Los Yankees, Trump y TikTok

La tensión que vive el equipo de Nueva York. Rudi García, el rival de Guardiola.

Hola, ¿cómo estamos?

Tenía doce años, vio algunos lugares siniestros que había conocido por foto y se largó a llorar desconsoladamente. Dachau, el centro de tortura de Munich, le sacudía el alma. Había aprendido el tema en la escuela y a su papá, un ingeniero automotriz de Opel, le pareció que era momento de sentarlo frente a la historia. “Todos estamos llamados a luchar para que uno de los capítulos más oscuros de la humanidad no vuelva a repetirse”, escribió hace unos días, junto a su compañero Joshua Kimmich, para anunciar que donarían 75 mil euros al museo de Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio del nazismo. A los 25 años, en la tensión previa a tener que jugar contra Lionel Messi en la Champions League, Leon Goretzka, uno de los dos volantes centrales del Bayern Munich, preocupado por el avance del fascismo en Alemania, puso todo su compromiso en el césped y en la vida.

Goretzka suele citar al campeón alemán Fritz Walter: “Los futbolistas somos cancilleres con pantalones cortos”. Usa ese lema para justificar la participación en asuntos políticos.  “Visitar un campo de concentración debería ser una actividad obligatoria para todos”, planteó este año, en una entrevista con Goal. El racismo personificado en el odio a los inmigrantes es la agenda contra la que quiere pelear y por eso discute contra los seguidores de Alternativa para Alemania (AfD), un partido de extrema derecha. 

Junto a Kimmich armaron la Fundación #WeKickCorona para ayudar a instituciones afectadas por la pandemia. Agitaron al club para que vendiera bufandas y barbijos y donara lo recaudado. También, invitaron a sus colegas a que aportaran a la causa. Para mayo, llevaban recaudado 5 millones de dólares.

Evidentemente, la militancia no le complica su nivel de juego. Aunque no convirtió goles, Goretzka fue unas de las figuras en la goleada (8-2) del Bayern Munich al Barcelona. En su traje de mediocampista box to box (como dicen los ingleses, de área a área), mostró inteligencia para leer pases y mil pulmones para ser omnipresente.

Esta es la historia que más me conmovió de lo que ocurrió ayer. Por lo demás, por favor, nunca den por muerto a Messi. Que el genio siempre se reinventa. 

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Los Yankees, Trump y TikTok

Le dio RT y desató la rabia. Anthony Fauci, 79 años, hijo de un farmacéutico de Brooklyn, director de los Institutos Nacionales de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, ya había decidido chocarse con el estruendo en el momento en que, delante del Congreso, declaró: “Como país, cuando nos comparás con otros, no creo que puedas decir que lo estamos haciendo bien”.

Donald Trump lo transformó en su enemigo y desde las redes sociales alzó el eco del #FireFauci. Héroe y antihéroe cosecharon odios y amores en el recorrido por la pandemia. De niño, el médico era un fanático de los New York Yankees, en especial de Joe Di Maggio –el perfil que escribió el periodista Gay Talese sobre este beisbolista se llama El silencio del héroe, búsquenlo, es de lo mejor que existe en la narrativa deportiva–. En julio de este año, en la reanudación de la Liga Profesional de Béisbol, su club lo invitó a tirar el primer lanzamiento como un homenaje por la lucha que llevaba adelante. Trump enfureció. Tanto que días más tarde, en medio de una conferencia de prensa, anunció que había sido citado por los Yankees a iniciar el partido. Fue un invento. Nadie le había hecho ese ofrecimiento y él se terminó bajando, diciendo que lo apremiaba el tiempo.

Mr. President apoyó su mentira en su estrecha relación con Rande Levine, presidente del club. Los Yankees son un equipo de tradiciones. Sus lanzadores tienen prohibido usar barba o pelo largo. Su dueño es, desde 1973, la misma familia: George Steinbrenner, heredero de una empresa de transportes náuticos, fue un dirigente que marcó una era. Apodado The Boss (el jefe), se caracterizaba por meterse en las decisiones del entrenador y por firmar contratos siempre más altos que lo estipulado. Bajo su mando, ganaron once veces la Liga Americana y siete la Serie Mundial. Falleció en 2010 y heredó su cargo a Hank Steinbrenner, su hijo, que murió este año y dejó su puesto, claro, a su descendencia. Un apellido vinculado con el Partido Republicano. Como contrapunto de Nueva York, históricamente demócrata. Pero no siempre: Rudolph Giuliani fue el alcalde de la ciudad entre 1994 y 2001, se volvió famoso por reducir la delincuencia en las calles de Manhattan y era un fanático de los Yankees. Tan típico es ese dato que en la película Locos de ira, protagonizada por Jack Nicholson y Adam Sandler, hay una escena con el político en el estadio del equipo de béisbol. Ahora es el abogado personal de Trump. 

