Opinión

Abandono escolar por pandemia: ¿el dólar blue llegó a $700?

Las consecuencias sociales de una devaluación así serían apenas comparables con la crueldad de la exclusión del sistema educativo de una parte relevante de toda una generación.

Según un estudio publicado en octubre del año pasado, un millón y medio de estudiantes abandonarían la educación como efecto del cierre de las escuelas argentinas por la pandemia. Es decir, en el ciclo lectivo 2021 se inscribirían un millón y medio menos alumnos que el año anterior. Para una idea de la magnitud del fenómeno, en la Argentina cada año abandonan menos del 1% de los chicos del nivel inicial y primaria y 10% del secundario, lo que en un promedio ponderado sería un 3% del total, que de un saque saltaría al 15% en 2021.

Para hacerlo comprensible, es como si el precio de hoy del dólar blue fuese de $700 en vez de $140: las consecuencias sociales de una devaluación así serían apenas comparables con la crueldad de la exclusión del sistema educativo de una parte relevante de toda una generación. Y eso, sin mencionar los efectos en términos de pulverización de ciudadanía, violencia urbana, economía del delito, entre otros.

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Cuando el investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Agustín Claus publicó en Abro Hilo la proyección de estudiantes que la Argentina abandonaría a su suerte, mi actitud fue de duda: sospechaba de la concreción de tamaña brutalidad y/o deseaba que fuese un error de cálculo. Sin embargo, la proyección se efectuaba sobre bases sólidas que debían considerarse seriamente. Quedamos a la expectativa.

Pues bien, ya estamos en 2021 y en muchas escuelas arrancan, como se puede, las clases presenciales. ¿Qué sabemos sobre ese millón y medio de estudiantes? ¿La tragedia ya ocurrió? ¿Está sucediendo? ¿El estudio era correcto? ¿Las predicciones resultaron reales?

Un problema para responder a estas preguntas es la falta de cifras oficiales. El sistema estadístico (Relevamiento Anual -RA-) existe sin cambios desde hace 25 años y, a diferencia de otros países latinoamericanos, no presenta datos en tiempo real por medio de una base nominal, por lo que sabremos el número de chicos al que hemos dejado atrás a mediados de 2022, como temprano, de acuerdo al ritmo usual de procesamiento. Y no sabremos a quiénes dejamos atrás: la información llega tarde y mal (digamos de pasada que el RA tampoco permite saber cuántos docentes hay en la Argentina).

Gobiernos de CABA, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, Entre Ríos, Rio Negro, entre otros, han hecho enormes avances y posiblemente tengan mejores datos. El gobierno nacional parece resuelto a implementar, por fin, un sistema nominal (SINIDE), cuyo anuncio fue en ¡2012!, con pocos frutos hasta ahora. Un estudio de Argentinos por la Educación muestra logros y dificultades en este proceso.

¿Tan poco sabemos sobre estos chicos y chicas, que ni siquiera podamos identificarlos? Falso: los recursos para identificarlos y actuar están en cada escuela. No necesitamos una receta de Finlandia o Singapur, ni una ideología salvadora, ni un gurú brutilitario que indique el camino. Simplemente, una política pública que apoye con recursos  y acompañe a los educadores y a estos estudiantes. La inacción evidencia una impotencia criminal.

La cuestión es pasar de la preocupación de docentes, familias y autoridades por la logística de la vuelta a la presencialidad (distancia, burbujas, barbijos, etc.) a una acción social y pedagógica que recupere a estos chicos con una propuesta educativa acorde a los déficits acumulados durante 2020. Las claves técnicas de esta acción –que no puede quedar resumida a una autonomía perversa de las escuelas- las ofrecimos hace seis meses en el documento de Concertación Educativa, respaldado por un millar de docentes y especialistas en educación de todas las posiciones ideológicas. Este es el momento de demostrar si el tan zarandeado interés por la educación es genuino o es pura alharaca.

Las catástrofes educativas son silenciosas: no hay equivalente escolar a la inflación o al dólar y sus guarismos no se corrigen en tiempo real en los portales ni en las pantallas de los brokers. Sus efectos sociales son muy graves y persistentes y, aunque no los veamos, siempre están.

Podría terminar esta nota con un llamado a los funcionarios, a la dirigencia y a la responsabilidad colectiva, pero sería la típica impostura hipócrita y superficial de cierre de este tipo de artículos. Mil disculpas.

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