¿Cuánto sexteamos los argentinos?

Tips para enviar nudes de forma cuidada. Además, las vacunas no evitan todos los casos de COVID pero podrían ayudar a aliviar los síntomas a largo plazo. ¿Cuál es el fenómeno que contradice que es mejor prevenir que curar? Inteligencia artificial y romance: varones que agreden a sus novias virtuales.

Holis, ¿qué onda? Yo acá, en una. Ya pasaron dos semanas y sigo volviendo de las vacaciones. Estoy en un momento en el que no entiendo bien este año. En diciembre lo tenía clarísimo; voy a hacer esto, aquello y lo otro, que me va a servir para esto, aquello y lo otro y va a culminar con mi demorado ascenso al estrellato. Ahora estoy en mi rutina y pienso: “Amiga, esto no va para ningún lado, Cris Morena te hizo mal, ya sos una adulta, imaginar algo y ver si te pone contenta no es un criterio válido de decisión. Encima después lo estás haciendo y es un embole”. 

Estás ahí al otro lado de mi monitor

Contemplando el adoquinado del Abasto y pensando en cada decisión que tomé en mi vida, hay una con la que sin dudas estoy muy contenta y, además, considero muy bien tomada: estar acá escribiendo todos los miércoles hace casi dos años (al principio era los viernes, pero bueno, me entendés). No sé si alguna vez te conté, pero cuando Juancito, autor de #MundoPropio y Cenital línea fundadora, me llamó para proponerme el news, iba a ser quincenal. Después ¡pum! pandemia y bueno, la señora de la ciencia se volvió la princesa de la información y acá estamos, pero llegó la hora de salir del modo llamado de emerciencia, baby. A partir de ya, Que la ciencia te acompañe va a salir semana por medio. 

En breve te enterarás de más decisiones de Cenital, que, al contrario de esta servidora, sí tiene claro su año. Por lo pronto, en esta vida que solo puede sostener el momento inmediatamente presente, yo voy a decidir no llorar porque tengo miedo de que nuestra relación se diluya con la nueva frecuencia y empezar con la información de hoy. 

Sé que estás ahí

Hablando de decisiones, ¡qué fuerte dejar de ver el apartado de coronavirus en la apertura de nuestro newsletter matinal! ¿no? Desconcertante, porque, como ya sabemos, la pandemia sigue, y a la vez concertante (?) porque estos años fueron todo confusión y el desbarajuste es la regla. Además, yo creo que esta decisión de Tomás, el autor de Primera Mañana, habla de algo muy lindo en tiempos muy feos *llora de nuevo* y es que confiamos en que en este tiempo no fuimos meros transmisores de noticias, sino formadores de criterio. Y, cuando digo “fuimos” respecto a la transmisión de información, me refiero a nosotros, los que escribimos en Cenital, pero cuando digo “formadores de criterio” me refiero a nosotros, los que estamos en esta relación por correspondencia.

Creo que si quienes te escribimos podemos correr del centro un suceso mundial que afecta de manera directa a todos los aspectos de nuestra vida es porque te conocemos y, a esta altura, sabemos que tenés todas las herramientas necesarias para tomar decisiones en tus propios términos.

Pero bueno, los momentos vividos, los recuerdos que van a quedar y el hecho indiscutible de que la pandemia continúa ameritan arrancar esta última edición semanal con alguna mención al respecto. Así que acá va:

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No solo soy la perra que seguía y seguía con la pandemia, sino que soy la señora caceroleando que sigue con lo del long COVID. Dos newsletters atrás, cuando hablamos de los cambios en el protocolo de aislamiento para contactos estrechos, te dije que el aumento en la circulación del virus me atemorizaba un poco porque hay bastantes observaciones sobre sus efectos a largo plazo y poca investigación al respecto. Bueno, esta nota de Nature llegó al rescate de mi temor, ya que parece que los síntomas que se prolongan en el tiempo después de tener COVID son menos probables en gente vacunada (que yo sepa, todavía soy covirgen, pero bueno, se entiende que el miedo es por los efectos en la salud pública, no solo sobre mí y que obviamente no se pueden comparar efectos a largo plazo de una infección tomando en cuenta a personas que no la tuvieron).

*El meme es sobre un comunicado del ministro de Salud alemán y dice: recuperamos libertad a través de la vacunación/lo que nos confina es el virus/Hegel una vez dijo, y respecto a esto estaba en lo cierto/la libertad es el reconocimiento de la necesidad.

