Aimar: “No está bueno que la autoestima esté ligada a la aprobación de una red social”

En diálogo con Cenital, el ayudante de campo de Scaloni en la Selección Argentina admite que le preocupa la falta de motivación de las nuevas generaciones. Desde la adultez, piensa lo difícil que es disfrutar en la Selección Mayor.

El entrenador del sub 17 y ayudante de campo de la Selección Argentina, Pablo Aimar, parece el heredero de Jorge Valdano en la sensibilidad de sus definiciones. En él late el dogma de lo sensible y de lo humano. Fútbol, comunicación, educación, redes sociales y de qué va la felicidad.

¿Para qué sirve ganar?
Para estar contento un rato. Después, empezás a ver el por qué. Si es que hay un por qué. A veces, en el fútbol, y por eso es el deporte más popular, hay una gran cuota de azar. Es lo más parecido a la moneda del aire. Que es adictiva: de hecho, hay gente enferma de eso. Se prohíben ellos mismos la entrada a los casinos. Para mí tiene mucho de eso. Y sirve por la alegría momentánea del que gana a cualquier cosa que está jugando. Lo mismo puede responder cualquiera que gane un martes alquilando una cancha.

¿Qué parte del juego te sigue emocionando?
A mí me gusta el fútbol imaginativo. El otro día Henry Kane tiró un caño y pateó entre las piernas. Generalmente, cuando pateás entre las piernas es gol porque el arquero piensa que está tapado. Me gusta ver a los que ven eso. Los que miran para un lado y dan un pase para el otro. Me gusta, también, lo que el otro día le escribí a un amigo sobre la sensación de Lanzini de entrar faltando quince minutos, con el equipo perdiendo 3-0. De hecho, le pregunté: “¿Qué le dirá el técnico a Lanzini ahora que lo pone faltando 15 minutos y están perdiendo 3-0?”. Y el loco entra y el partido termina 3-3. La sensación de Lanzini esos veinte segundos no la encuentra en otro lado. La va a perseguir y no la va a encontrar en otro lado salvo haciendo un 3-3 sobre la hora clavándola en el ángulo. Casi imposible que se repita. Esas cosas me encantan: la alegría de esos tipos.

Tu mirada sobre la emoción y el ganar, ¿cambió a medida que pasó el tiempo?
Cuando sos parte del juego, que parte del juego solo son los que están adentro, sos ultra competitivo. Todo lo que estás buscando, haciendo, intentando, imaginando, frenando, engañando está pensado para ganar. Sumale a que lo hacés con seres extremadamente competitivos. Apurarte en un lateral o pedirle al juez de línea un lateral que sabés que no es para vos está todo hecho pensando en ganar. Después tiene sus líos cuando dejás porque vos no dejás de ser ese ultracompetitivo. Y para la vida eso es un problema porque hay otro que te dice: “¿Qué? ¿Estás compitiendo para estacionar?”.

¿Y la emoción?
La emoción es la misma. ¿Sabés lo que debe ser meter un triple en la hora? Ese basquetbolista no encuentra esa sensación en otro lado.

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

Fuiste jugador, dirigís en juveniles que miran el futuro, formás parte de la Selección Mayor que es puro presente, ¿cómo te llevás con esas formas de ver el tiempo?
Entre comillas, el trabajo del fútbol tiene la parte del césped que te hace no pensar, en ese rato, en otra cosa más que en que te salga bien ese ejercicio. Con el pasado no tengo mucha relación. Sí pienso mucho en el futuro. No deportivamente, no laboralmente, sino en el futuro de mis hijos, de mis sobrinos, de los pibes. En eso me gusta allanarles el camino. Me preocupa su futuro no solo en el país sino en la vida. A mucha gente la vida la acomodó como no lo esperaban y eso me preocupa.

¿Qué te preocupa?
Creo que lo peor que le puede pasar a un chico es que no encuentre motivación. Por eso, cuando hablo con los que dirijo, siempre les recalco que ellos nacieron con cartas buenas. Si uno cuando es chiquito ya sabe que quiere ser algo, tiene un montón recorrido. Después puede haber desilusiones, que puede que sea así. Hay un montón de gente que hace lo que puede, lo que pintó, lo que salió. Cuando hablo con ellos les digo: “Ustedes tienen un paso enorme dado: ustedes se levantan con el despertador no diciendo ‘uh, tengo que ir a entrenar’. Vos te levantás y no te cuesta nada”. Me preocupa que encuentren algo que les apasione.

