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La historia detrás del primer sindicato de Amazon

Los trabajadores se organizaron, enfrentaron no sólo la potencia de la segunda empresa empleadora de Estados Unidos, sino también de una tradición nacional antisindical.

Hola, ¿cómo estás? 

El otro día estaba en la protesta de trabajadores de universidades en el Reino Unido por mejoras en las condiciones laborales (hace años vienen empeorando) y por el sistema de jubilación (que acaba de ser recortado en casi un 30%). Estaba ahí con compañeros y se acercó un señor algo más grande a extendernos su solidaridad. Nos contó que era del sindicato de maestros y que seguían nuestra lucha con atención porque pensaban que lo que pasara con nosotros iba a influir en lo que su patronal se creyera capaz de hacer con ellos. Seguimos charlando sobre condiciones laborales en Inglaterra (crecientemente malas para una mayoría, buenísimas para una minoría) y el señor pareció hacerse una pregunta equivalente a la de Conversación en la Catedral. En ese libro de Mario Vargas Llosa, un personaje pregunta: “¿Cuándo se jodió el Perú?”. En la versión del maestro la pregunta era cuándo se jodió Inglaterra y la respuesta que nos dio fue en la huelga de mineros que se perdió en los ochenta durante el gobierno de Margaret Thatcher: “Ese era el sindicato más poderoso de todos y perdió la huelga, entonces el resto de los trabajadores pensó que ya no había esperanzas para nadie”.

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El señor y yo coincidimos en el diagnóstico: no ando muy esperanzada en lo que respecta a cómo vive la mayoría de la población. Y sin embargo, los trabajadores de Amazon en Nueva York armaron un sindicato. 

Esto es noticia por al menos tres razones. La primera: es el primer sindicato que logra construirse en Amazon en Estados Unidos, un país no especialmente amigable con el trabajo organizado. La segunda es que Amazon es una empresa particularmente desafiante, no solo por características del empleo -por ejemplo, la altísima rotación de trabajadores- sino porque es fuertemente anti sindical. La tercera es que el sindicato es independiente y logró hacer lo que sindicatos tradicionales no lograron: reunir la cantidad suficiente de votos de los trabajadores para representarlos en la negociación colectiva. De hecho, hace poco había habido un intento de armar uno en el Amazon de Alabama y se perdió. 

De esas tres cosas voy a hablar acá. Pero lo principal que diré es que los trabajadores organizados de Amazon piden algo de sentido común: que los empleos sean empleos dignos, de “clase media” los llaman ellos. Amazon es el segundo mayor empleador en Estados Unidos, detrás de Walmart. El empleo que se crea en nuestras economías actuales es este: en el sector de servicios y muchas veces de empresas tecnológicas. Para mejorar la vida de la mayoría de la gente hay dos alternativas: viajar atrás en el tiempo y volver a la época de trabajos industriales, bien pagos y para toda la vida, o mejorar los empleos predominantes en la actualidad. Hasta que alguien invente el Delorean, creo que hay que ir con la segunda opción. 

La embestida contra el trabajo organizado

Estados Unidos es el país del capital. Las leyes laborales ofrecen poca protección a los trabajadores y en muchos casos van directamente en contra de la sindicalización. La creencia es que el mercado provee, pero lo cierto es que el mercado ha sido lento para proveer. En un contexto de bajo desempleo y un mercado de trabajo “apretado”, se esperaba que subieran los salarios y aumentara el poder de negociación de los trabajadores. Eso no sucedió, o no sucedió para la mayoría. El contexto de bajo desempleo, salarios estancados y desigualdad creciente. Veamos. 

La embestida contra el trabajo organizado comenzó alrededor de los ochenta. Hubo una confluencia de factores. Los generales los conocemos: la globalización y relocalización de muchos empleos en países en desarrollo donde se pagan menores salarios, el paso de la manufactura a los servicios donde hay menos organización sindical, entre otros. Pero esto pasó en todo el mundo y no en todo el mundo los sindicatos cayeron como en Estados Unidos. Si uno compara este país con sus equivalentes (democracias desarrolladas) es llamativa la caída de la densidad sindical en Estados Unidos comparado con Europa. En Estados Unidos la tasa de afiliación pasó del 23.2% en 1980 a 11.1% en 2015, mientras que en la mayoría de los países europeos se mantiene arriba o cercano a 20%. 

