Prepárense para perder

¿De qué se trata la Roma?

El modelo del gigante de Italia. El jugador de Israel que va a Emiratos Árabes.

Hola, ¿cómo estamos?

El pronóstico dice que va a llover, pero que mañana vuelve Messi.

El burofax en el que ladraba su salida estuvo al borde de dar vuelta lo poco normal que le quedaba a este mundo. 

Desde las 16, contra Villarreal. Ya sin Luis Suárez, que jugará para el Cholo Simeone.

“La verdad a esta altura no me sorprende más nada”, escribió el 10 en su Instagram, para despedir a su amigo.

Podría estar hablando de cualquier tema y tendría razón.

Todo o nada: ¿de qué se trata la Roma?

(Mañana, 15.45, va contra Juventus)

Ahora juegan con tres atrás.

“El ejercicio -explica Federico Fazio, defensor- depende de si el arquero es diestro o zurdo. Si es derecho, distribuye dos a la izquierda y uno de su lado más cómodo. A partir de ahí, depende del rival: cuantos más jugadores manden a presionar, más futbolistas bajan”. 

“Me llamó mucho la atención -relata Diego Perotti, extremo- porque conocía a entrenadores que hacían bajar a los mediocampistas. A lo sumo, a los extremos. Pero que le pidiera al nueve que descendiera al propio campo para iniciar la jugada, la verdad, no lo vi nunca”.

La premisa del director técnico, Paulo Fonseca, es que si un compañero está presionado, otro tiene que estar brindándole una alternativa de pase. Si los rivales no vienen, no hace falta bajar. Si te buscan, hay que agotar la existencia.

Pero Fazio explica la ventaja: “Lo que tiene es que los dos centrales contrarios no van a salir tan lejos, quizás lo haga algún equipo grande de Europa, pero al hacer bajar al delantero se genera superioridad. Si encima se suma el arquero, sos once contra ocho. Sacás ventaja desde el juego”.

En el placard del vestuario, tenía la pilcha preparada. Le ganaron al Manchester City de Pep Guardiola, pasaron a los octavos de final de la Champions League y encaró una conferencia de prensa que fue una fiesta: Paulo Fonseca, portugués, entrenador del Shakhtar Donetsk, apareció disfrazado del Zorro. Era una apuesta con el director deportivo. “Tenemos la responsabilidad de dar buenos espectáculos”, aclaró, pero no se refería a Don Diego de la Vega. Había arribado a Ucrania hacía dos años, sucediendo al mítico Mircea Lucescu, en una liga caracterizada por el fútbol híperdefensivo. En febrero de 2018, cayó en la eliminación directa contra la Roma, por gol de visitante, sin saber que un año después los adversarios lo contrarían.

Su himno de la alegría tiene su justificación: "Me gusta bromear con mis jugadores. Me gusta reír con ellos. La vida es demasiado buena para ser tan serio y a veces tenemos que romper paredes con chistes".

Fonseca es el director de orquesta de la Roma. En Ucrania, conquistó siete títulos. Con 47 años, forma parte de una generación increíble de entrenadores portugueses: Mourinho, Jorge Jesús, André Vilas Boas, Leonardo Jardim. Empujados, en algún momento, por Jorge Mendes, el agente más poderoso del mundo, con Cristiano Ronaldo como varita mágica. Su referente, sin embargo, estaba fuera de casa: Arsene Wegner, el francés que hizo del Arsenal un fútbol de culto.

A la liga italiana no le gusta que alguien de afuera le venga a opinar de táctica. Un orgullo nacionalista la aleja de la globalización. De los veinte equipos, apenas dos tienen entrenadores de otras nacionalidades. Ivan Juric, croata, en el Hallas Verona es el otro. Fonseca nació en Mozambique en 1973. Dos años más tarde, ese país se independizó como república, dejando atrás una colonización portuguesa que nació en 1498, cuando el conde Vasco da Gama llegó con sus barcas a esos suelos. Ese poco tiempo cambió su nacionalidad y su destino: no hay directores técnicos africanos en clubes top de Europa. 

La nacionalidad pesa en Fonseca a la hora de entender el juego. Su concepto de espectáculo rompe las viejas tradiciones italianas del catenaccio. Los tanos, sin embargo, viven un renacimiento con el juego: Maurizio Sarri, Antonio Conte y Gian Piero Gasperini comenzaron a jugar un fútbol de posición. El portugués ofrece un estilo que cautiva: “Mi filosofía es la de controlar y dominar el juego. Necesitamos tener el balón”. 

Perotti ensaya un razonamiento: “Todo se fue modernizando. El rival que más sufrí en mi vida fue el Barcelona de Guardiola. Tenían la pelota todo el tiempo y, cuando la perdían, saltaban a sacártela. Yo creo que ahora hay entrenadores jóvenes a los que de jugadores les tocó enfrentarse contra ese Barsa y les cambió la cabeza”.