Ni la verdad ni la verosimilitud son indispensables para que Mr. President salga a la cancha. Su anuncio construyó agenda y levantó el polvo de la política. El primero en saltarle a la yugular a los dirigentes fue el actual alcalde Bill de Blasio: «Después de condenar el racismo, el siguiente paso no es invitarlo a tu montículo. Los ejecutivos que se han alineado con el odio están del lado incorrecto de la historia y de la moral”. Quien profundizó la discusión fue Ruben Díaz Jr, el presidente del barrio Bronx, donde se encuentra el estadio: “Al invitar al presidente Trump, blanco supremacista, a tirar la primera bola están evidenciando descaradamente que sus pronunciamientos son cínicos y carecen de significado genuino. De hecho, quizás las palabras Black Lives Matter también deberían pintarse en la calle afuera del Yankee Stadium, al igual que en la Torre Trump”. 

La referencia a la protesta por la igualdad de derechos se remonta a la actitud de los jugadores Giancarlo Stanton y Aaron Hicks, quienes se hincaron en el momento del himno, en señal de protesta por el asesinato de George Floyd, en Minesotta –este gesto lo inauguró el deportista Colin Kaepernick de la NFL de fútbol americano–. La respuesta de Trump fue soberbia: “No me gusta que se arrodillen cuando se alza la bandera. Podrían competir por la presidencia. Podrían ser exitosos y se postulan para un puesto menor. Hay maneras. Juntas a grupos y puedes hacerlo de formas muy amigables». Frente a un comentario parecido, ya se había cruzado en julio con un dirigente de los Giants de San Francisco, que defendió el derecho de sus jugadores a manifestarse. Una de las últimas veces que Trump pasó por un estadio de béisbol, en Washington, en 2019, recibió una abucheada enorme a la que respondió con aplausos.

El último capítulo de esta contienda se desarrolló esta semana cuando se filtró que los New York Yankees firmarían un contrato con la red social china TikTok, por 10 millones de dólares. Con más de 160 millones de usuarios en Estados Unidos, la gestión Trump ha planteado que si la empresa no es comprada en los próximos 45 días por un grupo norteamericano será censurada. Esta trama la explicó brillantemente Juan Elman, en su newsletter Mundo Propio –suscríbanse, es un lujo–. Se estima que en las semanas siguientes será anunciado que Microsoft, la corporación de Bill Gates, adquirirá la representación de la firma oriental en EE.UU.

El desafío, entonces, es preguntarse: ¿los Yankees están agitando o firmando la paz?

Rudi García: el gestor que va por Guardiola

Acababa de sacar a Cristiano Ronaldo y a la Juventus de la Champions League, el corazón y el celular le explotaban, entró a la sala de prensa para lucirse y recordó que no había nadie. Miró al asistente que lo esperaba y reflexionó: “Esto es surrealista. Se parece a La Academia de los 9”. Rudi García, adorado por su chispa mediática, se sentía en un Cantando por un sueño francés. Ya se había ganado el odio de los de Turín cuando, dirigiendo a la Roma, en 2016, se quejó tras perder un partido con un penal dudoso: “El área de ellos mide 17 metros cuadrados”. El entrenador de Lyon, con abuelos de Almería, guitarrista de coplas andaluzas, heredero de migrantes que escapaban de la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco, hoy desafía a Pep Guardiola por los cuartos de final de la Champions League.

Fue en la temporada 2010/2011 cuando García sacó la cabeza del agua: su Lille ganó la Ligue 1 y la Copa de Francia. Le costó hasta que decidió apostar por un desconocido belga de 19 años: Eden Hazard, que en 2007 había firmado un contrato como juvenil porque en su país no había buenos centros de entrenamientos, sería la llave. Lejos de la soberbia, el entrenador mostró una de sus mejores barajas en la gestión de grupo: “Todos los jueves nos dejaba hacer lo que quisiéramos. Si yo quería irme a jugar a las cartas con mis amigos, en vez de estar en la práctica, podía”, recuerda el mediapunta del Real Madrid. Sin una carrera brillante como futbolista, el mister había aprendido recursos grupales en la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. La conducción la había heredado de su padre, ex futbolista y preparador de juveniles en Corbeil. Pero su gran aprendizaje se lo debe a una generosidad fortuita: cayó de prepo a una práctica del Valencia de Pablo Aimar y el DT, Rafa Benítez, se enganchó en enseñarle durante un tiempo largo.

