La muerte de la biblia del deporte

La respetada revista Sports Ilustrated quedó envuelta en una polémica por publicar contenido hecho con inteligencia artificial con la firma de autores apócrifos. ¿Es el fin del periodismo como lo conocemos?

Sports Illustrated (SI), Biblia del periodismo deportivo mundial, nos informa que su periodista Drew Ortiz vive “al aire libre”, acampa, hace senderismo y creció en “la granja de sus padres”. Pasamos a leer su artículo, bastante anodino, por cierto. La nota trata sobre tips para quienes juegan algún deporte. Por ejemplo, advierte el colega Ortiz, jugar al vóleibol “puede ser un poco complicado si no tenemos una buena pelota”. Ortiz nos deja su correo electrónico ([email protected]) y su foto. Sonriente, joven, blanco, cabello prolijamente recortado. Es el mismo rostro, la misma foto, que está a la venta en un sitio web que vende fotos de rostros generadas por IA (Inteligencia Artificial).

Al tiempo, el perfil de Ortiz desaparece de SI. En su lugar está Sora Tanaka, asiática, alegre, cabello largo y castaño, ojos marrones, “gurú del fitness y nutrición”. La misma Tanaka está en el mismo sitio web que vendía el rostro de Ortiz. Fotos de IA. Y, según parece, artículos también escritos por IA. Un bochorno en la que era la Biblia del deporte. La revista en la que el Premio Nobel William Faulkner escribió de béisbol y John Steinbeck de pesca. La revista que durante setenta años vio desfilar a las firmas más míticas del periodismo deportivo de Estados Unidos. Y cuya tapa consagraba al héroe de las multitudes, desde Joe Di Maggio a Muhammad Alí.

La trampa de SI con IA (símbolo del triste ocaso de una revista que, si no murió ya, está a punto de hacerlo) no es ingenua. Junto con el artículo de vóleibol del colega Ortiz aparecen los enlaces a Amazon, donde seguramente podremos conseguir la pelota correcta. “Se utiliza para generar guías de compra generadas por IA que se monetizan mediante enlaces de afiliados a productos que brindan un retorno financiero cuando los lectores hacen clic en ellos”. Lo cuenta Maggie Harrison, del sitio de tecnología Futurism. Su investigación de noviembre fue el primer gran aviso público de la decadencia de SI. El segundo se produjo hace dos semanas. El centenar de empleados recibió notificaciones de despidos inminentes. Los sindicalizados conservarán el puesto, pero solo por noventa días.

“Una época escandalosa para ser periodista”

Cuando saltó el escándalo de noviembre (otros medios avisan al menos a sus lectores si su contenido es generado por IA), Arena Group responsabilizó a AdVon Commerce, una empresa externa que, efectivamente, usó fotos de IA, aunque los artículos, aseguró la empresa (y casi nadie le creyó) “fueron escritos y editados por humanos”, periodistas que, simplemente, usaron seudónimos. “Exigimos que la empresa no publique historias escritas por computadora por personas falsas”, respondió el sindicato de periodistas de SI. Los Andrew Ortiz y compañía desaparecieron apenas la periodista Maggie Harrison llamó a SI para tener una respuesta. Josh Tyrangiel, ex periodista de Bloomberg, graficó el cuadro de situación con menos de diez palabras: “Es una época escandalosa para ser periodista”.

Fundada en 1954, cuando la TV apenas comenzaba a potenciar el espectáculo deportivo, SI nació para narrar historias y trastiendas con pluma elegante. Pero Michael MacCambridge cuenta en su libro “La franquicia — Una historia de la revista Sports Illustrated” una anécdota que pinta además la revolución innovadora de SI en el periodismo. Estamos en la medianoche del 6 de febrero de 1967. Muhammad Alí combate por el título de los pesos pesados contra Ernie Terrell en el Astrodome de Houston. Alí ya es una figura polémica (dos meses después rechazó la convocatoria del Ejército para combatir en Vietnam, le quitaron corona y pasaporte y lo condenaron a la cárcel, aunque jamás fue preso).

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Muhammad Alí vs. Ernie Terrell

Eran tiempos en los que ni siquiera la revista Time podía arriesgar así. Andre Laguerre, editor mítico, consciente de que el deporte era acción humana, y también inmediatez, decidió que SI saldría al día siguiente del combate y con fotos a color. Tex Maule había enviado antes de la pelea parte de la crónica. El resto iría por telex a las 2.30 de la madrugada. La pelea comenzó más tarde y, más complicado aún, duró los quince rounds. El director de arte Dick Gangel salió del estadio en limusina con los rollos de los cuatro fotógrafos. Pero una tormenta complicó el vuelo del avión Learjet alquilado. Era la 1.30 de la madrugada. A las 4.30 debían completarse las cuatro páginas reservadas para la pelea. Y no había modo de volver atrás. Ya se habían impreso más de un millón de copias de la portada, con foto del astro de basquetbol Rick Barry y el anuncio de la pelea.

