Hay un argentino tratando de que no explote una planta nuclear en Ucrania. Le preguntamos por qué

A principios de octubre, Rafael Grossi estuvo reunido en el plazo de una semana con los dos protagonistas del conflicto bélico que domina la atención del mundo: los presidentes Putin, de Rusia, y Zelenski, de Ucrania.

Se trata del director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA): “En lo nuclear, creo que el peor escenario es un accidente radiológico porque sería una situación muy complicada”, dice en entrevista con Cenital.

Cenital: Le tocó estar en el territorio, en medio de la guerra. ¿Cómo vio la situación y el estado de la planta nuclear de Zaporiyia?

Rafael Grossi: Me tocó estar y me va a seguir tocando. La situación sigue siendo mala y muy precaria. Estamos prácticamente con interrupciones del suministro eléctrico en la planta casi de forma cotidiana y se repara de la manera que se puede. Esto es muy grave porque sin suministro eléctrico la planta se puede quedar sin refrigeración.

¿Qué tan grave?

Eso fue lo que provocó Fukushima, por ejemplo. La planta se paró como un relojito cuando vino el terremoto. Lo que pasó después es que los generadores diésel de emergencia estaban funcionando y se los llevó la ola. La planta se quedó sin refrigeración y eso es lo que hay que tratar de evitar.

¿Y cómo se evita?

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Yo estoy negociando, como ustedes saben, la posibilidad de establecer una zona de protección alrededor de la planta. Pero la zona es un teatro de operaciones. No es una planta nuclear en un país en guerra, que ya sería complicado. Está en el teatro de operaciones, en la línea del frente. Ahí está la dificultad que yo tengo, los parámetros de protección, las medidas que se esperan de uno y de otro. Es una negociación muy compleja. Lo que se ve por ahí es la conversación con Zelenski o con Putin pero hay muchas más conversaciones, con militares, con toda una constelación de personas.

¿Cómo juega el factor tiempo en esa negociación, teniendo en cuenta esto que comenta de los cortes de suministro eléctrico, los riesgos potenciales?

Es un buen punto. Cada día que pasa sin que lleguemos a una solución hay una posibilidad de que suceda algo.

¿Por ejemplo?

Que no se pueda reparar el suministro eléctrico. Cuando la planta se queda sin el funcionamiento normal de los sistemas de enfriamiento se ponen a funcionar los generadores diésel. Y eso es una aberración. Los generadores diésel son un último recurso. Vos no podés tener la planta nuclear más grande de Europa, con seis reactores, funcionando con generador. Eso te muestra que estás cerca de una situación muy complicada. Entonces, el factor tiempo conspira contra la seguridad de la planta y la seguridad en general. Lo que tenemos que lograr es un acuerdo lo antes posible. Pero por supuesto es muy difícil, hay muchos actores involucrados en cada país, muchos actores externos que influyen también y que yo tengo que tratar de manejar.

Además de los presidentes de los respectivos países, ¿cuáles son esos actores?

Rusia, que no está aislada, digamos que asume su propia negociación. Y del otro lado, te diría que el G7, con distintas manifestaciones, con algunos primeros ministros, con los cancilleres. Y destaco ahí el involucramiento de Emmanuel Macron.

¿Por qué le parece que se involucró así Macron?

No puedo especular sobre las motivaciones pero creo que es un hombre que ha buscado y sigue buscando mantener cierto nivel de diálogo con Rusia. Desde febrero, marzo, estuvo en contacto conmigo y en muchas oportunidades ha hecho gestiones diversas. Destaco que es una figura que busca mantener algún tipo de interlocución con ambos lados y eso es importante en una situación de conflicto.

¿Qué se encontraron cuando entraron a la planta de Zaporiyia? Leíamos por ejemplo que los técnicos siguen siendo ucranianos, ¿cómo funciona eso?

Bueno, es un funcionamiento disfuncional. En la vida hay muchas cosas que funcionan así y este es un caso. Claro que acá hay energía nuclear por detrás y ahí está el elemento distintivo. Lo que sucede es que el problema se va agravando. En principio, tenemos una situación de ocupación. Luego, los rusos envían un grupo de gente, expertos nucleares, gente que conoce bien la planta, acaso que trabajó ahí cuando era parte de la Unión Soviética. O sea, no enviaron advenedizos o comisarios políticos. Ahí empiezan a haber algunas rispideces. Cuando fuimos lo que palpamos fue una coexistencia respetuosa pero muy tensa. Se hablan pero de una manera muy tensa. Y ahora la cuestión ha tomado un giro aún más complicado porque Rusia organizó una serie de referéndums en las cuatro regiones de Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia y anexó esos territorios a la Federación Rusa.

