Off the record

El fluctuante año de Albertina y la peligrosa sciolización de Horacio

La convivencia dentro del FdT está más difícil que al principio. Las expectativas de Guzmán y los obstáculos que encuentran sus proyecciones. Las dificultades que enfrenta el jefe de Gobierno porteño frente a la hiperactividad de Macri. Balance del primer aniversario oficialista: hablan Juan Germano y Federico Aurelio. Y una apostilla sobre Venezuela y Uruguay.

Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. Que hoy sea 8 implica, con certeza, que mañana es 9/12. Que todos sepamos qué significa esa fecha me exime de más comentarios, pero como este es un espacio ecuménico y plural, pongámonos en marcha con una de las últimas entregas del año.

Todos miran a octubre

El discurso de Martín Guzmán mostró un cambio durante el cierre de la 26° Conferencia de la Unión Industrial Argentina. En la conversación con Diego Coatz, el ministro sostuvo que “la recuperación económica empieza a ser más sólida” y dejó atrás la mención a “un leve crecimiento heterogéneo en distintos sectores”. El titular de Economía se apalanca en los datos que arroja la actividad con tres meses de subas consecutivas y con la recaudación creciendo por encima de la inflación en el mismo período de tiempo. El IPC que se conocerá en los próximos días rondará el 3%, lo que proyecta una suba anual de precios entre el 34 y 35%.

Si este número se consolida, el Gobierno intentará mostrar el vaso medio lleno: detrás de la UOM y los trabajadores del azúcar, la mejor paritaria habrá sido la de los jubilados. Además, según números del ministerio de Trabajo, el salario real formal no registró una caída, algo que sí había ocurrido en tres de los últimos cuatro años y sin la pandemia que le originó al Reino Unido la peor crisis en su economía en 300 años.

El vaso medio vacío es más evidente: recesión, inflación contenida, tarifas atrasadas, suba de la pobreza, la indigencia y el desempleo tensionan un 2021 que tendrá para el Gobierno como uno de sus desafíos fundamentales controlar el traslado a precios. Máxime si se tiene en cuenta que este año no aumentaron las tarifas y en el 2021 deberán, como mínimo, acompañar a la inflación. Acá el Gobierno encuentra otro obstáculo. Atento al sendero fiscal, Guzmán insiste con que el nuevo cuadro tarifario tenga su embrión en el primer mes del año. El Presidente también, pero por otro motivo: mientras más cerca de las elecciones se ejecute el ajuste, mayor costo político tendrá para un oficialismo al que promete no sobrarle nada en caso que la segunda ola vuelva a ralentizar la economía.

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En el esquema de trabajo tripartito que completa el secretario de Energía, Darío Martínez, el Presidente entiende que hasta marzo no será posible presentar el nuevo esquema de tarifas por la demora que van a provocar las audiencias públicas. Esquivar esta instancia es un ejercicio que ya ensayó el ex ministro Juan José Aranguren y la disciplina terminó con un revés de la Justicia para la decisión oficial. Mientras tanto, Fernández confía en privado que “va a cambiar la lógica de subsidiar a todo el mundo”. Una de las posibilidades será que continúe y se precise la tarifa social; que otro sector costee los aumentos que acompañen el costo de vida y otros -los menos- que paguen la tarifa plena. En la proyección del Gobierno, el año que viene los salarios van a crecer al menos cuatro puntos por encima de la inflación y la economía lo hará por encima del 5%. Es más: en Economía advierten una situación cambiaria que, esperan, les permitirá ir reduciendo de a poco la retención de Ganancias en la compra de dólares producto de una caída en la presión de la demanda.

Sin embargo, las perspectivas esperanzadoras que tiene el Presidente dependen de un factor que el Gobierno no puede controlar -al menos en su totalidad- y es la segunda ola del coronavirus. Desde el comando de vacunación sostienen que, tal vez -sólo tal vez-, esa situación sea, en Argentina, distinta a la de Europa por tres motivos: estaremos aún con temperaturas cálidas, la curva de contagios criolla es muy diferente a la de -por ejemplo- España, y para ese momento debería haber más de 10 millones de personas vacunadas. 