¿Eso cambió de cuando vos eras pibe?
Creo que sí. He leído y he visto documentales como El dilema de las redes sociales que me preocupan bastante. Porque es algo que escapa, por lo menos, a mi entendimiento. Son bravas las cosas que tienen en cuenta para que esa gente pase mucho tiempo viendo un celular.

¿Te preocupa ese daño a la autoestima que pueda generar en un jugador?
No lleguemos a ese nivel de exposición. Creo que los adultos tienen la cabeza preparada de otra manera para eso. La juventud me preocupa. Que su autoestima esté ligada a la aprobación de una red social no está bueno.

Hace poco un entrenador me comentó que tenía un jugador joven que después de los partidos ponía su nombre en el buscador de Twitter y se ponía mal.
Yo admiro a los que pueden leerlo y no sentir nada. No tener ganas de ponerse triste o de responder o de pelear. Creo que a nadie le gusta que lo critiquen y menos si lo dice alguien que ni sabés quién es. A nosotros nos pasaba hace 25 años cuando lo veíamos en los diarios y nos decían: “No lo leas”. Y vos más o menos sabés que cuando jugaste mal al diario lo pasás a dos cuadras. Y si jugaste más o menos bien no le esquivabas tanto a leerlo. Si podés abstraerte y no leer absolutamente nada, es mejor para la vida deportiva. Después, abstraerte de todo en la vida tiene consecuencias.

¿Cómo se lleva adelante la conversación con un pibe que tiene miedo a equivocarse?
Si vos le preguntás a un chico de 14 años por qué no arriesga, te dice que tiene miedo a equivocarse. Y, bueno, a los 14 años lo normal es que te equivoques. De eso vas a aprender. Lo que pasa que, claro, una cosa es decirlo y otra es tener paciencia, tener las palabras, encontrar los ejemplos. Con la bici vos la primera vez doblás a noventa grados: te rompés los dientes. Después, no doblás más a noventa grados. Los chicos que se equivocan jugando al fútbol lo más probable es que se den cuenta que se equivocaron y la vez siguiente midan un poco más y encuentren la manera. Tienen un cerebro de 14 años. Son esponjas. Si les gusta tocar el piano, a los quince días te lo tocan. El fútbol se aprende y después verás si llegás. Depende, entre tantas cosas, de la suerte.

¿Cómo te llevás vos con eso de ver a los pibes con los celulares todo el día?
Vos ves el festejo de cualquier equipo de Primera, de tipos grandes en la liga de Francia, y están todos filmándose para subirlo a su red social. ¿Pero es criticable eso? No sé si les quita compromiso con la actividad que están haciendo que lo compartan después. Yo creo que mientras están jugando, están jugando. Termina el partido y viven de otra manera y se vive así. Para un tipo que vivió hace 100 años, capaz me ve en bermudas y me dice “vestite como un hombre, tenés cuarenta años ya”. Son cosas diferentes porque son tiempos diferentes.

Hace un tiempo dijiste que eras parte de la última generación que ve partidos completos.
Yo creo que los chicos son más impacientes. Ven al final todos los goles o el resumen de un partido. Pero, a la vez, capaz ven finales.

¿Te parece importante que vean fútbol?
No lo sé. Yo creo que es importante verse. Después, creo que ven a su referente. Me imagino que a un chico que toca la guitarra verá como quién le gustaría tocar. En una práctica, vos te das cuenta de que hay jugadores que están influenciados por tipos que juegan. Todos hemos estado influenciados por alguien. Me acuerdo de ver patear a Gorosito un córner y decir: “Yo le quiero pegar así”. Porque yo no le pegaba así con el empeine de costado, todo perfecto. Y después practicaba pegarle así.

Ahora se habla mucho de táctica, ¿el fútbol qué es?
El fútbol es la parte del césped y de los jugadores. Es hermoso ver cuando a dos les gusta jugar juntos. Hacen el ejercicio y los ves contentos. Y se dan el pase a la pierna buena y, después de darse el pase, se hablan y se ponen donde el otro le indica. Es lindo jugar con otro que ve lo mismo que vos porque es divino jugar al truco con uno que ve como vos: cuando sabés que hay otro que va a abrir las piernas para dejarte pasar la pelota. Pero son cosas de la cancha. Lo del análisis está bueno, suma muchísimo. Pero no hay que perder las cosas básicas. Si vos comprás un drone y la cancha está mala, no vas a ver mucho. Hay prioridades. La cancha tiene que estar lo mejor posible.

