La Proposición 22

Los derechos laborales en el Estado de California, la contraofensiva de Uber y otras empresas, y algunas ideas al respecto.

Hola, ¿cómo va todo por ahí? Yo bien, cansada, pero contenta. Me compré una bici hace más de una semana y eso me trajo alegría. No soy una ciclista muy avezada y los conductores de autos en Londres no son demasiado cuidadosos, así que tenía miedo, pero me largué. Voy por calles chicas, domingueando, y va bien.

La semana pasada fue entretenida: hubo elecciones presidenciales en Estados Unidos y tuvimos que esperar 4 días para saber los resultados. Por si estabas viviendo en un termo dentro de un taper te cuento que ganó Joe Biden y a Donald Trump le toca irse a su casa. Pero hoy voy a hablar de otra cosa que se votó el martes 3 de noviembre: la Proposición 22 en el Estado de California. 

En el newsletter de hoy voy un poco para atrás y te cuento qué fue la ley AB5, qué es la Proposición 22, qué cambiará y qué significa que estas empresas estén haciendo leyes. 

La Ley AB5

En septiembre de 2019 la Legislatura del Estado de California aprobó una ley llamada Assembly Bill 5 (AB5) que básicamente ponía en funciones una serie de protecciones a los trabajadores. Estas protecciones habían sido decididas en mayo de 2018 por la Corte Suprema del Estado de California, en una decisión conocida como “Dynamex”. Ahí se decidió que las empresas sólo pueden clasificar a un trabajador como “contratista independiente” si

  1. Están libres del control de la compañía
  2. Realizan tareas que no son centrales para el negocio de la empresa
  3. Tienen un negocio independiente en la misma industria

Si el trabajador no cumple las tres condiciones, entonces debe ser clasificado como empleado y tiene derecho a beneficios –seguro de desempleo, aportes al seguro de salud, licencia por paternidad paga, horas extra, y un salario mínimo de 12 dólares la hora–. 

Esto obviamente iba a afectar a varias empresas y sus relaciones laborales –y ojo que la ley creaba mucho lío entre los que son contratistas independientes reales, y por eso muchos de ellos estaban abiertamente en contra–. Entre las empresas afectadas estaban, especialmente, Uber y Lyft, que han basado todo su negocio en no reconocer a los conductores como trabajadores. El argumento de las empresas es conocido: por un lado, ellos alegan que sus trabajadores prefieren la flexibilidad: no son full-time, y no quieren serlo. Por el otro, dicen que realmente no pueden pagar salarios y beneficios, es decir, que irían a la quiebra si tuvieran que reclasificar a los conductores como trabajadores. 

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Por esas razones, estas empresas se opusieron a la ley AB5, pero perdieron: la ley fue aprobada. 

Sin embargo, una característica de estas empresas es que nunca, nunca, nunca, bajan los brazos. Veamos qué hicieron Uber y Lyft en este tiempo. 

El imperio contraataca 

Las empresas de plataforma, como cualquier otra empresa tradicional, pelean las leyes que no les gustan, pero hay dos diferencias con las empresas tradicionales. La primera es que mientras que la mayor parte de las empresas pelea los contornos de una ley (pensemos en las empresas automotrices discutiendo detalles de seguridad o de contaminación), las empresas de plataformas muchas veces están discutiendo la actividad en sí misma (¿es Uber una empresa de transporte? ¿Es AirBnB un hotel? ¿Es Facebook un medio de noticias?). Es decir, en general las plataformas entran rompiendo la ley o aprovechándose de un vacío, pero luego tendrán que enfrentarse a una regulación y lo que van a pelear no son los detalles, sino la definición misma de a qué se dedican. Por esto Elizabeth Pollman y Jordan Barry, expertos en leyes, los llaman “emprendedores de la regulación”.

