Trama Urbana

Federación, lo que el agua devolvió

La ciudad de Entre Ríos quedó tapada por el agua en 1979. ¿Un desastre natural? No, una inundación planificada que dio lugar a la mudanza forzosa de un pueblo que no olvida sus raíces.

Hola, ¿cómo estás? Espero que bien. Estamos ante la puerta de un fin de semana largo, condiciones óptimas para leer un newsletter sobre urbanismo, claro. Pero si te da fiaca, podés dejar acá y ver una película. Tengo una para recomendarte: Construcción de una ciudad (2008), de Néstor Frenkel. 

El documental cuenta la historia de una ciudad que pereció ante el agua. No, no es Epecuén. Todavía no me estoy repitiendo. Si la trama que sumergió la ciudad de veraneo bonaerense estuvo vinculada a un fenómeno natural y a cierta desidia estatal, la inundación de Federación, mucho menos difundida, tiene una particularidad: se trata de una inundación planificada y ejecutada por la última dictadura cívico-militar a raíz de la construcción de la represa de Salto Grande.

Nómades desde el origen

Los orígenes de Federación están atados a la mudanza, al traslado forzoso. La estancia que había mandado a fundar en 1776 Juan de San Martín (padre del Libertador y por entonces funcionario de la gobernación de las Misiones Guaraníes) fue transformada en pueblo bajo el nombre de Mandisoví, por Manuel Belgrano en el año 1810. 

Pero casi tres décadas más tarde el pueblo había quedado prácticamente despoblado a causa de las guerras internas entre unitarios y federales, por lo que el gobernador Justo José de Urquiza en 1847 decidió mover el pequeño casco urbano de lugar y acercarlo a la costa del río Uruguay, sin saber que sus aguas serían muchos años después la razón de su desaparición. El nuevo nombre que tomó el pueblo, Federación, estaba en sintonía con el poder federal encabezado por Juan Manuel de Rosas, aliado en aquel momento del caudillo entrerriano.

La nueva ubicación de Federación a la orilla del río era mucho más estratégica que la anterior. La velocidad que alcanzaba el río Uruguay al sur de la ciudad -en los rápidos de Salto Grande- obligaba a los barcos que traían madera desde el norte a parar en el puerto de Federación, descargar la mercadería y trasladarla en tren hasta Buenos Aires. Además del cobro de tasas e impuestos, en Federación surgieron varios aserraderos y comercios, al calor de los cuales comenzó a crecer su población. 

Como muchas otras ciudades de las que te hablé, el apogeo de la vieja Federación, como se la menciona ahora, estuvo relacionada con la llegada del tren. Es que en Federación se emplazaba una de las terminales del Ferrocarril del Este Argentino, luego rebautizado General Urquiza.  

En Grandes Proyectos, patrimonio e identidad (Ciudad Nueva Federación, Argentina) María Rosa Catullo y Marta Roa describen la ciudad que se desarrolló desde 1847 hasta la inundación de 1979: “La ciudad estaba estructurada sobre el clásico damero de la urbanización indiana. En su evolución, las funciones económicas y el accionar de las diferentes fuerzas sociales fueron determinando una particular organización del espacio urbano. En el casco central, en las manzanas que rodeaban la plaza 9 de Julio se distribuían las oficinas públicas, bancos, colegios y los comercios más especializados”.

Además, las autoras cuentan que el proceso de industrialización que atravesó el país en el 30 y el 40 también tuvo consecuencias en la trama urbana de Federación: “Desde mediados de la década del ’50, hacia el oeste de la ciudad, desde las vías del ferrocarril, se extendía el barrio San Lorenzo. Lo habitaban colonos provenientes del ejido y obreros de las industrias locales”.

La otra mudanza

Seguramente sabrás de la existencia de la represa de Salto Grande. Es una de las represas hidroeléctricas binacionales (Argentina-Uruguay) más grandes de la región, cuya construcción había empezado a soñarse a fines de la década del 30 y que en 1946 se empezó a concretar con la creación de una entidad binacional encargada de levantar la gran obra de infraestructura. 

Desde ese momento la necesidad de mudar Federación, que quedaría inundada por los efectos de la represa (por la formación del lago de Salto Grande), se había explicitado. Para los federaenses era una pesadilla, pero muy lejana y que creían que nunca se concretaría. 

Pero en abril de 1973, menos de dos meses antes de la victoria de Héctor Cámpora, comenzó la obra de la represa que incluía la proyección de la nueva ciudad. La decisión ya estaba tomada y existía una obvia oposición por parte de la población local, que con el devenir político del país había tenido (y tendría) cada vez menos posibilidad de expresarse: Federación tenía que ser inundada para dar paso al embalse que formaría la nueva represa. Para dar lugar al desarrollo. 