El gran escenario humano del deporte

Laguerre, un francés elegante, pero también desaliñado, ejecutó su Plan B. Llegaba de ver la pelea por circuito cerrado desde el centro de Chicago. Lo mismo había hecho en Nueva York el ilustrador Robert Handville. “Apurate”, le ordenó Laguerre. Los bocetos quedaron listos a las 3. Al día siguiente, antes inclusive que los cables de las agencias de noticias, SI ofrecía a sus lectores la pelea de Alí. El operativo costó 250.000 dólares. Solo posible por el apoyo de Henry Luce, fundador de Time Inc, que no tenía mucho interés en el deporte, pero sí en su gran escenario humano. Y que SI podría contar como nadie. Así lo hicieron no solo Faulkner y Steinbeck. También George Plimpton, Dan Jenkins, Frank Deford, Jack Olsen, Peter Gammons, John Underwood, David Halberstam y Ralph Wiley, entre tantos, irónicos, audaces, hablando de raza, género, religión y conflicto social a través del deporte. “Dentro de un siglo, cuando los académicos quieran saber cómo vivían los estadounidenses en nuestro tiempo, recurrirán a Sports Illustrated”, escribió en 1984 Stephen Chapman en el Chicago Tribune.

Pero aquella revista semanal de 3 millones de suscriptores y 24 millones de lectores ya era descripta en los ’90 como una “marca” por Time Inc. Como una empresa multimedia diversa con ediciones para niños y mujeres y TV de cable. Una publicación “rentable pero predecible”, sin aquellas grandes historias y crónicas de antes, acaso porque la TV se comía el relato simplificado de héroes o villanos, ganar o perder. El costo del papel y la web provocaron además una enorme caída en las ventas. Llegaron más despidos (entre ellos el del amigo Grant Wahl, que murió en pleno Mundial de Catar, infartado). La revista pasó a ser mensual. En 2017, Time fue comprada por Meredith Corp. por 3 mil millones de dólares. En 2019 Meredith vendió SI a Authentic Brands Group por 110 millones de dólares. Esta empresa revendió la licencia de la revista a Arena Group por diez años y 45 millones de dólares. Arena Group comenzó a incumplir el acuerdo y así se llegó al anuncio, de hace dos semanas, de liquidación casi total.

Authentic Brands Group asegura ahora que SI seguirá viva. Su marca al menos. Lo hizo con el mismo énfasis con el que Arena Group negó que aquellas historias de noviembre habían sido escritas por IA. “Authentic Brands Group”, escribió días atrás el colega Dave Zirin en The Nation, “es un nombre escalofriante en una época inauténtica en la que las marcas son más valiosas que los seres humanos”. Lo escribió apenas después de que el centenar de periodistas y empleados de SI asistieron a una teleconferencia de solo siete minutos, sin preguntas, en la que un gerente de “transformación empresarial” recién contratado por Arena Group notificó los despidos masivos. SI no es un caso aislado (hasta Forbes acaba de sufrir su primera huelga en 106 años). Tampoco debería sorprendernos hoy el cierre de una revista de papel nacida hace setenta años. Y no solo en Estados Unidos. ¿Acaso no sufrimos aquí la muerte de El Gráfico en papel? El problema es que el periodismo deportivo, su credibilidad, pierde desde hace tiempo contra el show. Y contra la moda de las apuestas, que compran todo lo que se puede comprar.

“El deporte siempre ha sido mucho más que solo deportes”, dice Zirin. Habla de niños que, gracias al deporte, pueden tener sus primeras lecturas sobre cuestiones sociales. Pero Zirin habla también de negociados urbanos, nacionalismos y de “una camarilla de multimillonarios que prefieren hacer sus negocios en las sombras”. Y también de emociones. Como alguna vez dijo Gary Smith, otro de sus periodistas míticos: “Todo lo que hacemos es descubrir la complicación central en la vida de alguien y cómo lucha por resolverla”. Sports Illustrated, añade Zirin, “solía poner de relieve la oscuridad. Ahora forma parte de la noche”. Irónico, Rick Reilly, firma ilustre de SI durante veintitrés años, contó que su último periodista favorito de la revista era Drew Ortiz. “Un joven productivo que parecía un tipo genial y amante de la vida al aire libre”. Hasta que, lamentablemente, “SI trágicamente eliminó a Drew del trabajo de toda su vida. Debe haber sido un duro golpe para mamá y papá en la granja falsa”. Y para el periodismo también.

Soy periodista desde 1978. Año de Mundial en dictadura y formidable para entender que el deporte lo tenía todo: juego, política, negocio, pueblo, pasión, épica, drama, héroes y villanos. Escribí columnas por todos lados. De Página 12 a La Nación y del New York Times a Playboy. Trabajé en radios, TV, escribí libros, recibí algunos premios y cubrí nueve Mundiales. Pero mi mejor currículum es el recibo de sueldo. Mal o bien, cobré siempre por informar.