La segunda diferencia es que las plataformas tienen, a diferencia de empresas tradicionales, un vínculo directo con los consumidores. Pensá en cada vez que una de estas empresas te comunica algo (pueden ser los cambios en los términos y condiciones del servicio, pero también que el conductor está en camino o te está esperando) y cómo eso te llega directamente. Resulta que estas empresas utilizan ese mismo medio para hacer propaganda, lobby, y movilizar a los consumidores a su favor. O sea, cada vez que un gobierno local quiere regular a Uber, Uber utiliza su app para además de mandarte autos, convencerte de que esa ley es mala. Por ejemplo en 2015 estaba peleando contra la regulación en Nueva York y agregó una versión de su servicio que se llamaba “De Blasio” (por Bill de Blasio, el alcalde). Como dicen los jóvenes: me parece un montón. 

Si apretabas en la versión de Blasio no venía Bill a buscarte, sino que veías una versión del mapa de la ciudad sin autos y un tiempo de espera de 25 minutos. Si pedías el servicio te aparecía una ventana para firmar una petición de Uber contra la regulación (por cierto, de Blasio perdió esa batalla, pero en 2018 la ganó y reguló la cantidad de vehículos de estas empresas, además de poner un salario mínimo). 

Esta conexión directa con los usuarios llevó a Pepper Culpepper y Kathleen Thelen, dos cientistas políticos, a pensar que las empresas de plataformas tienen un tipo especial de poder empresario que ellos llaman “poder de plataforma” (son cientistas políticos, no creativos publicitarios, ¿ok?). Básicamente su argumento es que el poder de estas empresas reside en ese vínculo inmediato con los consumidores, que no solo dependen de los productos y servicios de estas empresas, sino que las “aprecian” de un modo especial. ¿Qué político va a querer dejarte sin tu Uber? ¿Quién se va a animar a ir en contra de ese nuevo derecho humano a que un Rappi te traiga cualquier cosa en cualquier momento? Según Culpepper y Thelen, la regulación sólo es posible cuando la confianza de los consumidores en estas empresas baja. 

(Por cierto, hace tiempo escribí sobre fanatismo consumidor y derechos laborales, si te interesa podés verlo acá.)

Entonces, si volvemos a la pelea en California, veremos que Uber y Lyft intentaron por todos los medios detener la sanción de AB5. Por supuesto, usaron ese poder de plataforma y movilizaron a los consumidores. Pero ojo, también movieron a los trabajadores –ambas empresas les mandaron mensajes vía la aplicación pidiéndoles que firmaran un petitorio (muchas veces engañoso) y, según el Los Angeles Times, les pagaron para ir a una marcha en contra de la ley–. Además crearon un sitio donde cuentan las historias de sus trabajadores que quieren ser independientes, y una cantidad de cosas más porque son una máquina. 

También presionaron al gobierno directamente proponiendo una nueva ley, la Proposición 22 –la explico mejor más abajo, pero quiero ahora detenerme un minuto en su campaña–. Estas empresas gastan millones de dólares en esa actividad que debe ser tan vieja como la más vieja de las actividades: hacer lobby. En el año 2019 ya iban gastando una cantidad de dinero récord en este tipo de actividades, y en el 2020 seguramente superen ese número. En particular para la campaña en contra de AB5 y a favor de la Proposición 22, Uber, Lyft y Doordash pusieron casi 200 millones de dólares. Los sindicatos, del otro lado, pusieron 16 millones (y esto hizo que esta proposición sea la más cara de la historia). Respecto a empresas poniendo dinero y sindicatos poniendo dinero: meme del perro grande y perro chico. Por otra parte:

(Esta foto es una captura de un tuit de Lorena Gonzalez, legisladora de California, que dice: “Los multimillonarios que dicen que no pueden pagar el salario mínimo a sus empleados dicen que van a pagar decenas de millones de dólares para evadir leyes laborales. ¡Pagále a tus trabajadores!”.)

En mi humilde opinión, Lorena tiene un punto. Lo cierto es que nada de esto funcionó, y ahí aparece la Proposición 22. 

