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La solidaridad ante todo

Traten de imaginarse lo que implicaría lidiar con todos estos problemas al mismo tiempo en el medio de una cuarentena donde casi medio país se encuentra paralizado.

Hola, ¿todo bien? 

Mi nombre es Juan Manuel Telechea, y a partir de ahora nos vamos a encontrar por acá todos los miércoles para charlar un poquito sobre la economía argentina. Para quienes vienen siguiendo a Cenital desde cemento, sabrán que además me encargo de las columnas económicas desde fines del año pasado. 

No quiero aburrirte con la típica introducción de quién soy, o qué hago. Si realmente te interesa, lo podés encontrar en la bio que figura en Cenital. Lo único que creo que amerita la pena contar, porque está relacionado con este newsletter, es que soy docente. 

¿Y eso que tiene que ver? Bueno, precisamente porque tengo una obsesión con tratar de explicar la economía de la forma más sencilla posible para que cualquiera la entienda. Soy un convencido de que cualquier tema, hasta la física cuántica, puede ser comprendido por todas las personas siempre y cuando haya un mínimo esfuerzo por entender (de un lado) y por explicar bien (del otro). 

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

Así que ese va a ser mi principal objetivo en este correo. Agarrar los temas en agenda, desmenuzarlos, poner ejemplos, graficarlos, linkear contenidos que me parece que te podrían interesar. Lo que sea necesario para que vos lo entiendas, porque creo que existe una gran diferencia entre entender y estar informado. Dando clases me di cuenta de que había temas que no entendía, porque al tratar de explicarlos no me salía bien. Y me imagino que vos querés entender de economía. Si no, no estarías leyendo esto. Así que arranquemos.

Éramos pocos y parió la abuela

Lo más grave que tiene la pandemia es que nos agarró en un momento sumamente complicado. Para entenderlo, pensemos lo que significa tener una economía “sana”. Estaríamos hablando de un país que venía creciendo, que tiene una moneda estable, que genera las divisas y los recursos necesarios para financiar sus gastos, que no se encuentra muy endeudado y que tiene niveles bajos de pobreza. 

Bueno, la economía argentina no cumplía ninguno de esos requisitos en el momento en el que apareció el  COVID-19. El país venía de una recesión profunda, con dos años consecutivos de caída en el PBI, una inflación alta en torno al 50% que redujo significativamente los ingresos de la población y con una abultada deuda, tanto en pesos como en dólares.

Uno solo de esos problemas ya sería un gran desafío para cualquier gobierno. Traten de imaginarse lo que implicaría lidiar con todo eso al mismo tiempo en el medio de una cuarentena donde casi medio país se encuentra paralizado. ¿Listo? ¿Lo pensaron?

Bueno, es todavía más difícil que eso. Porque uno tiende a pensar cada problema de manera individual, con su respectiva solución. Pero en economía todo tiene que ver con todo. Lo que puede ser la solución para un caso también puede contribuir al problema en otro. 

Veamos un ejemplo. La cuarentena actual requiere que el Estado tenga que aumentar el gasto público para sostener el ingreso de la población y evitar que cierren las empresas afectadas. Esto último también llevó a que se redujera drásticamente la recaudación pública, generando un importante déficit fiscal. Fíjense que el incremento del déficit atenta contra la reestructuración de la deuda, ya que pone (más) dudas en los acreedores respecto de la capacidad de pago del gobierno. 

Pero ahí no termina. Dicho déficit de alguna manera tiene que ser financiado. La posibilidad de hacerlo a través del endeudamiento con el resto del mundo o con el sector privado local está severamente afectada por los motivos ya mencionados. Por ende, la opción que le queda es recurrir al Banco Central, lo que implica el incremento de la cantidad de dinero en circulación. El tema es que una parte de ese dinero podría volcarse a la demanda de dólares, lo que haría aumentar su cotización y que eso tenga algún impacto al alza en los precios.

Con lo cual, el manejo de la economía se asemeja a una “sábana corta”, esa analogía que a los economistas tanto nos gusta: cuando te querés tapar hasta el cuello, se te destapan los pies (y viceversa). A mí siempre déjame los pies calentitos.