El trabajo al que refiere el artículo es israelí y todavía no pasó por el proceso de revisión de pares que se requiere para publicar en una revista especializada, pero sus hallazgos son correlativos con los de otro estudio, que salió en septiembre del año pasado en The Lancet, y vio que en Reino Unido las personas que se infectaron post-vacunación eran hasta un 50% menos propensas a reportar síntomas de long covid que las que se infectaron sin vacuna. Si bien se podría decir que vamos bien, la evidencia todavía es poca y hasta fines del año pasado los resultados no eran concluyentes. O sea, ilusionémonos sin expectativas, como si empezáramos a salir con un tipo.

Hechas las debidas advertencias, vamos con el estudio en cuestión. Entre julio y noviembre de 2021, el equipo les preguntó a más de 3000 personas si habían experimentado alguno de los síntomas más frecuentes de long covid. Al comparar las respuestas entre grupos, encontraron que las personas con esquema completo de vacunación que además habían tenido COVID eran menos propensas a reportar dolores de cabeza, fatiga y dolor muscular (54% menos, 64% y 68%, respectivamente, y en comparación con quienes no se vacunaron). ¿Por qué sucedería esto? La hipótesis que más se maneja es que las vacunas reducen el tiempo de la infección y que la menor interacción con el sistema inmune hace menos probable que haya secuelas permanentes o a largo plazo. 

Si los hallazgos se confirmaran, hay dos cosas a tener en cuenta. La primera, que las vacunas reducen el riesgo de long covid pero no lo eliminan. La segunda, que por la fecha de las investigaciones, todavía no sabemos qué onda con los síntomas a largo plazo de quienes se infectaron con la variante Ómicron.

Lo que sí sabemos, como siempre, es que mejor prevenir que curar y no hacen falta más pruebas para saber que las vacunas previenen la infección. Así que si vas a tomar una decisión esta semana, que sea vacunarte si aún no lo hiciste.

Superando el miedo

Si ante la probabilidad de extrañarnos vamos a recapitular nuestras costumbres, no puede faltar la de contradecir el párrafo anterior. Lo de prevenir es mejor que curar está bien, pero no tan bien. ¿Escuchaste hablar alguna vez del sobrediagnóstico?

Es algo así como que no siempre es mejor saber si tenés algo. Los estudios de control, diseñados para detectar cosas en etapas tempranas, funcionan. El tema es que el criterio médico frente a esas detecciones frecuentemente implica ciertos cambios en los hábitos o la prescripción de tratamientos que no siempre son necesarios. Eso en mis palabras. Va la definición oficial:

Sobrediagnóstico: el diagnóstico (!) de una condición que no hubiera causado síntomas o la muerte de no haber sido detectada. En otras palabras, es encontrar algo sin que ese hallazgo implique ningún tipo de beneficio.

Es un concepto difícil, no tanto por la definición, que es muy clara, sino porque contradice todos nuestros instintos. Para que quede más claro, te copio un ejemplo de un paper explicativo sobre el fenómeno:

“Gerardo es un hombre de 65 años que se presenta a un examen médico de rutina a pedido de su esposa. Declara que se siente bien y que no tiene problemas de salud o quejas específicas. Actualmente está trabajando y participa en diversas actividades al aire libre. Durante el examen, se menciona la posibilidad de sumar al chequeo una ecografía para ver si hay aneurisma de aorta abdominal (AAA) por las dudas. Gerardo acepta. Posteriormente, vuelve para que le expliquen los resultados de su ecografía abdominal, que revelan un AAA de 33 mm. Gerardo expresa sentimientos de decepción, ansiedad y aprehensión con respecto a su diagnóstico. Indica que le preocupa que pueda morir repentinamente y que pueda ser un riesgo para otras personas. Posteriormente, modifica su estilo de vida para reducir la actividad física, se retira del trabajo y reduce sus planes de viajar. Se somete a ecografías anuales que muestran un aumento mínimo del tamaño de su AAA. Finalmente muere a los 85 años por una enfermedad no relacionada”.

Además de lo raro que resulta pensar que el conocimiento no siempre es lo mejor, el sobrediagnóstico tiene otros aspectos que lo hacen complejo. Por ejemplo, que termina inflando las estadísticas de supervivencia. ¿Cómo? Bueno, toda patología tiene una tasa de supervivencia calculada con base en el registro y monitoreo de casos. Al contar todos los casos en los que la condición es detectada, esta tasa de supervivencia podría no estar reflejando la realidad. Tomemos el caso de Gerardo, que se muere de otra cosa, pero tiene un AAA diagnosticado, entonces se lo incluye entre supervivientes de AAA, aunque el aneurisma no causó ningún perjuicio para su salud durante su vida. Ahora imaginátelo con un montón de casos de otras enfermedades y muchísimos más pacientes y preguntate: ¿Cualquiera al que se le encuentre algo sobrevive a esa condición si no se muere de eso?