La Roma ejerce otra característica de los tiempos modernos: su líbero es Bryan Cristante, originariamente volante central en Atalanta, devenido a defensor para capturar mejor la salida. Arranca con un esquema 3-4-3 que el propio juego va deformando. Su flamante refuerzo es Pedro, ex Barcelona y Chelsea. Lorenzo Pellegrini y Justin Kluivert -hijo del delantero holandés- brillan como extremos. Los números nueves son dos: el armenio Henrij Mjitaryán comienza de titular y el bosnio Edin Dzeko el suplente, aunque su continuidad está puesta en duda ya que lo pretenden la Juventus y el Inter. 

La primera fecha cayó contra el Verona. Frente a Juventus, pretende recuperar la alegría. Y, si no, el estilo ante todo, como declama Fonseca: “Soy alguien que ama el fútbol donde la calidad es más importante que ganar”.  

Dia Saba: un israelí que hace historia

La Guerra de los Seis Días fue el punto fuerte. Casi 25 mil muertes resultaron del conflicto bélico entre Israel y los países árabes -Egipto, Irak, Jordania y Siria-. Fue del 5 al 10 de junio de 1967. El 1 de septiembre del mismo año, se firmó el Acuerdo de Jartum, denominado así por hacerse en la capital de Sudán. El artículo 3 del tratado tendría vigencia 53 años. Se le llamó los tres no: no paz, no reconocimiento y no negociaciones. 

El 13 de agosto se anunció el acuerdo histórico para favorecer un proceso de normalización entre Israel y alguno de esos países. Emiratos Árabes Unidos, que hasta 1971 era colonia británica, se unió a este plan. Son los primeros pasos y está en etapa de nuevas medidas de seguridad, de tecnología y de economía. ¿Hoy es jueves de Mundo Propio? No. Pero el fútbol se metió más rápido que cualquier otra cosa. Un jugador es el comienzo del deshielo diplomático.

Dia Saba apareció en 2011, en el Maccabi Tel Aviv, como parte de la revolución joven. El mediocampista tenía aptitudes de delantero que lo volvían diferente: hacía goles. Por esos años, Yossi Benayoun ya estaba en el Arsenal, había sido una estrella del Chelsea y abría las puertas para que el mundo conociera a más jugadores israelíes. Eso ya era un logro en materia de exportación, aunque se veía imposible que un pase fuera un tributo diplomático.

Saba acaba de pasar a la historia: el Al-Nasr de Dubai, donde alguna vez jugaron el argentino Andrés Gugliemipietro y el italiano Luca Toni, lo compró por 3 millones de euros. El mediocampista de la Selección de Israel será el primer jugador de su país comprado por un equipo árabe. Tras una temporada en el Guangzhou de China, apostará a una liga que viaja en pleno desarrollo y que seguirá creciendo a medida que se acerque el Mundial de 2022, en ese país. 

La FIFA muchas veces tuvo una política más amplia que la ONU. En 1998, Joseph Blatter, presidente por esos días de la entidad con sede en Zurich, admitió a Palestina como una selección. "Vamos a tratar de utilizar la fuerza del fútbol y el espíritu deportivo para ayudar a los palestinos y a sus deportistas”, declaró, en un primer paso de un objetivo real que se propuso. En 2015, antes de que el FIFA Gate le pusiera contra las cuerdas, intentó un partido de la paz entre las naciones. Se reunió primero con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y con Mahmoud Abbas, su par palestino. Supo gambetear el pedido de unos y de otros para suspender al otro por razones geopolíticas. 

Los días de paz pueden llegar a favorecer a Israel desde otro escenario. El país con capital en Jerusalem forma parte del continente asiático, pero por motivos de seguridad fue inscripta en la UEFA (la CONMEBOL de Europa). Eso hace que tenga que jugar las Eliminatorias para los mundiales contra las potencias. Lo que, obviamente, le complica su llegada a las Copas del Mundo. Palestina integra la Confederación Asiática de Fútbol. Cambiar de rivales, sin dudas, le daría más chances de participar de un torneo al que solo pudo llegar en 1970.

Saba acortó las distancias de su llegada a Emiratos Árabes por su condición de musulmán. Es de las minorías árabes en Israel. Juega para esa Selección desde las juveniles. Su nivel en China no fue el mejor y, por eso, fue comprado por seis millones y vendido a la mitad. Todo eso termina siendo un detalle. El mediapunta ya quedó en la historia por ser el símbolo de una historia que, tras más de cincuenta años, parece encontrar un camino.

El Halcón al poder

Kermés, rifas, pastafrola y palo enjabonado. Tras pelearla y organizar a la comunidad, en diciembre de 1977, Defensa y Justicia logró afiliarse a la AFA como un equipo de fútbol profesional. El Santos, su primer rival de esta Copa, para esa fecha, ya había ganado dos Libertadores y Pelé se estaba retirando del fútbol en el Cosmos de Estados Unidos. Olimpia, su víctima de esta semana, dos años más tarde sumaría la primera de sus tres Libertadores. Hasta 2014, no había pisado la Primera división del fútbol argentino. Detrás de una de esas tribunas donde religiosamente se toca el himno argentino, había un matadero desde el que salía carne para toda la zona. En Florencio Varela, un viejo me asegura que si se lo contara a su abuelo muerto la actuación deportiva lo pondría en penitencia por estar haciéndole una broma. La avenida Novak, por donde se entra al Norberto Tito Tomaghello, apenas hace dos décadas, era de barro. Todo esto podría ser simplemente una narrativa, pero es el comienzo de una pregunta: ¿qué pasó para que ese club esté cerca de pasar a los octavos de final de la Copa?