Su desfachatez grupal es el eje que lo llevó hasta convencer a los jugadores de que podían ganarle a la Juventus. La competencia la estimula de manera simple: un pizarrón en el patio de comidas del club donde anota, todos los días, una tabla de rendimientos de los futbolistas, con el objetivo de que lo vean y compitan entre sí. En lo personal, tiene la cualidad de estar encima de los detalles: en Dijon, tomó la decisión de prescindir del mediocampista Francois Masson, un chico muy querido por sus compañeros. Se lo anunció y fue un golpe. Que resolvió un puñado de días más tarde, sorprendiendo, en la puerta de una iglesia, tirándole arroz, al jugador que había limpiado y que ahora se casaba. El afecto es lo que lo trajo hasta acá y el símbolo de eso ocurrió en la Roma, cuando Francesco Totti, se ocupó de organizarle un video de todo el club festejándole su cumpleaños número 50.

Desde lo táctico ha variado sus esquemas, pero nunca el concepto: siempre bloquea el medio, presionando en esa zona, tratando de tener más futbolistas en el centro del campo que el rival. Ahora dispone un 5-3-2 que se transformará en algo super interesante en el encuentro de hoy. Manchester City se especializa en sorprender, aunque viene formando 4-3-3, con una obra de arte táctica: frente a Real Madrid fue rotando a Kevin de Bruyne y a Phil Foden –la futura gran estrella de la selección inglesa– entre las posiciones de centrodelantero y de mediocampista interior. Un despiste muy jodido de parar.

El gran problema de este equipo consistió en que el gobierno francés suspendió el fútbol por la pandemia y la organización de la Ligue 1 decidió dar por terminado el torneo. Al PSG ni le importó porque solo ocupaba su cabeza en la Champions. Jean-Michel Aulas es el dueño de Cegid, una multinacional de software, y el presidente del Olympique de Lyon desde 1987. Guarda un registro que pocos tienen: bajo su gestión, el club fue heptacampeón, desde 2001 a 2008. En ese mismo tiempo, parió y vendió jugadores a alto costo: Eric Abidal, Karim Benzema, Florent Malouda, Mahamadou Diarra y Michael Essien. En el medio contrató y concluyó peleado con Lisandro López. Otro de sus hitos terminó siendo éste: luego de que Édouard Philippe, el primer ministro de Francia, se negara a reanudar la pelota, se dirigió al Consejo de Estado del país, emitió una denuncia y triunfó. Esta historia le ocasionó al equipo llegar con muy pocos encuentros en la espalda.

En la vitrina de alegrías, esta semana, en el femenino, el Lyon le ganó por penales al PSG la Copa de Francia. Una definición muy emocionante. Pero la sed de leyenda persiste fuerte y Rudi García está hecho para eso. El Olympique de Marsella es el único club del país que ganó la Champions (1992/1993). Los de París ya están en la semis. Hoy va por su nuevo surrealismo.

Este video de José Campos sobre detalles tácticos del Lyon está muy bueno.

La cultura de los dos delanteros

Que Marcelo Bielsa no haya puesto a Gabriel Batistuta y a Hernán Crespo juntos en el tramo final del partido contra Suecia del Mundial 2002 marcó una discusión de época. Se asumió como un dogmatismo del entrenador: el esquema de dos extremos y un solo centrodelantero no se tocaba. No fue exactamente así: ha contado que, mientras transcurría el juego, le consultó a sus ayudantes si creían que el problema de la falta de gol estaba en la zona de definición o en la de elaboración. Eligieron la segunda. Con y sin esa salida de Japón, guste o no, el técnico del Leeds generó el tercer ismo potente de los últimos cincuenta años de la pelota nacional: menottismo, bilardismo y bielsismo. Hegel, tesis, antítesis, síntesis: un ofensivo, un defensivo y, de nuevo, la propuesta para adelante con el uso de la tecnología y de la línea de tres puesta de moda por Carlos Salvador. El Loco cimentó una metodología: misma importancia en entrenamientos y en partidos, trabajo en espacios reducidos, amplitud, trabajo en video, en charla y en el césped. El dibujo táctico es algo que, pese a su impronta, no cambió: en la última Superliga, según un estudio de un cuerpo técnico de Primera, el 47% de los gritos fue en ataques de equipos que forman con dos delanteros en el área. Apenas el 24% resultó con protagonismo de un solo punta. Parece mucho numerito, pero vuelve el fútbol argentino y hay que pensarlo.

