El fantasma de un nuevo genocidio

La ofensiva conjunta de Azerbaiyán y Turquía ha avanzado a lo largo de la frontera con Irán y amenaza con aislar los núcleos de mayor población armenia en Artsaj del territorio de la República de Armenia.

Entre la incertidumbre causada por la pandemia, las elecciones que devolvieron la democracia a Bolivia y la posibilidad de que Donald Trump pierda su reelección en los Estados Unidos, una guerra que sucede en el Cáucaso pasó casi desapercibida para portales y canales de noticias. No debería ser así.

La invasión de Azerbaiyán, apoyado por armas y mercenarios sirios provistos por Turquía, del territorio de Nagorno-Karabaj ha llevado a más de 150 mil armenios en ese territorio -que constituyen más del 99% de la población total y que, de acuerdo al principio de autodeterminación de los pueblos, decidieron proclamarse como una república independiente, la República de Artsaj- las peores memorias del pasado.

La comunidad armenia en la Argentina es una de las cuatro diásporas más grandes del mundo, estimada en casi 150 mil personas, sobre todo presente en Buenos Aires, pero también importante en Córdoba. Está compuesta por los descendientes de los sobrevivientes del Genocidio que, entre 1915 y 1923, el Estado turco llevó adelante contra la población armenia en las que, durante milenios, habían sido sus tierras. 

En el marco de la Primera Guerra Mundial, el gobierno de los llamados Jóvenes Turcos ordenó el desplazamiento forzoso de la población armenia establecida en la actual Turquía y dio inicio a un proceso de años que terminaría en el asesinato de un millón y medio de armenios, a través de matanzas sucedidas a una escala hasta entonces inédita en el mundo, y también por inanición en las marchas forzadas. 105 años después, la República de Turquía sigue negando la existencia del Genocidio a pesar de la abundante evidencia y los innumerables testimonios de víctimas y sobrevivientes.

A lo largo del siglo XX, Artsaj fue disputada en dos ocasiones por Armenia y Azerbaiyán. Si bien la presencia de la población armenia en la región está documentada desde hace más de dos milenios, las autoridades soviéticas incluyeron al territorio como una provincia dentro de la entonces República soviética de Azerbaiyán tras un conflicto a inicios de la década del 20. La voluntad de la población de desacoplarse de Azerbaiyán, al final de la era soviética, daría paso a una guerra en la que las fuerzas armenias, con un ejército mucho menos numeroso, recuperaron el control de la región, algo que se consolidó con la firma un cese del fuego en 1994.

Desde entonces, las fuerzas azeríes intentan volver a controlar el territorio. Contaron siempre con el apoyo de Turquía; los altos precios internacionales de los hidrocarburos en las últimas dos décadas permitieron a Azerbaiyán equiparse con modernos equipos y armamentos, con un gasto militar que en los últimos años triplicó al de Armenia. Sin embargo, más allá de incidentes, algunos de ellos serios, en las líneas de cese de fuego, no fue hasta que obtuvieron un decisivo apoyo de su aliado, Turquía, que las fuerzas azeríes decidieron invadir Artsaj, una ofensiva que se inició el último 27 de septiembre. Turquía niega su participación, pero hay pruebas de que el país, que cuenta con el segundo ejército de toda la OTAN, ha aportado mercenarios islamistas sirios, drones y aviones de guerra en respaldo de la agresión azerí.

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La ofensiva conjunta de Azerbaiyán y Turquía ha avanzado a lo largo de la frontera con Irán y amenaza con aislar los núcleos de mayor población armenia en Artsaj, incluyendo la capital Stepanakert, del territorio de la República de Armenia. Un movimiento así significaría el sitio de decenas de miles de armenios. La comunidad internacional, encabezada por Rusia, ha dado pasos concretos para facilitar unas muy necesarias conversaciones de paz, pero no ha garantizado con hechos o advertencias creíbles ningún cese del fuego verdaderamente duradero. Un sitio como el que buscan las fuerzas de Azerbaiyán apoyadas por Turquía obligaría al desplazamiento forzado de la población armenia de Artsaj. La idea misma de Turquía impulsando el desplazamiento de sus tierras milenarias de decenas de miles de armenios trae a los descendientes de los sobrevivientes del primer genocidio del siglo pasado las memorias más oscuras que pueden existir. No se puede permitir que el mundo vuelva a dar la espalda y que lo inimaginable, en cualquier medida, se repita.