Que la ciencia te acompañe

Entre el ruido me siento en el mundo perdido

La ciencia no trae soluciones, hace cosas. Coronanews, pseudociencias, canciones para aprender y armas de destrucción masiva.

Holis, ¿cómo andás? Yo acá, tratando de sacudirme la ilusión infantil de que algún día (en general conocido como “a partir de la semana que viene”) absolutamente todo en mi vida va a estar en orden y podré dedicarme a la contemplación. En el último mes y medio: tuve que mudarme provisoriamente y de emergencia, encargarme de todos los trámites del consorcio de mi edificio, dejé de gustar de alguien, me enfermé y un largo etcétera pero, sobre todo, mi tortuga salió mal de la hibernación, se deshidrató y me pegué un susto de película. 

Hace 32 años que estamos juntas con Chistita y nunca le había visto el tercer párpado. Cuando se deshidratan, las tortugas lo usan más porque es como que “apagan” el metabolismo. No te jodo si te digo que parecía zombi. Es como una película blancuzca medio hinchada que le cubre el ojo. Por suerte, una tarde Lauti me invitó a pasar una tarde con sus amigos de la secundaria y entre ellos había un veterinario de exóticos. Llevé a Chisti, le hicieron radiografías, la revisaron y ahora le tengo que hacer baños de agua tibia 4 veces por día y darle una inyección cada 48 horas. No sé si alguna vez inyectaste una tortuga, pero es un flash, la piel es dura entonces cuesta saber si clavaste la aguja y dentro es hueco. Se dice inyección intracelómica y, según la RAE, el celoma es una “cavidad revestida de epitelio que en el ser humano y en ciertos grupos de animales se desarrolla entre la pared del cuerpo y las vísceras”, literalmente un espacio entre la piel y los órganos que tenemos todos los animales, pero que en la tortuga se re siente.

En este mes y medio, también: el libro que coescribí con dos amigas, Pubertad en Marcha, ganó uno de los premios más prestigiosos a nivel mundial para la literatura infantil, fue seleccionado por la Secretaría de Educación Pública de México para estar en todas las bibliotecas del país y me reencontré con uno de mis mejores amigos, que estuvo en tratamiento médico por casi 4 años. 

¿A qué viene todo esto? A que estoy empezando a pensar que es raro saber que uno nunca va a solucionar todo pero aun así vivir como si fuera posible. Que no puedo perseguir con mis actos una idea que no tengo, esa de que en un momento voy a haber arreglado todo lo que me aqueja y solo van a tener lugar las cosas buenas. Que la semana que viene ya voy a estar más tranqui y nos juntamos a tomar algo. Siempre pasa todo junto. 

Así que hoy te propongo que nos despeguemos de la equiparación entre la ciencia y esta sensación. Eso de que lo que hace la investigación es encontrar soluciones, sacarnos problemas de encima. Y que, más bien, como nosotros, hace lo que puede con lo que hay.

Sigo dando vueltas de madrugada

Encerrarse para que el virus no pueda contagiarse y que bajen los casos, vacunarnos todos, un fármaco que haga que sea como una gripe normal. La ciencia como cierre definitivo de la pandemia, un borrón para la cuenta nueva. Lo que no pasó, lo que no está pasando. 

Siempre lo pienso cuando leo el news de Tomi, y Lauti lo dijo también en #RuidoDeMate cuando leía la edición de la jornada (señora, qué pesada, no habla con otra persona o qué): Argentina elimina el cupo de ingresos al país y mientras tanto Rusia impone restricciones por el aumento de muertes. Las definiciones precisas parecen ser patrimonio exclusivo de la Scaloneta, pura alquimia.

Acá vamos entonces con otro coronanews, pero esta vez sin intenciones de ordenar, de concientizar ni de desmitificar, solo para estar al tanto:

1- El título se autoexplica: “Coronavirus: un estudio reveló que los memes también ayudan a superar la pandemia”. Primero lo primero: ¿dónde está mi Nobel de la Paz? o, al menos, ¿por qué los Barbielievers no están amotinados en la puerta de Carlos Pulitzer?