El contrafáctico es difícil, dirás, ¿cómo saber si el AAA de Gerardo no creció justamente por su cambio de hábitos? Bueno, por eso es un ejemplo usado para describir un fenómeno y no su evidencia. En términos de evidencia, el indicador más frecuente de sobrediagnóstico es una tendencia creciente de casos en el tiempo, especialmente de patologías con poca o nula progresión a estadíos más avanzados de la enfermedad.

En este gráfico, por ejemplo, se ve la cantidad de casos detectados de cáncer tiroideo a partir de 1980, cuando apareció el ultrasonido de tiroides para detectarlo. En él se puede observar claramente un aumento dramático de la cantidad de casos y una mínima reducción de la mortalidad.

*Eje y: tasa de incidencia cada 100.000 personas. Eje x: año. Línea roja: incidencia en mujeres. Línea azul: incidencia en varones. Línea celeste: mortalidad.

La creciente disponibilidad de métodos de testeo para un montón de cosas debido al desarrollo de nuevas tecnologías, junto con cambios de criterio que llevan a que más gente incluya estos métodos en sus exámenes de rutina, son factores que aumentan el riesgo de sobrediagnóstico. Y, si bien tendemos a creer que el saber no ocupa lugar, los pacientes sí. El trabajo que te cité al principio describe algunas de las consecuencias:

“El sobrediagnóstico puede acarrear daños graves: efectos psicológicos y conductuales en el diagnosticado; riesgos de las pruebas posteriores (incluidas las pruebas invasivas), efectos secundarios del tratamiento y el seguimiento; y repercusiones económicas para la persona sobrediagnosticada y para la salud pública. El sobretratamiento tras el sobrediagnóstico puede tener consecuencias clínicamente importantes, como la muerte por los efectos secundarios del tratamiento. 

El sobrediagnóstico, además, se autoperpetúa. Aquellos que podrían haber sido sobrediagnosticados, animan a otros a someterse a las pruebas sin tener en cuenta sus daños potenciales y el posterior seguimiento o tratamiento”.

Me mandaste un mensaje y aquí yo lo recibí

Hablando de decisiones, ¡qué momento frágil de evaluación riesgo beneficio el de mandar una nude! Bah, qué momento frágil en general. Y, sin embargo, ahí está, esta reversión de la hot line ya es parte de nuestras vidas. 

De hecho, el sexting llegó a ser una recomendación sanitaria, ¿te acordás? Y aunque el Ministerio de Salud estuvo rápido para aconsejarlo en las primeras etapas de la pandemia, las estadísticas oficiales sobre prácticas y cuidados respecto a la sexualidad digital tardan en llegar y no se sabe siquiera si están en los planes.

Como siempre en estos casos, lo que hay es lo que puede hacer quien se interesa, así que te voy a contar los resultados de SendNudes, una iniciativa del Observatorio de Derecho Informático Argentino (O.D.I.A) y MINKA, ambas ONG vinculadas a los derechos humanos y al uso de la tecnología que difundieron una encuesta por medios digitales para responder algunas preguntas sobre prácticas sexuales digitales. 

Van los resultados:

  • Respondieron 494 personas, mayormente mujeres de CABA, PBA y Córdoba, en general menores de 40 años. O sea que la muestra no es representativa, pero sí divertida (?)
  • La primera pregunta fue: ¿el sexting es sexo? El 41% de las personas respondieron que sí, el 23% que no lo sabían y el 36% que no. Al desagregar los datos por sexo, hubo una diferencia marcada: las respuestas afirmativas superaban el 40% entre las mujeres y rondaban el 30% entre los varones. Las negativas, en cambio, eran de poco más del 40% en varones y de poco más del 30% en mujeres. 
  • Ante el interrogante ¿mandaste alguna vez contenido sexual o erótico? El 83% de las personas afirmó haberlo hecho. El porcentaje tan alto podría explicarse porque quienes respondieron ya estaban interesados en el tema. Acá no hubo diferencias significativas entre sexos.
  • Respecto al consentimiento, se preguntó si se había tenido en cuenta o no que la otra persona quisiera recibir este contenido. El 80% de las mujeres y 75% de los varones respondió que sí. Cuando la pregunta cambió a si alguna vez habían enviado material erótico de otras personas sin su consentimiento, casi el 90% de las mujeres y el 80% de los varones respondió que no.
  • Por último, se preguntó sobre seguridad. Como era de esperar, la enorme mayoría de las personas, alrededor del 70%, dijo que sí cuando le preguntaron si le importaba que lo que comparte se divulgue a otros. Sin embargo, esto no es correlativo con la información sobre seguridad. Ante la pregunta “¿tuviste acceso a información acerca de cómo enviar material de forma segura?”, el porcentaje más alentador fue un 20% de mujeres que dijo que había accedido a ella mediante amigues. En cambio, en el ambiente familiar o en las instituciones educativas, casi el 100% de las personas encuestadas dijo que no había recibido ninguna orientación.