Mientras tanto el Presidente tuvo un motivo para celebrar que fue opacado rápidamente. La conversación con el presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden, dejó muy contento al gobierno argentino. En esas gestuales reglas de protocolo, la comunicación que iba a durar 10 minutos terminó concluyendo a los 35 con mención a Francisco mediante. Fernández le dijo a su par americano que ambos querían al Papa. Biden recordó que él era el único católico en la Casa Blanca cuando el Santo Padre visitó su país y por eso se le encomendó acompañarlo. El encuentro siguió con anécdotas cruzadas que involucraron la visita de Bergoglio a la casa de la familia Biden en Philadelphia después de la muerte de su hijo que era fiscal de Estado y del presidente argentino sobre un intercambio que tuvo en Roma hace algunos años.

Tristeza não tem fim, felicidade sim. A las horas de la comunicación con Biden, el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, que no participó del encuentro por haber equivocado la sede -a la mañana había ocurrido el cónclave con Jair Bolsonaro en Olivos, pero la charla con Biden fue en Casa Rosada-, aseguró que le habían pedido correr al director de Estados Unidos en el FMI, Mark Rosen. Rosen había tenido palabras muy duras para nuestro país en una carta que ya contamos en este espacio.

El enojo de Fernández dura hasta hoy. El Presidente pensó en pedirle la renuncia a su canciller a quien le reprocha más sus apariciones públicas que la política exterior. Ayer por la mañana, Solá pretendía expedirse a través de un comunicado con preocupación sobre las elecciones en Venezuela y Alberto se lo prohibió. 

La elección legislativa del país gobernado por Nicolás Maduro terminó en una derrota para casi todos los interesados, internos o externos. Las múltiples irregularidades como la intervención judicial de varios partidos políticos opositores, la proscripción de candidatos -similar a Ecuador, donde el órgano electoral toma decisiones similares sin que a casi nadie parezca molestarle-, el boicot de la oposición mayoritaria -que deriva en un gobierno institucionalmente fortalecido por casi el 70% de los votos válidamente emitidos-; y la pérdida de legitimidad de origen de la mayoría legislativa opositora por el cumplimiento del mandato constituyente un combo muy dañino para cualquier salida negociada.

Poco tienen para festejar Maduro y los suyos que se ubicaron más de un millón de votos por debajo de la votación obtenida en la derrota de 2015, perforando el piso histórico de sufragios chavistas, con una participación que arañó el 30% en total. La oposición aparece fragmentada y sin lugar en las instituciones estatales. 

El rechazo a reconocer los resultados de la elección, expresado por los Estados Unidos y la Unión Europea, así como varios países de la región, contrasta con el rol de Evo Morales y Rafael Correa, que oficiaron de veedores para legitimar al gobierno. 

Queda entonces una sola certeza: Venezuela seguirá siendo tema de controversia y la posición argentina favorable a una negociación política tiene menos posibilidades después del último domingo.

En este marco de aciertos y errores se enmarca el aniversario del primer año de gestión del binomio Fernández-Kirchner. Los ejes de disconformidad por parte de la vice son dos: la relación con la Justicia y cierta indolencia en la gestión del Estado. CFK entiende que sin una modificación de las estructuras del Poder Judicial, cualquier iniciativa puede ser frenada en los tribunales. La Corte no le hizo un favor al Presidente: con el 280 en el caso de Amado Boudou -que fue una demostración de poder mucho antes que un apego a la norma- se acercaron más a los métodos de Comodoro Py que dicen despreciar que al lustre con el que se autoperciben. Otros integrantes del Frente de Todos -y no precisamente del universo kirchnerista- entienden que la única manera de resolver ciertos conflictos es reactivando algunas causas de ex funcionarios macristas. No por nada hace algunas semanas atrás, Marcos Peña se ufanó en una comida privada por su calma judicial: “Ni siquiera empecé a gastar en abogados”. 

Balance y después

Para el director de Isonomía, Juan Germano, el Presidente termina, en términos de imagen, “unos puntos debajo del 50% de aprobación, lo cual es más que positivo”. “Está teñido por la idea de haber desperdiciado esos casi 80 puntos de popularidad de manera un poco rápida”, amplía ante la consulta de #OffTheRecord. Coincide el titular de Aresco, Federico Aurelio: “Es un balance equilibrado: la mitad de la sociedad lo acompaña y la otra mitad tiene una valoración crítica del primer año de gestión”. 