Vamos entonces a cosas que pasaron en Estados Unidos: estancamiento económico, inflación y desempleo en los ochentas (o sea, mal contexto para el trabajo y pedir mejoras) junto con una embestida institucional contra la organización. En esta etapa está el “cuándo se jodió Estados Unidos”: en la huelga de controladores aéreos que los trabajadores perdieron. Al igual que en Inglaterra, un sindicato poderosísimo pierde y eso es una señal para el resto. El presidente de entonces, Ronald Reagan, subrayó su política anti trabajadora designando a dos de los cinco integrantes del directorio del Departamento Nacional de Relaciones Laborales, tanto esos dos como los futuros nombramientos fueron gente pro empresaria. Agrego dos cosas. Una, el efecto de las leyes de “derecho al trabajo” que básicamente dificultan la afiliación y representación sindical. Dos, el racismo que puso obstáculos a la sindicalización en el sur y que fue utilizado exitosamente por los empleadores para dividir a los trabajadores. Todo esto funcionó: desde los ochenta en adelante la densidad sindical y las huelgas disminuyeron. O sea, los trabajadores perdieron poder. 

Es en ese contexto que debemos entender lo sucedido en las últimas décadas, en las que a pesar de desempleo bajo y productividad creciente, los salarios se han mantenido estancados. De hecho, la productividad ha aumentado y sin embargo, de acuerdo a un informe del Economic Policy Institute, en solo 10 de los últimos 40 años ha habido aumentos salariales. Lo que sí subió es la desigualdad: los que ganan más se alejan crecientemente de los que ganan menos. Tambien hay desigualdad por raza y por genero -negros y latinos ganan menos que los blancos, mujeres ganan menos que varones-. Ese informe también dice que las instituciones importan: en los estados donde hay subas al salario mínimo, suben los salarios. Esto sirve para ver la pobreza institucional laboral de Estados Unidos: el salario mínimo a nivel nacional tiene el mismo valor desde 2009: $7,25 la hora. En este contexto, una mayoría de estados tienen un salario mínimo superior, empresas grandes (incluyendo Amazon) pagan por encima y solo el 10% de los trabajadores lo cobra. Pero los que no cobran el mínimo tampoco cobran mucho más: el salario mediano (es decir, el que está en el medio de la distribución) para un trabajador full-time es de 40.000 dólares al año. Poco. 

Pero hay dos cambios recientes que valen la pena mencionar. Uno es el covid y sus consecuencias. En un proceso que fue bautizado como “La Gran Renuncia” muchísimos trabajadores renunciaron a sus empleos, hartos de trabajar mucho y ganar poco. Esto fue especialmente agudo en el caso de restaurantes, donde la gente trabaja mucho por poco dinero y bastante maltrato. ¿Qué cambió? La gente recibió apoyo estatal (algo raro en Estados Unidos, pero muy común en países de desarrollo equivalente) y tuvo la posibilidad de parar por un momento. Algunos análisis indicaban que esta gran renuncia debía en realidad leerse como una gran huelga: los trabajadores finalmente ejerciendo su poder. 

El segundo cambio es un presidente que dice ser pro sindical. Joe Biden llegó al gobierno y prometió ser “el presidente más prosindical de la historia”. Enseguida armó el grupo “Organización y poder trabajador” destinado a pensar políticas para fortalecer a los sindicatos, además de poner a una especialista en comercio del sindicato más grande del país (AFL-CIO) a dirigir su programa “Made in America”, que va a subsidiar a industrias estadounidenses. El grupo, dirigido por la vicepresidenta Kamala Harris, ya emitió sus primeras recomendaciones en términos de políticas públicas destinadas directamente a facilitar la organización de los trabajadores. Se ve que Biden cree que el mercado es bueno, pero si se lo vigila es mejor.  

Trabajar en Amazon

En este episodio del podcast diario del NYT dan dos datos clave para entender el trabajo en Amazon: segmentación y rotación. En contra del sueño americano que dice que si trabajás mucho vas a subir la escalera social, el trabajo en Amazon está perfectamente segmentado: los trabajadores de los almacenes que ganan poco van a ser siempre trabajadores de almacenes que ganan poco. Los trabajadores de oficinas, en cambio, tendrán mejores salarios y condiciones. Pero estos dos mundos no se mezclan. Los trabajadores de almacenes pueden aplicar a trabajos superiores, pero no van a llegar nunca. Relacionado a esto, viene la rotación. Los empleos en los almacenes son sencillamente insoportables y la gente se va. Esto redunda en una tasa de rotación del 150%, algo equivalente a que toda la plantilla se renueva cada 8 meses. 