La Proposición 22 

La Proposición 22 en realidad se llama “Exime a las empresas de transporte y entrega a domicilio basadas en apps de proporcionar beneficios de empleados a ciertos conductores”. Sutil, ¿no? ¿Qué será lo que realmente quieren? Bueno, por suerte el título de esta ley hace que escribir esta sección sea fácil. Las empresas presentaron esta propuesta para que la ley AB5 –que ellos decían no les correspondía– no les sea aplicada. 

Cosas de interés que quiero mencionar: 

  • ¿Qué son estas proposiciones? El Estado de California tiene este sistema por el cual se pueden presentar iniciativas o referendums para que el pueblo las vote. Si ganan, tienen estatus formal. Las puede presentar la Legislatura del Estado, o los votantes mediante un petitorio. 
  • ¿Qué pasó con la Proposición 22? Ganó el Sí (que sería sí, estos trabajadores están exentos) con el 58% de los votos.  
  • ¿Qué aprendimos de otra batalla regulatoria que da Uber? Que Uber nunca se va, se queda y pelea, y gana tiempo para seguir creciendo y acumulando poder. Yo llamo a esto “cumplimiento contencioso”. Repasemos. Sale la ley AB5, Uber y Lyft dicen que no van a cumplir. La Corte de California les ordena que cumplan en máximo 10 días. Las empresas dicen que van a tener que cerrar (un clásico en la teoría del poder empresario: amenazar con irse/no invertir para obligar a los gobiernos a retroceder con regulaciones). Cuando se cumplía el límite de los 10 días, piden una extensión. Se las dan hasta el 4 de noviembre de 2020 a cambio de que los CEOs de Uber y Lyft juren que van a cumplir. Las empresas dicen que no se van a ir. Y en el medio aprueban esta ley. 

Una idea

Creo que lo más importante de toda esta historia es Uber y Lyft rechazando la regulación pública. Estas empresas no solo dijeron que la ley AB5 no aplicaba a sus actividades, sino que además y desde el principio, propusieron alternativas propias. O sea, el problema que tienen estos empresarios es el contenido de las leyes, sí, pero también es de dónde vienen. En parte me recuerda a los millonarios de California que se opusieron vehementemente a un impuesto para financiar la terrible crisis de vivienda y personas sin techo que viven en esa ciudad, para inmediatamente ofrecer donar una parte de su fortuna. Yo ahí leo un desprecio enorme al Estado.

En ese sentido, este trabajo de David E. Broockman, Gregory Ferenstein y Neil Malhotra me parece clave. Estos autores estudian a las elites empresarias en Estados Unidos y la comparan con la elite en sectores tradicionales. ¿Qué encuentran? Que los tech entrepreneurs son –en comparación– más progresistas en cuestiones sociales y culturales (más a favor de la inmigración, de los derechos individuales e incluso de la igualdad de ingresos), pero son más conservadoras en cuestiones netamente económicas (más en contra de la regulación y los impuestos). En contextos donde el mercado solo no ha alcanzado para asegurar no sólo una mayor igualdad de ingresos, sino la vida digna de una gran parte de la gente, no veo cuál es el modo en que esta elite imagina un futuro.

El del estribo

  • Más sobre la Proposición 22 en esta nota de Wired.
  • Sobre los ricos que no quieren pagar impuestos pero prefieren donaciones.

Cosas que pasan

Gracias por llegar hasta acá.

Un abrazo

Jimena

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Soy economista (UBA) y Doctora en Ciencia Política (Cornell University). Me interesan las diferentes formas de organización de las economías, la articulación entre lo público y lo privado y la relación entre el capital y el trabajo, entre otros temas. Nací en Perú, crecí en Buenos Aires, estudié en Estados Unidos, y vivo en Londres. La pandemia me llevó a descubrir el amor por las plantas y ahora estoy rodeada de ellas.