La solidaridad ante todo

Queda claro entonces que el gobierno necesita obtener nuevas fuentes de financiamiento. Frente a eso, una opción que resuena bastante es la implementación de un impuesto a la riqueza. Si bien todavía no se conoce la letra chica (para eso tiene que volver a sesionar el Congreso), distintos medios coinciden en que se trataría de un tributo que afectaría a los “súper ricos”, como se les llama en el resto del mundo, es decir a quienes se encuentran dentro del 0,1% con mayor riqueza del país (somos casi 45 millones, o sea que estamos hablando de menos de 45.000 personas). Y que buscaría recaudar por lo menos unos $200.000 millones, precisamente para cubrir el gasto extra que ha realizado el gobierno frente a la emergencia sanitaria.

Dada la situación crítica por la que se encuentra atravesando la economía, tiene bastante lógica recurrir al aporte “solidario” de quienes se encuentran en lo más alto de la pirámide de ingresos para ayudar al resto. Esto mismo es lo que está recomendando el FMI a todos los países. 

Cuando la información desinforma

¿Quieren entender lo que está sucediendo con la reestructuración de la deuda? Entonces lo mejor es no informarse. O, mejor dicho, no prestar demasiada atención a cualquier nota que esté escrita en condicional sobre lo que “estaría sucediendo”, que es prácticamente lo mismo que decir que no se informen. 

La obsesión de los medios por tratar de explicar todo al instante lleva a que cualquier cambio en los mercados sea –erróneamente- atribuido a alguna novedad en el canje. Lo que sucedió el jueves pasado fue su máxima expresión. Al inicio de la jornada se observó una caída importante del riesgo país que la mayoría de los medios no tardó en asociar con un inminente acuerdo con los bonistas (ver por ejemplo acá, acá o acá). 

En realidad, lo que sucedió fue que hubo un cambio en la medición del índice y eso explicó la baja (como lo advirtió muy bien y rápidamente Mauro Roca acá). Es más, a cualquier persona con algún mínimo conocimiento en los mercados le debería haber llamado la atención lo que estaba sucediendo, porque al mismo tiempo que se hablaba de un posible acuerdo con los acreedores los precios de los bonos caían, algo absurdo porque si hubiese acuerdo, los precios subirían.

En fin, el punto es que solo hay que estar atentos a los hechos concretos. El gobierno presentó su oferta el 17 el de abril y les dio 20 días a los acreedores para que la acepten o no, o sea que tienen tiempo hasta el fin de esta semana. Si para ese día no hay acuerdo, las negociaciones podrían llegar a extenderse hasta el 22 de mayo, el último día de gracia que tiene el gobierno para pagar los vencimientos de deuda. Ahora, si nada de eso sucede, estaríamos oficialmente en default.

El lunes hubo algunas novedades. Los tres principales acreedores sacaron un comunicado rechazando la oferta oficial, aunque aclararon que están “preparados para discutir constructivamente con Argentina cuando su gobierno esté listo para hacerlo”. Luego de esto, el gobierno sacó su propio comunicado diciendo que estaba decepcionado con la respuesta de los bonistas ya que Argentina no puede pagar más que eso, pero que “permanece dispuesto a escuchar y tratar de encontrar un denominador común”. Es decir, que para llegar a un acuerdo el gobierno espera una respuesta de los acreedores, y los acreedores esperan una respuesta de los bonistas...

Los indicadores de la semana

Otra de las secciones que va a tener este newsletter es una breve descripción de los principales indicadores de la economía argentina que salieron durante la semana, explicando qué pasó y por qué son importantes. Veamos.