Esto tiene implicancias directas en la organización sindical. En este contexto opresivo y depresivo, poca gente tendrá ganas de organizarse. Pero además, incluso si las tuvieran, su tiempo está contado porque en pocos meses van a dejar el trabajo. 

A esto se suma una política directamente anti sindical de la empresa -que no debería sorprender a nadie que haya tenido un trabajo en su vida-. La empresa ha dicho abiertamente que no quiere sindicatos y que prefiere hablar directamente con los trabajadores. Esto implica que ponen todos sus esfuerzos (que son muchos porque tienen mucho dinero) en parar cada intento de organización sindical. 

Los esfuerzos son continuos (acá podés ver un simpático video donde la patronal muestra su rechazo al sindicato y nombra a sus trabajadores como asociados; como lectora de Asterix, sugiero rebautizarlos socios con derecho a remo), pero se intensifican en momentos clave. Así fue en Alabama en abril del año pasado. Hubo un intento de sindicalización en un almacén en Bessemer y Amazon lo combatió con posters por todo el almacén, mensajes de texto, un sitio web y una campaña publicitaria explícita con el lema #DoItWithoutDues (hacelo sin pagar costos, en referencia a la tasa que hay que pagar para ser representado por un sindicato). Además pusieron un buzón de votación cerca del almacén lo cual asustaba a los trabajadores, que podían creer que la empresa los estaba vigilando mientras votaban. En aquella ocasión los trabajadores perdieron y Jeff Bezos, en aquel entonces todavía el CEO de Amazon, escribió en una carta a los accionistas donde decía que “debían hacer mejor las cosas para los trabajadores”. También citó encuestas que indicaban que más del 90% de los trabajadores recomendarían trabajar en Amazon y recordó que pagan un salario de 15 dólares la hora, pero que todavía quedan cosas por hacer para cumplir el objetivo de ser "el mejor empleador de la Tierra y el lugar de trabajo más seguro de la Tierra". Bezos tiene suerte, ahora hay un sindicato que quiere ayudarlo a cumplir su sueño. 

El sindicato en Amazon

Un hombre negro llamado Christian Smalls encabezó el esfuerzo por armar el sindicato en una planta en Staten Island, y lo logró. La historia a veces nos entrega momentos de belleza. Veamos si no: el abogado jefe de Amazon David Zapolsky (que recibió en 2020 17 millones de dólares por su trabajo) dijo en una reunión de ejecutivos top de la empresa (con Jeff Bezos presente) que había que focalizar toda la campaña anti sindical en Smalls, porque no era “inteligente ni elocuente”. A continuación, las notas (y otras) de la reunión fueron enviadas por error a miles de personas y salieron publicadas en el medio Vice. Zapolsky pidió disculpas públicamente diciendo que sus comentarios habían sido “personales y emocionales”, mientras que el que no es inteligente ni articulado siguió trabajando para crear un sindicato allí donde no había nada. 

Volvamos para atrás. Smalls era un trabajador más en Amazon. En tiempos de covid, comenzaron las preocupaciones por la falta de cuidados en el almacén. Los empleados comenzaron a contagiarse y en el lugar de trabajo no había ninguna medida. Smalls se quejó al respecto y lo mandaron a hacer cuarentena, pero solo a él y no a todos los demás que habían estado en contacto con los contagiados. Entonces Smalls organizó una protesta y con la excusa de que había roto las condiciones de la cuarentena (o sea, el distanciamiento) lo despidieron. Más filtraciones indican que los empleados de recursos humanos de Amazon estaban preocupados por ese despido: la protesta había sido al aire libre, los empleados estaban con máscaras y a distancia. Más aún, la protesta había sido pacífica y los empleados tenían derecho a hacer algo así. Los de RR.HH. temían que el despido se viera como lo que fue: un castigo por organizarse. En cualquier caso, lo despidieron y ese fue un primer momento clave: solo entonces a Smalls se le ocurrió la idea de formar un sindicato. 