¿Eso qué implica para la gestión de la planta?

Genera una nueva situación de tipo civil y contractual con relación a esas plantas. Por supuesto, Naciones Unidas no reconoce esos referéndums y el OIEA tampoco porque la anexión de territorio por la fuerza no es algo reconocible en el derecho internacional. Pero agrega una dosis de complicación al tema porque hablamos de otra manera. Hasta ahí era territorio ocupado y desde ahora los rusos dicen: ustedes están en Rusia, Energoatom (operadora ucraniana) no es más dueña de la planta y hay que firmar un contrato nuevo. Eso ha generado una serie de episodios, en algunos de los cuales me ha tocado intervenir, que han sido detenciones, arrestos de ciertos managers ucranianos que se han negado a trabajar en esas condiciones. Y eso agrega más tensión a la situación porque la gente ahí es la primera víctima. Todas esas personas que tienen que seguir su vida, que tienen un trabajo ahí, que no saben si lo pueden perder.

El director general del OIEA, Rafael Grossi.

¿Esa tensión la detecta en el funcionamiento de la planta o en la dimensión humana entre los técnicos y los jerárquicos?

En todos lados. Afecta al funcionamiento, por supuesto. La planta está parada en este momento pero igualmente sigue funcionando, no es que la apagás y te vas. Lo que no está haciendo es generar electricidad para la red. La gente ahí está asustada, preocupada, no sabe qué va a pasar, le secuestraron a un amigo. Viniendo de Argentina yo sé lo que es la desaparición de una persona. Tengo la edad (N. de la R. Grossi tiene 61 años) como para recordar lo que era hacer una gestión para tratar de encontrar a alguien que no se sabía dónde estaba, tratar de sacarlo. Y ahora me tocó hacer una gestión similar.

¿Cómo fue eso?

Se trata del gerente de la planta de Zaporiyia, al que conocía bien. Un día, a las 5 de la mañana, me avisan que lo habían detenido. Entonces nos pusimos en contacto con las autoridades. No puedo contar mucho pero digamos que hubo un largo día de consultas y logramos que fuera devuelto a su familia sano y salvo. No volvió a la planta, se fue a territorio controlado por Ucrania. Son situaciones inusitadas como todo lo que está pasando en esta guerra.

¿Le había tocado alguna situación así en el OIEA?

Ni en el OIEA ni en los libros de historia tocó un conflicto así. Para el organismo también es un test y por eso yo quería que la agencia estuviera presente, no mirando para el otro lado. A mí nadie me dijo que me metiera, al contrario, me recomendaban no meterme hasta que aclare. Creo que va ayudando lo que hicimos. No digo que hayamos logrado ningún milagro pero ayudamos. Nosotros hoy tenemos cuatro personas en la planta, que están bien, con seguridad y nos van informando. Hacemos prácticamente un informe diario que es la única fuente fidedigna sobre la situación. Una guerra es una guerra y la primera víctima es la verdad porque a partir de que estás en guerra todo vale y podés contar cualquier cosa. Entonces, en un tema así, tan sensible, se dicen cosas alarmistas: “La planta está por explotar”. Eso dejó de pasar y es porque está el OIEA. Entonces si alguno dice una barbaridad yo tengo un equipo ahí que va, se mueve, pregunta y podemos determinar rápidamente cuál es la verdad.

¿Cuál es la probabilidad real de un accidente nuclear?

Cero o diez. Como te decía antes, es una planta nuclear en un teatro de operaciones al que de vez en cuando le tiran, donde se interrumpe el suministro eléctrico. Ahora por ahí no pasa nada pero mañana tenés una catástrofe. Por ejemplo, yo subí a un techo de la planta y había dos orificios grandes, de más de medio metro, producto de artillería pesada. Y lo que había abajo era combustible nuclear fresco. O sea que si ahí le pegaba hubiera habido un accidente radiológico, quizás en el radio de la planta y no mucho más. Si la próxima vez el proyectil ingresara y pegase en un rack que tiene elementos combustibles, ¿qué pasa? Entonces, el riesgo es permanente hasta que no se establezca algún tipo de compromiso de santuarización o de reconocimiento de las dos partes de que hay que abstenerse de considerar a la planta como un objetivo militar.