En su tesis, la urbanista Gabriela Tavella -quien me contó la historia de Federación y me recomendó la película de Frenkel- vincula el traslado forzoso de Federación con las políticas urbanas que llevaba adelante la última dictadura cívico-militar en la Ciudad de Buenos Aires. Las topadoras que derribaban ranchos en villas antes del mundial 78 para “blanquear” la ciudad eran las mismas que se usaron para demoler la vieja Federación antes de dar paso al agua. La lógica de las expropiaciones de viviendas y traslados compulsivos por la construcción de autopistas de alguna forma se había trasladado a la ciudad entrerriana.

De hecho, Guillermo Laura, secretario de Obras Públicas de la Ciudad de Buenos Aires durante la dictadura e ideólogo del Plan de Autopistas Urbanas, trabajó como asesor jurídico de Hidronor Sociedad Anónima en los inicios de su carrera. Sobre la empresa, Tavella cuenta: “creada en 1967 por la autodenominada Revolución Argentina, era de capital mixto con mayoría estatal y su objetivo era la construcción del complejo hidroeléctrico El Chocón (Cerros Colorados para moderar las crecidas y regular los caudales de los ríos Limay, Negro y Neuquén y generar energía eléctrica para satisfacer la demanda regional, del Gran Buenos Aires y del Litoral). En 1974, durante el tercer gobierno peronista, Laura se desempeñó como asesora en la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande. La construcción del embalse de esta represa provocó la desaparición o anegamiento de varias áreas de la cuenca del Río Uruguay medio, incluyendo bosques, islas y el traslado de poblaciones, como Federación del lado argentino y Belén y Constitución del lado uruguayo”. Sí, la ciudad de Entre Ríos no fue la única que tuvo que trasladarse por la construcción de la represa. 

Walter Brites y Maria Rosa Catullo en Represas y transformación socio-urbana. Un análisis comparativo de los proyectos hidroeléctricos de Salto Grande y Yacyretá comparan los efectos de la construcción de ambas represas en sendas ciudades. Sobre el proyecto de la nueva Federación sostienen que “el primer proyecto urbano se finalizó en diciembre de 1975, aunque nunca se dio a conocer oficialmente a la población federaense”. En este punto vemos un primer problema que es, dentro de la situación ya traumática, la nula participación que tuvo la población en pensar sus nuevos hogares. Fue un diseño totalmente impuesto desde arriba. 

Y ese nulo involucramiento de las familias federaenses llevó a que una vez asumido el gobierno militar pudiera imponer sus propias condiciones y relato. “El desconocimiento de la población respecto a las etapas realizadas por el gobierno provincial, favoreció a las autoridades de facto, que tomaron el poder en marzo de 1976, para afirmar y difundir que el anterior gobierno no había realizado proyecto alguno y que había mal utilizado el dinero otorgado por el gobierno central (...). En realidad, el gobierno militar consideró a ese primer proyecto el resultado del ala izquierdista del gobierno provincial, en otras palabras, lo calificó como ‘comunista’”, señalan los autores.

“Nosotros vinimos a una ciudad a medio hacer”, cuenta uno de los entrevistados en la película de Frenkel, quien se presenta como habitante del número de manzana y de lote que le asignaron el 25 de marzo de 1979, un día después del tercer aniversario del golpe de Estado, cuando la nueva Federación fue inaugurada. Es que así de fría había sido la relocalización del pueblo al nuevo territorio que no tenía “ni árboles ni pájaros”, según los testimonios locales. Las nuevas casas eran tan parecidas entre sí que por mucho tiempo las familias no podían identificar sus propios hogares y se convertían en intrusos de sus vecinos sin querer. La ideología de la dictadura se reflejó en “la propuesta arquitectónica y urbanística, (...) se recostó en una concepción que omite las particularidades que definen lo singular y lo propio de la población federaense y su hábitat”, explican Brites y Catullo.

Pero las dificultades de la mudanza obligada no fueron solo de forma. Funcionalmente el proyecto traía cambios que fueron negativos. Por ejemplo, se eliminó la red urbana de suministro de gas y todo en los hogares pasó a ser eléctrico, con la promesa de que la represa proveería a Federación de energía muy barata. Pero las facturas que llegaron finalmente promediaban en su mayoría un salario mínimo, por lo que las propias familias terminaron instalando sistemas de gas envasado.