De los conductores de los equipos grandes, solamente Miguel Ángel Russo comparte generación con el rosarino –tienen 64 y 65 años–. Marcelo Gallardo fue dirigido por Bielsa en la Selección, lo admira, pero se diferencia en el trato: “Su relación es mucho más profesional. A mí me gusta no ser amigo del futbolista, pero saber qué pasa, qué siente, ser más cercano. Yo no recuerdo a Marcelo tener un vínculo más afectivo, aunque no digo que no lo haya tenido”. Sebastián Beccacece pasó por las oficinas de formación de Bielsa en Rosario. Mariano Soso fue asistente técnico de Claudio Vivas y Javier Torrente, ex ayudantes del Loco. El de Racing y el de San Lorenzo, además, son hinchas de Newell’s y rondan los 40 años: o sea, vivieron su pubertad siendo campeones leprosos y el técnico se les transformó en ídolo. Lucas Pusineri conoció el libreto del último campeón de la Championship en una convocatoria al predio de Ezeiza en 2003 y así lo explicaba a la salida de una práctica: «Él realiza muchos trabajos tácticos de gran intensidad, haciéndonos hincapié en que esas acciones simulen las de un partido. Bielsa apunta a que el día de juego nos cueste menos hacer los movimientos que él nos pide. Y ésta es una forma muy diferente de trabajar con respecto a lo que cada uno de nosotros conoce en sus clubes».

Pese a semejante influencia, uno de los puntos claves del Loco no se cumple. Un recuento de Analytica Sports exhibe que el 4-4-2 fue la disposición más utilizada en el último año en 129 oportunidades. A eso se le suma que el 4-2-3-1 constituyó la tercera (77 veces), una disposición en la que en muchos casos el mediapunta es segundo delantero. En el medio, sí aparece el 4-3-3 como segunda variante (100).

Si de los 776 goles que se marcaron, 243 llegaron desde esquemas con dos delanteros, 122 con uno y 147 resueltos por extremos, hay un dato de lo más raro: sólo el 8% de las formaciones se plantearon con línea de 3 defensiva –el que más lo usó fue River–. Algo paradójico en clave bielsista y el sistema de adaptación: pese a la eficacia de los dos puntas, pocos prefieren marcar con uno más, haciendo 3vs2 –vean este detalle que marca el periodista Matías Petrone sobre cómo adaptó el Inter contra Bayer Leverkusen el último martes-. Desde ese dato, surge una hipótesis: hay goles con dos delanteros porque, a igual cantidad de jugadores en el área, más fácil es sacar diferencia. También más doloroso es el error y más daño hace la desprolijidad de un campo de juego. (Vale la pena esta nota de Roberto Parrottino sobre la línea de 3 en Europa).

Otra opción a jugar con dos delanteros es un punta y dos extremos. El alma de las últimas tres décadas de los wings es Louis Van Gaal, el tercer heredero de la tradición del fútbol holandés, detrás de Rinus Michels y de Johan Cruyff. Guardiola, quien lo tuvo como entrenador en su etapa final como jugador del Barcelona, llegó a decir tras tenerlo: “Entre los entrenadores que he tenido, ha sido Van Gaal con quien más tiempo he pasado hablando de fútbol. Con el que más y con el que mejor. El modelo ajeno que más me gusta es el Ajax de él, o sea un equipo con flexibilidad para componer sus líneas de acuerdo a las exigencias del planteo del rival en el momento de la recuperación. Además, a mí me interesa que el equipo tenga un proyecto propio e independiente en ofensiva. El fútbol arranca en los extremos”. Lo de Bielsa fue más obsesivo: “Mi modelo siempre ha sido Van Gaal, estudié más de 250 partidos de sus equipos. Al llegar al 170 adiviné los cambios que iba a hacer y comprendí que había asimilado su pensamiento. Cualquier estudio que se realice sobre cómo se convierten los goles en cualquier torneo revela que el 50% tiene su origen en el juego por los costados”.