Hay algo que parece heredarse en Florencio Varela. La valentía es una hermandad entre los entrenadores que pasaron por ahí: Diego Cocca, Ariel Holan, Jorge Almirón, Sebastián Beccacece, Juan Pablo Vojvoda, Mariano Soso y, ahora, Hernán Crespo. Porque este semana recibió a Olimpia, tetracampeón del fútbol paraguayo, no le tembló el pulso y ganó. No de cualquier forma. La propuesta fue 3-4-2-1, con dos wines como volantes por los costados. El esquema bien nombrado sería: 1-3-4-2-1. Porque Ezequiel Unsain, su arquero y capitán de 25 años, juega como un defensor más. En lo teórico, con esta disposición, cuando la pelota va hacia un costado, Defensa y Justicia queda con superioridad numérica de 3 vs 2 (volante central, enganche que desciende y carrilero contra dos presionadores). Pero cuando el de guantes funciona como salida lo que ocurre es que el defensor logra sumarse a ese grupo y ser, todavía, uno más. Lo que es afano.

El contrapunto del plan es lo que nos importa: porque ese sistema requiere riesgos. No es lo mismo la pelota en los pies del arquero que de un defensor: si el error es del 1 (como le sucedió al arquero de Tigre, Gonzalo Marinelli, esta semana contra Bolivar), es gol. El escenario acá era todavía más complejo: contra Santos, en el inicio, había perdido y, contra Olimpia, de visitante, también. ¿Por qué seguir apostando? Crespo reflexiona: “Para mí es fundamental que el equipo tenga identidad y sepa a qué juega, esa es la mejor manera de identificarse con la gente. En el fútbol como en la vida tratás de ser dueño de tu propio destino. De hacer las elecciones justas. Eso no es tan fácil, tiene mucho que ver con la docencia, con la metodología”.  

La voz del entrenador es un colchón de confianza. No cualquiera juega tres mundiales. Alguna vez admitió que jugando para Lazio, donde ganó la Supercopa de Italia, llegó a caminar por la calle sintiéndose un Beatle. “Hay que tener orden y disciplina para que el talento haga la diferencia”, grafica Crespo para explicar su ADN. Pero en un club que ya jugó la Sudamericana y que obtuvo dos subcampeonatos resulta fundamental mirar más profundo.

Pablo de Muner es el entrenador de la Reserva. Durante la pandemia, construyó un club de lectura y un campeonato de monografías para sus futbolistas. Los temas iban desde la Guerra de Malvinas pasando por el cuidado del medioambiente hasta las geografías de cada país que componen un mundial de fútbol. Todos, además, hicieron un curso sobre la relación de la literatura y el deporte. A eso se le agregan capacitaciones de videoanálisis futbolístico y charlas sobre nutrición. Eso se encuentra bajo la alfombra de Defensa y Justicia.

Pero no es lo único que se halla. Defensa y Justicia se clasificó a la Libertadores por haber salido subcampeón en 2019. De ese equipo apenas quedan el arquero, Ignacio Aliseda y Ciro Rius. En cada mercado de pases, el club se desarma. La razón es Christian Bragarnik, el representante más poderoso de Argentina, y gerente del club de Florencio Varela. Ahí se frena la pelota y comienza el intercambio de mercancías. Que puede llegar hasta Chile, donde es accionista de Unión La Calera. O hasta México, donde posee influencias en Tijuana. O, ahora, hasta España, donde es el mayor accionista del Elche. El club español ascendió este semestre a la Liga, bajo la conducción de José Rojo Martín, mejor conocido como Pacheta. A pesar del logro, le llegó la hora: lo reemplazó con Jorge Almirón, argentino, su entrenador fetiche, engranaje de su circulación en el mercado. A quien, además, siente que le debía un favor: lo llevó a San Lorenzo, le prometió en lujo, las cosas no anduvieron, el representante señaló a las debilidades institucionales como las responsables y adeudaba una buena oportunidad.

Que Boca, River y Racing se encaminan hacia la clasificación a octavos es una noticia que no deja de resultar llamativa debido al parate por el coronavirus. Defensa y Justicia no estaba en los planes y arremete contra dos históricos. Le queda viajar a Ecuador a jugar el próximo jueves contra Delfín, el otro integrante, algo más débil, y a Brasil, donde el Santos podría ya llegar clasificado. En Florencio Varela, toman carrera para una vez más hacer historia. 

Pizza post cancha

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Zequi

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Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.
@zequischer

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