Los periodos de transición, como el que vive un lote entre la demolición de una casa y la construcción de un edificio. O la adolescencia, un tiempo cada vez más largo e impreciso.
En una época vertiginosa en la que no hay lugar para demorarse, para detenerse, para retrasarse, no pensar rápido ni actuar acelerado puede ser una virtud. El análisis: ese lugar reposado.