Pero en enero de 2018 Van Gaal sorprendió. En una charla en el Hilton del aeropuerto de Ámsterdam el entrenador que todavía no había firmado con Australia para dirigir en Rusia sacó una libreta y antes de que llegara su café dijo: “Los extremos no van más. Han pasado muchos años y los laterales han mejorado más marcando que los delanteros desequilibrando. Ya no es estar: hay que llegar”.

En ese concepto cree Gallardo. River utilizó extremos en la última temporada solo en un rato en un encuentro por Copa Argentina. Su idea de amplitud y de profundidad está en los laterales. Una de las palabras que más grita en el campo de juego es “Cache”. La referencia es hacia Gonzalo Montiel, a quien apodan así por sus mejillas. Es su manera de indicarle al volante central o a los internos que jueguen hacia esa banda para llegar a una terminación. Russo, en Boca, de otra manera, apela al 4-4-2, en el que Salvio y Villa ejercen de volantes que llegan.

El equipo que más utilizó el esquema de tres delanteros –un solo centrodelantero– fue el Newell’s de Darío Kudelka, en 21 casos. Luis Zubeldía recurrió a él en Lanús en 18 oportunidades, con José Sand como punta de lanza. El Vélez de Gabriel Heinze, en 14. Aldosivi, de Guillermo Hoyos, solo uno de ellos estuvo entre los cinco más goleadores del campeonato.

River, Arsenal, Boca, Talleres y Newell’s, en ese orden, encabezan los gritos. Sólo los rosarinos dispusieron del 4-3-3, con la salvedad de que usan un solo extremo: Sebastián Palacios. Maxi Rodríguez arranca de falso nueve y Luis Leal pica desde la izquierda hacia adentro en el hueco que deja el capitán leproso.

Quizás, la pandemia y la reflexión silenciosa de entrenadores haya cambiado el panorama. Por ahora, esa es la tendencia reinante en nuestro fútbol.

Torrent y el fútbol de posición

Domenec Torrent llegó desde el país de Donald Trump –dirigía al New York City– al de Jair Bolsonaro y llamó a Verónica Brunati para que fuera su directora de comunicación. El Flamengo tiene 140 mil socioaccionistas, 40 millones de hinchas (según IBOPE, Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadísticas) y 20 millones de seguidores entre todas sus redes. Ella le preguntó: “¿Estás seguro de tener una jefa de prensa mujer?”. Él la miró por videollamada sin entender el por qué de la pregunta. Nacido en Santa Coloma de Barnes, un municipio de Gerona, el nuevo entrenador del gigante carioca lleva los ideales catalanes en la sangre: libertad ante todo.

Torrent representa una tercera oleada de personas que llegan a entrenadores. La primera la constituyeron los ex jugadores. La segunda la de los que no llegaron y apostaron a ser directores técnicos. La tercera, la de él, es la de los que no tuvieron carreras como profesionales, se especializaron como analistas de video y, desde ahí, saltaron al banco de suplentes. Su trayectoria como futbolista duró nueve años en torneos regionales de Catalunya. Su primera década como DT fue amateur: entre 1994 y 2004, pasó por el Palafrugell y el Palamós, dos equipos de tercera. 

Ahí construyó su identidad haciendo flipar –así dicen– a sus dirigidos: en una caja gigante llevaba montañas de VHS que editaba, le entregaba a cada jugador y después pedía que se lo devolvieran para reutilizarlos. Se volvió un mito del análisis. José Ramón Alexanko –ex jugador del Barcelona y de la Selección de España– lo empezó a estudiar a la distancia y, en 2007, cuando arribó al cargo de director deportivo culé lo convocó para que acompañara a Pep Guardiola en el Barcelona B en la Tercera División. Ahí, Torrent dejó su cargo de administrativo en una casa bancaria y apostó al fútbol. El periodista Lu Martín –crack de la pluma, que el año pasado publicó el recomendadísimo Cuadernos de Manchester– dice que, si esto no salía, podría haberse dedicado a la gastronomía ya que hace paellas de la hostia.