Segundo, el contenido. Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania entrevistaron a 748 personas de entre 18 y 88 años de forma virtual en diciembre de 2020. La muestra no fue muy representativa, sobre todo en términos étnicos: 72.2% eran personas blancas y el 54,7% mujeres. La tarea consistió en seleccionar cientos de memes populares y clasificarlos según si tenían animales o humanos, si los humanos o los animales eran jóvenes o viejos y si el chiste era sobre el coronavirus o no. Después, un grupo de participantes calificaron los memes en función de su graciosidad (?) y ternura para usar en la encuesta solo los que se consideraron tan tiernos como divertidos.

La mayoría de los memes se usaron en su versión original, pero algunos se modificaron para comparar qué pasaba si se presentaban en dos versiones: relacionados con coronavirus y sin relación.

Primero se preguntó a los encuestados con qué frecuencia se habían sentido nerviosos o estresados en el último mes y otras cosas sobre sus emociones. Después les mostraron 3 memes asignados de manera aleatoria que mostraban al mismo tipo de sujeto (humano o animal), el mismo nivel de ternura (sujeto adulto o bebé) y chiste (relacionado o no con el virus). A algunos les metieron texto plano sin imagen entre las opciones a modo de control.

Después de verlos, las personas reportaron sus niveles de ansiedad y de calma, relajación y alegría, así como en qué medida consideraban que los medios de comunicación habían contribuido a darles información y herramientas para confiar en su capacidad para lidiar con la pandemia o aliviar el estrés. 

Las personas que vieron memes con textos relacionados con el coronavirus resultaron tener menos estrés respecto a la pandemia, aunque quienes vieron los de bebés humanos o animales medio que se desviaron del tema. Jessica Gall Myrick, la autora principal del trabajo, dijo: “Los defensores de la salud pública o los organismos gubernamentales podrían beneficiarse del uso de los memes como una forma barata y de fácil acceso para comunicar al público los acontecimientos estresantes, aunque deberían evitar los memes demasiado bonitos. Las emociones positivas asociadas a este tipo de contenido pueden hacer que la gente se sienta psicológicamente más segura y, por tanto, más capaz de prestar atención a los mensajes subyacentes relacionados con las amenazas para la salud”.

A mí me parece una conclusión un poco grandilocuente para un estudio pequeño que midió una cuestión tan compleja como la confianza en la información y el estrés con una muestra pequeña, indicadores simples y el fenómeno en cuestión muy avanzado. Pero que me sirve, me sirve.

2- Entre las cosas menos determinantes de la pandemia una fue sin dudas la comparación de indicadores entre países, lo que no quiere decir que las ciencias no hayan hecho algo inmensamente útil al recopilar los datos, presentarlos e interpretarlos. El abstract de este trabajo tira un buen acercamiento al problema que supone querer cotejar el indicador de mortalidad:

Comparar el impacto de la pandemia de COVID-19 entre países a lo largo del tiempo es difícil porque las cifras de casos y muertes notificadas pueden verse muy afectadas por la capacidad de análisis y la política de notificación. El exceso de mortalidad, definido como el aumento de la mortalidad por todas las causas en relación con la mortalidad esperada, se considera ampliamente como un indicador más objetivo del número de muertes por COVID-19. Sin embargo, no ha habido ningún repositorio global frecuentemente actualizado de los datos de mortalidad por todas las causas en todos los países. Para llenar este vacío, hemos recopilado datos semanales, mensuales o trimestrales de mortalidad por todas las causas de 103 países y territorios, disponibles abiertamente como el Conjunto de Datos de Mortalidad Mundial actualizado regularmente. Utilizamos este conjunto de datos para calcular el exceso de mortalidad en cada país durante la pandemia de COVID-19. Encontramos que en varios de los países más afectados (Perú, Ecuador, Bolivia, México) el exceso de mortalidad fue superior al 50% de la mortalidad anual prevista o superior a 400 muertes en exceso por cada 100.000 habitantes (Perú, Bulgaria, Macedonia del Norte, Serbia). Al mismo tiempo, en varios otros países (por ejemplo, Australia y Nueva Zelanda) la mortalidad durante la pandemia estuvo por debajo del nivel habitual, presumiblemente debido a las medidas de distanciamiento social que disminuyeron la mortalidad infecciosa no relacionada con la COVID. Además, descubrimos que mientras muchos países han estado informando de las muertes por COVID-19 con gran precisión, otros han estado subestimando sustancialmente sus muertes por COVID-19 (por ejemplo, Nicaragua, Rusia, Uzbekistán), hasta en dos órdenes de magnitud (Tayikistán). Nuestros resultados ponen de manifiesto la importancia de una notificación abierta y rápida de la mortalidad por todas las causas para la vigilancia de la pandemia.

