gobierno estadounidense, que destinó 18.5 mil millones de dólares al desarrollo de vacunas, puso menos de la mitad para la investigación con drogas y se distribuyó entre muy pocas iniciativas. Como resultado, los antivirales, que habían mostrado algunos indicios de funcionar muy bien, se dejaron de lado porque no se pudieron financiar los estudios o no hubo los suficientes voluntarios para los ensayos. Además, a pesar de obtener malos resultados en instancias iniciales, se continuó financiando investigación en drogas muy mediatizadas, como la hidroxicloroquina.

Por último, no pude resistirme a esta noticia: en una granja del Estado de Washington vive Cormac, una llama muy carismática que, como otros camélidos, produce nanoanticuerpos, que son similares a los anticuerpos humanos pero mucho más pequeños. Un equipo de la Uniformed Services University está trabajando con los nanoanticuerpos de Cormac con la esperanza de poder usarlos en una droga que funcione como una especie de impermeabilizante de los pulmones contra el coronavirus, ya que se unen a la “corona” impidiendo que se una con algo más, como por ejemplo nuestras células. Si funciona, esto proveería protección temporaria pero efectiva.

Si querés seguir el tema, acá te dejo el monitor de drogas y tratamientos que lista todos los desarrollos y en qué fase están.

Fiesta de farsantes

Si hay algo que cumplen las noticias engañosas es nuestra expectativa de impacto. Y eso nos vulnerabiliza, ya que preferimos creer en algo improbable pero simple y determinante que aceptar que las soluciones son complejas y casi nunca definitivas.

Respecto a esto, esta nota de Valeria Román está buenísima porque aborda un problema cada vez más común desde la ética médica: qué hacer si un profesional de la salud ofrece un fármaco para el tratamiento de COVID que no reúne la evidencia suficiente. En la entrevista, Ignacio Mastroleo, integrante del comité de ética y COVID-19 de la OMS dice: “Primero, hay que recordar que cada paciente tiene derecho a rechazarla. También se puede preguntar cuáles son las evidencias que demuestran que esa intervención podría ayudar, cuáles son las alternativas, y sus potenciales efectos adversos. Al tener esas respuestas, se puede decidir con una visión más amplia de las posibilidades. A veces no hacer nada es mejor. En el caso de COVID-19, la mayoría de los pacientes en general se recupera sin tratamiento. Frente a la incertidumbre de no saber si el tratamiento experimental tiene beneficios, podría ser mejor no aceptarlo. Algunos pueden argumentar que la intervención podría ser útil para un paciente crítico. Pero también puede ser peor, ya que nadie sabe si realmente tiene beneficios”.

Por otro lado, ante una solución que se percibe más cercana, las cosas que vamos sabiendo del virus cada vez son menos noticia, pero no por eso se deja de investigar. Por ejemplo, estudios recientes mostraron que la infección de coronavirus puede generar la producción de anticuerpos que ataquen a las propias células del paciente en vez de al virus.

Al parecer estos autoanticuerpos pueden permanecer en el cuerpo varios meses luego de la infección, lo que podría generar daños irreparables. 

Si bien las investigaciones aún son muy preliminares, ya que tienen muestras muy pequeñas y no se publicaron, podrían ser la clave para desentrañar la cuestión de los long-haulers, pacientes que en su mayoría cursaron cuadros moderados de COVID pero padecieron síntomas u otras complicaciones de salud que al principio no se relacionaban con la enfermedad. En este paper sobre el tema, se señala que los long-haulers descubrieron esta forma de transitar la enfermedad a través de Twitter con el hashtag #LongCovid, en el que personas ya dadas de alta reportaron más de 50 síntomas, incluyendo fatiga crónica, pérdida de apetito y escalofríos. Si tenés un rato, es mi lectura recomendada de la semana, ya que narra un fenómeno del presente desde el presente, algo muy poco común en las ciencias, que suelen reportar hallazgos luego de años de investigación.

Pluma por doquier

Las noticias sobre ciencia, espectaculares o no, también son una oportunidad para reflexionar sobre cómo se hace. En esta nota de Sonia Tessa, la viróloga Andrea Gamarnik piensa cómo incorporar las reflexiones feministas a la investigación que ella y su equipo están llevando a cabo desde el inicio de la pandemia. Porque cuando se requiere que la ciencia transforme el mundo lo primero que tiene que transformar es a sí misma.

En particular, me gustó este fragmento en el que describe cómo es su rol dirigiendo el laboratorio, ya que muestra cómo la necesidad de reflexionar sobre los roles de liderazgo es trínsecamente feminista aunque no se mencione explícitamente el género: “Estamos agotados. Mis becarios están agotados y siguen al pie del cañón. Queremos hacerlo y durante todo el proceso, si bien yo dirigí, coordiné el proyecto, todo fue decidido en forma bastante democrática, cosa que es muy atípica, porque yo no les podía pedir a mis becarios que vengan a trabajar sábado y domingo, que se queden un viernes hasta las 10 de la noche. Entonces, cada vez que surgía una propuesta, una colaboración de un hospital, un proyecto, lo decidíamos entre todos: ya sea para estudiar geriátricos, estudiar en el Hospital de Niños, o con la gente de la Facultad de Veterinaria para hacer proyectos que tienen que ver con mascotas. Todos los proyectos que fueron surgiendo los llevé al laboratorio, éramos diez, dijimos ‘queremos hacer esto o no queremos hacer esto’. No fue que yo convencía a nadie de hacer nada, fueron decisiones que se fueron tomando, y esto no es común, porque un jefe toma decisiones y si el becario quiere hacerlo que lo haga y si no quiere hacerlo que no lo haga. Y eso a mí me parece que está bueno replantearlo. En algunas cosas, claro que tengo que tomar las decisiones, porque dependen de mí y soy la responsable. Pero en este contexto para mí fue muy pero muy valioso ir caminando todos juntos, ir realmente sumando a la gente que estaba convencida que este era el proyecto en el que querían estar. A nadie se obligó a hacer nada. Los becarios, que son investigadores recontra formados, doctores, pero para mí son los chicos del laboratorio, lo que mostraron es que tienen una capacidad de trabajo enorme, que todo lo que aprendieron estos últimos años con el virus del Zika y del dengue, lo aplicaron a esto de una forma impresionante y el fruto está a la vista”.

Deja atrás el gris cemento

Si a pesar de no ser fantástica y epifánica te sigue gustando mi forma de dar las noticias, acordate que podés colaborar con Cenital para que este news siga saliendo. Y si me mandaste fotos de tus mascotas, estate atento que estos días te va a llegar un mail (sí, estoy armando el libro digital que te prometí).

Finalmente, me despido con estas líneas mientras me preparo para unas breves vacaciones, por lo que si me respondés este news tené en cuenta que no te voy a contestar hasta la semana que viene. Esperemos que estos 4 días no pase nada espectacular que me interrumpa el descanso, pero que transitemos nuestros días con asombro. 

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: las referencias de este news son de este himno contra el caretaje que, si sos de mi generación, recordarás entre pantalones tiro bajo y mochilas escritas con liquid paper.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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