Dossier Diciembre 2001

Anne Krueger: “Argentina colapsó porque no pudo pagar su deuda”

Fue subdirectora Gerente del Fondo Monetario Internacional desde el 1 de septiembre de 2001 hasta el 31 de agosto de 2006. Accedió a esta entrevista vía mail.

Desde su punto de vista, ¿por qué la economía argentina terminó colapsando el 19 y 20 de diciembre? 

La economía argentina colapsó porque el país no pudo pagar su deuda. Las propias autoridades del país hicieron el anuncio en los días posteriores. Fue entonces que quedó claro que el cumplimiento del pago de la deuda no era posible y los acreedores reaccionaron intentando vender los títulos de deuda. Las autoridades entonces intentaron reaccionar para frenar ese pánico.

¿Qué grado de responsabilidad, si cree que tiene alguno, tuvo el FMI en la crisis argentina de 2001?

Desde mi punto de vista, el FMI reconoció los problemas que enfrentaba Argentina y fue, de hecho, muy colaborativo debido a las reformas que se habían llevado a cabo antes. Pero fueron reformas que quedaron incompletas y la inflación se había logrado frenar al vincular el peso con el dólar. Con la inflación, el peso se sobrevaluó. El FMI expresó sus preocupaciones en consultas del Artículo IV y en mensajes privados. Pero el organismo bajo ninguna circunstancia puede públicamente sostener que una moneda está sobrevaluada o que una deuda es insostenible.

¿Por qué? 

Porque una declaración así desencadenaría los eventos que justamente las autoridades estaban tratando de evitar. Pero el FMI, en definitiva, no tiene permitido, por su reglamento, prestar a un país en circunstancias tan insostenibles como era ese caso. 

El FMI le exigía al gobierno de De la Rúa un recorte de aproximadamente 4 mil millones de dólares en diciembre. ¿Qué evaluación hizo el organismo sobre el margen político que tenía el gobierno para anunciar e implementar un ajuste así? 

Cuando están en juego las obligaciones de deuda, el FMI tiene la exigencia por su estatuto de asegurarse que hay un camino sostenible de crecimiento que va a permitir financiar las obligaciones del servicio de la deuda. El FMI no podía otorgar más préstamos cuando el pago del servicio de la deuda era claramente insostenible hasta que se hicieran cambios en la política económica. Y las autoridades de entonces no consiguieron hacerlos. 

En una conferencia en 2002, hablando de la crisis argentina, usted citó el principio de Anna Karenina (“todas las familias felices se parecen pero cada familia infeliz lo es a su manera”) para hablar de las particularidades de esta crisis. ¿En qué sentido la crisis argentina fue diferente a la que vivieron otros países en ese momento? 

La crisis argentina fue diferente en varios sentidos. El hecho de que el peso estuviera atado al dólar impidió un ajuste del tipo de cambio, lo que derivó en que se tuviera que implementar el “corralito” para prevenir la salida masiva de capitales. Hasta diciembre, las autoridades tomaron varias medidas desesperadas que, de hecho, empeoraron la situación. Y, quizás lo más importante, hasta diciembre no se habían realizado los cambios políticos que podrían haber evitado la crisis. 

¿Recuerda alguna conversación con el gobierno argentino en el momento del estallido?

Una vez que se produjo el estallido las conversaciones directas con los funcionarios argentinos pasaron al equipo del FMI para Argentina. No recuerdo haber tenido contacto directo con las autoridades luego de la semana del 19 y 20 de diciembre. Ingresé al FMI el 1 de septiembre de 2001 y, para ese momento, las conversaciones entre el organismo y las autoridades del país ya llevaban mucho tiempo. Era evidente que había problemas graves. 

Soy politólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y director de la agencia de comunicación Monteagudo. Soy co editor del sitio Artepolítica. Nací en Olavarría, una metrópoli del centro de la provincia de Buenos Aires. Vi muchas veces Gladiador.
@TomiOlava
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