¿Los resultados? Acá podés verlos todos pero te dejo este gráfico con los 10 países con más muertes en exceso ordenados según cantidad total de muertes en exceso; muertes en exceso cada 100 mil habitantes; muertes en exceso como porcentaje de las muertes anuales esperables; y subregistro expresado como cantidad de muertes en exceso sobre las muertes por COVID notificadas en la misma fecha. Como verás, Argentina no figura en la lista. 

3- Si faltaba algo para reforzar que Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado y las ciencias no lo han reemplazado, es que una pandemia no es una plaga. No nos azota hasta la redención, sino que sigue acá más allá de nuestra voluntad y esfuerzo (con nuestra quiero decir la tuya y la mía, no la de Monsanto & cía.). 

En este artículo se esboza de forma ensayística algo que venimos conversando hace rato: es probable que esta pandemia sea una era, no una crisis circunstancial. ¿Podríamos decir que la pandemia terminó aun sin casos ni muertes mientras muchos de nosotros aún estemos lidiando con las consecuencias psicológicas de haber vivido prolongadamente con miedo a la enfermedad y la muerte en aislamiento?

"Una pandemia como la del Covid-19 supone una ruptura de la narrativa progresista", según la cual la medicina avanza y las enfermedades se vencen, dice el Dr. Jeremy Greene, un historiador de la medicina de la Universidad John Hopkins.

La ciencia como solución vuelve al lugar de la fantasía: poder acelerar el tiempo, terminar con los problemas de una vez y para siempre.

Un corazón distraído puede arrastrar tu destino

Este perfil de una ex homeópata no tiene desperdicio. Durante años, Natalie Grams prescribió globulitos, tinturas madre y ungüentos a quienes llegaban a su consultorio en la ciudad alemana de Heidelberg. Un día, le agarró una infección viral aguda y su familia llamó a una ambulancia. En el camino, para distraerla, le preguntaron qué hacía. Dijo que era médica. Le preguntaron de qué especialidad. Mintió, dijo que generalista. Algo le hizo ruido. ¿Por qué esos doctores podían salvar vidas y ella no? Unos años después, se transformó en la voz crítica de la homeopatía más importante de Alemania y se acuerda de ese viaje en ambulancia como la primera vez que, de alguna manera, sintió que “no era algo bueno ser homeópata”.

El primer acercamiento de Grams a la homeopatía fue luego de un accidente de auto en el que no sufrió lesiones físicas, pero que le causó taquicardia, ataques de pánico y desmayos. En ese momento era estudiante de medicina y consultó a varios profesionales del campo que no daban con un diagnóstico. Alguien le sugirió que fuera a ver a un heilpraktiker, un tipo de naturópata alemán que ofrece terapias alternativas que van desde la acupuntura a los masajes, el reiki y la homeopatía. Le preguntaron sobre sus sentimientos y el accidente por primera vez. Le recomendaron que fuera a ver a alguien especializado en traumas. Sus síntomas fueron desapareciendo. Cambió de cirugía a medicina general, tomó cursos de terapias alternativas por las noches, a la mitad de su residencia médica, dejó para ser aprendiz de un homeópata.

En 2011, un grupo de periodistas entrevistó a Grams para un libro sobre homeopatía. Le preguntaron, en una escala de 1 a 100, cuánto creía en la disciplina. Contestó sin dudar: 100. Estaba ansiosa por leer el libro. Resultó que se llamaba “La mentira de la homeopatía”. Quiso responder, se peleó con gente en las redes, no funcionó. Decidió escribir su propio libro en defensa de la homeopatía. No pudo, no encontró información fidedigna para sostener sus creencias. Escribió otro: “La homeopatía reconsiderada”, se volvió una estrella mediática.