Germano sostiene que “no es posible hacer un análisis sin vincularlo con la pandemia, pero sí que uno de los principales problemas que se le vio al Gobierno fue la capacidad de respuesta y de reacción; mucho tiene que ver con cómo fue solucionando la complejidad que representa la coalición de gobierno con una distribución horizontal de cargos en el gabinete y una segmentación vertical en cada uno de los ministerios”. “También hay un estilo de gestión que tiene el Presidente de micromanagement que a veces hacen que los procesos tarden más de lo habitual”, explica. 

Con las legislativas como horizonte mediato, Aurelio asegura que “la unidad del Frente de Todos le permite una fortaleza que no tendría yendo separado”. Para el director de Aresco, “hoy se hablan de nuevos espacios políticos que beneficiarían al oficialismo porque fragmentaría ese 50% que no acompaña al Gobierno, sobre todo teniendo en cuenta que en una legislativa uno ve más dispersión del voto” y ve que “el liderazgo de Larreta no se llega a concretar”. “Hay que tener en cuenta que el 2017 fue una buena elección de Cambiemos y es la que se renueva ahora. Entonces el desafío es más grande para la oposición que para el peronismo que no hizo una gran elección aquel año”, recuerda Aurelio.

“Veo a una clase política lejos de la gente, con la brújula desmagnetizada. El oficialismo tiene que hacer un trabajo muy profundo en el mejor de los sentidos de la palabra relato para que la responsabilidad de la situación económica recaiga sobre el concepto de pandemia y no sobre el de cuarentena. En frente hay una oposición que no tiene resuelto el qué pasó y cómo recobrar cierta confianza del electorado que lo acompañó en 2015 y luego le dio la espalda”, concluye Germano.

La embrionaria y peligrosa sciolización de Horacio

El episodio empezó en un almuerzo ocurrido en marzo entre el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, del que también participó unos cuantos minutos Máximo Kirchner. El objetivo del encuentro era proponer una agenda de trabajo conjunta y suturar viejas heridas heredadas de la última administración de Cristina Fernández de Kirchner. “Probemos a ver cómo nos llevamos”, fue la lacónica respuesta del Gringo. 

El primer test fueron las elecciones en Río Cuarto con el artefacto del FdT, cordobesismo incluido. Si bien el intendente Juan Manuel Llamosas gozaba de popularidad, JxC encontró un muy buen candidato en el momento indicado: médico en pandemia y de origen radical, Gabriel Abrile llegó a estar 15 puntos por encima en intención de voto que el jefe comunal del peronismo. Con el amparo del control casi total de la agenda de medios en Río Cuarto de la mano del hermano del Coti Nosiglia, la oposición nacionalizó la elección así como hizo en su momento con Marcos Juárez: Patricia Bullrich, Alfredo Cornejo y Mario Negri apoyaron a Abrile con la esperanza de lograr un triunfo en la primera instancia electoral durante el mandato de Fernández. No ocurrió.

Días después, los diputados de Córdoba Federal acompañaron al Gobierno en la quita de la coparticipación. Esto generó un episodio interesante. Quien marcó el pulso político de JxC no fue Larreta, el presuntamente perjudicado, sino Macri. En un hilo de tuits en el que lamentó la postura de Córdoba, el ex Presidente dejó en evidencia al jefe de Gobierno porteño que expuso varias horas después. ¿No podía esperarlo? ¿No lo hablaron? La acción parece haber sido deliberada y lo deja a Larreta en un lugar incómodo, similar a aquel Daniel Scioli al que le pedían una muestra de rebeldía que no podía o no quería dar. Y, sobre todo y al igual que Horacio, no le convenía. 

En la conferencia de prensa que dio en la sede del gobierno porteño, Larreta estuvo acompañado por su vice, Diego Santilli, el encargado de llevar la relación con las provincias. En primera fila se lo podía ver al cordobés Negri. ¿Era necesaria la presencia del crítico más pertinaz de Schiaretti después de los tuits de Macri y la respuesta de Córdoba Federal? Larreta necesita a Córdoba si quiere ser presidente. O, como mínimo, necesita la neutralidad de Córdoba. ¿Lo advirtió el PRO porteño? ¿O no le dio importancia? Son preguntas que parece pertinente hacerse de cara a una elección legislativa donde los ojos estarán puestos en quien definirá las listas en la Ciudad y la Provincia.