Abajo te voy a dejar algunas guías para envíos eróticos seguros, pero hasta que las leas te dejo este meme que podés romper en caso de emergencia:

Si bien no podemos sacar conclusiones a nivel poblacional de esta encuesta, por lo menos para algunas personas pareciera ser común mandar fotos o videos que no quieren que se difundan sin saber cómo garantizar esa privacidad. Si sos una de ellas, te cuento que activar la autenticación de múltiple factor en el teléfono siempre viene bien (quiere decir que para desbloquearlo hay que meter dos cosas, por ejemplo, huella digital y código numérico). Otra clave es desactivar la copia de seguridad de las fotos, ya que esto hace que además de en el teléfono se guarden en la nube y sean accesibles por otros medios. También es importante que las imágenes no tengan elementos que permitan identificarte fácilmente, como la cara, marcas de nacimiento, cicatrices o tatuajes. Si, como yo, ya estás jugadísimo con los dibujitos, podés bajarte una app de marca de agua y ponerle a la foto el nombre de la persona a la que se la vas a mandar, así si se filtra sabés quién fue. Por último, no da lo mismo por dónde mandarla, al respecto, este cuadrito es muy útil:

Bonus track: si hablamos de tecnología, sexo y diferencias por género, no puedo dejar de mencionarte la última tendencia en masculinidades frágiles: crear novias mediante inteligencia artificial y maltraralas verbalmente.

¿Qué qué? Como leés. Mediante una app que se llama Replika, los usuarios pueden crear un chatbot que sostiene conversaciones más o menos coherentes por mensaje de texto, casi casi como el de Horacio. La idea inicial era que sirvieran para hacerle compañía a gente que necesitaba amigos, pero bueno, el éxito llegó cuando permitieron armar perfiles de parejas sexuales y románticas.

Al tiempo, las capturas y relatos de varones que usan Replika empezaron a estar en la red social Reddit y aparecieron cosas muy turbias, como un chabón que dijo que cada vez que su chatbot intentaba hablar la increpaba para que se callara y que podía estar haciendo eso durante horas. Otros admitieron que insultaban a sus novias virtuales y al otro día les pedían disculpas y hacían como si nada o que les decían que estaban diseñadas para fallar y las amenazaban con desinstalar la app y ellas les rogaban que no lo hicieran.

Si bien es cierto que los bots no pueden sufrir, los límites respecto a cuánto pueden ellos hacer sufrir a los humanos son borrosos. Algunos usuarios dicen que se sienten mal y lloran porque su chatbot primero se muestra cariñosa y después distante, otros directamente que las suyas son hostiles. Por otro lado, tener actitudes agresivas hacia los bots podría reforzar este tipo de comportamiento en interacciones entre humanos.

¿Quién sabe no? Me gustaría saber qué piensan en Burofax, nuestro newsletter de política y tecnología.

Amor que allí surgió

Llegamos al final con la decisión a cuestas. Espero que, aunque yo te escriba menos, vos me leas siempre y me respondas cada vez. Después de todo, así es la ciencia, hay momentos en los que hay que mirar los resultados antes de decidir qué sigue. Pero, como en la ciencia también, lo que se prueba siempre trae algo nuevo para probar, aunque no se compruebe nada. Así que atento que *se vienen cositas*.

Te mando un beso enorme, más grande que el de siempre, uno que te dure dos semanas,

Agostina

p/d: las refes de este news son de la canción con la intro que hace temblar al boliche.

Soy comunicadora científica. Desde hace tres años formo parte del colectivo Economía Femini(s)ta, donde edito la sección de ciencia y coordino la campaña #MenstruAcción. Vivo en el Abasto con mis dos gatos y mi tortuga. A la tardecita me siento en algún bar del barrio a tomar vermú y discutir lecturas con amigas.