Cuando usted le plantea eso a los dos presidentes, ¿cuál es el argumento para decir que no?

Es una negociación entonces lo primero que te dicen es que ninguno tiene problema pero que no puede confiar en el otro. Ahí empieza todo un proceso de definir ciertos parámetros y ahí estamos. No se puede contar mucho en lo particular porque son ideas que yo voy barajando con ellos, uno pone objeciones, pros y contras. No puedo revelar la posición de uno u otro pero la dificultad está en que se acuerden estos parámetros: que significa instalar un cordón de seguridad, qué perímetro, desde dónde. Esas son las cosas que se discuten.

Volviendo al factor tiempo, ¿cuál es su expectativa sobre un acuerdo?

Como te decía, si fuera por mí sería ayer. Pero en términos realistas, yo quisiera que esto fuera una cuestión de semanas. De días, si fuera posible. Voy a estar la semana que viene en Washington y ahí espero poder tener un par de reuniones importantes que ojalá me ayuden.

¿Qué probabilidad real ve de que Rusia use armas nucleares?

Baja. La utilización de armas nucleares tiene una doctrina que es bastante parecida entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, que las tienen declaradas. Algunos otros las tienen, pero por fuera del régimen de no proliferación; una conversación para otro momento. En esa doctrina se establece que generalmente las podés usar cuando te atacan con armas nucleares y en este caso Ucrania no las tiene. O se trata de un conflicto de tipo convencional pero de tal magnitud y vastedad que pone en riesgo la existencia y la supervivencia misma del Estado. No parece ser la configuración por la cual Rusia pudiese decir que la supervivencia de su Estado está en riesgo. Yo considero que, si bien no es imposible, es improbable.

En referencia a la cuestión de la planta en particular, ¿cuál es el peor escenario posible?

El conflicto es muy vasto. Creo que va a empeorar antes de mejorar. En lo nuclear, creo que el peor escenario es un accidente radiológico porque sería una situación muy complicada. Para empezar, muy difícil para actuar. Pensemos que se trata de un teatro de operaciones de una guerra. Todo se puede complicar de una mala manera. Tenemos dos accidentes en la historia: Chernobyl y Fukushima. Dos accidentes diferentes en sus características. Ahora, pensá esos accidentes en medio de un teatro de guerra. Cómo se hacen las operaciones de seguridad, cómo evacuar, a quién evacuar. Habría muchas oportunidades para operaciones militares de sabotajes. Sería un gran caos, con consecuencias realmente muy dramáticas, en mi opinión.

EL TRATADO DE NO PROLIFERACIÓN NUCLEAR Y LA VUELTA DE IRÁN

Mencionó el Tratado de No Proliferación Nuclear, ¿cómo es la situación actual del tratado y qué pasa con los países que no están pero sí tienen desarrollo nuclear?

El régimen de no proliferación, creo yo, es un régimen en líneas generales exitoso. A veces se lo critica comparado con un estado ideal, que es que no existiesen las armas nucleares, que no hubiese países que las tengan. Me parece un poco injusto ese ataque al régimen porque ha logrado congelar la situación. Podría haber treinta países más con armas nucleares, incluida Argentina y Brasil, por ejemplo. Todos los países de Europa occidental, Japón, Australia, algún país africano, Sudáfrica, que las tenía y las abandonó por el tratado. Países que tecnológicamente hubiesen estado en capacidad de tenerlas. El factor de inestabilidad en el escenario internacional que hubiese producido eso hubiese sido catastrófico. Y se hubiesen utilizado armas nucleares, seguro, en varios conflictos regionales. Entonces, ¿el régimen es malo o es bueno? Es bueno. ¿Hay que preservarlo o atacarlo? Preservarlo. ¿Hay que fortalecerlo? Sí, indudablemente. ¿Las armas nucleares deberían eliminarse? Sí, deberían eliminarse. Pero la eliminación de las armas nucleares es función de un marco geoestratégico y geopolítico. Hay otra escuela de pensamiento que considera que las armas deben eliminarse ya. Bueno, ojalá, a mí me gustaría que eso fuese así. Pero lo dicen los propios miembros permanentes del Consejo de Seguridad: ellos no consideran que estén dadas las condiciones para hacerlo. Yo no aplaudo eso pero considero que en tanto no exista un régimen de desarme general y completo un sistema de no proliferación es un elemento adecuado, un factor de estabilización en el sistema internacional.

