Sabina Frederic: «Es difícil plantear la legalización porque te acusan de narcotraficante»

La exministra de Seguridad de la Nación propone hacer foco en disminuir la violencia en todo el país y sugiere desplazar de Rosario a la policía provincial.

“No hay un debate serio en este país sobre el narcotráfico y el consumo de drogas y, mientras tanto, la gente se va arruinando”, analiza la exministra de Seguridad nacional Sabina Frederic. Pasado un año de su salida del gabinete, la actual titular de Cascos Blancos sostiene que el narcotráfico se expandió durante la pandemia y propone concentrarse en ponerle un límite a la violencia derivada de ese diagnóstico. También asegura algo que se repite, sobre todo off the récord, entre dirigentes de distintos colores políticos: “Es muy difícil plantear la legalización de las drogas porque te acusan de narcotraficante”.

Después de haber formado parte, en octubre de 2020, de la creación de la sede del Ministerio de Seguridad nacional en Rosario, la ciudad con mayor violencia narco hoy en Argentina, Frederic considera que la gobernación de Santa Fe y la policía provincial no colaboraron en su intento de solucionar el problema. “Yo creo que hay que pensar en desplazar de Rosario a la policía local”, plantea ante Cenital.

¿Por qué percibe que el mundo narco se expandió en pandemia?

-Todo fue muy desordenador, muy desequilibrador: el encierro, la pérdida de trabajo, la posibilidad de perder trabajo, perder los ahorros, la convivencia familiar, los chicos sin la escuela, con dificultades de conectividad, con la dificultad de que los pibes sostengan la actividad escolar… Hay números sueltos, sobre todo de consumo de psicofármacos, pero, como es una actividad ilegal, es muy difícil tener datos. Lo único que tenemos firme es una encuesta que hizo la Sedronar (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina) en 2017, se suponía que este año se iba a hacer la nueva encuesta. Ahí ya había un crecimiento de todo: del mercado, de las facilidades para conseguir la droga… Es una hipótesis bastante fácil de corroborar: la gente la pasó muy mal, todavía la sigue pasando mal, y es muy probable que todo eso haya aumentado. Pero el tema es qué datos tenemos. Tuvimos mayor incautación de marihuana que entraba de Paraguay, eso creció durante la pandemia, comparado con las incautaciones que hizo la gestión del macrismo, que iba mucho más al narcomenudeo. Nosotros reorientamos el esfuerzo. Pero nuestro trabajo desde las fuerzas federales es de complementación de las fuerzas provinciales. Mucho del narcomenudeo lo toma, sobre todo, la Policía de la provincia en Buenos Aires, porque es el mercado más grande, la mayor cantidad de población, aunque menos violento que Rosario.

¿A dónde se concentra el problema en la provincia de Buenos Aires?

-En mi gestión, hubo dos focos que tuvieron visibilidad pública: Moreno y La Matanza. A la salida de la primera ola, del 2020, cuando se empezó a liberar la circulación, había bajado de una manera inédita el delito registrado o denunciado. En Moreno, hubo varios homicidios, algunas zonas parecían liberadas o de una policía provincial sin capacidad de controlar el territorio; y, en La Matanza, hubo una investigación de la Policía Federal que terminó con un oficial herido en un allanamiento. Eso mostraba que había una bandita relativamente numerosa, muy violenta, armada, que tenía el control de la venta en la zona y, a su vez, el control del ingreso de la droga a través de Ezeiza, desde los bosques hacia La Matanza, algo que fue objeto después de una especie de broma del diputado Diego Santilli en redes para contar el procedimiento.

¿Sabés cómo se financia Cenital? El principal sostén de nuestro medio son sus lectoras y lectores. Eso nos pone orgullosos y nos da la tranquilidad necesaria para hacer el periodismo en que creemos. Si te gusta lo que hacemos, sumate vos también a nuestra comunidad.

En estos últimos años, ¿se incrementó más ese mercado o se volvió más violento y visible?

-Yo creo que las dos cosas. La violencia aumentó durante el confinamiento. Decreció el delito de robo pero no los homicidios. Los homicidios subieron. Uno de los grandes quilombos que tuve el año pasado fue cuando dije que la tasa de homicidios en la Ciudad de Buenos Aires había aumentado el 24%. La tasa aumentó más que en Rosario, que en Santa Fe. Son muchísimos menos muertos pero el incremento es brutal en CABA, que tiene una tasa de homicidios como Suecia, bajísima.