En 2019 le volvieron a preguntar si los remedios homeopáticos funcionan. Respondió que “no más allá del efecto placebo”. Hoy, “Grams afirma que mientras la homeopatía se trate como una opción complementaria -y no como un sustituto de los tratamientos convencionales- no hay necesidad de prohibirla. Ella y otros escépticos recomiendan seguir la estrategia del Reino Unido y Francia, donde los sistemas de salud pública ya no pagan por ella. El gobierno alemán, sin embargo, se ha mostrado reacio a dar este paso. En 2019, el ministro de Salud, Jens Spahn, dijo que el sistema sanitario público solo gasta 20 millones de euros al año en remedios homeopáticos, es decir, aproximadamente el 0,05% del presupuesto del sistema para medicamentos. "Simplemente decidí que está bien así como está", dijo Spahn a la televisión pública alemana.

Aturdida la música

Si las ciencias no son una solución, la música menos, ¿no? Sin embargo en este news creemos que las dos cosas son cruciales, no para arreglar, sino para mejorar. Por suerte, no somos los únicos. 

Van dos iniciativas de ciencia musical muy piolas:

1- En este video de Música por la ciencia, la guitarrista y cantante Clara Cantore y la viróloga Andrea Gamarnik construyen una historia musical del quehacer científico en pandemia. 

2- Los amigos de Nerdearla armaron #HolaMundo, un disco infantil con 6 canciones de temáticas nerd para que las ciencias y la tecnología sean un futuro deseable en la imaginación de niños y niñas. Si no tenés infantes cerca no importa. Entre el 20 y el 23 de octubre ofrecen más de 150 charlas y talleres 100% gratuitos. 

Tu cuerpo se está aniquilando

Si seguimos hablando de cosas que no solucionan nada, podemos ir a la obviedad más obvia: la guerra. Por algo se llaman conflictos bélicos y no pactos bélicos (ah, pero qué fina eh, qué nivel de análisis tan sutil, cero burdo, cero generalista). Ahora bien, hasta acá venimos sosteniendo que no podemos pretender que las ciencias sean resolutivas pero sí mejoradoras. ¿Alguna vez una guerra mejoró algo? ¿Y entonces por qué las ciencias están tan íntimamente ligadas a su desarrollo?

No voy a responder ninguna de estas preguntas porque la que principalmente nunca soluciona nada soy yo. Peeero, este artículo sobre las pruebas de un arma orbital china me re gustó y, bueno, forcé un poco la manera de meterlo en esta edición.

Va un resumen:

  • ¿Qué fue lo que se reportó? Que la milicia china testeó, sin avisarle a nadie, un misil nuclear hipersónico que salió de la atmósfera, orbitó la Tierra y volvió, pifiándole al objetivo por dos docenas de millas. Todo a una velocidad mayor que la del sonido. ¿Las fuentes? Todas anónimas. 
  • ¿Los comentarios del gobierno chino? Fue un vehículo espacial reutilizable parecido a los que muchas compañías del mundo están probando. En un principio habían dicho que iban a hacer la prueba en agosto pero después dijeron que la hicieron en julio.
  • ¿Es cierto que el lanzamiento sorprendió a todos? Probablemente no. El punto sensacionalista de la cuestión -lo del misil hipersónico orbitando la Tierra y pegando la vuelta- no es muy novedoso. La tecnología fue desarrollada en los 60 por la Unión Soviética. Se conoció como Sistema de Bombardeo de Órbita Fraccional porque no daba toda la vuelta al planeta, solo hacía una parte de la órbita. Según expertos, el alarmismo fue exagerado, porque cualquier país que pueda poner algo en el espacio puede hacer este tipo de arma. 
  • Lo de que viaje más rápido que el sonido también es noticia vieja. Estados Unidos comenzó a investigar esa tecnología hace más de medio siglo y un informe de la Corporación RAND en 2017 dijo que más de dos docenas de naciones, incluida China, estaban experimentando con vuelos hipersónicos. Corea del Norte también afirmó que había probado un arma de este tipo recientemente.

O es que tu cama se incendió

En las horas que pasaron desde que arranqué a escribirte hasta ahora, no solo no solucioné nada, sino que mi tortuga empeoró. Está muy muy enferma. Mientras lloraba junto a mi primera amiga y le movía la patita para que le entre mejor el suero, lidié con un malentendido doméstico que, por supuesto, resolvió mi mamá. Pero volví y terminé esta carta, que no será una solución pero es una respuesta, que, como la ciencia, lidia con lo probable más que con lo definitivo.

Te mando un beso enorme,

Agostina

p/d: las refes de este news son de esta canción que, como la ciencia, nunca sé si me pone contenta o triste pero que seguro me encanta.

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Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.
@Bcientifica

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