El conflicto por la coparticipación perjudica la estrategia del mandamás porteño. A Larreta lo nacionalizaron con el costo encima y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ya tiene medido que es un tema que no seduce demasiado al conjunto de las provincias argentinas. Larreta se nacionalizó revecinalizado. Una discusión del pago chico que, además, se advierte como una defensa del dinero del distrito más rico del país. 

Si bien el jefe de Gobierno porteño tiene mayor capacidad de trabajo y un distrito más amigable para gestionar -donde su gestor es Presidente hasta que se demuestre lo contrario-, el primereo del jefe político del espacio, su nacionalización decidida por sus rivales y con un tema que le es esquivo y mucho tiempo antes de lo que él hubiera querido -lo que da más tiempo para detectar las imperfecciones-, ponen un alerta sobre el riesgo que corre Larreta con la experiencia Scioli en el pasado reciente.

Tabaré que no ni no

El fallecimiento de Tabaré Vázquez, quizás el más moderado de los dirigentes de centroizquierda que llegaron al poder como parte de la "ola rosada",  permite un balance de todo lo que puede cambiar un gobierno, incluso uno sin grandes voluntades rupturistas, si tiene un rumbo político claro. Programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables -a imagen del resto de la región- que permitieron al país pulverizar la indigencia. También como Argentina y Brasil, pero antes, un régimen laboral para trabajadores y trabajadoras rurales y de casas particulares, una reforma impositiva moderada, pero progresiva, y una multiplicación de más de cuatro veces de la cobertura de salud a partir de la intervención estatal. Sindicatos fortalecidos y un régimen público de asistencia en las tareas de cuidado. Modificación  agresiva de la matriz energética hacia fuentes renovables y un enfrentamiento con las grandes tabacaleras que terminó en una victoria en el CIADI. 

Todo eso en un país que aprovechó el aumento de la demanda china para crecer de forma ininterrumpida durante los años del Frente en el gobierno, y con la inflación bajo control. Tabaré no fue protagonista, e incluso se opuso durante su primera presidencia, a los mayores avances sociales uruguayos, la legalización del aborto y de la marihuana, pero aquellas oposiciones fueron enmendadas durante el gobierno de José Mujica. El gobierno del Frente Amplio, construido en gran medida a su propia imagen, es una muestra de los grandes y significativos cambios que se pueden lograr sin estridencias. 

Bonus track

  • Avanza la eliminación de las PASO por pedido de los gobernadores oficialistas y opositores a excepción de Suárez y Larreta. Gustavo Valdés, uno de los más interesados en que ocurra para evitarse el lío catastral con Ricardo Colombi.
  • La semana que viene se terminarán de juntar los votos para mandarle la nota al PEN para que Eduardo Farah vuelva a la Cámara Federal. También el oficialismo en el Consejo promueve a Alejandro Cattania -juez penal económico que iría a la Cámara del mismo fuero-, un magistrado de histórica cercanía con Darío Richarte y Diego Pirotta, compañero del colegio de Augusto Costa y Paula Español.

Antes del libro, te quiero recordar que –producto de la situación global y del rubro en particular, pero también del ethos de Cenital– abrimos la posibilidad de que seas parte del proyecto a través del sistema de apoyo económico para poder seguir creciendo. La semana pasada entregamos nuevas becas para estudiar idiomas en el CUI y otros beneficios para la comunidad.

La recomendación de hoy es Meditaciones de Marco Aurelio.

Ojalá hayas disfrutado de este correo tanto como yo. Estoy muy agradecido por tu amistad que, aunque sea espectral, para mí no tiene precio.

Iván

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Soy director de un medio que pensé para leer a los periodistas que escriben en él. Mis momentos preferidos son los cierres de listas, el día de las elecciones y las finales en Madrid. Además de River, podría tener un tatuaje de Messi y el Indio, pero no me gustan los tatuajes. Me hubiera encantado ser diplomático. Los de Internacionales dicen que soy un conservador popular.
@ischargro

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