Rafael Grossi con Alberto Fernández.

¿El OIEA tiene algún rol en la discusión para que Irán vuelva al tratado?

Sí. La negociación de los Cinco + 1 (Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania + EE.UU.) es entre ellos. Pero nosotros somos como una especie de partícipe orbital que está siempre interviniendo porque somos el inspector. Pero además hay momentos de tensión política donde se nos involucra particularmente. Por ejemplo, Irán me ha atacado mucho indicando que yo soy un obstáculo a ese acuerdo.

¿Por qué?

Hay una serie de temas que Irán no ha aclarado y solicitó a los países que negocian que me presionen a mí para que deje de lado esos temas. Y yo digo que no.

¿Qué temas?

Son unas situaciones derivadas del hallazgo de trazas de uranio enriquecido en una serie de lugares en Irán que siguen sin dar cuenta. Nosotros fuimos, controlamos y encontramos esas cosas y lo que no hay es una respuesta al respecto de ese tema.

¿Cuál puede ser la consecuencia de que Irán no dé respuesta a ese tema?

Ahí la situación internacional actual presenta un nuevo desafío. Hasta hace algunos años, en momentos en que el programa nuclear de Irán planteó dificultades, el Consejo de Seguridad actuaba al unísono. Y hubo sanciones, resoluciones del Consejo de Seguridad adoptadas por unanimidad. Esto ya no es posible. Independientemente de lo que esté pasando con Irán. Se ha roto el animus societatis entre los cinco miembros del Consejo de Seguridad, lo cual es gravísimo. Hay tres y dos. Esto genera una situación compleja donde la respuesta que puede tener la comunidad internacional se torna menos clara. De todas maneras, los informes del OIEA siguen siendo muy respetados. Por eso se pone mucha presión sobre nosotros. Cada vez que yo hago un informe lo entrego a la Junta de Gobernadores del OIEA y lo entrego al Consejo de Seguridad de la ONU en el mismo acto. Entonces, si hubiese algún informe con un contenido que motivara la acción del Consejo de Seguridad se generaría una situación difícil. No quiero especular demasiado pero sería evidente si algún país se negase a hacer lo que corresponde porque está peleado con otro país.

Una resolución así está, y esto corre por nuestra cuenta, sujeta a responsabilidades de actores que, digamos, no las están asumiendo.

Un poco es así. Yo lo complementaría con lo siguiente. La capacidad de respuesta del Consejo de Seguridad es más compleja, más difícil.

¿Y qué podría cambiarla? ¿Un acuerdo?

Eso es más especulativo. Yo lo que creo es que el Consejo de Seguridad en ciertos temas debería actuar en forma unánime, pero no lo veo posible por ahora.

¿Qué papel juega China ahí?

En el tema de la crisis de Irán juega un papel relativamente constructivo. Quiere un acuerdo. Lo han dicho y lo manifiestan constantemente.

ARGENTINA Y LA ENERGÍA NUCLEAR: UNA OPORTUNIDAD

Estuvo estos días en nuestro país recorriendo varios puntos con desarrollos nucleares. ¿Qué potencialidades tiene Argentina al respecto y cómo se para en toda esta discusión global?