  • Ventas minoristas pyme: La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) realiza todos los meses un relevo de las ventas en más de 1.000 comercios minoristas de todo el país, y es uno de los primeros indicadores que salen sobre el desempeño de la actividad económica en la cuarentena. El indicador mostró para abril una caída del 58% anual, donde hubo una gran diferencia entre los sectores esenciales (con caídas promedio del 31% anual) y los no esenciales (bajas del 75% en promedio).
  • La Canasta Básica: La semana pasada el INDEC publicó los datos de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y de la Canasta Básica Total (CBT) para marzo. Estos datos son muy importantes porque sirven para definir la línea de indigencia y de la pobreza. Con lo cual, las personas que no tienen ingresos suficientes para adquirir esa canasta se encontrarían por debajo de la línea de indigencia. Según el informe, una familia tipo (conformada por dos adultos y dos hijos menores de seis y ocho años), necesitó $17.400 para ubicarse por encima de la línea de indigencia. Por otro lado, la CBT contiene todos los alimentos de la CBA, pero además incorpora los bienes y servicios no alimentarios tales como vestimenta, transporte, educación, salud, vivienda, etc., y eso se utiliza para definir la línea de la pobreza. En este caso, una familia tipo necesitó de $42.000 para no caer en la pobreza.
  • Índice de Precios Online (IPCO): Si bien no es un dato oficial, sale bastante antes y suele seguir de cerca al IPC que publica el INDEC. En abril marcó una inflación mensual del 0,64%, la más baja desde septiembre de 2014, cuando inició su relevo. Es un dato alentador, ya que marca una importante desaceleración de los precios, aunque hay que tener en cuenta que se dio en medio de la cuarentena y por lo tanto hay que ser cautos con su interpretación. Una golondrina no hace verano.
  • Balance cambiario: Este es, en mi opinión, uno de los indicadores más importantes (y, probablemente, menos conocidos) que hay. En realidad, es un informe que muestra la evolución de todos los movimientos en moneda extranjera que se realizan a través del mercado cambiario oficial. Es decir, muestra varios datos importantes al mismo tiempo: qué está pasando con las exportaciones/importaciones, el pago de la deuda en moneda extranjera, la cantidad de reservas del BCRA, etc. Lo más importante que muestra el informe de marzo es una caída significativa del balance comercial de bienes, mientras que se observó una mejora en la balanza de servicios (impulsado, fundamentalmente, por el menor turismo emisivo). Por el lado financiero, si bien se frenó la Formación de Activos Externos (FAE) por las regulaciones cambiarias, se mantiene la salida de divisas por los pagos de deuda. El dato más preocupante fue la caída de USD 1.230 millones en las reservas internacionales del BCRA, que finalizaron en USD 43.560 millones.
  • Estimador Mensual de la Actividad Económica: El INDEC publicó el dato correspondiente a febrero, que en este contexto claramente ya quedó viejo. De todas maneras, sirve para entender la gravedad del asunto. Con la economía funcionando con “normalidad”, la actividad se contrajo 1,1% respecto del mes anterior, con caídas en la construcción (4,9%) y en la industria (0,7%).

Quiero más economía

  • Me encantó este trabajo académico (o paper, como le llamamos nosotros) de Luis Beccaria y Roxana Maurizio sobre el impacto del COVID-19 en el empleo argentino.
  • Si te interesa cursar con Thomas Piketty, el economista del momento, acá podés encontrar el programa y las presentaciones que utilizó para cada una de las siete clases sobre su último libro, Capital e Ideología. Dato de color: una de sus principales recomendaciones de política económica es profundizar a nivel global los impuestos a la riqueza y a los altos ingresos.
  • El Banco Central de Chile lanzó una serie de webinarios gratuitos sobre macroeconomía y finanzas, donde expondrán importantes economistas de distintos bancos centrales. Acá más información sobre el cronograma y cómo anotarte.

Hasta acá llegamos por hoy. Espero que te haya gustado. A mí, con que me digas que ahora hay algún tema –por más mínimo que sea– que lo entendés mejor que antes, ya me alegraste el día. Pero más contento me pondría si me decís qué cosa se podría mejorar o qué temas de la economía argentina te gustaría entender mejor. Mi idea para la semana que viene es incorporar esos temas como parte del newsletter. Así que no seas tímido/a, contame. Porque, como te dije al principio, acá estamos aprendiendo juntos, y para eso lo más importante es el ida y vuelta.

Te mando un abrazo grande.

Juanma

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Me dedico a estudiar la macroeconomía argentina, algo que en este país debe ser similar a tener un doctorado en física molecular. Soy magister en Desarrollo Económico en la UNSAM y estoy haciendo el Doctorado homónimo en la UNQUI. Jugador amateur de hockey y guitarrista de fogón.
@jmtelechea
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