PANORAMA PORTEÑO

En la Ciudad analizan que, en aquellos barrios populares donde está la policía porteña, la situación está más ordenada.

-Eso es una guachada de la Ciudad. Las fuerzas federales están en las ciudades desde el año 2011, cuando se creó el operativo Cinturón Sur. Se desplazó a la Policía Federal del patrullaje y se la dejó en la comisaría, haciendo los trámites administrativos, en apoyo a los procedimientos de Gendarmería y Prefectura, que tenían control de la calle. Cuando llegó Patricia Bullrich al Ministerio, se había reducido muchísimo la cantidad de efectivos de Gendarmería y de Prefectura en esos barrios. Mi hipótesis es que el quilombo que se armó con la murga en la 1.11.14 fue, en parte, por pocos efectivos (N. de la R. El 29 de enero de 2016, un grupo de gendarmes disparó balas de goma contra la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo, en el Barrio Padre Ricciardelli, Bajo Flores). Bullrich lo que hizo fue reforzar Cinturón Sur. Cuando nosotros llegamos, le dijimos a Santilli: “Tienen que hacerse cargo de toda la Ciudad. Las fuerzas federales son poquitas, son para todo el país y acá hay demasiadas. Ustedes tienen una cantidad gigante de efectivos de la Ciudad, como 700 cada 100.000, y las recomendaciones de Naciones Unidas son 250”. Dijeron que sí, pero lo único que agarraron casi sin discusión fue Puerto Madero, un lugar tranquilo, muy monitoreado. Nos costó que agarraran la 21.24 (en Barracas y Pompeya) pero finalmente la agarraron. El tema fue la Ricciardelli. No querían saber nada. En el Barrio Padre Ricciardelli y en Fátima (Soldati), sigue estando Gendarmería. Hicimos lo posible para que ellos por lo menos se ocuparan del perímetro pero no lo hicieron. Tienen miedo de tomar ese lugar porque los expondría muchísimo. Es tirar la pelota afuera, les sirve como excusa, y yo creo que tienen miedo de su propia policía, también.

¿De que se involucre en el negocio?

-Sí, o que termine con gente averiada. Porque es una policía frágil la Policía de la Ciudad. La reunión de dos instituciones policiales diferentes (la Metropolitana y la Federal) fue muy traumática y sigue siendo. Me parece que tienen miedo de no poder controlar la situación.

¿Y qué es lo que sucede con las fuerzas federales en los barrios populares?

-Tenés un estancamiento, también. No llegaron para quedarse definitivamente. Al principio, fue efectivo el patrullaje. Igual, los vecinos piden que se mantenga, no quieren saber nada con que se vaya.

Hay vecinos que les tienen miedo a los oficiales, otros que denuncian que están en el negocio…

-Es que eso está todo mezclado. Nosotros tuvimos un problema durante la primera ola de confinamiento. Un pibe, aparentemente, quería usurpar una vivienda en la 1.11.14. Justo pasaba una patrulla de Gendarmería por el pasillo y ese supuesto usurpador terminó asesinado por un gendarme. Estuvo preso unas horas, se corrió la bola de que íbamos a sacar a Gendarmería del barrio y se armó quilombo, cacerolazos, los medios. No es fácil sacar a Gendarmería de los lugares a donde llegó, lo cual no quiere decir que esté haciendo las cosas bien. Es como la Policía de la Provincia: la comparás con la de Santa Fe en Rosario y te diría que la de la Provincia hace mejor las cosas. Tenés menores niveles de violencia. Los homicidios en la Provincia bajaron respecto del año anterior a la pandemia (N. de la R. En 2020, la Provincia registró una tasa de homicidios dolosos de 5,3 cada 100.000 habitantes, cuando en 2019 había sido 5,2. Fue la primera suba desde 2014. Sí bajó mucho en 2021: a 4,69 cada 100.000). Igual son 700 por año, es mucho, pero es menos. Gendarmería no está haciendo las cosas tan bien como al principio porque hay un desgaste y una dificultad para abordar los problemas de fondo. En parte por cómo funciona la Justicia de la Ciudad.