Hay dos planos. Si hablamos de Argentina yo la ubico en el tema del plano energético, no del estratégico. Porque Argentina no tiene deseos de desarrollar armas nucleares. Con relación al tema energético, el país tiene un lugar muy respetable. Es un país históricamente nuclear, con 70 años de actividad en el sector. Tiene un perfil nuclear muy peculiar porque en Latinoamérica hay solamente tres países que tienen reactores nucleares de potencia: México, Brasil y Argentina. Argentina tiene una capacidad de diseño, producción y exportación que no tiene ningún otro país en la región. Es un país que exporta reactores nucleares de investigación, no de potencia. A Australia, ahora a Holanda y quizás haya más. Diseñar un reactor nuclear indica un nivel de excelencia de la ingeniería argentina de primer nivel mundial. Después, en lo que es la matriz energética argentina, lo nuclear es un componente modesto pero indispensable, un ocho, nueve por ciento, y con una tendencia al crecimiento. Si se apagara estaríamos con cortes de luz. Hay una cantidad de temas políticos a resolver y después con las perspectivas futuras de los reactores modulares. El CAREM ya tiene una pinta de reactor impresionante.

Rafael Grossi visita CAREM 25, el primer prototipo de reactor modular pequeño de la Argentina, actualmente en construcción, el miércoles pasado.

¿Estuvo ahora visitándolo?

Sí y lo he seguido. El CAREM está muy cerca. Y estuve en IMPSA (N. del R.: IMPSA es la única empresa en Latinoamérica que ofrece soluciones integrales para la generación de energía a partir de recursos renovables) también porque quería ver las componentes, los recipientes de presión. Hay muy pocos países en el mundo que pueden hacer una cosa así. Una forja como la de IMPSA hay seis, siete países en el mundo que la pueden hacer. Entonces eso, más allá de la cuestión chauvinista que pueda haber, es una capacidad, es una oportunidad enorme. Si el mercado de reactores modulares arranca como yo creo que va a arrancar, la Argentina va a tener una oportunidad impresionante.

Más allá de las cuestiones de política interna, ¿una compañía como IMPSA le parece que debería ser una política de Estado, tomando en cuenta que recibió una capitalización estatal?

Es un experimento interesante el de IMPSA. Creo que lo nuclear es una política de Estado en Argentina, en un país que casi no tiene políticas de Estado. Trabajo en energía hace casi 40 años, desde el lugar de la diplomacia nuclear, fui educado en el sector, trabajé en Bariloche, en Ezeiza. Hubo vaivenes, momentos bastante aciagos para el programa nuclear pero en general fueron cortos. El sector se recuperó, se reinventó. Así que creo que hay en el mundo una ola pro nuclear evidente. Y la Argentina, que aguantó el chubasco, si navega bien la ola puede tener una oportunidad interesante. De esto hablé muy claramente con el presidente de la Nación (Alberto Fernández).

¿Y cuál fue su respuesta?

Creo que está interesado. ¿Quién no está interesado? Es un activo importantísimo y el Presidente lo comprende. Conducís un país que tiene problemas pero también tenés alguna cosa en tu caja de herramientas y ésta es una.

El acuerdo de cooperación e inspección que tienen Argentina y Brasil parece un modelo que funciona, ¿se puede pensar como un formato exportable?

Ha habido mucha literatura y mucho análisis al respecto. Creo que, en primer lugar, en cuanto a los dos países ha sido un parteaguas. Ha sido la noche y el día, una cosa verdaderamente histórica que cambió todo. La latencia de una competencia nuclear hubiese generado un problema grande. Cuando la Argentina declaró el enriquecimiento del uranio, en el año 1983, en Brasil hubo una tremenda preocupación en todos los sectores militares. Y eso hubiese generado una respuesta. Todo lo que empieza después con Alfonsín-Sarney, que sigue después con Menem-Collor de Mello, personajes controvertidos pero que en este aspecto en particular jugaron un papel histórico. Eso continuó luego con todas las presidencias. Ha sido una cosa única. El tema de si es un modelo para exportar puede ser en el sentido de la viabilidad que atienda a peculiaridades regionales y las vincule con el OIEA de una manera un poco heterodoxa. En ese sentido sí. Pero el modelo transportable así como está a otros dos países no lo veo tan claro. Porque acá hay un sustrato que existía en gran parte de la clase dirigente y entre los dos pueblos: no había animadversión. Y había algunas personas preclaras que veían la oportunidad de que estos dos países caminaran juntos en vez de pensar en una carrera armamentista absurda en países empobrecidos y con una cantidad de problemas.

Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.

Soy politólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y director de la agencia de comunicación Monteagudo. Soy co editor del sitio Artepolítica. Nací en Olavarría, una metrópoli del centro de la provincia de Buenos Aires. Vi muchas veces Gladiador.