Un barrio con dos caras

En Villa Azul hay dos realidades distintas marcadas por la presencia o ausencia de políticas públicas de integración y la cuarentena destaca las diferencias más que nunca.

Hola, ¿cómo estás? Espero -si sos del AMBA- que estés atravesando el tercer mes de ASPO de la mejor manera. Si ya estás en fase 4 o 5, la no tan sana envidia de cada semana. De todas formas te pido disculpas en nombre de mis coterráneos que creen que el país se termina en la General Paz -o, tal vez, algunos kilómetros después- y dicen que Argentina ya tiene la cuarentena más larga del mundo.  

Yo esta semana la empecé un poco mejor que la anterior porque me pasaron este juego de estrategia donde tenés que manejar la cuarentena como si fueses el Presidente. Mediante distintas acciones tales como aumentar impuestos, asignar subsidios e invertir en el desarrollo de tests, medicamentos y vacunas, mientras administrás la cuarentena tenés que mantener positivos indicadores de Salud, Economía y Popularidad. Duré 50 días. A fuerza de altos impuestos a la riqueza (a días 5 de la pandemia, quizás me apuré), una cuarentena estricta y test masivos, mantuve a flote la salud -teniendo que lamentar sólo 13 muertes por COVID-19- y la economía de las familias más vulnerables. Pero la variable “popularidad” se me fue al tacho. Sospecho que en el algoritmo del juego está sobrerrepresentado el electorado de Espert.

Mejor vamos a lo nuestro. Hoy te propongo una vieja costumbre: la picada de noticias urbanas.

Un barrio con dos caras

En el fin de semana durante la conferencia de prensa en la que se anunció la prolongación de la cuarentena, Alberto Fernández aseguró que iban a poner el foco en los barrios vulnerables de la Capital y del conurbano bonaerense. En esa línea, al día siguiente, Axel Kicillof -de común acuerdo con la intendenta de Quilmes y el de Avellaneda- decidieron montar un operativo en Villa Azul, ante la detección de casos en el barrio. 

El operativo consiste en asegurar el aislamiento de las aproximadamente 800 familias que viven en el barrio, sobre todo para evitar que el virus se traslade a otras villas cercanas como Villa Itatí, donde -por sus dimensiones- se haría más difícil controlar el contagio. Si bien las autoridades bonaerenses aclararon que el operativo cuenta con el apoyo de las organizaciones del barrio y de sus habitantes, hubo críticas de propios y ajenos que señalaban una posible guetización de la pobreza. 

Más allá del debate, el solo hecho de poder aislar un barrio es un indicador de que ese barrio no está integrado a la trama urbana formal. Lo mismo se podría decir de los barrios cerrados, que según el Gobernador también podrían ser aislados ante un brote. Pero estos constituyen un fenómeno distinto, claro está, que podríamos llamar auto-segregación. Pero de esto te prometo que vamos a hablar en otra oportunidad. 

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Sobre la no integración de Azul me parece que vale la pena detenerse. Mientras que la mayor parte del barrio está dentro de Quilmes, una parte más chica está en Avellaneda. La historia de cómo el Estado llegó a una y no a otra parte habla de dos gestiones diferentes pero también de cómo la construcción popular del hábitat no conoce de jurisdicciones. La parte del barrio que está en Avellaneda se asemeja mucho a un barrio formal pero en la parte de Quilmes casi no se hicieron trabajos de reurbanización. 

“Falta urbanizar de los dos lados, son procesos de larga data pero en los últimos cuatro años hubo entregas de viviendas del lado de Avellaneda y del lado de Quilmes, nada”, me contó Andrés, integrante de Azulado, una organización social del barrio de Wilde que trabaja con las familias del barrio hace dos décadas. En el medio, Nación cortó el financiamiento para reurbanizar Azul y Villa Itatí, situada del otro lado del Acceso Sudeste, cuya construcción durante la última dictadura cívico-militar dividió lo que antes era una sola villa. 

Mientras que el municipio de Avellaneda decidió continuar con fondos propios, Quilmes suspendió las obras. Este contraste me lo terminó de confirmar una ex funcionaria del municipio de Quilmes: “Fue una mezcla de falta de voluntad, ineficiencia y también por querer hacer las cosas bien”, me contó, haciendo referencia a que una de las razones por las cuales no se avanzaba era porque la gestión de Martiniano Molina no quería “embarrarse” en un momento en que la obra pública estaba en la mira y se habían detectado irregularidades en obras que las gestiones anteriores habían ejecutado.