¿Por qué no interviene la Justicia Federal?

-Porque hay toda una discusión por la desfederalización. La Ciudad desfederalizó la ley. Según cuánta cantidad o qué tipo de organización, se evalúa si merece ser atendida por la Federal o por la Ciudad y eso fue parte del debate por el cual no le daban los allanamientos. Finalmente, se los dieron a la Ciudad en lugar de a la Federal, que era la que estaba haciendo la investigación. Ahí la Ciudad entró al barrio. Hizo todo mal porque ahuyentó a la gente que vendía drogas y se escapó el narco principal, apodado Dumbo, que se había separado de la banda de la 1.11.14. En lugar de haber un seguimiento, hay una diversificación del negocio, se van expandiendo los vendedores.

EL ROL DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD

¿Usted cree que el narcotráfico podría funcionar como un negocio si las fuerzas de seguridad no estuvieran de algún modo involucradas?

Las fuerzas de seguridad no son la causa del problema. Creo que es un problema de salud pública. Tenemos muchísima gente, cada vez más gente, que recurre no solo a la cocaína sino también al negocio de las drogas sintéticas y eso crece. Estados Unidos es el país de mayor consumo de todo esto, legal, ilegal, y el problema aumenta. El Estado no invierte lo suficiente en tratarlo desde el punto de vista de la salud.

¿Enfocarse en el consumidor?

Claro, en la demanda, no en la oferta. A la oferta hay que perseguirla pero, si trabajás solo en la oferta y no en la demanda… es como pasa con el alcohol.

Pero, cuando se preparan proyectos para legalizar alguna droga, se habla de marihuana, no de otras drogas.

Igual, hoy es utópico. Hay muchos que están a favor de legalizar el consumo de todo pero nadie encara eso porque hay mucho miedo, mucho prejuicio. Es muy difícil plantearlo públicamente porque te acusan de narcotraficante. Hay mucha pacatería, no hay un debate serio en este país y, mientras tanto, la gente se va arruinando como adicta, porque después está el que controla su consumo, de lo que sea.

Una cosa llamativa que plantean algunas organizaciones es que no hay referentes mundiales de la lucha contra el narcotráfico.

Es una guerra perdida con los instrumentos que tenemos. La ley 23.737 es una ley que no sirvió para nada, aumentó la gente presa y esa gente presa, en su mayoría, es pobre. O sea, tenía ese recurso como forma de ganarse la vida, ilegalmente, pero era su forma. Aumentó la demanda, hay más consumidores. Tenés más fuerzas en la calle. En 15 años, la Policía de la Provincia se duplicó: en 2005, eran 50.000, con León Arslanián, y ahora son 100.000. Y yo creo que la pandemia disparó algunas cosas, pero tampoco se le puede adjudicar el crecimiento del negocio y del mercado. Tal vez sí de la violencia. El confinamiento fue bastante enloquecedor. La policía tiene un rol en la regulación, regular la venta. No regula el consumo pero sí regula la violencia. En la provincia de Buenos Aires, se ve claramente: tenés un mercado gigante y la violencia no es tan alta.

ROSARIO

¿Cómo se explica la diferencia entre lo que está pasando en Rosario y lo que pasa en ciertos sectores de la provincia de Buenos Aires, que tiene mercado pero no es tan violento? ¿Las fuerzas de seguridad?

Una parte importante son las fuerzas de seguridad. La Policía de Santa Fe perdió total autoridad. Yo creo que es vista como una banda más, cosa que no pasa con la Policía de la Provincia.

¿Qué influencia tiene la zona donde se ubica Rosario, el hecho de que tenga un puerto?

Yo creo que no es eso. Eso no explica que el mercado siga. Algunos dicen que también está la relación entre el lavado de dinero no declarado de la venta de granos y el narcotráfico. Pero ¿por qué la violencia? Las bandas son chicas y se achicaron después de que se fueran las fuerzas federales, en 2014, al identificar a los grandes líderes y detenerlos. Y se desató una guerra por los liderazgos vacantes. Nosotros, cuando creamos la sede del Ministerio de Seguridad en Rosario, hicimos un trabajo de identificación, cruzando datos de causas de redes. No hay dos grupos ahí. No es que están Los Monos y Alvarado: hay un montón de grupos que están vinculados entre sí, que son como clanes familiares.

