Argentina, construir desde la adversidad y los pases

Los rastros de la escuela Pekerman en el cuerpo técnico y en el juego de la selección.

“Para nosotros, en ese momento, era un poco normal hacer un gol después de una serie de varios toques, de tener mucho la pelota. Hasta quizá pasaba un poco desapercibido”. Diego Markic está a 45 minutos en avión de Doha, del estadio 974, en el que Argentina derritió a puro pase el bloque defensivo de Polonia. Desde Dubai, Markic —ayudante del Vasco Arruabarrena en la selección de Emiratos Árabes Unidos, un hincha más ante Polonia— recuerda los años compartidos con Lionel Scaloni, Pablo Aimar y Walter Samuel en la selección juvenil dirigida por José Pekerman. Es el día siguiente a que Argentina hilvanara un gol después de 27 pases —o 37, si se omite una falta en el medio de la secuencia—, el 2-0 de Julián Álvarez, el que superó el récord de Alemania 2006, cuando la selección mayor de Pekerman concretó un gol tras 26 toques ante Serbia y Montenegro en Gelsenkirchen, en el debut mundialista de Lionel Messi. El autor del gol fue Esteban “Cuchu” Cambiasso, también presente en una tribuna ante Polonia. Porque Argentina se recuperó pasándose la pelota.

Markic fue campeón mundial Sub 20 en Malasia 97 junto a Scaloni, Aimar y Samuel, hoy entrenador y ayudantes en la selección que jugará ante Australia los octavos de final de Catar 2022. Volvió a cruzárselos en la previa del Mundial, cuando Argentina jugó el amistoso ante Emiratos Árabes en Abu Dabi. Pocos lo recordaron en las últimas horas: en Malasia 97, Argentina —Scaloni y compañía— perdió 4-3 ante Australia en el último partido del grupo. Una derrota, como la de la selección ante Arabia Saudita en el debut de Catar, que marcó al grupo. “Ya estábamos clasificados, pero no teníamos asegurado el primer puesto. Y cambiaba mucho salir primero o segundo. Rivales más fuertes y bastante viaje interno, más sacrificio, porque no eran los Mundiales de ahora, había menos plata y organización”, me cuenta Markic, capitán de aquella selección Sub 20. “Un par de errores nos hicieron pagar, enfrentarnos a Inglaterra y Brasil y viajar mucho. Pero, más allá de perder con Australia, nos hizo subir el nivel de concentración. Hicimos quizás el mejor partido de la primera rueda, pero perdimos. Son esos partidos que se dan muy cada tanto, como Argentina-Arabia. Llegaron cuatro veces y metieron cuatro goles. Un chico de Australia hizo los cuatro, su noche soñada”.

Si casi todos los argentinos conocen hoy a Scaloni —a “Scaloneta”, como contó que lo confundieron—, Kostas Salapasidis, el goleador de los cuatro goles, ni siquiera debutó en la selección mayor de Australia y, aquejado por una lesión de rodilla, jugó su último partido a los 25 años en el Parramatta Power, un club que ya no existe, anterior a la profesionalización del soccer en Australia, en 2004. Pero volvamos a la Argentina. “No sacó algo más de nosotros”, respondió Scaloni en la conferencia posterior a Polonia, en relación a la caída ante Arabia en el debut. Sea como fuere, esta selección se construye desde la adversidad. Si ganó la Copa América Brasil 2021 —en cuya edición pre pandemia se hubiera enfrentado a la invitada Australia— es porque perdió la Copa América Brasil 2019. Argentina sobrepasa la mala con carácter, pero no como argumento único. Es carácter y juego. Carácter y pases y toques. Hace las paces consigo misma a partir de “juntar pases”, como futbolizó Alexis Mac Allister. De la adversidad se sale a los toques. Si en el gol de Julián Álvarez la selección cinceló al menos 27 pases como parte de la gestación, en el 1-0, en el de Mac Allister, hubo 17.

Cuando vemos a Aimar en el banco de suplentes con un auricular en uno de sus oídos, el que le habla es Matías Manna, que suele ser reducido: “el videoanalista”. Manna observa el partido desde lo alto del estadio. “Cuando se complementan Paredes, Messi, Lo Celso y De Paul representan el estilo de la nuestra, del pase corto para llegar lejos, el verdadero estilo del fútbol argentino —me había dicho Manna en mayo—. Platini necesitó a Giresse-Fernandez-Tigana; Zico, a Andrade-Tita-Adílio; Cruyff, a Neeskens, Haan, Mühren. Los buenos mediocampistas de control pueden potenciar al mejor y, obvio, Messi mejoró a todos. El orden y equilibrio de un equipo son los pases”. Giovani Lo Celso se cayó por lesión antes de Catar. Pero ante Polonia, cuando movía la pelota con cadencia, la selección combinó a Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Leandro Paredes y Mac Allister con Messi. Lo rodeó, literalmente, como mostró @cortayalpie11. Fueron 867 pases —la cifra más alta de Argentina en Mundiales, desde que hay datos (Inglaterra 66)— con un 92% de precisión, ante 317 de Polonia con 77%. Fueron 23 remates contra 4. Apabulló Argentina.

Le pregunto a Markic si se le viene a la cabeza un gol con tantos pases previos en la era Pekerman con juveniles. Cita un gol de Aimar en la cancha de Ferro, en un amistoso de la Sub 23 que se preparaba para el Preolímpico (y que no clasificó a los Juegos de Sydney 2000). El gol es recordado por el gesto de incredulidad que Aimar le regaló a Riquelme después de haberle filtrado el pase-gol. Esa noche jugaron, además de Aimar, Scaloni y Cambiasso. Lo vemos y, sí, percibimos ese “orden y aventura” que es el fútbol, según lo definió César Luis Menotti, hoy director de selecciones de la AFA. “La forma de jugar de la selección —cierra Markic— tiene mucho que ver con José (Pekerman). Es lo que mamamos de chicos. Y en la forma de conducir, también. Han logrado una gran unión, un gran grupo con buen comportamiento y mucho respeto, lo que nos inculcaban. Están siguiendo esa línea”. En Catar, ellos tendrán el desquite con Australia.

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Soy periodista especializado en deportes -si eso existiese- desde 2008. Lo supe antes de frustrarme como futbolista profesional. Trabajé en diarios, revistas y webs (hoy en Tiempo Argentino, Acción, Relatores y más), colaboré en libros (Breve historia del deporte argentino, Rey de Fiorito y otros) y participé en documentales y series (La Patria Deportiva y Bestiario). Pero, ante todo, escribo. No hay día en la vida en que no diga -aunque sea para adentro- la palabra “fútbol”.