Distintos especialistas han marcado con preocupación que los entrenadores de juveniles están más atentos a ganar y a llegar a Primera que a formar jugadores, ¿es así?
Entiendo que quieran crecer y que crecer sea dirigir categorías más grandes y llegar a dirigir primera división. Pero, a veces, dirigimos a chicos jovencitos como si ya fueran profesionales y ahí está el error. Los chicos son chicos y van a ir creciendo a medida que pase el tiempo como nos ha pasado a todos. Creo que para recuperar algo de lo que nos hizo potencia hay que volver a dejarlos jugar más. En eso estamos con los juveniles. Tenemos que quitarnos a nosotros del protagonismo. Son ellos los que tienen que jugar, los que tienen que imaginar. El fútbol se ha hecho mucho más difícil y tenemos que apelar mucho más a la inteligencia, al desparpajo, a la habilidad, al engaño jugando, para seguir compitiendo con las potencias.

¿Te preocupa que no se vendan jugadores argentinos a equipos top de Europa?
Hay algo de lo que nos tenemos que hacer cargo los entrenadores y encontrar la manera de competir con las potencias. Incluso como CONMEBOL. Hace cuatro mundiales que no ganamos, desde Brasil 2002. De las últimas diez intercontinentales, ganamos una. Compitió el Flamengo con el Liverpool y eso es un montón. Hubo algunas en que no pudimos hacerlo. Tenemos que volver a estar ahí: en juveniles, en mayores. Volver a tener ese lugar que Sudamérica tuvo hasta hace no mucho.

¿Y por qué lo perdimos?
No lo tengo muy claro. Creo que los europeos han invertido muy bien. Tenían y tienen para invertir, han elegido muy bien dónde hacerlo, que es en infraestructura y en capacitación. En llevar jugadores jóvenes que levanten el nivel de los nacidos ahí. Tienen camadas de portento físico con talento. Nosotros, con nuestras armas y nuestras cartas, la imaginación, el talento, la creatividad, tenemos que volver a competir con ellos.

¿Incide para el futuro del fútbol que estemos en un país en el que al menos el 50% de los jóvenes son pobres?
En la vida y en el deporte. Porque el deporte se super profesionalizó. Hace 50 años, con el potrero, nosotros y los brasileños lo manejábamos. Ahora ya no: hay deportes de gente que se entrena los siete días de la semana, en un lugar espectacular, con alimentación. Cómo no va a impactar.

Sos un tipo rockero y te gusta el Indio Solari. En una letra, dice “disfruta los placeres que te quedan sin dañar”. ¿Cuál te queda en el fútbol?
Se dañó casi todo lo que no es la hora y media de entrenamiento o de partido. Lo que no tiene daño es la risa de un loquito que tira un caño. De dos loquitos que hacen veinte toques y lo cargan al que no la pudo tocar. Me encantaría poder seguir jugando a eso. Pero no quiero sonar pesimista ni decirle a nadie qué sentir. 

¿En la Selección se puede disfrutar?
En la Selección Mayor es más difícil como es más difícil todo lo que ocurre siendo adulto. Es más difícil el disfrute. A todos nos ha pasado, en nuestro ámbito. Cuando empiezan a aparecer otro tipo de situaciones y otros agentes externos hacen que sea más difícil la felicidad.

¿Vos lo disfrutabas?
No es que no lo disfruté, pero dicen que la experiencia es lo que te dan cuando te quedaste pelado, y lo vivía distinto. Hoy me paro al lado del césped y me digo: “Yo estaba acá y podía correr y entrenarme y salía a la cancha”. Y me pregunto por qué no me lo tomé con más calma si no pasaba nada. No era un drama, se puede bajar un cambio en determinado momento. No quiero decir que la vida es cómo te la tomás porque hay muchas más cosas, pero me hubiera encantado tener este pensamiento cuando yo iba a la Selección. Y me costaba dormir porque al otro día jugábamos un partido contra Brasil en cancha de River.

¿Qué te gustaría que les pasara a los chicos que dirigís?
Que ojalá venga alguien y les diga que lo que hacen se puede hacer con una sonrisa.

Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.