¿Eso sí se podría hacer sin ayuda de la policía?

La policía no regula eso. Lo que hizo primero la fuerza federal, después de ver que había gente de la Policía Federal y de Santa Fe involucrados, fue descabezar a los grandes líderes narco. Eso desató una gran pelea abajo, por el liderazgo. Y, estando presos, siguen reproduciendo la violencia. Pero la Policía de Santa Fe perdió autoridad y legitimidad y no tiene autoridad para controlar las disputas entre bandas, que es lo que hace la Policía de la Provincia en el conurbano.

¿Por qué dice que la Policía de Santa Fe perdió autoridad?

Está muy involucrada, es una banda más dentro del negocio. Porque juega un rol activo.

¿Cree que lo que se ve en Rosario se va a terminar viendo en todo el país?

No, yo creo que no, pero depende mucho de lo que consiga hacer la policía. En Rosario, ya desbordó la periferia. Creo que el gobernador no sabe qué hacer, da manotazos de ahogado hace tiempo. Ahora puso a un policía retirado a cargo, que es como renunciar a la conducción civil, que es básico.

Es decir que usted no vincula este problema a la posición ideológica que fueron teniendo los diferentes gobiernos de Santa Fe y la decisión respecto de sus policías.

No, yo creo que no. Algunos dicen que hay vínculos, a mí no me consta, probablemente haya. No sé, te digo sinceramente y es algo que pensaba el año pasado ya siendo ministra, yo creo que hay que pensar en desplazar de Rosario a la Policía de Santa Fe. Lo que pasa en la provincia es que las fuerzas federales que están desplegadas y que el gobernador pide, pide y pide, no alcanzan. No van a alcanzar nunca, si no se corre a la Policía de Santa Fe porque es parte del problema. Las fuerzas federales no pueden trabajar con la de Santa Fe, no puede haber coordinación. El gobernador pide coordinación pero no se puede tener porque hay sospechas sobre la connivencia de la Policía de Santa Fe con el crimen, entonces no se puede decir cuáles son los operativos porque probablemente fracasen. Tuvieron mala experiencia. Al final de mi gestión, el gran problema era ése.

¿La Justicia también es parte del negocio?

En algunos casos, sí. En otros casos, supongo que deben tener miedo. Nosotros en Santa Fe encontramos una parálisis increíble. Y se activó un poco porque hicimos jornadas de trabajo con ellos. Pero el gobernador descartó el esquema, nos hizo desplegar las fuerzas federales hacia el centro de la ciudad de Rosario, que no era donde estaba la incidencia de los homicidios y tuvimos que redefinir el despliegue. No se interesó tampoco por el estudio que habíamos hecho. La verdad, no prestó colaboración y siguió pidiendo más efectivos.

FOTO DEL PAÍS

En Salta, ¿pasó algo similar a Rosario cuando llevaron fuerzas federales?

No no, cuando llegamos, ya había habido toda una causa judicial que terminó con Raúl Reynoso, el juez de Orán, preso. En Salta, lo que hubo fue un tráfico más por goteo en la ruta que pasa por Salvador Mazza, que la empezaron a detectar a principios del año pasado. En lugar de encontrar grandes cantidades, se encontraban por goteo, pero no era tanta cantidad.

Entonces, el universo narco se despliega sobre todo en Rosario, en provincia de Buenos Aires con menos violencia, ¿y en el resto del país se reparte equitativamente?

