La Copa de las Galaxias

No hay pandemia ni crisis social que puedan frenar a la Copa Libertadores y a la Copa América.

El martes pasado, 4 de mayo, Colombia atravesaba su séptimo día de Paro Nacional y de protesta callejera. Los muertos y desaparecidos por la represión ya sumaban decenas. A los estudiantes Kevin Agudelo y Harold Rodríguez, futbolistas aficionados del Siloé F.C y Club del Valle, los mataron balas policiales en la noche del lunes 3. En el barrio de Siloé, occidente de Cali, dicen que el operativo del lunes hizo recordar Operación Orión, represión de 2002 que buscó “limpiar” la Comuna 13 de Medellín con helicópteros, tanquetas y metrallas y disparó contra cientos de inocentes. El martes, en la parte sur de Bogotá, las tanquetas del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) disparaban un lanzador múltiple de proyectiles electrónicos llamado Venom, destellos, explosiones estruendosas y lluvia de gas lacrimógeno. La policía aterrizó un helicóptero Halcón en el Colegio Claretiano. Hubo batalla campal contra vecinos que sólo caceroleaban. La Conmebol, en tanto, mantenía todavía sus partidos de Copa Libertadores en Colombia. Y por supuesto la Copa América que comienza dentro de un mes. Ese mismo martes, Alejandro Domínguez, presidente paraguayo de la Conmebol, tuiteaba recordando la celebración del 4 de mayo del Día de Star Wars, saga de Disney.
“En este papelón, decidió ponerse el disfraz de Darth Vader”, apuntó contra Domínguez el colega colombiano Nicolás Samper, en su artículo titulado El lado oscuro. El presidente de la Conmebol tuiteó ese martes “May The Fourth Be With You”, referencia a May the Force be with you (Que la Fuerza te acompañe), frase célebre de La Guerra de las Galaxias, cuando los Jedi se deseaban suerte antes de combatir contra las fuerzas corruptas del Emperador. También tuiteó “Que la Fuerza los acompañe” Alejandro Fantino, periodista bandera de Disney y fanático de la serie. En su casa tiene, entre otros, un stormtroopergigante, tropas del Imperio Galáctico que la Conmebol, ¿recuerdan?, hizo entrar al Estadio Nacional de Lima en la final de la Libertadores 2019 que Flamengo le ganó a River y que no pudo jugarse en Chile porque, en ese momento, los planes de ajuste suscitaban furia popular en las calles de Santiago.

  La Patria Grande de la pelota

Ese mismo 4 de mayo, buena parte del plantel de Independiente, campeón máximo de la Libertadores (siete títulos), tenía que dormir en el piso del aeropuerto de Bahía, Brasil. Aislamiento forzado. Consecuencias de viajar y jugar por la región cuando azota la pandemia. La foto de los jugadores en el piso, antes de enfrentarse inclusive en el mismo aeropuerto contra la policía brasileña, reflejaba el bochorno. Independiente jugó igualmente ese martes. Empató 2-2 por la Copa Sudamericana contra Bahía. El partido fue televisado por Disney. No hay partido (de la Conmebol o de quien sea) que no televise Disney (ESPN-FOX). Y no hay partido que no promocione películas, series o personajes de Disney. El cotejo de Independiente marcó la vuelta del periodista Fernando Niembro a los comentarios. El exfuncionario de Carlos Menem y excandidato a diputado por Cambiemos elogió el trabajo de la Conmebol. Silvio Romero, capitán de Independiente, rechazó comentar si el partido contra Bahía había sido bueno o malo. Apuntó contra el “abandono” de la Conmebol. 

  Los partidos que debían jugarse la última semana en Colombia (River, Argentinos Juniors y Lanús incluídos) cambiaron de escenario. Unos jugaron en Asunción, allí donde tiene residencia eterna la Conmebol, la Confederación que agrupa a las diez Federaciones del fútbol sudamericano, una sede inaugurada en 1998, en tiempos de otro presidente paraguayo, Nicolás Leoz, y con Julio Grondona como patrón. Fue el poder que se derrumbó tras el escándalo de corrupción de 2015 del FIFAGate, la  investigación del FBI, vendetta supuesta porque la FIFA le había dado a Qatar y no a Estados Unidos la Copa Mundial de 2022. La burocracia sudamericana cayó presa por los sobornos que, entre otras cadenas, pagaba justamente FOX para adueñarse de los derechos de trasmisión. La Conmebol de Alejandro Domínguez mudó de apuro otro partido de Colombia a Guayaquil. Fue un placer leer en estos días De América, libro flamante del periodista argentino Alejandro Droznes, que mezcla la historia de la Libertadores con la historia y la geografía de la región. Droznes recuerda que en Guayaquil se dieron el abrazo histórico en 1822 los Libertadores José de San Martín y Simón Bolívar. Aquellos sueños de Patria Grande no se referían seguramente a la nueva geografía de la Copa Libertadores, que extiende a la vieja Gran Colombia ciudades como Guayaquil y Asunción. Hay que jugar como sea.  