En un estudio reciente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA en el que se analizan intervenciones en Villa Azul y Villa Itatí también reparan en las diferencias entre Avellaneda y Quilmes: el primero contó en el período 2010-2018 con cuatro veces más Programas en barrios populares que el segundo.

De las pocas obras que se hicieron en la parte quilmeña del barrio Azul durante los últimos años fue una canchita de fútbol, la misma que los habitantes de la zona señalan como el lugar donde se originó el brote. Si te interesan más detalles, te recomiendo esta nota de Fernando Soriano.

Si querés colaborar con alimentos e insumos para las familias de los barrios populares afectados por el COVID-19, podés hacerlo acá.

Desbordados

Hace un par de semanas te escribí sobre la situación en las cárceles. Hoy quiero hacer referencia a otra de las instituciones totales. La semana pasada murió Jorge Marcheggiano a causa de heridas que le provocó una jauría que estaba suelta en el hospital psiquiátrico Borda. Me llamó la atención la casi nula cobertura del tema pero como ya te dije varias veces, este no es un newsletter sobre el rol de los medios. 

Dos semanas antes, el CELS había presentado un amparo denunciando la situación de abandono del neuropsiquiátrico, pero el gobierno de la Ciudad desconoció el reclamo. Allí también requería información sobre contagios de COVID-19 entre pacientes y profesionales. Se estima que ya hay 15 personas que contrajeron el virus, pero esos números no son confirmados aún por las autoridades del centro de salud mental.  

Alguna vez te escribí sobre cómo una ciudad puede ayudar a que su población sufra menos padecimientos mentales como depresión y ansiedad. Pero, ¿cómo tratan las ciudades a quienes necesitan atención psiquiátrica de forma cotidiana?

Al igual que las cárceles, las instituciones psiquiátricas también tienen su costado urbano. El lugar que ocupan en las ciudades las personas con padecimientos mentales cambió radicalmente en los último años. Pero aunque quizás en este punto haya más consenso que cuando se habla de personas que delinquieron, la aplicación de los nuevos paradigmas está muy lejos de aplicarse. 

Según la Asociación para la Igualdad y la Justicia (ACIJ) hoy hay 12.035 personas internadas en los 162 manicomios públicos y privados del país, con un promedio de tiempo de encierro de 8,2 años, que aumenta a 12,5 en el sector público. La mayoría de estas personas (casi el 60%) no pueden ni hacer llamadas telefónicas. Tanto la OMS como la Ley Nacional de Salud Mental de 2010 desaconsejan que los pacientes psiquiátricos permanezcan en situación de encierro y ordenan la descentralización de este tipo de instituciones. En esta entrevista a Alberto Sava hay algunas hipótesis de por qué no se llevan adelante estas recomendaciones. 

Paro cumplir con la ley, se requiere, entre otras cosas, que los gobiernos en sus distintos niveles desarrollen “dispositivos comunitarios”, que en el ámbito privado ya existen. Este año vence el plazo para que eso suceda. Esos dispositivos no son otra cosa que departamentos o casas donde puedan vivir los pacientes en grupos más chicos. Sí, el cuidado de estos pacientes también tienen que ver con el mercado inmobiliario y cómo se administran los bienes inmuebles públicos.    

Costa aislamiento

Hablando de inmuebles públicos, el gobierno de la Ciudad inauguró un nuevo centro de aislamiento en el que supo ser el búnker electoral del partido gobernante. Lo curioso, y algo de lo que se hizo eco la oposición porteña, es que Horacio Rodríguez Larreta buscaba subastar el predio -como hizo con tantas otras tierras públicas- a través de un proyecto que se aprobó en la legislatura a fines del año pasado y que está judicializado.

Aunque esta semana las cámaras estuvieron pendientes de lo que sucedía en Villa Azul, de los confirmados los últimos dos días, más de la mitad estuvieron en CABA, por lo cual las 700 camas de aislamiento para casos leves y asintomáticos recobraron importancia.

Movilidad y COVID, episodio mil

Ya hablamos varias veces de cómo el COVID-19 está cambiando y -esperemos- va a cambiar la forma en que nos movemos por nuestras ciudades. Con el avance de los contagios en el AMBA, algunas medidas extra fueron implementadas o están siendo debatidas por el Ministerio de Transporte para ese territorio.

A las once estaciones de tren que no funcionan, se sumarían recortes en recorridos de colectivos que circulan entre partidos del conurbano bonaerense para evitar que circulen por las zonas más afectadas.