Sí, en general esa droga baja. Igual, el consumo en la frontera se incrementó. En la provincia de Buenos Aires, hay un mercado mucho más grande porque hay mucha más gente. En 2019, la gente manifestaba una preocupación muy importante en la frontera por los chicos y el consumo de cocaína. La marihuana ya ha dejado de ser un problema, hay un montón de gente que usa cannabis de forma medicinal. Distinto con el paco, la cocaína, las drogas sintéticas. Ahí tenés un problema de base que, si no le das a la gente un horizonte… Nosotros hicimos una comparación entre los cuatro puntos de la frontera donde Bullrich había puesto la mira y había comprado equipamiento sofisticado, la mitad del cual no servía para nada. Eran La Quiaca, Orán, Salvador Mazza y Puerto Iguazú. La Quiaca no tenía ese problema: comunidad andina, todavía impregnada por las creencias más nativas, nada de consumo, casi sin vidrieras, una vida austera, más conectada con lo ancestral y el consumo de la cosecha. Sí tenías un problema de adicción y dificultades para orientar a los chicos en las escuelas en Orán. Ahí era un desastre y es un lugar que es escenario del 80% del tráfico de mercancía de todo tipo, entre la cual también circula droga. Eso no mejoró. Ahí hubo un intento de Bullrich de resolver el problema del contrabando y fue un desastre, la sacaron a piedrazos en marzo de 2019. Ahí tenés un problema social tremendo.

PROPUESTAS

¿Qué cree usted que habría que hacer para frenar la expansión del narcotráfico?

El tema es qué es lo que uno quiere hacer. Para mí, lo prioritario es acabar con la violencia y con el terror. No digo que la provincia de Buenos Aires sea jauja pero hay algo que consiguen hacer, no es la Policía de la Ciudad, que es un poco novata. Lo sabe hacer la policía desde antes de la llegada de Berni y Berni no lo toca. Realmente hay que dar una discusión seria porque además hay mucho dinero mal gastado del Estado y no está resolviendo el problema ni lo contiene. La policía es, en un punto, impotente. No alcanzan las herramientas de las fuerzas de seguridad. La policía y la justicia necesitan todos los patitos alineados y hoy eso no lo tenés. Comparando con la discusión de la Ley del Aborto, ahí tenías un actor muy resistente, que era la Iglesia. Pero el problema acá no es la Iglesia, el problema es la burocracia estatal.

¿Más burocracia que hipocresía?

Burocracia, hipocresía, miedo. Algunos explican la desfederalización de la Policía de la Provincia en la Ley de Drogas para compensar lo que se perdía por los secuestros extorsivos durante el 2001, 2002, 2003. Yo creo que la crisis en la que estamos y, sobre todo, de descalificación de la fuerza de trabajo, por lo menos desde los 90, hace que esto sea un lugar donde podés conseguir dinero. Hay gente que trata de salir desesperadamente de esa situación, que es adicta también, y se le complica mucho encontrar la forma de salir de ese mundo. Hay como una pereza mental de “hicimos toda la vida esto, vamos a seguir haciendo esto”, porque no sabemos qué futuro tendríamos si no.

¿Hay alguna referencia para probar con otra estrategia?

En otros países, hay una permisividad mayor. En Suiza, España, algunos Estados de Estados Unidos, hay algunas experiencias sobre la demanda, los consumidores, control de daños, dejar que la gente mantenga algún nivel de consumo pero cuidado. Acá no hay un sistema de salud preparado para eso. Las Madres del Paco tienen una visión interesante, porque no hay un sistema público que atienda emergencias psiquiátricas y la mayor parte de los consumos problemáticos son por enfermedades psiquiátricas, ahí también tenés un déficit de atención. Yo creo que lo que se puede hacer es mitigar. Y mitigar es ir tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta. Y hay que alinear, orientar el trabajo de las fuerzas provinciales y federales a las grandes organizaciones, redes de comercialización, que sea más difícil, y articular mejor con la justicia federal. Hay que disminuir las causas por tenencia simple para consumo porque estás desperdiciando esfuerzos que no van a ningún lado. Y mirar para arriba. Nadie va para arriba porque es tocar intereses. Es mucho más fácil ir a los que venden ahí nomás o dar esos shows de romper un búnker, que es una pelotudez atómica, es absurdo. Si querés saber quién abastece a ese búnker, tenés que ir a buscarlo. No está en la 1.11.14, está en otro lado.

Me siento periodista desde antes de terminar la escuela, cuando colaboraba en programas de Rock & Pop y Supernova. Trabajo en Información General; salud y educación son mis temas preferidos. Hice tele de chica y madrugué siete años para el aire de Metro. Hoy soy conductora de Ahora Dicen en Futurock. Trato de no ser tan porteñocéntrica.