Después de esa protesta, los tops de Amazon se reunieron de urgencia y allí Zapolsky hizo su propuesta. Refiriéndose a Smalls, dijo: “No es inteligente ni elocuente, y en la medida en que la prensa quiera enfocarse en nosotros contra él, estaremos en una posición de relaciones públicas mucho más fuerte que simplemente explicar por enésima vez cómo estamos tratando de proteger a los trabajadores”. Y agregó: “Deberíamos usar la primera parte de nuestra respuesta en exponer enérgicamente por qué la conducta del organizador fue inmoral, inaceptable y posiblemente ilegal, en detalle, y solo luego seguir con nuestros puntos de conversación habituales sobre la seguridad de los trabajadores”. Su propuesta era clara y estaba también en las notas filtradas de Zapolsky: “Conviértanlo en la parte más interesante de la historia y, si es posible, conviértanlo en el rostro de todo el movimiento sindical/organizativo”. 

La estrategia de Zapolsky funcionó: Smalls es hoy la cara del movimiento, pero en vez de un hombre negro que no es inteligente ni elocuente, Smalls parece ser un tipo bastante sencillo, con una vida complicada y bastante carisma. 

En el podcast que te enlacé arriba, Smalls y su amigo y compañero Derrick Palmer hablan un rato largo sobre su experiencia. No solo suenan sumamente inteligentes y  elocuentes, sino que además parecen saber mucho de organización política, qué funciona y que no. 

Retomo donde dejé antes. Despidieron a Smalls y ahí empieza la organización. Smalls y otros viajaron a cada mansión de Bezos (no llegaron a todas, porque son muchas) haciendo propaganda. Se acercaron a Alabama y fueron rechazados por el sindicato que estaba organizando el movimiento allí. Ese sindicato tenía una estrategia más externa o distante, o quizás simplemente una estrategia más tradicional. Smalls y Derrick aprendieron de esos errores e hicieron todo lo contrario. Volvieron a NY y pusieron una mesita con unas sillas en la parada del bus que toman todos los trabajadores para llegar a la planta de Amazon. El objetivo era conseguir las suficientes firmas para que se autorizara un voto para tener un sindicato. Desde esa mesa, empezaron a conversar con la gente, compartiendo experiencias y momentos. Así lo cuentan Smalls y Palmer (que seguía trabajando en Amazon): cantamos, rezamos, ayudamos a los que necesitaban cosas (un Uber para llegar al hospital para uno que se sentía mal, plata para volver a casa para otro), compartimos marihuana, pasamos tiempo juntos. En algún momento habían firmado a todos los que pasaban por ahí y entonces se movieron al turno noche. Consiguieron las firmas suficientes y las presentaron ante el Departamento Nacional de Relaciones Laborales que les dio autorización para empezar a organizar desde adentro del lugar de trabajo. 

Tiempo después vino el segundo momento clave: Smalls intentó entrar al almacén para repartir comida y organizar empleados, y no lo dejaron entrar. No era empleado, claro, pero quería entrar como visita. Amazon llamó a la policía y se lo llevaron arrestado junto a dos trabajadores de la empresa. Smalls y Derrick dicen que ahí ganaron: los trabajadores vieron cómo se llevaban arrestado al tipo que había estado acompañándolos hace meses. 

Finalmente sucedió la votación que dio como resultado que Amazon tiene su primer sindicato. La empresa ya apeló: dice que el reparto de cosas, entre ellas marihuana, equivale a compra de votos. Sin embargo, no hay muchas chances de que el reclamo prospere. En ese caso, Amazon tendrá que aceptar que sus asociados ya no solo hablan individualmente, sino que además tienen una voz colectiva. 

El del estribo 

Gracias por llegar hasta acá. 

Un abrazo,

Jimena

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Soy economista (UBA) y Doctora en Ciencia Política (Cornell University). Me interesan las diferentes formas de organización de las economías, la articulación entre lo público y lo privado y la relación entre el capital y el trabajo, entre otros temas. Nací en Perú, crecí en Buenos Aires, estudié en Estados Unidos, y vivo en Londres. La pandemia me llevó a descubrir el amor por las plantas y ahora estoy rodeada de ellas.
@jvaldeztappata
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