A propósito del uso de transporte, me parece que este artículo en City Lab te puede interesar. Algunas experiencias de viajes en tren, subte, colectivo y avión en India, Estados Unidos, Inglaterra y más. Una buena: al parecer, los sistemas de ventilación de los trenes y subtes no podrían esparcir el virus como en algún momento se pensó, sino todo lo contrario.

En el aire también hay novedades, para los países que van abriendo fronteras o ya permiten vuelos locales o regionales. Mientras algunas aerolíneas indican que hay que dejar vacíos la mitad de los asientos, Airbus recomienda prender la ventilación de sus aviones antes de que los pasajeros aborden el avión. 

Por su parte, Aerolíneas Argentinas sacó un comunicado anunciando cómo será su nueva normalidad. Si bien no puede vender pasajes para antes de septiembre (cuando se volverían a abrir las fronteras), la aerolínea de bandera ya tiene su protocolo, diseñado en conjunto con las asociaciones internacionales de vuelo IATA y ACI, la OMS y el Ministerio de Salud de la Nación. 

¿Cómo va a ser volver a volar? Uso de tapabocas obligatorio, controles de temperatura en la entrada del aeropuerto, no se permitirán acompañantes y se embarcará de a grupos chicos, de atrás para adelante, o sea que si sacaste Business embarcás último.  

Paraíso inquilino

Si te encerraste en Twitter, esta semana la llegada del comunismo a Argentina parecía inminente. Para vos que estabas preparándote para tomar los medios de producción y salir a desalambrar campos de soja, lamento decirte que se trataba de exageraciones. 

No solo eso sino que todo parece indicar que el sistema de favorito de Marx y Lenin está bastante más cerca de llegar a Suiza que a nuestro país. Bueno, quizás no para tanto, pero un fallo de la corte suprema del país europeo determinó que las empresas tienen que pagarle parte del alquiler de la casa de sus trabajadores en relación de dependencia mientras dure el tele-trabajo.  

Bonus tracks

En defensa de la densidad. Aunque el sentido común indique otra cosa, la densidad en sí misma no es un factor explicativo del contagio del COVID-19 y que todos nos vayamos a vivir al campo, por más que ahora nuestros departamentos nos parezcan chicos y poco luminosos, no es la mejor idea. Sobre eso hablé en este podcast y me extendí un poco más en este hilo

¿Los mapas son objetivos? Me gustó mucho esta nota que me recomendó nuestra compañera Estefanía Pozzo sobre mapas sesgados o que no reflejan tal cual es el territorio en realidad. La nota se refiere a esta exhibición onlineBending Lines- de la Biblioteca Pública de Boston. 

80 años latiendo. Me gustó mucho esta columna de Alejandro Wall en Radio Con Vos sobre las ocho décadas que cumplió el estadio de Boca Juniors el lunes pasado. No sólo porque como ya sabés se trata del estadio más lindo, sino porque habla de su interacción con el barrio. Me dieron ganas de escribirte sobre estadios y urbanismo, una historia de amor y odio. Ya lo haré.

Racismo y espacio público. Empezamos hablando sobre guetos y segregación. En Minneapolis el asesinato de George Floyd a manos de la policía encendió la furia de la ciudad y también reavivó el debate acerca de cómo la ciudad no es igual de amable con todas las personas. El racismo de la policía en Estados Unidos no es novedad, pero tiene su correlato en las posibilidades de acceso a un hábitat digno que provocan segregación racial en las zonas menos favorecidas de las ciudades. El racismo también tiene consecuencias en torno a cómo las personas ocupan el espacio público. Este artículo recorre una relación tóxica: espacio público y racismo.   

Me despido con esta foto que, para mí, es la mejor de lo que lleva la cuarentena. Y además la podés usar para hacer tu propio meme sobre una noticia falsa. 

Así quedó la estación de policía de Minneapolis:

Eso es todo por hoy, amigue. Espero que hayas disfrutado leer estas líneas tanto como yo disfruté escribirlas. 

Que tengas un lindo fin de semana.

Abrazos, 

Fer

Escribo sobre temas urbanos. Vivienda, transporte, infraestructura y espacio público son los ejes principales de mi trabajo. Estudié Sociología en la UBA y cursé maestrías en Sociología Económica (UNSAM) y en Ciudades (The New School, Nueva York). Bostero de Román, en mis ratos libres juego a la pelota con amigos. Siempre tengo ganas de hacer un asado.