Pero Guardiola lo conocía por otra referencia: Tito Vilanova, su ayudante en el período de Barcelona –falleció en 2014–, lo referenciaba porque sabía todo de la Tercera División. La diferencia estaba en la perspectiva: a Pep, que en 2006 viajó a Argentina para hablar con Marcelo Bielsa para charlar sobre el papel de los videos, le interesaba que sus analistas también estuvieran en el césped. Que fueran un soporte dentro y fuera del campo. Esa lupa es fundamental para entender a Torrent: no es lo mismo un laboratorio que el olor a ser humano.

Estas ideas las debatió Guardiola, en un bar en Palermo, antes de ir a ver a Bielsa, con Matías Manna, analista entrenador de la Selección Argentina. Él tira del hilo de esta hipótesis y plantea: «No fueron analistas, sino entrenadores. La visión sistémica en el armado del cuerpo técnico fue clave en el proceso de Guardiola como entrenador. De nada sirve tener un analista aislado sin participación en la metodología de entrenamiento. El que analiza debe conocer como el que más el modelo de juego. Su visión como todos los elementos del staff debe ser integral».

Torrent es un heredero directo del fútbol de posición. En esta entrevista imperdible a Diego Torres le da una definición para diccionario de ideología de fútbol: “Mucha gente se confunde con el juego posicional. Se trata de ocupar la posición: es igual con quién. Con el Bayern en la banda izquierda teníamos a Ribéry y Alaba. Pep se lo decía: es igual quién haga de lateral. Si Ribéry quería venir a buscar el balón al lateral, Thiago se iba de extremo y Alaba se iba dentro como interior. Daba igual. Ahora, en la pérdida de balón la responsabilidad de cada uno era distinta: Ribéry era lateral hasta que no recuperárbamos la pelota. Esto va unido a las calidades individuales: hay jugadores que no se van a encontrar cómodos intercambiándose con el extremo, pero Gundogan lo puede hacer, De Bruyne ha jugado de extremo, Sterling juega muy bien por dentro, y a Sané le cuesta, porque es extremo puro”.

Torrent asume en Flamengo tras el paso de Jorge Jesús, ganador de la Copa y del Brasileirao. No será fácil, aunque el catalán promete no tocar nada de lo que está bien: eso es un problema ya que Jesús gestiona de una manera particular, anunciando al comienzo de su tarea que once serán titulares y siete suplentes y de eso no se mueve. Su llegada es un símbolo eurocéntrico: en la edición pasada de torneos continentales obtuvieron la Libertadores un portugués y la Sudamericana, un español (Miguel Ángel Ramírez, al mando de Independiente del Valle). El respaldo al catalán llegó de Rafinha, capitán del campeón de la Libertadores, quien compartió con él en Bayern Munich. Sin embargo, el respaldo más contundente fue el de la marca: el grupo City –nueve equipos en el mundo– se volvió una escudería. El Girona y el New York son del Sheikh Mansour, viceprimer ministro de Emiratos Árabes. Representan un estilo, que ahora llega al club más popular del mundo.

¿Por qué importa un estilo? Lo dice el propio Torrent y es un leitmotiv: “Mirando este Barcelona lo que intuyo es que debes tener un estilo claro: ¿Quieres jugar en largo? Juega en largo. ¿Quieren jugar a la contra? A la contra. Pero si en cuatro años tienes dos o tres entrenadores distintos, casi sin nada que ver unos con otros, quieras que no los automatismos se pierden porque uno quiere una cosa y otro otra, uno quiere apretar más arriba y el otro replegarse un poco más. Y todo es lícito y bueno. Se puede ganar de cualquier manera. Pero hay que crear un estilo. Porque puedes perder con todos los estilos, pero si además pierdes el estilo, cuando pierdes no te queda nada, solo fichar jugadores a ver si ellos mismos resuelven”.   

Su debut en el Brasileirao no ha sido bueno: perdió contra Atlético Mineiro y contra Atlético Goianiense. 

Si te quedaste manija de más, esta entrevista del periodista Vicente Muglia a Torrent es realmente interesante.

Pizza post cancha

Esto fue todo.

Abrazo,

Zequi

Soy periodista desde 2009, aunque pasé mi vida en redacciones con mi padre. Cubrí un Mundial, tres Copa América y vi partidos en cuatro continentes diferentes. Soy de la Generación de los Messis, porque tengo 29 y no vi a Maradona. Desde niño, pienso que a las mujeres les tendría que gustar el fútbol: por suerte, es la era del fútbol femenino y en diez años, no tengo dudas, tendremos estadios llenos.