Persianas, paredes, techo, mirillas. Antes, la vida de los otros podía adivinarse en la cercanía. Ahora está ofrecido a la vista de todos mediante el teléfono.
La apariencia frente a los otros y frente a uno mismo no siempre es un espejo. Disipar el humo de querer “ser alguien”, “ser algo”, el gran aprendizaje.
Parece que conformamos una masa: leemos lo mismo, vamos a los mismos lugares, viajamos de la misma manera, miramos las mismas películas. No hay ninguna singularidad posible.
La subjetividad de la época promueve una relación entre las formas de concebir ciertas relaciones y algunos modos en los que nos movemos en la banalidad de lo cotidiano.
En una época vertiginosa en la que no hay lugar para demorarse, para detenerse, para retrasarse, no pensar rápido ni actuar acelerado puede ser una virtud. El análisis: ese lugar reposado.
No existe una escuela que enseñe a vivir. Lo sabemos por Serú Girán, pero también, y sobre todo, por estar vivos. La vida es, la mayor parte de las veces, inentendible.