  Además del tuit que promociona la saga de Disney, Domínguez escribió mucho sobre el inicio de la campaña de vacunación que inició la propia Conmebol, gracias a una gestión iniciada por el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou. Si los países sudamericanos sufren por falta de vacunas, la Conmebol, en cambio, logró una donación de 50.000 dosis del laboratorio chino Sinovac, que en Argentina no cuenta aún con aprobación oficial. Tanta celebración de la Conmebol (“primera organización civil” con vacunas propias, se jactó la entidad) provocó que hasta Jair Bolsonaro corriera por izquierda a la dirigencia del fútbol sudamericano. El presidente de Brasil (que está él mismo bajo investigación del Congreso por su política anticuarentena) avisó que si la vacuna de la Conmebol ingresa a su país (se prevén cinco mil dosis para cada Federación) el gobierno las hará propias a modo de “donación” para aplicarlas a población de riesgo, y no a deportistas jóvenes y saludables del fútbol, “trabajadores esenciales” de la pelota. 

  ¿Dónde están los jugadores?

  La Conmebol está acostumbrada a las excepciones. Protocolos especiales. La vuelta de sus torneos, viajes incluídos, en plena pandemia. Autorización especial para horarios nocturnos. Los jugadores de Atlético Goianense, de Brasil, aprovecharon su partido en Asunción para darse la vacuna Conmebol en tierra paraguaya. Infectólogos brasileños advirtieron que no es un operativo del Estado, sino privado, y que, por lo tanto, las medidas de prevención y aislamiento, deben seguir absolutamente igual que antes. El jugador Walter Casagrande, hoy comentarista destacado de TV Globo, criticó el operativo. “Es un absurdo, una falta de respeto y de empatía que un club brasileño acepte la vacuna de la Conmebol cuando en nuestro país murieron más de cuatrocientas mil personas. Desde el comienzo de la pandemia, los dirigentes del fútbol brasileño –dijo Casagrande- sólo piensan en ellos, poco en el juego y mucho en el dinero”. Harold Mayne Nicholls, expresidente de la Federación chilena, periodista y actual dirigente de Colo-Colo, opina que, cumpliendo los protocolos, no ve razón para suspender el fútbol. La industria de la pelota, dice Mayne Nichollos, precisa seguir funcionando para generar ingresos y pagar sus salarios.

  Los dineros de la Conmebol, dólares de Disney-TV, son maná en tiempos de crisis por la pandemia. No se escuchó siquiera a uno de los gremios de jugadores de uno de los diez países discutir este fútbol en continuado, que exprime y lastima cuerpos, obliga a recuperaciones fulminantes de COVID, convierte salas de aeropuertos en cárceles provisorias y (porque los protocolos lo imponen) recluye a jugadores contagiados en habitaciones de hotel. “¿Y los jugadores? ¿Dónde están los jugadores? El show debe seguir, pero si ellos se oponen no habría show”, dice Mario Bardanca, periodista uruguayo. El colega colombiano Nicolás Samper también me dice que, en este contexto, suena “absurdo” jugar la Copa América, que tiene fecha de inicio el 13 de junio, con sede conjunta en Colombia y en Argentina

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  A los miles que protestan desde hace días en Colombia no les importa si hay fútbol obligado a jugar, pandemia que mate ya a casi ochenta mil ciudadanos ni balas asesinas de policías, con o sin uniforme, esto último porque así parece ser una costumbre en la Colombia de Iván Duque, el presidente que considera “un absurdo” pensar que su país deba suspender su condición de sede de la Copa América. Televisada por Disney, claro. “Nunca he podido entender, ubicar, ni mucho menos descifrar el extraño dolor de patria que se siente en el fondo del alma”, escribió ayer Catalina Vargas-Acevedo en el diario El Espectador, de Bogotá. “Es un dolor agudo, intermitente y cronificado. Un dolor normalizado y heredado. Un dolor de identidad de conciencia, de pertenencia, de colectividad, de casa, y hoy esa casa está en llamas”. 

Soy periodista desde 1978. Año de Mundial en dictadura y formidable para entender que el deporte lo tenía todo: juego, política, negocio, pueblo, pasión, épica, drama, héroes y villanos. Escribí columnas por todos lados. De Página 12 a La Nación y del New York Times a Playboy. Trabajé en radios, TV, escribí libros, recibí algunos premios y cubrí ocho Mundiales. Pero mi mejor currículum es el recibo de sueldo. Mal o bien, cobré siempre por informar.