Así describen los autores otras disfunciones en términos de infraestructura urbana: “Con respecto al centro urbano, la concentración de funciones públicas y sociales -que los proyectistas dispusieron en un eje troncal paralelo a la costa del lago, distribuidas en los centros cívico, cultural-deportivo y turístico-, sufrió una fuerte variación en la ejecución de las obras, al eliminarse algunos edificios, tales como la Municipalidad, la Dirección Departamental de Escuelas, el centro cultural-deportivo en tu totalidad, (...). De este modo, con la desaparición de ciertas funciones que se desenvolvían en la vieja ciudad se suprimió la posibilidad de satisfacer necesidades ya existentes"

Como te conté, no toda la vieja Federación quedó sepultada bajo el agua. Aproximadamente un 20% del territorio quedó en pie y hoy es conocida como la Federación “vieja”. Ese hecho, lejos de ser una buena noticia, generó una fractura en la trama urbana de la ciudad que además de ser territorial fue social. Los autores del artículo que te mencioné cuentan que “la materialización del proyecto de una nueva ciudad tuvo como resultado una ciudad partida en dos: Nueva Federación o ‘La Nueva’ y el Remanente Vieja Federación o ‘La Vieja’, donde habitaron los sectores subalternos de la sociedad federaense. (...) En los primeros veinte años de la relocalización en ‘la Nueva’ vivían los sectores medio-altos, medios y medio-bajos, y en ‘la Vieja’ los sectores bajos”.

Imágenes de Google Maps tomadas del artículo de Brites y Catullo

“Lo que el agua nos quitó el agua nos devolvió” 

Lo que empezó a salir a chorros una tarde de 1994 era agua termal pero si cualquiera hubiese estado mirando las caras de las familias y de las autoridades de la ciudad habrían apostado que se trataba de petróleo. Es que la concreción de los rumores acerca de que bajo la nueva ciudad había aguas termales despertaba mucha esperanza en la familias federaenses. Esperanza de poner fin a la etapa oscura que había empezado con la relocalización de 1979. 

La perforación termal empezó a ser explotada en 1997 a través del Parque Termal que en la actualidad es uno de los más grandes de Entre Ríos. Este hecho -que además abrió las puertas al descubrimiento de fuentes de agua termal en muchas otras ciudades de Entre Ríos- cambió completamente el perfil de Federación y la posicionó en el mercado turístico local e internacional.

Esta turistificación de la ciudad, de nuevo según Brites y Catullo, produjo un proceso de reordenamiento urbano. En 1995 el complejo hotelero tenía una capacidad de alojamiento que no superaba las 150 plazas, cifra que en el lapso de poco más de 10 años pasó a ser de 2.000 plazas, a las que hay que sumar la oferta informal de alquiler de habitaciones en casas particulares. 

En 2004 otro hecho cambió la historia de Federación. En mayo de ese año una sequía provocó que el agua del río Uruguay bajara a tal nivel que dejó al desnudo las ruinas de la vieja ciudad demolida 25 años antes. Si el descubrimiento de las aguas termales impulsó económica y socialmente a Federación, la bajante del Uruguay permitió que tanto los relocalizados como personas que habían nacido en “la Nueva” se conectaran con una memoria colectiva a través de una cantidad muy grande de materiales rescatados. 

Desde vajilla, hasta muebles y baldosas y otros elementos vinculados a la vida cotidiana de los federanses fueron rescatados del fango por sus propias manos y llevados a las casas nuevas. Desde ese momento el agua, y en particular el lago, pasó a tener otro significado para la ciudad. Cualquier visita guiada por Federación en algún momento menciona el refrán que se acuñó por esos años: “Lo que el agua nos quitó, el agua nos devolvió”.

Bonus tracks

  • Néstor Frenkel también dirigió otro gran documental que creo que te puede gustar: El Mercado, que cuenta la historia del Abasto de Buenos Aires.
  • Me hizo muy bien ver a Carlos Izquierdoz en esta publicidad de concientización de uso de casco.
  • Interesante nota de Gervasio Muñoz, presidente de la Federación Nacional de Inquilinos.
  • Esta semana se cumplieron 10 años del choque en la estación Once que tuvo como resultado 51 muertos. Esta nota me parece que hace un buen recorrido y análisis de lo que pasó después con la política de trenes.

Eso es todo por hoy.

Que tengas un lindo fin de semana.

Abrazos,

Fer

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Escribo sobre temas urbanos. Vivienda, transporte, infraestructura y espacio público son los ejes principales de mi trabajo. Estudié Sociología en la UBA y cursé maestrías en Sociología Económica (UNSAM) y en Ciudades (The New School, Nueva York). Bostero de Román, en mis ratos libres juego a la pelota con amigos. Siempre tengo ganas de hacer un asado.
@ferbercovich
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